Cuando Orson Welles llevó a la pantalla grande a Kafka

Es 1962, la legislación, el poder y la ley son algo inquebrantable que más temprano que tarde nos alcanzará a todos. Al parecer un mundo sin ellas sería inconcebible, por lo menos dentro del pensamiento griego antiguo occidental, en el que su ejercicio tácito posee la naturaleza de generar una organización coherente con una intención noble, pero la codicia del hombre le ha llevado solamente a una apropiación más del poder. Esta es la afirmación de Orson Welles en El proceso (The Trial 1962); el joven brillante tomó la obra de otro admirable: Franz Kafka.

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No sucedía desde Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) quizás, pero El proceso se convirtió en una de las obras maestras de este grande del séptimo arte, en la cual, la introducción es una sublime animación directa de la literatura, donde fotogramas aislados representan implícitamente lo que es el hombre ante la ley.

Todo comienza con la puerta, aquella que permanece inmóvil con su Guardia por delante. Un hombre llega y después de que el guardia se niega a dejarlo pasar, le pregunta si puede permanecer ahí sentado hasta poder ingresar. El Guardia accede, y tras día, lluvia y noche, el hombre con el tiempo se vuelve un anciano. Justo antes de morir hace una última pregunta ¿por qué nadie más se presentó aquí si el hombre siempre intenta alcanzar la ley? El Guardia le responde: “esta puerta fue hecha solo para ti, y ahora que morirás la cerraré”.

El mítico Anthony Perkins interpreta al sugestivo Josef K. que en un temático arcano, se escabulle entre un montón de enigmáticos individuos para esclarecer las misteriosas razones de su inevitable juicio. El compás del Adagio de Albinoni en sol menor acompaña en todo momento las fases de ambigüedad y de tensión, que se conjuntan abrazando al personaje con sus actos en una especie de marcha fúnebre. La consecución de escenas no siguen un montaje coherente, aunque la narrativa tiene un diseño interesante ya que transcurre como tiempo real, pero el espacio es irreal, no por su dimensión sino por su síntesis.

Rodado como un filme clásico, empero la cinta está plagada de extensos planos secuencia en líneas de perspectiva y enorme profundidad que son excelsos. Todos tienen una intención que en razón de la tesis, denota la rara soledad, el camino sin salida y el interminable limbo donde se encuentra divagando el hombre.

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Josef se hallaba en su apartamento cuando su soñolencia es interrumpida por tres detectives que lo hacen trastabillar tras informarle de su arresto abierto. El enigma de su culpabilidad es presumiblemente descubierto cuando se presenta ante su jefe, quien le informa sobre su supuesta fechoría con su propia prima. Posteriormente, el protagonista acude a una sala de audiencias completamente repleta, donde burlado por la comedia e ironía de sus espectadores, falla al tratar de esclarecer los hechos y la declaración de su exoneración. Después es llevado por recomendación de un familiar con un abogado peculiar, Hastler, interpretado por el mismo Orson Welles, quien sólo recibe a sus clientes en su lecho y son puestos a prueba con la promiscua enfermera que les atiende.

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Josef intenta eludir al prepotente abogado, pero sus pretensiones son fallidas: por el nerviosismo, sus verdaderos valores como hombre y su arrogancia quedan expuestos. Así, Hastler se da cuenta de la importancia de la culpabilidad, mostrando que todos somos culpables de algo en algún momento, y aduce que Josef, quien tiene un aura enigmática de misticismo, es culpable.

En el embarque de las acciones, Josef es recomendado con un artista que tiene influencias en los tribunales, y después de atravesar un tramo surrealista, en el que alimentado por su propia paranoia se ve perseguido por un montón de niñas autómatas, logra zafarse y llega a la casa del pintor; sin embargo éste no le ofrece ninguna resolución definitiva. Entre tanto, el artista lo invita a salir por una puerta trasera que lo llevará directamente a los tribunales, nuevamente.

