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Dahomey: poner el dedo en la(s) llaga(s)

Dahomey: poner el dedo en la(s) llaga(s)

El documental Dahomey es una crónica sobre la “restitución” de 26 piezas históricas al gobierno de Benin, saqueadas por Francia durante la invasión colonial al reino de Dahomey en el siglo XIX. No obstante, la directora Mati Diop da un giro fantástico, convirtiendo a la escultura del rey Ghezo (la pieza número 26) en el narrador de la devolución del Tesoro de Abomey, desde su embalaje en el Museo del Quai Branly hasta su recibimiento en Cotonú. 

Como en toda nación con pasado colonial, estos movimientos diplomáticos —disfrazados mediáticamente de ingenua retribución— solo abren más heridas en la identidad de países que aún viven las secuelas del control extranjero. En lugar de esclarecer el panorama, la visión cinematográfica y política de Diop aporta fragor al caos que despiertan estas estrategias de política internacional en la opinión pública, pues al centro del documental está una desordenada discusión que visibiliza a las múltiples voces del pueblo beninés

Aunque tales corrientes de pensamiento chocan entre sí, todas coinciden en algo: no hay nada que celebrar. La perspectiva poscolonial del documental nos permite vislumbrar lo fracturado del patrimonio cultural de Benin, comenzando por el narrador fantasma (la escultura “número 26”), quien teme pasar del exotismo en tierras extranjeras al olvido eterno en su nación de origen: en otras palabras, transitar de una bodega a otra todavía más oscura. La cineasta ejemplifica esa indiferencia de los benineses hacia su herencia robada mediante gestos silenciosos, como mostrar a los trabajadores de la exposición completamente ajenos a las piezas en las vitrinas, porque para ellos se trata de otro evento social sin trascendencia en lo cotidiano.

Dahomey: poner el dedo en la(s) llaga(s)
‘Dahomey’ (Mati Diop, 2024)

Para no dejar tales mensajes a la libre interpretación del espectador, la directora incluyó un acalorado encuentro estudiantil donde se debate sobre las repercusiones sociales de la “restitución”. Sin dirección argumentativa, todos los problemas se mezclan en una tornadiza confrontación de ideas, con el objetivo de ilustrar (sin prejuicios personales) la base cultural sobre la que se desarrollan las nuevas generaciones africanas.  

Saltando del rechazo a la imposición lingüística del francés hasta la centrificación de los museos, las discusiones académicas filmadas por Diop y las palabras del rey Ghezo abordan la banalidad en torno al movimiento mediático orquestado por Emmanuel Macron, pues “el tesoro” robado ha perdido en sus viajes a través del Atlántico la mitad de su esencia: el significado dentro de la sociedad. Por otro lado, el documental tampoco se queda en la superficie del patriotismo ingenuo, ya que también cuestiona al sistema educativo y cultural de Benin,  evidenciando los errores a nivel nacional en la conformación de una mirada histórica sesgada. 

Como en Atlantique (2019), el “aire lírico” musicalizado por Wally Badarou y Dean Blunt acompaña un pesimismo crudo que rompe la fantasía romántica de “regreso a casa”; incluso hay risas cuando alguien afirma haber llorado al ver las obras devueltas. El trabajo de Mati Diop deja en claro que la exposición en Cotonú solo beneficia a las élites de ambos continentes, puesto que las 26 piezas retornadas son una absurda fracción de las 7,000 piezas resguardadas en museos extranjeros. Al final, Dahomey deja la triste sensación de estar frente a un cruel circo que explota los restos profanados de una memoria perdida y distorsionada. 

A pesar del pesimismo que implica hurgar en el patrimonio inmaterial desvanecido, la directora intenta ser afirmativa sobre el estado actual de la identidad colectiva, siendo la voz espectral del rey Ghezo una guía en la reconciliación entre el ayer y el ahora. Ganadora del Oso de Oro en la pasada Berlinale (polémica por la postura del festival sobre el genocidio en Palestina), Dahomey es una película de apariencia inofensiva que termina hablando de forma íntima y emotiva a todas las regiones del mundo con un doloroso legado colonial.

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Crítica

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