Alejandro G. Iñárritu: Las claves para entender su estilo

En esta ocasión analizamos el trabajo de “El negro” cineasta mexicano ganador en dos ocasiones del premio de la academia.

Iñárritu y Lubezki, un dúo excepcional

En su momento, nombres como Orson Welles y Gregg Toland con Citizen Kane (1941); Francis Ford Copolla y Gordon Willis con The Godfather; Steven Spielberg y Janusz Kaminski con Schindler’s List (1993) y Saving Private Ryan (1998), representaron una excelente dupla en cuanto a la dirección y fotografía. La historia del cine continúa y desde 2014, Alejandro G. Iñarritu y Emmanuel Lubezki se incluyen a esta lista de parejas que han realizado un trabajo impecable.

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Birdman or (The Unexpected Virtue of Ignorance) es el cuarto largometraje dirigido por Iñárritu. En sus trabajos anteriores (Amores perros, 21 gramos, Babel y Biutiful) la fotografía estuvo a cargo del mexicano Rodrigo Prieto. Sin embargo, con la película que hoy nos atañe, se marca una notable evolución en la propuesta visual del director, y a partir de la colaboración con Emmanuel, se caracteriza por una estética bien definida y un especial ritmo en la narrativa.

La historia se centra en Riggan Thomson, un actor en decadencia que busca ser nuevamente reconocido y respetado. Para ello invierte todo lo que tiene en una obra adaptada, dirigida, producida y protagonizada por él mismo. El fantasma del que fue su personaje más importante, el superhéroe Birdman lo persigue y le recuerda la miseria en la que se ha convertido. Parece que todo a su alrededor es caos y pierde con facilidad el control cuando llega Mike, quien arrebatadamente arruina el primer preestreno de la obra.

Con este filme, Iñárritu demostró la versatilidad en su obra y la impecable ejecución en la manera de contar historias. El manejo de la cámara es impredecible. Los planos sitúan al espectador íntimamente en la acción en tiempo real de la historia y al lado de los personajes, dentro de un azulado New York. La mancuerna Iñárritu-Lubezki logra un escenario conectado dentro y fuera del teatro.

Para lograr la maravillosa puesta en escena fue necesario un arduo trabajo de dirección y minuciosa sincronización de los involucrados, además de una destacada actuación de todo el reparto encabezado por Michael Keaton, quien interpreta a Rigg, personaje que está claramente construido tridimensionalmente y logra involucrar al espectador en su crisis. Mike (Edward Norton) se convierte en el fastidioso actor narcisista al que desearás estrangular más de una vez; contrariamente, Sam (Emma Stone) cautiva con su presencia rebelde. Así, el cast se lleva las palmas al contribuir de una manera exitosa. Asimismo, los personajes secundarios no dejan caer la trama y logran atraer la atención en todo momento.

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La película se empapa de humor negro y utiliza los giros de tuerca con agradable sentido, dotándola de naturalidad. En el tercer acto el personaje cumple con su misión a cuenta gotas y el desenlace se transforma en algo inesperado. El guion logra una espectacular fusión de todos los elementos y los explota eficazmente.

Respecto a la música, “el negro” acertó una vez más al permitir la libre creación de Antonio Sánchez, otro talentoso mexicano, quien sube y baja al son de los planos, aterrizando cuando es necesario. Así, la banda sonora dota de gran virtuosismo a la película, convirtiéndola en una parte imprescindible de la experiencia cinematográfica.

Iñárritu hizo que el mundo pusiera la mira en Birdman. Se atrevió con nuevas técnicas, totalmente distintas a sus realizaciones previas, y generó una total admiración hacia su trabajo. La película fue galardonada con cuatro premios de la Academia: mejor director, mejor guion original, mejor fotografía y mejor película. A casi un año de su premiación, el cineasta pretende arrasar en esta nueva entrega con The revenant (2015). Asimismo, Lubezki podría lograr su tercer Óscar consecutivo; dos de ellos gracias a la colaboración con Alejandro González Iñárritu.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

México: ¿productor de cine o de cineastas?

Por: Citlalli Vargas Contreras (@rimbaudienne_)

Durante el discurso de Alejandro González Iñárritu después de recibir el Óscar a Mejor Película por Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia (2014), cientos de mexicanos que seguían la transmisión de la ceremonia se identificaron plenamente con el discurso del cineasta, y es que dedicó el galardón a México: “porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos”.

Birdman se llevó también las estatuillas a Mejor Director, Mejor Fotografía, premio que recibió por segundo año consecutivo Emmanuel Lubezki, y Mejor Guión Original y ante el revuelo que causó el discurso de Iñarritú surge una pregunta escencial: ¿Por qué en México no podemos tener el cine que nos merecemos?

