Glamour y ambición en El Gran Hotel Budapest

Por: Rodrigo Márquez/@Roderik4

Escribir acerca de El Gran Hotel Budapest es llenar de halagos a Wes Anderson y su equipo. Pocas veces se han visto películas tan bien hechas en todos sus aspectos, tanto técnicos, como artísticos. Es una de esas cintas que cuando terminas de verla, sales del cine y te cuestionas a ti mismo ¿por qué me gustó tanto? y no sabrás por dónde empezar. Nosotros comencemos por su historia.

Anderson, con su narrativa peculiar posmoderna, realiza dos metadiégesis, para contar la historia de Zero Moustafa (interpretado por Tony Revolori y F. Murray Abraham en la edad de la vejez), un joven apátrida que llega a trabajar como botones en el Gran Hotel Budapest, ubicado en el país europeo y ficticio de Zubrowka.

Ahí conoce a Gustave (Ralph Fiennes), concierge ejemplar del lugar y un “asalta tumbas”, elegante y empedernido ─que a la postre se convertirá en su mentor─, a quien deberá ayudar debido a que es perseguido por la familia de una de sus amantes (Tilda Swinton), quien le heredó un cuadro valiosísimo a Gustave. Durante la película, viviremos los escenarios que van desde el glamour hasta la podredumbre de la cárcel y la ambición humana.

Otros temas experimentados en el transcurso de la película son el amor juvenil, un poco de tristeza, la comicidad simple (pero en ningún momento tonta) y una manera muy inteligente de abordar un problema histórico como lo fue la Segunda Guerra Mundial, a través de simbolismos, alegorías y los personajes en sí.

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En cuanto a la actuación, a pesar de ser muy elemental, en ningún momento es deficiente, pues los diálogos se encargan de llevar la historia por un muy buen cauce. Este aspecto es un acierto enorme y demuestra la capacidad de dirección de actores del Wes Anderson.

El elenco lo complementan el “ex Jurassic Park” Jeff Goldblum, Harvey Keitel, Bill Murray, Edward Norton, Owen Wilson y la niña del lunar en forma de México, Saoirse Ronan.

Los “malos” son interpretados por Adrien Brody y Willem Dafoe. Y por último,Tom Wilkinson y Jude Law comparten el papel del “Autor”, quien en un principio narra la historia.

Por otro lado, no se estaría exagerando si decimos que la fotografía es estupenda: cada encuadre es una obra de arte, una pintura. Podemos apreciar desde elementos de composición  aurea, puntos de fuga y simetría digna de Stanley Kubirck, aderezados con una dirección de arte muy bien trabajada, logrando complementar el sentimiento que requiere cada escena. Aplausos para Robert Yeoman y Stephan Gessler, por la fotografía y dirección artística, respectivamente.

Sin duda, Anderson superó al Fantástico Señor Fox y su Moonrise KingdomEl Gran Hotel Budapestes su trabajo más importante y también el mejor logrado. Con tantos elementos que muestra el filme, uno esperaría que se le escapara algún detalle, pero no, como buen capitán, lleva el barco a flote hasta el final. Esta película nos recuerda porque el cine es un arte, y con apenas ocho filmes en su historial, el texano más europeo se ha ganado el respeto del mundo cinéfilo.

Ahora, sólo queda la duda de cómo el cineasta logrará superar su próximo proyecto.

Un affaire de película: la vital relación entre la moda y el cine

Por: Orianna Martínez/ @ori_ori

Audrey Hepburn baja de un taxi frente a la exclusiva joyería Tiffany’s ubicada en la Quinta Avenida y se abre paso al escaparate principal usando un clásico vestido negro de Givenchy, gafas oscuras, guantes de satín y un collar de perlas.

Con diminutos pasos, se acerca para contemplar las pequeñas piezas en exhibición mientras saca de una bolsa de papel un frugal desayuno: café y una pieza de pan danés. La secuencia continúa mientras ella rodea la tienda observando la perfecta construcción de las piedras preciosas al mismo tiempo que le da un sorbo a su bebida y un par de bocados a su panecillo.

