¿Racismo en los premios Oscar?

La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha recibido gran cantidad de críticas acerca de qué películas, actores y directores debieron ganar el Premio Óscar. También ha sido tildada de racista, especialmente los dos últimos años consecutivos en los que ni una celebridad afroamericana figura en las nominaciones. Al hablar de este año, la Academia se ha negado la oportunidad de destacar a participantes como Will Smith (Concussion), Samuel L Jackson (The Hateful Eight) y Michael B. Jordan (Creed).

El hashtag #OscarSoWhite, que se hizo popular en Twitter durante la entrega 87 y que ha revivido en la última semana, refleja una polémica de años atrás. Artistas como Marlon Brando y George C. Scott rechazaron un premio de la organización debido a esta razón. En el caso de Scott, sus palabras fueron: “Rechazo el Oscar porque estoy contra la competición entre actores, además no pretendo avalar a un premio racista y discriminador”.

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Steve McQueen

Este 2016, Steve McQueen se ha sumado al debate del tema racial y ha afirmado en medios británicos su esperanza de que el ruido generado por los premios sólo para blancos constituya un momento de cambio en la industria cinematográfica. En 2014, su película 12 años de esclavitud fue galardonada con el premio a Mejor película. Fue la primera ocasión en que un cineasta de raza negra dirigía el largometraje ganador.

El financiamiento de Brad Pitt, la participación de su actor insignia, Michael Fassbender y la banda sonora de Hans Zimmer, se conjuntan en una obra que conmueve y perturba principalmente. El argumento se basa en la novela homónima de Solomon Northup, situado en Nueva York a mediados del siglo XIX, donde después de una borrachera en un circo lucrativo con dos hombres, Solomon despierta en una prisión donde es vendido y explotado como esclavo. Por supuesto que la película no es sólo acerca del racismo, pero sí es su principal componente.

Después de Hunger (2008) y Shame (2011), McQueen, con ancestros caribeños que sufrieron la esclavitud, se guió por una aspiración como adulto y un anhelo como niño; el primer caso fue la intención de conmemorar una poderosa historia sobre un suceso indistinto… y el segundo, responder preguntas sobre un pasado doloroso y no tan lejano, que no cualquiera podría explicar a sus hijos. Así, 12 años de esclavitud despertó varias reacciones, como la de Sean “Diddy” Combs, quien señaló en su canal por Internet: “Esta película es muy dolorosa pero muy honesta y forma parte del proceso de sanación. Les ruego que lleven a sus hijos y a todo el mundo a verla. Necesitan ver esta película para que entiendan, para que puedan comenzar a entender”.

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La cinta demuestra la calidad de Steve McQueen en la dirección de actores, quien logra mucha naturalidad en la interpretación de sus personajes. El cineasta no tiene miedo a abordar lo explicito, siempre toma el tema de frente sin rayar en lo obvio o exacerbado; simplemente real y hasta cierto punto elegante, eso es McQueen. Él mismo mencionó en una entrevista con Sean Bobbit en The Oral History “Algo que me interesó mucho transmitir durante el rodaje, como mero recurso para reflejar la intención del ambiente, era que los actores se sintieran a salvo en su comunidad, que anhelaran por otra parte la libertad de experimentar y probar cosas afuera. Creo que estuvimos ahí para aguantarnos y ayudarse unos a otros, y eso fue distintivo para mi durante toda la filmación”.

De esta forma, la labor de McQueen dio resultados muy claros, llámese la escena del azote al epílogo, donde observamos a la actriz mexico-keniana Lupita Nyong’O, quien ganó la estatuilla por Mejor actriz de reparto. Por otra parte, John Ridley se convirtió en el segundo afroamericano en ganar la categoría de Mejor guión adaptado en toda la historia de los Oscares.

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John Ridley

Cabe mencionar que el pasado martes 26 de enero la Academia anunció una serie de cambios en un comunicado, en el que la presidenta afroamericana Cheryl Boone Isaacs expresó: “La Academia está dando pasos enormes para modificar la composición de sus exponentes. En los próximos días y semanas revisaremos el método de reclutamiento de nuestros miembros para generar más diversidad de cara a 2016 y más allá”.