Josef K. se encuentra atrapado, y expresado en montaje, el corte de una escena a otra tras atravesar una puerta se convierte sencillamente en un laberinto sin salida donde queda expuesto ante una nueva situación a confrontar. Todo esto es una analogía de la pesadilla en la que se ha convertido la burocracia.

La banalidad de los momentos que se vuelven en un sueño revertido, en el cual todo comienza en el instante del despertar. La realidad parece más bien una pesadilla absurda (al puro estilo de Kafka) que sólo terminará al momento en el que se le revela su fatídico epílogo. Josef es consciente ahora, se detiene ante el sacerdote y después con Hastler entiende la historia del hombre y el Guardia, y de que todo es absurdamente inevitable en su búsqueda de aquel inalcanzable precepto. La pesadilla que terminará ante sus nuevos captores al llevarlo a una fosa, donde la muerte por mano propia es la última y única muestra de bondad. No hay vuelta atrás, solamente el dogma que asesina a Josef K.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

 

Sólo el autor le entiende

Por: Andrea Rodea

Muchas veces el cine de autor suele ser visto con malos ojos, incluso es catalogado como presuntuoso y egoísta. Sinceramente nunca he entendido el porqué de tales acusaciones, al contrario, me hacen pensar que el egoísta es quien considera que el director por obligación debe hacer una historia entendible y masticable.

La primera vez que veo algo de Chris Marker es La Jeteè (1962). Lejos de encontrar en ella una película de sci-fi, descubro que la forma visual establece un posible problema con el espacio-tiempo. Todo se cuenta a través de una secuencia de imágenes fijas y aun así, con la carencia de la imagen en movimiento, se podía sentir el ir y venir del tiempo, el movimiento. Hay algo en Marker que me intriga, no puedo entender cómo alguien tan grande puede pasar desapercibido para muchos.

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La Jeteè  

Sin embargo, en el momento que contemplo San Soleil (1983), entiendo que dicho sentimiento sobre la relatividad del espacio-tiempo no era fortuito, es real. El documental, que rompe con la acostumbrada narrativa, muestra los viajes de Sandor Krasna alrededor del mundo. Lo interesante es que las travesías se abordan entrelazando múltiples imágenes con la voz en off de una mujer que advierte haber recibido una serie de cartas de tal viajero. De esta forma, Sans Soleil no nos toma de la mano para guiarnos de manera turística por las exóticas calles de Japón o de Islandia: crea una relación entre múltiples puntos, con diferentes culturas, tiempos y espacios para volverlos uno solo.

Aquellas experiencias que tomaron años de recorridos se condensan en 103 minutos. El tiempo en aquellas imágenes se transforma y se eleva a lo infinito. Personas de puntos distantes se conocen gracias a la memoria de Krasna, y sin saberlo coinciden tanto en aspiraciones como en sentimientos.

Sans_SoleilBien se explica en el mismo documental, cuando se menciona aquella comparación entre las imágenes captadas y “la zona” en la película Stalker de Tarkosky: aquel lugar donde nos enfrentamos a nuestro pasado y se reproduce de manera eterna. Así tal cual San Soleil nos regala aquel fragmento de memoria, de tiempo y espacio.

El devenir y la existencia del hombre se capturan por el ojo mecánico de una cámara. Se rompen fronteras y se crea una realidad donde se muestra que lejos del lenguaje, del color, de la ideología, somos uno solo, un aquí y ahora. O bien eso descubro al ver, oír y leer lo que el francés filma alrededor del mundo.

Por supuesto dicha cinta tiene un trasfondo más grande y seguramente para Marker signifique (siguiendo la línea de lo eterno) un sin fin de recuerdos sumados con la respectiva carga política y filosófica que se le debe agregar. Pero también creo que él buscó regalarnos momentos, memorias, invitaciones a replanteamientos de cualquier interrogante. Mi entendimiento de Sans Soleil no fue inmediato, pero después de mirarla sentí de alguna manera afinidad. Supe que algo que se reflejaba en dichas imágenes también se reflejaban en mí y en mi manera de mirar el mundo.