Por supuesto, la  memorable escena de la que hablo es la encargada de abrir la película Breakfast at Tiffany’s, de 1962 dirigida por Blake Edwards. Cada uno de sus elementos está ahí por una razón: los planos generales, la sutil iluminación, la música de Henry Mancini, el lujoso vestuario de Audrey, etc. Juntos forman una introducción audiovisual perfecta y ninguno de ellos es más importante que el otro. Hago énfasis en este punto porque es muy común no apreciar la relevancia que tiene la moda en el mundo del cine.

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Imaginemos de nuevo esta escena pero ahora con una Audrey usando pantalones de mezclilla, tenis de lona y una camiseta blanca. El resultado sería completamente distinto, porque cada momento en pantalla tiene una necesidad particular.

El vestuario transforma al actor en personaje, le da credibilidad y lo complementa. En las producciones cinematográficas, quien se encarga de esta particular unión es el equipo de diseño de vestuario. Pero su trabajo no es nada fácil, hay todo un proceso de investigación para encontrar el atuendo correcto, se necesita estudiar cómo se vestían las personas en determinada época, ya sea La Edad Media, La Guerra Civil, La Era del Jazz o el año pasado. Además, hay que conocer completamente al personaje, saber cuál es su propósito en la historia, qué necesita proyectar, y por supuesto, advertir qué tipo de colores y cortes le quedan.

Y el reto no es menor cuando se trata de historias futuristas, tan sólo recordemos la segunda parte de Volver al Futuro, en la cual, en un posible 2015 hay lugar para chamarras y tenis autoajustables, sombreros, gorras y camisetas con estridentes estampados que no están muy alejados a lo que hoy se presenta en las pasarelas. Blade Runner es otro claro ejemplo, en esta distopía del cyberpunk se utilizaron estilos eclécticos; un poco de gótico con tintes militarizados y vaporosos abrigos de piel que complementaron la narrativa fílmica a la perfección.

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A fin de cuentas el eterno romance entre la moda y el cine es algo indiscutible, su influencia es recíproca, se han encargado de hacer atuendos inolvidables y juntos han creado prendas icónicas que marcaron toda una época.

Paprika: el onirismo y su relación con el lenguaje cinematográfico

Es una estancia oscura, la luz tenue ilumina el centro del escenario circense, un cochecito entra en escena, proviene de la negrura y se sitúa exactamente debajo del halo lumínico. Dentro del vehículo hay un payaso cuya proporción es muy superior a la del carro, sale con dificultad para ponerse de pie y pregonar: ¡qué comience la función!

Una secuencia onírica da origen al mundo y reglas de Paprika, filme basado en la obra homónima de Yasutaka Tsutsui y dirigido por Satoshi Kon en cuya trama se ha inventado un dispositivo capaz de permitir la visualización de los sueños a través de un monitor, el cual es robado para lograr que estos se fusionen con la realidad.

La película permite su abordaje desde múltiples enfoques. En primera instancia está la decisión de utilizar la técnica de animación, lo cual sumerge al espectador en un código referente a la realidad-virtual entendida como realidad-posible.

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En la escena inicial se presenta el sueño de un policía aficionado al séptimo arte, presenciamos un recorrido a través de muchos filmes de variados géneros, en aparente desorden las imágenes estructuran una historia que culmina con un asesinato; siguiendo la tesis freudiana descubriremos a la postre el por qué de cada imagen.

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Es sin duda de mayor interés la propuesta del realizador al reflejar el sueño por medio de una pantalla, en una clara analogía con los elementos del lenguaje cinematográfico,  principalmente aquellos que conforman la estructura del montaje, los cuales pueden ser tres:

El corte: En cuestiones psicoanalíticas, y acercándonos a La interpretación de los sueños de S. Freud, se conoce que un sueño jamás llega en su estado esencial. Toda representación onírica tiene una explicación de carácter consciente; la fase de ensoñación da cabida a lo reprimido durante el periodo vigil, y al recordarlo se estructura ordenadamente dejando el supuesto caos que predomina  en ese estado.

Pero, ¿no es acaso que recordamos los sueños como si fuesen escenas de película? Es decir  ¿no hay escala de planos, cortes, travellings y demás componentes en su haber? ¿No es en primera instancia la imagen y después la palabra para tratar de comunicarles? Para representar el sueño ¿no es más fiel la imagen que lo dicho? Es por ello que en Paprika resulta fundamental para la comprensión en lo referente a los alcances del arte cinematográfico.