Sin embargo también es importante hablar de la otra cara de la moneda. Esto es el fomento de los premios de la Academia y cómo el galardón se ha vuelto afán para el reconocimiento; sin embargo, hay personajes como los mencionados antes, que no consideran con tanta vehemencia que un premio a su realización es primordial.

Asimismo, aunque con la falta de participantes de color se pierden ciertas oportunidades, también hay que mencionar que tal ausencia no siempre es sinónimo de que las mejores participaciones no se están premiando, y por lo tanto no significa necesariamente una discriminación.

La diversidad de opiniones que se pueden dar a partir de este tema es basta y resulta complicada la conformidad de cada uno de los sectores. El mismo González Iñarritu ya lo mencionó en la entrega anterior, cuando ganó como Mejor director por Birdman, “Si alguien gana, es porque alguien tiene que perder”, sin más. Finalmente, hay que recordar, aun con todos estos factores, 12 años de esclavitud se alzó como Mejor película del 2014 sobre Gravity del mexicano Alfonso Cuarón y de The Wolf of Wall Street del italoamericano Martin Scorsese.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

Creed, el paso de Rocky Balboa de aprendiz a mentor

Tiempo: lo que los hombres tratan de matar,

Pero acaba por matarlos.

-Herbert Spencer

Hace 40 años, durante la gala de los premios de la Academia, Sylvester Stallone levantó el codiciado Óscar a mejor guión por Rocky. El resultado conmocionó a los expertos, quienes vaticinaron el triunfo de Taxi Driver escrita por Paul Schrader; si bien el texto es casi perfecto en narrativa y personajes, le faltó algo que al infame púgil le sobró: corazón. Ese elemento -el emocional- catapultó a su protagonista y a la postre garantizó el éxito de la que quizá es la franquicia más importante en la historia del cine.

Creed retoma los elementos de aquella aventura por primera vez desde el punto de vista de un nuevo héroe: el hijo bastardo de Apollo Creed. Se rememora al primer filme casi en una calca inevitable que conduce a un final conocido. Los personajes se repiten y renuevan, Rocky Balboa pasa de ser aprendiz a mentor. A nivel de trama la estructura original permanece intacta, sin sorpresas.
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Las principales virtudes y defectos de la película giran alrededor de una persona, el joven director y guionista Ryan Coogler aplaudido por la realización. El cineasta mejora la saga considerablemente en materia de dirección, los movimientos de cámara acompañan la acción con tal audacia que el espectador podrá disfrutar de un combate vertiginoso sin cortes; quien creía que en materia de pugilismo se había logrado todo a nivel fílmico, encuentra una propuesta fresca e innovadora. Empero, el realizador se empeña tanto en mostrar su bagaje cinematográfico que más de uno detectará referencias en la batalla final a producciones del mismo tipo (Ragging Bull, 1980).

El guión, escrito por el propio Coogler pretende homenajear e innovar. Logra lo primero y en lo segundo queda a deber. Aun con el carisma de Adonis Creed -interpretado por Michael B. Jordan- la cinta recae en los clichés que la propia franquicia se encargó de crear, los mejores momentos se encuentran en las intervenciones del garañón italiano y lamentablemente los puntos de inflexión no lucen debido a secuencias inverosímiles (en especial aquella que contiene a los motociclistas).

El reparto cumple. Stallone domina el papel a la perfección, logra entregar nuevos matices gracias al conflicto que representa el paso del tiempo y sus consecuencias, quizá las nominaciones encuentren su justificación en la trascendencia del personaje y no en la interpretación per se. Michael B. Jordan soporta el rol principal, es notable la preparación física pero flaquea en lo emocional, su contraparte es un antagonista tibio, olvidado durante el metraje; Tony Bellew no logra llenar los zapatos del genial Carl Weathers (Apollo Creed) o del imperturbable Dolph Lundgren (Iván Drago).