El cine de autor antes de entenderse debe sentirse y si al mirar filmes como Sans Soleil, Stalker (Tarkovsky, 1979) El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961), Cleo de 5 a 7 (Agnès Varda, 1962) entre un sin fin más, no te provocan nada, es que probablemente te hace falta observar mejor el mundo que te rodea.

Ayotzinapa. Crónica de un crimen de estado | Entrevista con Xavier Robles

¿Documentar los hechos que trastocan a la población de una nación es deber del cine? Los ángulos de este debate han sido expresados por cineastas como Jean Luc-Godard, quien llegó a comentar respecto al tema de la Segunda Guerra Mundial: “todo se terminó en el momento en que no se filmaron los campos de concentración. En ese instante el cine faltó totalmente a su deber”.

Tales palabras se hallan en el terreno de lo que Xavier Robles, director del documental Ayotzinapa. Crónica de un crimen de estado (2014), considera sustancial en la realización cinematográfica; “creo que la función básica del cine no sólo es entretener, sino también reflexionar, concientizar y por qué no, politizar”, expresa el guionista mexicano en entrevista con Zoom f.7.

El trabajo proviene de 16 horas de grabación y en 101 minutos presenta tanto marchas, como entrevistas a especialistas en temas de seguridad como José Reveles y testimonios de alumnos sobrevivientes de la masacre realizada aquella noche del 26 de septiembre de 2014, hace ya ocho meses.

AYOTZINAPA.UN CRIMEN DE ESTADO

Para la realización de Ayotzinapa. Crónica de un crimen de estado, participaron 50 personas y 15 de ellas trabajaron directamente en el lugar de los hechos. Respecto a esta colaboración, Xavier expresa que se siente contento ante la respuesta de la comunidad artística, “hay una gran disposición para expresarse con arte, pero sobre todo con claridad política, con claridad en todos los sentidos”.

El autor de Bajo la metralla (Felipe Cazals, 1973) menciona que se trata de un análisis completo “vemos las distintas aristas y las analizamos, hay una visión integral del asunto. Empieza como una crónica periodística, con testimonios duros, con imágenes duras y poco a poco se va transformando en algo más artístico”.

Xavier, quien se ha desempeñado como guionista en alrededor de 30 películas, una de ellas Rojo amanecer (Jorge Fons, 1989), comparte cuál ha sido la experiencia en particular con este documental: “el principal aprendizaje es que se pueden decir las cosas, se pueden contar las cosas en el cine mexicano”.

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Sin embargo, el también actor subraya que el hecho de tener la oportunidad de expresarse no se debe a que no exista la censura en el cine actual, sino que se relaciona con las vías de realización y de ahí la fortaleza del cine independiente. “El cineasta independiente, el cineasta militante, siempre encuentra la forma; es su deber dar a conocer su trabajo y en ese sentido hemos hecho lo necesario para a dar a conocer nuestro trabajo no sólo nacionalmente sino internacionalmente”. Aunado a este tema de la autogestión, Robles afirma que aunque los retos económicos fueron los más difíciles de superar en esta producción, desarrollarse en el campo del cine independiente le ha otorgado mayor libertad.

“He encontrado una libertad absoluta para poder expresar mis temas, las cosas que quiero decir y la forma de decirlas”, destaca el mexicano originario de Puebla, quien en 1976 después de colaborar con Tomás Pérez Turrent en la adaptación de Las Poquianchis (Dir. Felipe Cazals), comenzó su carrera en el guionismo cinematográfico.