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El corte per se no forma parte de nuestra percepción de la realidad, este elemento esencial del montaje proviene sin duda de la percepción onírica. Es decir, el corte nos sumerge en esa ensoñación llamada cine.

El fundido: Es sublime el recurso porque es justo cuando el dispositivo supera sus potencialidades y comienza a mezclarse con el mundo vigil. Un científico de la corporación que creó el aparato comienza a decir incoherencias, sonríe y termina arrojándose por una ventana. Mientras está suspendido en el aire, en cámara lenta, se comienza un fundido, pantalla en negros, súbitamente el mundo onírico irrumpe, criaturas extrañas y elementos de la vida cotidiana cobran vida avanzando rápidamente hacia un abismo. El científico está atrapado.

Como nosotros, cuando cerramos los ojos, cuando nos fundimos dejándole la puerta abierta a la (según Freud) instancia inconsciente, a lo reprimido, permitiendo la irrupción de toda clase de criaturas, seres y situaciones que emergen, de la oscuridad.

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El fundido se emplea comúnmente para empezar y concluir un filme. En Paprika concluye con el primer acto, da paso al conflicto y nos introduce de lleno en la complejidad de la barrera con lo real. Un sueño (la película) dentro de otro sueño (el presenciado, la trama) dentro de uno más (el sueño en conjunto planteado por Satoshi Kon). Somos soñadores del mismo sueño, el de su creador.

Una vez superada dentro del contexto del filme la limítrofe realidad-sueño, el director nos permite saber cuándo el espectador forma parte de la fantasía y cuando no, a través de la tercera herramienta más común del montaje cinematográfico:

La disolvencia: Cuando el personaje principal (Atsuko), es presa de una ensoñación durante su periodo vigil, Kon utiliza este recurso para pasar de un plano a otro, quizá no es consciente en un primer momento, pero mediante el uso maestro de ésta nos introduce al infierno de lo reprimido; cuando se da la ruptura y Atsuko despierta se comprende perfectamente, sin recursos efectistas. Paprika es cinematografía pura.

No es la idea del presente ensayo revelar la trama completa del filme, se trata pues, de una película maestra por el empleo de recursos tan simples para la manipulación espacio-temporal (el corte, el fundido y la disolvencia), ello sin dejar de lado elementos como la animación, la música,  el uso del color y la complejidad de los temas abordados, Paprika es, sin temor a equivocarme una de las grandes joyas de la animación contemporánea.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

La cara del narco | Entrevista con Eloy Valtierra

Eloy Valtierra, miembro fundador en 1986 de la Agencia y revista de fotografía Cuartoscuro, nos platica sobre su serie La cara del narco. El fotógrafo mexicano es un referente en el fotoperiodismo nacional actual. Desde 1994 encabeza la agencia Eikon de asesoría en producción gráfica e imagen institucional.

Literatura y desnudo a través de Paulina Lavista

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¿Cuáles rostros han marcado la historia de la literatura en las últimas décadas? Paulina Lavista nos ofrece una respuesta a través de la exposición Crónica personal: la vida literaria en México.

En dicha muestra se observan las facetas de escritores como Juan José Arreola, Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, Augusto Monterroso, Álvaro Mutis y José Emilio Pacheco, capturadas por la fotógrafa mexicana de 1968 al año 2000.

“Los escritores me asombraban por su capacidad para desarrollar esas historias que me llevaron a la experiencia incomparable de la lectura. ¿Cómo olvidar la emoción ante Tom Sawyer, El libro de la selva, Mujercitas, o la biografía de Madame Curie y Sed de vivir? Más adelante, fueron los cuentos del gran Edgar Allan Poe, La vida de las abejas, mi pasión por Dante y Dostoievski, por Jorge Luis Borges, Martín Luis Guzmán y Juan Rulfo, y demás autores de libros maravillosos que he leído de tantos que me faltaron”, compartió Paulina a propósito de la exposición que se encuentra en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia.