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El montaje se relaciona con dos elementos: la música y la referencia televisiva. En el primer caso se detecta con facilidad en las secuencias de entrenamiento o durante la faceta romántica del joven Creed. Hace falta el score característico, el cual se sustituye por melodías contemporáneas que difícilmente se insertan en la memoria. El segundo aspecto es una gran decisión, el director introduce entrevistas de expertos en cadenas como ESPN, además de reportajes que narran la vida de los pugilistas, éste elemento -ya explorado en la entrega anterior- otorga algo de lo que carecieron los primeros filmes: un estilo visual realista.

Creed representa una ruptura respecto a sus predecesoras, a diferencia de aquél italiano del barrio que ganaba por Knock-out, la cinta de Coogler se abre paso golpe a golpe, cae a la lona en algunas ocasiones pero logra levantarse para obtener una victoria que se va a los cartones y culmina con una decisión dividida.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

The Revenant: El camino del hombre justo

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Por: Rodrigo Garay Ysita

 

“The path of the righteous man is beset on all sides by the inequities of the selfish and the tyranny of evil men”

Jules Winnfield en Pulp Fiction, citando un pasaje inexistente de la Biblia

 

Unos años antes de lanzar su primer largometraje como director, Alejandro González Iñárritu perdió a su hijo recién nacido. El dolor lo ha ido purgando cinematográficamente desde entonces, explorando reiteradamente las relaciones filiales y la ruptura familiar en la vida de sus personajes; ése es el miedo que llevó a Susan y a Richard a Marruecos en Babel (2006) y que atormentaba a Uxbal en Biutiful (2010). En su más reciente trabajo, la destrucción de la familia es el primer golpe para desintegrar a un hombre y otorgarle la muerte del fénix.

Como muchos otros en la historia, el protagonista de The Revenant ha caído en desgracia. Ya todos vimos el ataque de la osa en el trailer. Sus compañeros cazadores lo han abandonado en medio del bosque y a nosotros nos toca ver su viaje de venganza y salvación. Sin embargo, el infortunio de Hugh Glass ya existía desde antes y se nos presenta casi poéticamente a través de flashbacks, como las medusas en Birdman (2014), y entonces esto va más lejos que una simple revancha.

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La espina dorsal de la historia es, fundamentalmente, la de la transformación espiritual de una persona como consecuencia del dolor, presentada a través de una alegoría religiosa y de un conjunto de contradicciones: el colonizador contra los nativos, la raza blanca contra el indio americano, el falso profeta contra el buen samaritano, el hombre contra la naturaleza.

 Leonardo DiCaprio interpreta a alguien que vive en ese espacio que no está ni aquí ni allá, con un pie en la puerta, como observando desde la banca a los que sí están jugando el partido. Aunque Glass es un cazador, su tarea en la compañía del Capitán Henry es la de guía y scout. A pesar de ser caucásico, su esposa y su hijo son pawnees, lo que le provoca el rechazo de algunos de sus compañeros y lo mantiene siempre a la defensiva. Su desgracia y su decisión de seguir viviendo son el punto de partida de una búsqueda de pertenencia.

Para afianzar por completo nuestra empatía de espectadores, Iñárritu coordinó (y puso a prueba en las más inclementes condiciones climáticas del planeta) a una producción que entregó resultados impecables (o casi impecables en el caso de la animación digital) en todos sus departamentos: desde los vestuarios de Jacqueline West, que refuerzan el look monástico de Glass, hasta el sonido del equipo de Randy Thom, que junto al ojo de Emmanuel Lubezki nutren a The Revenant con horrores, belleza e intimidad.

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Por otra parte, hay quizás tantos motivos para detestar al personaje de Tom Hardy como niveles textuales para interpretar y disfrutar The Revenant. John Fitzgerald no sólo es un hombre cuyo egoísmo llevó a la muerte simbólica del protagonista, también es un capataz explotador vehículo del colonialismo que arrasa con todo a su paso; es mentiroso, oportunista, racista e, interesantemente, un fanático religioso que sermonea pero no practica. Hardy está a un paso de convertirse en villano de monóculo y risa macabra, pero la interacción que tiene con el resto del elenco (específicamente con Will Poulter) le hace conservar el grado de complejidad humana suficiente para tomar en serio su papel.