La película llegará a Estados Unidos, Italia, Brasil, Alemania, España, Portugal, Venezuela y Argentina. Asimismo, llegará a países latinoamericanos como Perú y Costa Rica. Respecto a esta intención de que sea visto en otros países, el realizador apunta que lo principal es “concientizar sobre la situación tan lamentable. Vivimos una tiranía, una dictadura de estado ya no tan disfrazada, sino cínica y la intención de que llegue a otros países es que se enteren de la realidad mexicana y cómo es la verdadera situación en México con los gobiernos tan lamentables que hemos tenido de muchos sexenios a la fecha”, finaliza el cineasta de 66 años.

La mitad de lo que se obtenga de la exhibición de Ayotzinapa. Crónica de un crimen de estado será donado a la Normal Rural de Ayotzinapa y la otra mitad se destinará a los gastos de los realizadores participantes.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

Las mejores películas de Alfonso Cuarón

Cuando se habla del cine mexicano del nuevo milenio, tres nombres se destacan internacionalmente por encima de los demás. Los “tres amigos” (Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Guillermo del Toro) salieron del país ante el nulo apoyo en México para explotar su talento. Con el paso de los años se han ganado el aprecio del público y la crítica, lo mismo con obras profundamente personales que con grandes Blockbusters. Es Alfonso, sin embargo, quien llevó las fronteras del lenguaje cinematográfico más allá de lo inimaginable; innovador genial tanto en lo narrativo como en lo técnico, las siguiente son sus películas más relevantes:

5. La Princesita (1995) 

Contada durante la primera guerra mundial, el filme narra la historia de una pequeña resguardada en un orfanato mientras su padre se va a combatir. Se trata de la primera película en el extranjero del mexicano. Junto a su eterno colaborador: el cinefotógrafo Emmanuel Lubezki, la pareja otorga una paleta de color verde ocre, la cual, constituye la principal propuesta estética, misma que le aseguró la dirección de Harry Potter: El prisionero de Azkabán.

La princesita Alfonso Cuarón

La única “falla” es el deficiente uso de efectos generados por computadora, los cuales han envejecido con el paso del tiempo; sin embargo resultan adecuados por su función dramática, que es reflejar la imaginación de la niña. La cinta catapultó el prestigio del realizador, permitiéndole asentarse la industria hollywoodense y británica respectivamente.

4. Y tu mamá también (2001) 

Una vez más el díptico conformado por Alfonso y Carlos se une para narrar una historia nacional y cuasi-autobiográfica. Consolidaron además a otra dupla actoral: Gael García Bernal y Diego Luna, quienes a partir de entonces atrajeron los reflectores en el extranjero.

Y tu mamá también es una road movie que cuenta el viaje de Julio (García Bernal) y Tenoch (Luna) del Distrito Federal a Oaxaca, acompañados por Luisa Cortés (Maribel Verdú), una española diez años mayor que ellos. El periplo funciona como alegoría de la amistad, sólida al principio, resquebrajada hacia el final; de la destrucción de los propios valores impuestos; de la sordidez juvenil. La playa es el escenario de la caída, un lugar paradisíaco que paradójicamente, deshace.

y tu mamá también

El filme fue financiado por el controversial Jorge Vergara y dio origen a la productora Cha, Cha, Cha, Films. Destaca por revelar una de las principales herramientas narrativas del dúo Cuarón-Lubezki: el plano secuencia, que apremia el contexto como reflejo del personaje. Además, la película es el banderazo de salida para el cine nacional del nuevo milenio.

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3. Gravity (2013) 

Película cumbre de la colaboración Cuarón-Lubezki, ambos inventores e innovadores de la iluminación en set. La historia espacial es el pretexto perfecto para explorar nuevas instancias narrativas, principalmente en el apartado de la fotografía, alabada y multipremiada. Se trata de la cinta con mayor repercusión técnica en la filmografía de los mexicanos. Contada con planos secuencia interminables y sumamente complejos, Gravity deslumbra por sus logros e incluso ha sido comparada con obras como 2001: Una odisea en el espacio de Stanley Kubrick.

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Gravity habla sobre el viaje de vuelta a casa de la Dra. Ryan Stone, astronauta varada en el espacio después de la destrucción del Explorer.