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Paulina Lavista nació en la Ciudad de México en 1945, su formación académica se desarrolló en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM (CUEC). A finales de 1968 abandonó el cine para dedicarse completamente a la fotografía y de manera autodidacta aprendió a revelar y a ampliar su material. A partir de entonces, Paulina desplegó una actividad constante y sus imágenes aparecieron en las principales revistas y suplementos culturales, tanto nacionales como internacionales.

Paralelamente a Crónica personal: la vida literaria en México, la fotógrafa presentaDesvelos, en la cual el público conocerá un conjunto de 19 imágenes que fueron tomadas en los años 70 y 80. La muestra está compuesta por dos series, la primera se trata de desnudos femeninos en la que explora diversos arquetipos de la belleza femenina. La segunda es de actores japoneses que retrató en un viaje a Teotihuacan. Este trabajo se presenta en La galería X Espacio de Arte, ubicada en Av. México 99, colonia Condesa.

Un relato al desnudo: Nymphomaniac

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Por Rodrigo Márquez/ @Roderik4

Mucho se ha dicho y escrito sobre la última producción cinematográfica de Lars Von Trier; hay comentarios de extremo a extremo: que si es un filme pornográfico, o una reflexión filosófica a problemas ontológicos.

Pero sin duda, el cineasta danés sabe vender sus productos: desde publicar avances mensuales sobre los episodios de la película, pasando por publicidad con carteles minimalistas -que con objetos y signos hacen referencia a órganos genitales-, fotografías de los actores y actrices en pleno éxtasis sexual, hasta utilizar la polémica de comentarios positivos y negativos para sembrar en los cinéfilos la curiosidad y enseguida, correr a ver el filme.

Nymphomaniac es la historia de Joe, quien narra las experiencias sexuales que ha vivido desde niña, a un completo desconocido, quien la encontró golpeada, en mal estado y tirada en un callejón de algún país europeo. Auxiliándola y dispuesto a escuchar su historia, Seligman (Stellan Skarsgård), intenta explicar los relatos de la mujer a través de la filosofía y teología.

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Von Trier, desnuda, literal y metafóricamente a Joe (interpretada también por Stacy Martin en su etapa de juventud y por Gainsbourg en su madurez), a través de diferentes capítulos que llevarán al espectador a ser testigos de la decadencia del ser humano cuando se entrega a un exceso.

Asimismo, el director y cofundador del Dogma 95, echa mano de actores de su confianza como Willem Dafoe, Udo Kier y los ya mencionados Gainsbourg y Skarsgård . Complementan el reparto Jamie Bell, —una poderosa e incómoda actuación — Uma Thurman, Christian Slater, Sophie Kennedy Clark y un Shia LaBeouf muy lejano al chico “transformer”.

Tal vez no sea la mejor película de Lars Von Trier, pero al igual que sus otros trabajos Anticristo y Melancolía, este  podría resultar didáctico para aquellos que sueñan con ser directores del séptimo arte. Basta con disfrutar su primera secuencia que desde la tranquilidad de la lluvia, romperá la calma con música de Rammstein para transportar al espectador a la inestabilidad, la cual progresará hasta el final de la historia.

La cinta fue estrenada en Europa el 25 de diciembre del año pasado y dura cerca de cinco horas, por lo que para su estreno comercial se dividió en dos volúmenes. En México, ya fue proyectada en el festival de cine Riviera Maya Film Festival y La Cineteca Nacional nos trajo la primera parte del filme en la 56 Muestra Internacional de Cine. En las salas comerciales, el Volumen I del filme se estrenó el 15 de mayo y aún esperamos fecha de estreno para la segunda parte.

Nymphomaniac es una película cruda e introspectiva que mostrará al espectador las consecuencias de entregarse a los instintos básicos del ser humano, con los daños colaterales respectivos.

Como dice el slogan del filme, “olvídate del amor”, nosotros debemos de olvidar prejuicios y ver más allá de las escenas de sexo explícitas y leer entre líneas los diálogos del filme, para que el espectador desnude el mensaje de la película.

Sin duda, pocos como Lars Von Trier pueden hacer una obra de arte desde la vulgaridad de la pornografía. Aún esperamos la fecha de estreno para el Volumen II en las salas del país.

TRAILER DE NYMPHOMANIAC

Acordes Rockabilly

Por: Ernesto Benítez (@Neto_Mugres

El 30 de mayo y 1 de junio se llevó a cabo la cuarta edición del Festival Rockalavera Rockabilly Weekend en la explanada de la Delegación Iztacalco.