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La escena de la fogata, en donde comparte su comida con el joven Bridger, es una manera elegante de poner su personalidad a la luz. Atento, uno escucha la anécdota de revelación espiritual que Fitzgerald le cuenta a su compañero y puede observar la naturaleza de su carácter: aquel que con el pretexto de la religión (o del trabajo, o del dinero), aprovechará el ambiente para su propio y único beneficio.

The-Revenant_poster_goldposter_com_4Por muy evidente que sea la crítica de Iñárritu, que se permite un par de muestras de simbolismo exageradamente obvio (pero con más sutileza que su compatriota en Gravity [Alfonso Cuarón, 2012]), Fitzgerald, con todas sus características, es esencial para potencializar el mensaje religioso de la película y para contrastar el ascenso de Glass. Que este hombre pronuncie la frase “Yo debería ser como un Dios para ti” es un acto de blasfemia, el colmo del colmo, y castigarlo será la prueba final para que el renacido encuentre la gracia divina.

Afortunadamente, lo que en otras manos se hubiera contentado con ser una película entretenida, o gratuitamente violenta o de superación personal, bajo la dirección de González Iñárritu terminó por ser una obra esencialmente espiritual, construida tan meticulosamente que es deleitable para los ojos, dolorosa para el estómago e interesante para el intelecto. Dígase por último, sin lujo de detalles, que el enfrentamiento culminante entre los enemigos es rematado con una moraleja católica y un acto de violencia brutal. Con un bautizo alegórico en el río helado, Hugh Glass se ha puesto del lado de Dios y se ha distanciado del hombre blanco, que a fin de cuentas parecen no estar en el mismo bando.

 

Trailer

 

Ficha técnica

Dirección: Alejandro González Iñárritu.

Producción: Steve Golin, Alejandro González Iñárritu, David Kanter, Arnon Milchan, Mary Parent, Keith Redmon, James W. Skotchdopole.

Guion: Mark L. Smith, Alejandro González Iñárritu; basado en la novela de Michael Punke

Reparto: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck, Paul Anderson.

Música: Alva Noto, Ryûichi Sakamoto.

Dirección de fotografía: Emmanuel Lubezki.

Edición: Stephen Mirrione.

País: Estados Unidos.

Año: 2015.

Giorgio Moroder o cuando los sintetizadores conquistaron a la Academia

En 2013 Daft Punk dio a conocer el disco Random Access Memories, que fue presentado previamente con una serie de entrevistas en las que músicos como Nile Rodgers, Pharrel Williams y Panda Bear dieron sus impresiones de trabajar en este proyecto. Además de éstos, otro participante en dicha producción fue Giorgio Moroder, una de las más grandes influencias de la música disco.

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¿Quién es Giorgio Moroder? Quizás muchos desconocían su existencia hasta su colaboración en tal disco, pero al italiano se le debe gran parte de la música disco que reinó en la década de los setenta, con intérpretes como Donna Summer, Debbie Harry, Olivia Newton-John y demás. Su estilo, definido por la experimentación de sintetizadores con el objetivo de hacer música bailable, marcó tal década.

El talento de este músico se extendió hasta el cine, siendo responsable de varios scores para películas icónicas como The Never Ending Story (Wolfgang Petersen, 1984), Scarface (Brian De Palma, 1983) y Cat People (Paul Schrader, 1982), cuyo tema principal fue interpretado por David Bowie, y se usó nuevamente en Inglourious Basterds (Quentin Tarantino, 2009).

En Scarface, la música apoya perfectamente lo que se ve en pantalla, y con los tracks instrumentales nos da una idea de lo decadente que era la vida de Tony Montana. Para el propio Brian De Palma, no había nadie más adecuando para realizar la banda sonora de la película. “Enseguida pensé en Moroder. (…). La música disco, tan ruidosa, con su ritmo repetitivo, su vulgaridad, me parecía completamente adecuada para el personaje de Tony Montana”.