Aun con los elogios, sufre de un guión que de estar situado fuera del contexto espacial, probablemente habría pasado desapercibida. Sin embargo, arrasó en los premios y cimentó la fama del defeño, quien supo explotar el talento de Sandra Bullock y George Clooney; además contó con la colaboración de Jonás Cuarón, hijo del director, también cineasta.

A la postre, Alfonso conseguiría el Óscar a mejor director, convirtiéndose en el primer cineasta latinoamericano en recibir el galardón.

2. Sólo con tu pareja (1992) 

Ópera prima del capitalino, el guión está inspirado por cineastas icónicos de los años 40, entre los que se destaca Ernst Lubitsch, escrito en colaboración con su hermano Carlos. La historia es una comedia urbana que re-construye la figura arquetípica de Don Juan, pero la reinventa a través de una problemática creciente en la década de los 90: el VIH.

Solo con tu pareja

El filme lo estelariza Daniel Giménez-Cacho, en sustitución de Eugenio Derbez quien estaba contemplado originalmente. El actor brinda una sólida interpretación de Tomás, hombre al que “le gustan todas, menos las verdes”, funciona e impone el tono cómico que oscila con el melodrama.

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Cuarón tuvo la virtud e insolencia de colaborar con uno de los máximos artistas que ha brindado la humanidad: Mozart, quien con su serenata al viento conduce el amor apasionado de Tomás Tomás hacia una azafata, que se consuma en la Torre Latinoamericana; perfecta consonancia entre dos artes, la música y el cine, Europa y América. dos siglos que se encuentran en una secuencia única. Excelente carta de presentación para el mexicano.

Sólo con tu pareja tiene la mayor de las virtudes, se narra tomando como base un guión sólido, con personajes complejos, que marca un ritmo lo mismo ágil que apacible. Se nota el oficio respecto al manejo del género, una comedia con tintes fársicos que mejora con el tiempo. La cinta es seguramente una de las mejores óperas primas en la historia de la cinematografía nacional e internacional.

1. Children of men (2007)

Quizá no se trata del mayor logro técnico de su realizador, sin embargo, el alcance técnico de esta obra es sobresaliente. Emmanuel Lubezki de nueva cuenta fotografía el filme de manera sublime, con la dificultad que representa rodar en exteriores logra capturar la repercusión del contexto sobre el personaje principal: Theo (Clive Owen), mediante el uso de planos secuencia meticulosamente planeados por Cuarón, entre los que se destaca la escena al interior del coche.

Niños del hombre se ubica en un futuro post-apocalíptico plagado de guerrillas, caracterizado por la infertilidad de las mujeres y por la muerte del hombre más joven del planeta tierra.

Basada en el libro homónimo de la escritora P.D. James, la película es la mejor del mexicano por una sencilla razón: logra conjugar su capacidad técnica con su grandioso genio narrativo. El guión, sumamente complejo es perfectamente utilizado por un cineasta en plenitud de facultades, con el presupuesto adecuado y un crew idóneo.

Resulta fascinante mirar el proceso de rodaje del plano secuencia al interior del vehículo:

A diferencia de Gravity, aquí el logro técnico va de la mano con el bello arte de narrar una buena historia.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Festival Mantarraya en Film Club Café

El Film Club Café trae para ti el FESTIVAL MANTARRAYA, una selección de películas que podrás ver en el mes de julio. Se trata de producciones de diversos países que han destacado en el panorama fílmico reciente y que la distribuidora ND Mantarraya ha sido la encargada de que el público mexicano las pueda disfrutar. Ejemplo de ello es La vida de Adele, Mommy y El extraño del lago.

A continuación te damos una pista de lo que encontrarás en cada película si es que no has tenido la oportunidad de verla o si deseas repetir la experiencia cinéfila.