Música, exposiciones, tatuajes y sobre todo, un gran ambiente de baile fue lo que caracterizó al evento, en el cual se presentaron diversos grupos musicales como Las Leopardas, Christina and Fran, Nicotyna, Los Frenéticos, entre otros. El público Rockabilly sin duda espera la siguiente edición del festival.

Claude e Isabelle: El olor a la clase media

Por: Irving Martínez/ @IrvingJavierMtz

François Ozon es un director francés presente en los principales festivales de cine con su obra que abarca más de dos décadas sin perder la vigencia. En sus primeros trabajos el suspenso fue una constante, pero poco a poco se diluyó para dar paso a largometrajes de compleja gama de géneros. Con Sitcom (1998) alcanzó un rápido reconocimiento en la industria. De su estilo se reconoce el uso de tópicos relacionados con la diversidad sexual y películas como 8 mujeres (2002) se convirtieron en banderas para la comunidad gay.

En México se reconoce y aplaude su trabajo y es un autor obligado en los Tour de Cine Francés y muestras de cine. Sin embargo, después de la magistral El tiempo que queda (2005), tuvo un estancamiento en su carrera con irrelevantes cintas como Ángel (2007), Ricky (2009) y Mujeres al poder (2010).

En 2012 llegó a San Sebastián con el drama En la casa y logró tener en sus manos la Concha de Oro a Mejor Película y el Premio del Jurado al Mejor Guión. Inmediatamente comenzaron las expectativas con su siguiente trabajo que, por obviedad, entró en la selección oficial de Cannes: Joven y bella (2013). Además de ser el regreso de Ozon a las alfombras rojas francesas, es un nuevo discurso y estilo en su versátil filmografía. Ambas películas comparten particularidades que permiten definir a Joven y bella y En la Casa como un díptico crítico sobre la juventud y la decadente estructura familiar.

sitcom-movie-poster-1998-1020525142El adolescente francés de los ochenta

Algunos años atrás, Claude Miller seleccionó a Charlotte Gainsbourg (hija de la controvertida pareja Gainsbourg-Birkin) para interpretar a La pequeña Ladrona (1988), la historia de una precoz adolescente amante de lo ajeno. El mismo realizador fue el responsable de una versión masculina: La mejor manera de andar (1976) con un joven Patrick Bouchitey. Bertrand Blier crea su propia lolita en Tú me hiciste mujer (1981) con la desconocida Ariel Besse en rol principal.

El prolifero Claude Chabrol tiene una filmografía repleta de jóvenes protagonistas con ansias de ser adultos. En 1978 dirige Prostituta de día, señorita de noche y el resultado fue una sensual psicópata con tendencias parricidas. Era claro que en Francia la sexualidad había llegado a una relativa liberación y Maurice Pialat y Erich Rohmer concibieron los mejores tratados sobre este tema. El primero –quién lanzó una mentada público con Palma de Oro en mano- escandalizó con las efímeras relaciones sin tapujos ni sermones en A nuestros amores (1983); y en Paulina en la playa (1983) de Rohmer una joven quinceañera comienza una educación sentimental impartida por su poli amorosa prima Marion.

En apariencia el punto de unión de las películas mencionadas es la temprana sexualidad, pero el deseo es una complacencia para el voyerista público. En realidad sólo son personajes con asco y coraje a las instituciones: la religión, la política y sobre todo la familia. Lo interesante son las diferentes formas de repudio adolescente a sus patéticos padres; desde las burlas y berrinches de la Suzane de Pialat, hasta los planes criminales de la Violette de Chabrol. Sin duda, fue el periodo del cine francés con mayor crítica social desde la perspectiva subjetiva de los jóvenes. Sin embargo, tres décadas más tarde, François Ozon creó dos héroes no adultos para plantear que tal vez los insatisfechos jóvenes de Miller o Rohmer no escaparon a los dogmas establecidos y terminaron en ridículos reflejos de sus padres.

