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Hijas de su madre: las Buenrostro; ángeles y demonios de un asilo

Hijas de su madre las buenrostro busi cortes 2005

A través de una célula criminal constituida por mujeres, Hijas de su madre: Las Buenrostro visibiliza cómo los ancianos establecen lazos de fraternidad.

Cualquier persona que haya pisado un asilo sabe que al entrar, abandona la realidad de afuera, adentrándose en un escenario ajeno, parsimonioso, opaco. Son refugios sombríos abarrotados de personas que, en muchas ocasiones, han sido abandonadas en ellos y esperando a que la muerte llegue a sacarlos de tal encierro. Desamparados por sus familiares bajo múltiples pretextos, evitan visitarlos de manera constante, al mismo tiempo que olvidan que los ancianos son seres vivos que aún tienen mucho por vivir después de la adultez. Y sobre todo, que aún son capaces de tomar decisiones, tal como nos lo ha demostrado el documental El agente topo (Maite Alberdi, 2020).   

Al mismo tiempo, las personas de la tercera edad son sumamente vulnerables. A pesar de los años y experiencias adquiridas, son los primeros en caer en estafas telefónicas o confiar en gente desconocida que les ofrece atenciones, así como lo expone La dama del silencio: El caso mataviejitas (María José Cuevas, 2023). Es una realidad que la violencia y el crimen no tienen condescendencia por el club INAPAM. Entre la opinión pública, aparece la típica pregunta: “¿quién sería capaz de hacerle eso a un viejito?”. 

En 2005, Busi Cortés estrenó Hijas de su madre: las Buenrostro, cinta en la cual conocemos cómo opera la célula criminal constituida por una familia de mujeres, lideradas por la matriarca Brígida (Evangelina Elizondo). Las Buenrostro, conocidas así en Pozos, Guanajuato, se dedican a dar el amor y la atención que los ancianos no reciben de sus familiares. Pero en esta historia el amor a ellos no es gratuito; a cambio de cariño y cuidados, enamoran a los hombres más pudientes del refugio para casarse con ellos y quedarse con toda la herencia. Es así como Brígida y sus hijas Violeta (Pilar Ixquic Metal), Cuca (Tony Marcín) y Aurora (Lumi Cavazos) han obtenido sus propiedades y fortunas. 

Sin embargo, Aurora se presenta como un agente de conflicto por no querer seguir fortaleciendo el modus operandi de las Buenrostro, desatando la principal subtrama del relato: un triángulo amoroso entre Horacio, el padre de su hija, y Tere, la nieta de su reciente difunto esposo —o víctima—. La introducción de Tere (interpretada por una muy joven Marina de Tavira) explota el potencial y creatividad de estas mujeres en su actuar. Tere presenta un arco de redención ante la búsqueda de la restauración familiar, tratando de expiar su falta por dejar a su suerte a los abuelos, encontrando, a su vez, el amor. 

Tanto el triángulo amoroso como el humor negro de Brígida le brindan comicidad y enredo a la película, elementos que le juegan en favor y en contra, ya que el enredo también es espacial: lo que se supone debiera suceder en Pozos, está pasando en la CDMX —o bueno, en el Distrito Federal—.  

Hijas de su madre: Las Buenrostro: Una fuente inagotable de bugambilias.
‘Hijas de su madre: Las Buenrostro’ (Busi Cortés, 2005)

A pesar de lo inmoral que pudiera parecer el actuar de esta familia, los ancianos son beneficiarios y víctimas a la vez: obtienen el amor, atención en los últimos días de su vida, asegurando quien les llore y rece en su lecho de muerte, sin caer en cuenta de que están siendo víctimas de un crimen. En este sentido, al igual que en El esqueleto de la Señora Morales (1958), la perspectiva nos posiciona del lado amoral y audaz de las protagonistas; juega con la clásica situación de las buenas apariencias (de ahí las “Buenrostro”) con mujeres de principios y valores católicos, culturales y socialmente aceptados, pero con un turbio actuar. 

Aunque con varios detalles, Hijas de su madre: las Buenrostro se sitúa en momentos clave y enuncia elementos importantes; principalmente, visibiliza los asilos en donde los ancianos establecen lazos de fraternidad. Igualmente, retoma el discurso de películas como Todo el poder (Fernando Sariñana, 2000) al retratar una violencia cotidiana y en tránsito de convertirse en normalizada, demostrando que el crimen no tiene perdón por clase, género o edad. 

Luz Eugenia Cortés Rocha (fallecida el pasado 21 de junio), mejor conocida como Busi Cortés, ejecutó la narrativa feminista en su relatos cinematográficos, siendo su obra cumbre El Secreto de Romelia (1988), basada en la novela El viudo Románde Rosario Castellanos. Si bien la historia retrata el cambio generacional en una familia de mujeres, conversa con Hijas de su madre: Las Buenrostro en el sentido de la búsqueda por el bienestar económico y social de la mujer. Saca a sus personajas del canon establecido socialmente por uno más libre y con poder de decisión.

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