En su momento, en Francia fue criticada la labor de Giorgio Moroder, sin embargo, para autores como Michel Chion, su aporte se halla en cómo trabajó con el montaje, en el cual “integra escenas recuperadas, pero corta ciertos planos, elimina los rótulos que puntúan el filme para reemplazarlos por subtítulos incrustados en la imagen y, además, sonoriza el filme mediante temas de rock de sonido crudo, cantados por Bonnie Tyler o Pat Benatar”.

Para el autor, reconocido como uno de los escritores más importantes del sonido y la imagen, el hecho de que la prensa descalificara dicha tentativa (al tiempo que permanecía indulgente ante estéticas supuestamente vanguardiastas) dejaba ver cierto rechazo hacia el rock.

Aun con ello, Moroder conquistó a la Academia en 1978 con un filme escrito por Oliver Stone y dirigido por Alan Parker: Midnight Express (1978), quitándole el premio Oscar por Mejor banda sonora a John Williams por Superman (Richard Donner, 1978) y a Ennio Morricone por Days of heaven (Terrence Malick, 1978).11161176_ori

Sin duda, es uno de los mejores trabajos de este músico. Con una cruda historia protagonizada por Brad Davis, Moroder presenta un score fiel al relato, el cual crea una atmósfera que nos traslada a la traumática estancia del personaje en la prisión. Lleva de la mano con éxito todo lo que se vive en los 121 minutos que dura la cinta.

Sus aportaciones derivaron en que la música generada con sintetizadores tuviera una presencia importante dentro del cine. Otro aspecto que cabe resaltar es que el italiano no se encasilló en un sólo género cinematográfico. Con la misma dedicación musicalizó la imaginación de un niño al leer un libro, y el alzamiento de un narcotraficante cubano.

Gracias a Giorgio Moroder podemos decir que no es exclusivamente necesaria toda una orquesta rimbombante o una banda de rock, también con un simple sintetizador se puede generar toda una serie de gamas y de elementos interesantes para un soundtrack memorable.

Sebastián Ortiz 

Comunicólogo que habala mucho y escribe (mal) sobre cine, música y ciencia ficción.

Mexicanas en Ramadán, por Giulia Iacolutti

Fotografías: Giulia Iacolutti 

Ramadán, el noveno mes del calendario lunar Islámico, es cuando la comunidad musulmana no puede comer, tomar agua y tener relaciones sexuales desde el alba hasta que se pone el sol. Giulia Iacolutti, quien se ha acercado a la comunidad islámica, estuvo presente en 2015 en dos mezquitas Suni de la Ciudad de México, ubicadas en Polanco y Aragón.

Ahí retrató la cotidianidad que distingue a este periodo, los rezos, la lectura del Corán, la convivencia con los niños, el acomodo de la comida que durante cada noche las embajadas Pakistani y Emiratos Arabes llevaron a ambas mezquitas, y la excursión realizada a Tepeji del Río, Hidalgo, al final del Ramadán, el Eid al-Fitr. Con este trabajo, en 2015 Giulia participó en Trasatlántica, el foro de fotografía y artes visuales para Iberoamérica, creado por Photo España (Festival Internacional de fotografía y artes visuales) en 2009.

ENTREVISTA CON GIULIA IACOLUTTI 

 

La fotografía es el medio de este momento histórico: Giulia Iacolutti

Nueva York, Mali y México son algunos sitios en los que la italiana Giulia Iacoluti ha desarrollado su trabajo como fotodocumentalista. Mexicanas en Ramadán, el caso de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, el problema de la educación derivado de la radicalización del Islam, son acontecimientos a los que nos acercan las imágenes de Giulia, quien ganó el premio como mejor fotografía de la 54^ Exposición Internacional Biennale Arte de Venezia y la mención de honor de la II Bienal de Fotografía, Fundación Héctor García. Colabora en revistas como Variopinto, Opera Mundi, Alias y Gatopardo.

En esta entrevista nos cuenta los detalles de diversos proyectos.