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En resumen: En la casa es la comedia sobre un profesor interesado en las descripciones literarias de su alumno Claude García (Ernst Umhauer) sobre la familia de su amigo Rapha. Y Joven y bella es el descubrimiento sexual de Isabelle (Marine Vacth) y su inicio en la prostitución a los 17 años. Los dos protagonistas son menores de edad y ambos se encuentran en una etapa de descubrimiento sentimental.

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Claude Garcia escribe: Por fin estaba en esa casa en la que tantas veces me había imaginado. Era más grande de lo que suponía, adentro cabían cuatro casas como la mía, todo estaba limpio y ordenado […] estaba a punto de volver con Rapha cuando un olor llamó mi atención, el inconfundible olor de la mujer de clase media. Claude es un chico con un intelecto superior del promedio pero pertenece a una clase popular, con un padre enfermo y una madre sin ver desde los 9 años. El choque cultural con la familia Rapha provoca burlas y desprecio. Encuentra ridícula su falsa intelectualidad, sus formas de entretenimiento, la hipocresía de sus relaciones y su inexistente bienestar, pero también desea ser parte de “la clase media”.

El collage inicial con fotografías de alumnos de un liceo es la introducción para entrar al mundo de un adolescente. La película es (indirectamente) la perspectiva de Claude y la caricaturización de los adultos. Aunque su necesidad de afecto es evidente, Garcia también se niega a ser parte de la ordinaria sociedad que compra acuarelas sin saber su significado. Existe una referencia directa a Teorema (1968) de Pier Paolo Pasolini y la inexistencia de los lazos familiares. Como Terence Stamp, el joven escritor se adentra a la familia Rapha para reafirmar que la vida familiar afrancesada no es en realidad su “final deseado”. En cambio, encuentra una simpatía por la monótona y deprimente vida de su profesor. El final en la banca junto al maestro de literatura es un encuentro con su futuro. Una vida llena de soledad pero sincera y alejada de los torturantes convencionalismos sociales.

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Isabelle de Joven y bella es un homenaje a Séverine de Bella de Día(1967) de Luis Buñuel, con pequeños cambios importantes. Para ambos personajes el amor no existe pero, al final, Séverine vuelve a añorar la convencionalidad. Isabelle no. Las patéticas relaciones sentimentales de su madre infiel son el antecedente para optar por una vida sexual donde el amor no tenga cabida.

Ozon siempre ha evitado teorías freudianas de cajón y este es el buen ejemplo. Su corto noviazgo es frustrado al percatarse del inminente retorno a los convencionalismos familiares (poner especial atención a la escena del desayuno familiar con el novio); en cambio, los contactos con hombres maduros son más satisfactorios en su búsqueda de ternura. Isabelle también tiene un encuentro con su solitario futuro encarnado por Charlotte Rampling.

El realizador filma a jóvenes estudiantes en aulas de estudio; muy parecidos a secuencias de La Clase (2008) y La vida de Adele (2013). Podría interpretarse como una crítica al decadente sistema de educación y los vacíos ideales de las nuevas generaciones. Pialat ya hacía referencias a la “plastificación” de los sentimientos. Se habla de amor sin entender ni sentir la emoción (palabrería poética como las falsas metáforas de Claude). En la casa de Isabelle vive otra de tantas familias de clase media como los Rapha; adultos que antes fueron los franceses precoces del cine de los ochenta.

El nuevo rumbo del cine de Ozon conserva la crítica a los convencionalismos emocionales del mundo contemporáneo. Su próximo trabajo será Une nouvelle amie (2014) y posiblemente estará en el Festival de Venecia. Al parecer seguirá el estilo de sus predecesoras.

La caída del slasher, el declive de la fórmula

Peter Kürten, dedicado padre de familia, se comportó siempre de manera ejemplar en casa. Sin embargo, fue uno de los asesinos seriales más despiadados de la década de los 20: desollaba niños para llegar al orgasmo; su modus operandi le valió el apodo de “El vampiro de Dusseldorf” e inspiró la obra maestra de Fritz Lang titulada M (1931), primer filme que abordó la temática del asesino en serie.