El actor californiano Sean Penn fue el encargado de entregar a González Iñárritu el Óscar a Mejor Película, y durante el que fue su tercer discurso de aceptación, El Negro, como lo apodan, con el rostro desbordando emoción pero con la conciencia de quien se sabe mexicano declaró: “Quiero dedicarle este premio a mis compatriotas, los que viven en México.

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De igual manera, recordó a los inmigrantes que viven en Estados Unidos: “Y los mexicanos que viven en este país, que son parte de la generación más reciente de inmigrantes, ruego porque puedan ser tratados con la misma dignidad y respeto de los que vinieron antes y construyeron esta increíble nación de inmigrantes”.

La felicitación de Enrique Peña Nieto no se hizo esperar: “Alejandro González Iñárritu, qué merecido reconocimiento a tu trabajo, entrega y talento. ¡Felicidades! México lo celebra junto contigo”, mientras que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) contestó al discurso de El Negro con lo siguiente: “Coincidiendo en el orgullo mexicano, es un hecho que más que merecerlo estamos construyendo un mejor gobierno. Felicidades #GonzálezIñárritu”.

¿Por qué si se está construyendo un mejor gobierno, el talento mexicano tiene que salir del país para poder progresar? Peña Nieto ha señalado en sus discursos oficiales que su administración está comprometida con el ámbito cultural a través de la promoción de la libertad de expresión y el apoyo a la creación, pero la realidad es completamente distinta.

Desde que el priísta subió a la silla presidencial, el presupuesto federal para la cultura, el cine, las artes y el deporte ha sufrido recortes de más del 30% con respecto al que se tenía en 2012, lo cual significa una reducción de aproximadamente 7 mil 19 millones de pesos.

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Tan sólo en el ámbito cinematográfico, se han realizado recortes presupuestales para instituciones como el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), los Estudios Churubusco y para el propio Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Estos se han realizado sin una justificación válida, aunque el gobierno federal ha prometido “extender los beneficios de la cultura a más personas […] con un esquema de coordinación más sólido entre los tres niveles de gobierno”.

Victor Ugalde, presidente de la Sociedad Mexicana de Directores-Realizadores de Obras Audiovisuales, se ha lamentado en algunas ocasiones por la situación difícil que el cine mexicano atraviesa al sufrir de políticas restrictivas que, al no proporcionar los apoyos necesarios, no le permiten a los cineastas crecer en su propio país.

El artículo 226 de la Ley de Impuesto sobre la Renta considera “como proyectos de inversión en la producción cinematográfica nacional, las inversiones en territorio nacional, destinadas específicamente a la realización de una película cinematográfica a través de un proceso en el que se conjugan la creación y realización cinematográfica, así como los recursos humanos, materiales y financieros necesarios para dicho objeto”.

A través de este estímulo fiscal, se pretende promover la creación de productos cinematográficos nacionales, y a pesar de que ha cumplido su función apoyando a cintas como Eco de la Montaña (Nicolás Echevarría, 2013), Club Sándwich (Fernando Eimbcke, 2014) o Besos de Azúcar (Carlos Cuarón, 2013), estas no tienen una buena distribución en el país, volviéndolas poco comerciales para que pasen con más pena que gloria por una que otra sala de cine mexicana.

Producciones como Birdman, The Burning Plain (2010) de Guillermo Arriaga, El Laberinto del Fauno (2006) de Guillermo del Toro, y la también merecedora del Óscar, Gravity (2014) de Alfonso Cuarón, no son mexicanas. Las dos primeras son estadounidenses mientras que la tercera es española y la cuarta británica.

En cuanto a la formación académica de estos tres cineastas, sólo Alfonso Cuarón estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), al igual que el cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, quien también se hizo acreedor al Óscar en esta edición.

Asimismo, los temas abordados en la mayoría de sus películas no tienen mucho que ver con el contexto social mexicano, por tanto no se considera que los cineastas nacionales galardonados en Hollywood representen al cine mexicano y mucho menos que estén dando pie a una nueva “época del cine de oro” como se ha comentado.

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Carlos Bonfil, especialista en cine, comentó a BBC Mundo que la solución para desarollar el talento, no sólo para los cineastas, sino también para los técnicos y los fotógrafos mexicanos reconocidos es emigrar del país: “Hay que preguntarse por qué tiene que ser Hollywood la entidad que venga a certificar el éxito de un mexicano y por qué el reconocimiento en Europa no tiene el mismo efecto.”