Tras la misteriosa muerte de Samuel (Samuel Theis) en un remoto pueblo de los Alpes, la policía comienza una investigación para esclarecer si Sandra (Sandra Hüller) asesinó a su esposo o se trata de un suicidio. Vincent (Swann Arlaud), abogado y amigo de la escritora, deberá enfrentarse a una supuesta grabación que incrimina a su clienta y al endeble testimonio de Daniel (Milo Machado Graner), el hijo invidente del matrimonio.
Para tener una mejor perspectiva de Anatomía de una caída (Anatomie d’une chute, 2023) debemos regresar a la comedia Victoria (Justine Triet, 2016). Aquella película también inicia con un crimen fuera de cámara y se desarrolla un doble proceso judicial a lo largo del metraje (igual de barroco que el de Anatomía), pero lo importante es su protagonista. Similar a Sandra Voyter (Hüller), Virginie Efira interpreta a una exitosa profesionista sobrepasada por su trabajo y acusada de llevar una mala praxis como abogada. Al final del filme, Victoria es declarada culpable y un cliente abusivo es exonerado de todo cargo, pese a ser un obvio depredador sexual.
En Victoria el público puede dimensionar lo injusto del proceso contra la protagonista, porque conocemos su versión a detalle, pero en Anatomía de una caída la directora hace dudar a la audiencia, convirtiendo a Sandra (Hüller) en un personaje distante, hermético e impredecible. Los matices de su personalidad son revelados en el transcurso del juicio, aunque están injustamente tergiversados por prejuicios basados en fragmentos de su vida profesional, familiar y sexual; incluso su obra literaria llega a ser cuestionada, por supuestos paralelismos entre la ficción y el caso.
Lo curioso es que la película no tiene un desenlace abierto, pero si el espectador aún duda de la inocencia o culpabilidad de Sandra después de los créditos finales… bueno, es porque se convirtió en otro miembro del jurado, el más escrupuloso y prejuicioso de la sala. Los guionistas (Arthur Harari y la propia Triet) transforman el análisis de unas cuantas gotas de sangre en la salvaje autopsia de un matrimonio a punto de explotar, siendo el abogado general (Antoine Reinartz) un insolente Claude Dancer francés (George C. Scott en Anatomía de un asesinato), actuando con impúdica parcialidad sexista.

Al igual que otras producciones europeas, como La noche del 12 (Dominik Moll, 2022), Saint Omer (Alice Diop, 2022) o Araña Sagrada (Ali Abbasi, 2022), la trama judicial de Anatomía de una caída es el punto de partida para hurgar en heridas profundas de la sociedad. En este caso, Justine Triet nos ofrece una brutal película feminista, sin que el público lo note a primera vista. Básicamente, asistimos a un juicio de Salem contemporáneo, donde el rechazo al modelo estándar de madre y esposa despierta todas las sospechas de criminalidad. El delito que se le imputa a Sandra no es la muerte de Samuel, sino delegar a su esposo el cuidado del hijo y continuar su carrera como escritora, sin compadecerse por la frágil masculinidad del fallecido.
A diferencia de sus comedias anteriores, la directora satura a este nuevo filme de una austeridad visual y argumental que no permite atisbar las verdaderas intenciones del drama hasta el último acto, donde emplea su carta fuerte: Daniel (Machado Graner). Los hijos en las películas de Triet tienen una función casi incidental, un obstáculo más en la complicada vida de las protagonistas, absorbidas por sus ámbitos profesionales. Lo mismo sucedería en Anatomía –porque la discapacidad de Daniel es un asunto central en la ruptura matrimonial–, si no fuera porque súbitamente Sandra depende del testimonio de su juicioso hijo.
Es interesante cómo la solución (o no) de esa fracturada relación madre-hijo ilumina algunos aspectos inconclusos en la filmografía de Triet, sin generar un discurso moralista sobre paternidad responsable. Los guionistas convierten a Daniel en un personaje ecuánime, capaz de resolver esa encrucijada entre “realidad y ficción” planteada por su madre al inicio. Su versión podrá ser errónea o alterada por el juicio, pero da certeza a la relación familiar posterior a la muerte del padre. El último plano nos confirma que todo estará bien, sin importar cuál sea la verdad. Mejor entendimiento de la justicia no puede existir.
Como menciona la directora en entrevistas, la película está construida alrededor del perfil interpretativo de Sandra Hüller, con ecos de la severa hija de Toni Erdmann (Maren Ade, 2016). Realizadora y actriz comparten el logro de llevar los convencionalismos del drama judicial a su punto más disruptivo: el suspenso no surge de una intrincada trama criminal, sino por la construcción de un extraordinario personaje indescifrable, hasta en los momentos de arrebato emocional. En resumen, Anatomía de una caída es un largometraje radical y fascinante. Lo sugestivo o no de la experiencia depende completamente del espectador y lo que lleve en su cabeza. Una absoluta merecedora de la Palma de Oro.
Anatomía de una caída está en Amazon Prime Video
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