Joya controversial del séptimo arte, se ha consolidado como una película resistente al paso del tiempo. Gracias a la magnífica interpretación de Peter Lorre, quien sentó un precedente en cuanto a la representación del psicópata, personaje en apariencia común; monstruo humano capaz de lo inimaginable, base de las creaciones posteriores de cineastas de la talla de Alfred Hitchcock, realizador que potenció el género con Psycho (1960). Hitchcock retó al espectador mediante el manejo de cámara y los cortes vertiginosos en la escena de la ducha, forzó al público a sumergirse en la psique del asesino, dejando cada puñalada a la imaginación de los asistentes a la sala.

La historia de Norman Bates provocó la aparición del Slasher subgénero del cine de terror cultivado magistralmente en Italia, con el llamado Giallo, cuyos principales exponentes son Mario Bava con Seis mujeres para el asesino (1964) y Dario Argento con El pájaro de las plumas de cristal(1970). Sus obras contribuyeron a la conformación de una fórmula no siempre bien ejecutada y que se ha explotado hasta el cansancio, a veces con grandes resultados, a veces con obras deplorables.

Algunos componentes del Slasher son: voyeurismo masculino vinculado con la perversión sexual del asesino, quien curiosamente funge como un justiciero social. ¿En qué sentido? Su blanco principal por lo regular es una mujer con sexualidad transgresora, las figuras de autoridad son incapaces de erradicar al asesino y protegerla. El homicida se ayuda de artilugios fálicos (el cuchillo como ejemplo común). Este elemento (el proceder del asesino) es analizado por los personajes que le persiguen desde una postura psicoanalítica, o al menos eso se pretende.

Como todo género, el Slasher muta filme tras filme, se añaden detalles, se modifican otros ligeramente. Y es uno de sus exponentes quien inaugura a mediados de los 90 el llamado Neoslasher. Wes Craven guiado por la pluma de Kevin Williamson dirige Scream (1996), en la cual, fanáticos del cine de terror inician una carrera homicida de conclusión trágica.

El asesinato por imitación, eterno debate del cine de terror, ¿será que estas películas sirven para inspirar las atrocidades que en ellas presenciamos? Scream y la sencillez de su trama son un ejemplo contundente. Williamson desarrollará también el drama en Sé lo que hicieron el verano pasado (1997), cinta que se diferencia de Scream sólo por la motivación del antagonista, quien mata por venganza, por el resto, es mera repetición de la receta.

Ambas propiciaron una serie de películas insufribles e innecesarias. Un caso opuesto pero paradigmático es Chucky (1988), cuya trilogía principal es aceptable, empero su cuarta entrega La novia de Chucky agota la serie. Haciendo un uso pésimo de lo propuesto por otros grandes directores, el subgénero se agota y cada vez se perciben menores atisbos de genialidad, de innovación. Pareciera que el Slasher ya ofreció a sus mejores exponentes, cuyas obras ya forman parte de la historia del séptimo arte.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Imágenes que se van | Entrevista con Ernesto Ramírez

Texto: Nayelli Sánchez 

Fotografías: Ernesto Ramírez 

Las aulas de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón lo vieron formarse como periodista. Los semestres pasaron uno a uno y su pluma se fue afinando. Sin embargo, la tinta no era con lo que estaba destinado a escribir.

Llegó la materia de fotografía y por ende el día que tuvo que comprar su cámara: un momento que no había esperado, pero el cual cambió su vida. Ernesto Ramírez, reconocido fotoperiodista con más de 20 años de trayectoria, no recuerda haber tenido una cámara en casa, pero en su mente está tatuado el día en el que cuando era niño, alguien le prestó una. ¿Qué instante capturó? Hoy esa información no habita en su mente, pero sí recuerda a la perfección aquel aparato con el que encuadró por primera ocasión a través de la lente “fue una de estas cámaras 110, casi desechables”.

Una vez en la universidad, descubrió “el lenguaje poderoso de la imagen: el de comunicar”. “Cuando lo encuentro, lo descubro, me fascino y ahora llevo más de 20 años  haciendo y ejerciendo la fotografía, que es ese poder de sintetizar, de narrar un hecho”.

Ernesto halló en la fotografía “una manera de hacer periodismo a fondo con un lenguaje particular que empecé a experimentar y que hicimos click”, desde entonces ha trabajado en medios como La Jornada, Milenio Semanal, El Financiero, El Día, EL Centro, Tierra Adentro, Gatopardo, entre muchos otros.