El quinto largometraje de Abdellatif Kechiche, La vida de Adele (La vie d’Adèle, 2014) es una adaptación de la novela gráfica Blue, de Julie Maroh. En la película conocemos a Adèle (Adèle Exarchopoulos), una chica de quince años que tiene dudas sobre su sexualidad. Una noche conoce y se enamora de Emma (Léa Seydoux), una joven con el pelo azul. Ante esto, Adèle lidiará con los prejuicios de familiares y amigos por el hecho de enamorarse de una mujer. la película triunfó con La palma de Oro en el Festival de Cine de Cannes 2013. MIÉRCOLES 15 DE JULIO, 20:30 HRS

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Escrita y dirigida por Athina Rachel Tsangari, La vida según Attenberg (Attenberg, 2010) pone en pantalla la historia de Marina (Ariane Labed), una chica de 23 años que vive con su padre en una pequeña ciudad industrial en la costa. Marina se siente extraña y repele todo contacto con la especie humana. VIERNES 17 DE JULIO, 18 HRS.

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Después de Tom en el Granero (Tom à la ferme, 2013), primera producción de Xavier Dolan en llegar a salas mexicanas, el éxito continuó con Mommy (2014) película reconocida con el Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2014. En esta ocasión conocemos a Diane ‘Die’ (Anne Dorval), quien se agobia cuando le dan la custodia de su explosivo hijo de 15 años. Mientras batallan con su impredecible relación, Kyla (Suzanne Clément), la singular mujer que vive cruzando la calle, ofrece su ayuda. Juntos, encuentran un nuevo sentido del equilibrio y recuperan la esperanza. LUNES 20 DE JULIO, 20:30 HRS.

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Galardonada con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín, El caballo de Turín (A torinói ló, Béla Tarr, 2011) se basa en un episodio de la vida de Friedrich Nietzsche. A principios de 1889, en la plaza Alberto de Turín, el filósofo se lanzó llorando al cuello de un caballo agotado y maltratado por su cochero y, después, se desmayó. Desde entonces, dejó de escribir y se hundió en la locura y el mutismo. En una atmósfera preapocalíptica, el filme muestra la vida del cochero, su hija y del viejo caballo. MIÉRCOLES 22 DE JULIO, 20:30 HRS.

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El programa continúa con El extraño del lago (L’inconnu du lac, 2013), sexto largometraje del realizador francés Alain Guiraudie muestra la historia de Franck (Pierre Deladonchamps), quien frecuenta una playa nudista de un centro de encuentros casuales gay. Un asesinato desencadena un particular juego de tensiones, por lo cual se han señalado influencias con el cine de Alfred Hitchcock y Roman Polanski. Esta película fue estrenada en estrenada en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes 2013, donde Guiraudie ganó el premio a Mejor Director. VIERNES 24 DE JULIO, 18 HRS.

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En palabras de Bruno Dumont, su sexto filme, Fuera de Satán (Hors Satan, 2011) es “una salida espiritual, la cual siempre ha estado al lado nuestro, pero no la vemos: es el arte en general”. (Proceso). La historia se desarrolla a orillas del Canal de la Mancha, cerca de una aldea, de su río y de sus marismas, donde vive un chico extraño que sobrevive, practica la pesca, reza y hace fuegos. Una chica de una granja se ocupa de él y le alimenta. Pasan tiempo juntos en los vastos paisajes de dunas y bosques, se recogen misteriosamente a orillas de los estanques, allí donde ronda el diablo… LUNES 27 DE JULIO, 20:30 HRS.

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Ganadora del premio Óscar como Mejor película de no habla inglesa, La gran belleza (La grande bellezza, 2013) de Paolo Sorrentino pone en el centro a Jep Gambardella (Toni Servillo), un periodista de 65 años con tan sólo un libro escrito, quien dominado por la indolencia y el hastío, protagoniza este desfile de personajes poderosos e insustanciales. Detrás de una decadencia y descomposición de la realidad, Roma preserva una escondida y, a veces, desesperada belleza. MIÉRCOLES 29 DE JULIO, 20:30 HRS.

