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Abigail: lo mejor de esta película ya lo vimos en ‘Boda Sangrienta’

Abigail: lo mejor de esta película ya lo vimos en 'Boda Sangrienta'

Un grupo de criminales inexpertos son contratados para secuestrar y custodiar a Abigail (Alisha Weir), la hija de un hombre poderoso. Algunos intentan huir cuando se revela el nombre del peligroso padre, pero descubren que han sido encerrados para convertirse en el festín de la pequeña vampira.

Si bien existen dos secuelas de Scream que las separan, en esencia, Abigail (2024) es la continuación directa de Boda Sangrienta (Ready or Not, 2019) en la filmografía del dúo Radio Silence (conformado por los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett), debido a las similitudes en los estilos visuales y argumentales de ambas películas: un hilarante choque entre cacería humana y comedia negra, rematado con varios litros de sangre. En la producción también colabora Guy Busick (guionista de cabecera), quien se encargó de reescribir el guion de Stephen Shields e incorporar el tono humorístico a esta adaptación muy (muy) libre de La hija de Drácula (Lambert Hillyer, 1936). 

No obstante, el “toque” de los Radio Silence no resulta en Abigail tan emocionante como lo fue en Boda Sangrienta, ¿el motivo? La mezcla nada orgánica entre varios géneros cinematográficos y un argumento sin sorpresas para el espectador, especialmente en los descansos dramáticos del terror. La historia arranca como una formal película de atracos (heist movie), que intenta imitar a Perros de Reserva (Quentin Tarantino, 1992) en la creación de un perfil para cada arquetipo criminal. 

Resulta algo pesada la primera hora de metraje, porque a la distancia se vislumbra que ninguna importancia tendrán esos diálogos entre los personajes una vez iniciada masacre. Es demasiado evidente que el punto de partida para los guionistas fue Del crepúsculo al amanecer (1996), pero Abigail carece de la ligereza y espontaneidad del filme de Robert Rodríguez, pues todos los personajes parecen estar en diferentes películas sin que esto aporte algo al suspenso

A diferencia de otras producciones recientes sobre asaltos fallidos, que van directamente a la acción sin mucho contexto —al estilo de No respires (Federico Álvarez, 2016)—, el filme de los Radio Silence tarda demasiado en llegar a la revelación de la niña como verdadera amenaza. La trama divaga gratuitamente en suposiciones sobre otro asesino oculto, cuando el marketing ya había spoileado por todos los medios la naturaleza vampírica del largometraje. Dicho preámbulo, antes de ver los colmillos de Abigail por primera vez, está repleto de convencionalismos que restan formalidad y seriedad a la historia, sobre todo cuando más tarde intenta ponerse sentimental con un impostado vínculo emocional entre la pequeña bestia y el personaje de Melissa Barrera.

Abigail: lo mejor de esta película ya lo vimos en 'Boda Sangrienta'
‘Abigail’ (Matt Bettinelli-Olpin, 2024)

Sin embargo, los posibles fallos argumentales son más o menos compensados cuando la barbarie arranca, con una divertida escena de Abigail “bailando” con el personaje de Angus Cloud, a quien se dedica el título. Durante el último acto, los directores elevan la propuesta de su personal terror cómico con un salvaje desenlace, donde el logro técnico disimula lo predecible de los giros argumentales. Las explosiones de sangre pasan de ser un remate humorístico a convertirse en el espectáculo central de la película

Otro acierto es que Abigail conserva la estética de terror en escenario único visto en Boda sangrienta, incluida esa sofocante fotografía “cálida” a cargo de Aaron Morton (La Primera Profecía, 2024), quien entró al relevo de Brett Jutkiewicz. La mansión de los Lazar no es solo un escenario, la casa se entiende como una extensión de la caprichososa vampira, pues la producción explotó ingeniosamente todos los recursos narrativos que la locación ofrecía. Por poner un ejemplo, la escena de “la piscina” fue planeada durante el scouting, cuando Guy Busick y el productor Chad Villella casi caen en un cubículo vacío, el cual decidieron convertir en depósito de cadáveres.  

La película funciona muy bien cuando el terror se torna barroco y desproporcionado, pero también los cineastas descuidaron aspectos que requerían un mejor desarrollo, como el folclore vampírico y las reglas del género. El problema no es modificar la tradición popular sobre los vampiros, sino plantear recursos como “la hipnosis por mordida” y que después sean utilizados en la historia sin ninguna lógica. Incluso el ballet parece otra ocurrencia para servir de gancho comercial, dado que, exceptuando un par de escenas, la danza es un pretexto vacío para vestir a la protagonista con tutú.

El nuevo slasher de Bettinelli-Olpin y Gillett funciona a la perfección como entretenimiento, pero carece de ese componente adicional que hace de Boda sangrienta un referente popular que puedes ver una y otra vez. Aunque también resultaría injusto infravalorar la entrega, porque también es el proyecto más arriesgado de sus creadores, con otro desenlace tan bestia y memorable que justifica la ida al cine

Abigail está en cines de México 

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