Fue El Día el primer diario que albergó las imágenes realizadas por Ernesto, esas instantáneas que encontraba al salir a las calles, en donde buscaba retratar la vida cotidiana. “La realidad, lo social, lo que está afuera de alguna manera no deja de ser lo periodístico, lo que hay que narrar, lo que hay que contar en una imagen, aunque sea lo cotidiano de la calle y enseguida buscarle el contexto social político, con el que trata uno de reflexionar”.

Las tomas de Ramírez reflejan escenarios que al parecer, esperaron ser retratados por él. Pero ¿cuál es el secreto de encontrar esa escena, ese instante, ese momento? Es indispensable “cultivar la creatividad, viendo imágenes, leyendo y tener curiosidad de lo que está pasando. Siempre tener esa mirada fresca curiosa, desenfadada y con gusto. Esta es la mejor manera de encontrarse las imágenes porque aparentemente no las estás buscando, pero con todo este contexto, ambiente, forma se ser y de pensar también es como las colocas”.

Imágenes que se van…

El fotoreportero expresa que después de tantos años “uno carga la cámara sin traerla: estoy en la calle viendo una escena y aunque no la esté fotografiándo con la cámara, lo hago con la mirada, con el ojo”. “Con el tiempo también he disfrutado contemplar estas imágenes, a descubrirlas, a gozarlas y dejarlas ir” agrega.

Ernesto Ramírez se encontró con la fotografía y nunca la dejó ir de su vida. Desde entonces ha pasado horas y horas detrás de la lente. La suela de sus zapatos acaricia el asfalto de las calles mientras su dedo índice hace lo propio con el botón de la cámara, ese que abre y cierra el obturador encargado de inmortalizar el instante.

in embargo, confiesa que retratar la ciudad no es tarea fácil. Él, un cronista de la capital, sabe que salir a la calle y tomar foto urbana, foto de vida cotidiana, no significa caer en los estereotipos como “la señora que está pidiendo dinero en el Zócalo”. La imagen exige una reflexión “si tú los fotografías de una manera tan directa y tan cruda, se vuelven como postales de la pobreza. Debe haber un esfuerzo para que uno se salga y los fotografíe y de una manera más fresca, más lúcida, más propositiva”.

El Club Fotográfico de México es el espacio que nos alberga durante la charla, y después de hablar de lo fascinante de la fotografía, comenzamos a platicar sobre temas que deben de ser discutidos y analizados ampliamente.

¿Cuál es el papel de la fotografía en los medios actuales?

“Después de haber trabajado en diferentes diarios he observado cómo efectivamente la foto llega a ser un mera ilustración. Por desgracia, hoy casi todos los medios siguen utilizando así a la fotografía: continua siendo un complemento de la nota”. La causa no es exacta, pero Ramírez plantea su hipótesis: el desconocimiento de los directivos acerca la importancia de una imagen.

Además, habla de una sujeción de la fotografía al departamento de diseño, el cual en su experiencia, no siempre es consciente de su significado. “Eso viene con el Reforma, porque cuando el periódico sale y empieza a tener mucho diseño, el departamento de diseño también adquiere un poder enorme de decisión cuando los encargados no leen ni su periódico muchas de las veces […] los fotógrafos la tenemos perdida porque esa área sigue siendo como la columna vertebral de decisión de los espacios”.

Las preguntas no se agotan, pero la clase de Ernesto Ramírez está por comenzar y tiene que atender a sus alumnos, ya que ahora también se da tiempo para transmitir a las nuevas generaciones lo que sabe, aprender de ellos y que ellos aprendan de él. Pero no se retira sin dejarnos meditando sobre cómo el título Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuściński aplica en la foto periodística.

“Yo creo que la fotografía te debe hacer sensible, más noble, más perceptivo y receptivo de lo que vive el país y el entorno”. “Lo que nutre, lo que te vuelve más sencillo, es cuando ves que tu fotografía toca desgracias, tragedias, historias, realidades y que uno está de paso. Puedes irte a uno de los municipios más pobres y traer una historia desgarradora, fuerte, pero después de unos días tú regresas y vueles a la vida cotidiana.

“Pero si esas historias no conmueven a uno y no lo vuelven más sensible, yo creo que no tiene nada que hacer aquí”.