SET DEL FILM "LA GRANDE BELLEZZA" DI PAOLO SORRENTINO. NELLA FOTO TONI SERVILLO. FOTO DI GIANNI FIORITO
SET DEL FILM “LA GRANDE BELLEZZA” DI PAOLO SORRENTINO.
NELLA FOTO TONI SERVILLO.
FOTO DI GIANNI FIORITO

El cine mexicano llega a este ciclo con Club sandwich, (2013) de Fernando Eimbcke. El director de Temporada de patos, de nuevo pone en el centro a personajes adolescentes. En esta ocasión conocemos a Héctor (Lucio Giménez Cacho) y Jazmín (Danae Reynaud Romero); juntos darán un paso importante en su sexualidad. Ante esto, la mamá de Héctor deberá afrontar que su hijo crece y cambia. VIERNES 31 DE JULIO, 18 HRS.

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La obra del fotógrafo Jean Mohr llega a México

Los decesos de una guerra siempre serán incontables, pero ¿qué hay de aquellos que sobreviven? A partir de la década de los 60, una lente atestiguó el día a día de los refugiados, desplazados, damnificados y aquellos habitantes de las comunidades debilitadas por los conflictos bélicos. Quien estuvo detrás de dicho objeto fue Jean Mohr, fotógrafo suizo que con su obra ha construido un escenario visual de las consecuencias de tales problemáticas en países como Chipre, África, Irán, Pakistán y Nicaragua, entre otros.

Sus imágenes llegan por primera vez a México bajo el título Con las victimas de la guerra, que presenta 60 fotografías en blanco y negro tomadas desde 1960 a la fecha, cuya curaduría estuvo a cargo del Museo de l’Elysée de Lausana y del Departamento Federal de Asuntos Exteriores de Suiza. La exposición, que se encuentra en el Museo Nacional Revolución, se divide en los siguientes tópicos: “Retratos para el exilio”, “La diáspora de los niños”, “Paisajes provisionales” y “La vida sigue”.

museorevolucionJean no se considera un fotógrafo de guerra: “porque ser un fotógrafo de guerra significa estar ahí, tomar riesgos”. Sin embargo, su obra es sustancial para la fotografía documental de la época de los 60, 70 y 80.

El concepto de sus imágenes comenzó a finales de los años 50, cuando fue delegado del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Este contacto con la organización encargada de auxiliar a las victimas civiles de la guerra fue de gran importancia para la carrera de Mohr, quien antes de tomar la cámara para convertirla en algo más que su herramienta de trabajo, realizó estudios de pintura en la Académie Julian de París, Francia.

Junto con John Berger ha trabajado en conjunto diversas publicaciones. Su primera colaboración fue Un Hombre Afortunado, libro en el cual se describe y retrata a un médico inglés que ejercía su profesión en una comunidad rural. El escritor inglés ha expresado que “ese espíritu de colaboración es raro entre un fotógrafo y un escritor”, sin embargo, con Mohr se dio el mismo nivel de cooperación. De ahí su trabajo de tantos años del que también destaca Otra manera de contar.

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Fotograma del documental “El fotógrafo Jean Mohr”

Como parte de la muestra Con las victimas de la guerra, que estará hasta el 19 de junio, se exhibirá el documental El fotógrafo Jean Mohr, dirigido por David Monti.

Szpilman, buen nombre para un pianista

Este mundo es una pudredumbre, lo único que puede salvar nuestra existencia es el arte, en cualquiera de sus expresiones.

-Arthur Schopenhauer

Nocturno en do sostenido menor abre el empolvado telón del prólogo de una vida cuya historia sucedió en las olvidadas calles de Varsovia. Con las tenues pisadas en mi y mi bemol, el ágil arpegio de la mano derecha desarrolla la suave composición de Chopin por el también polaco Szpilman. La sinfonía nos traslada a una década clásica de la historia contemporánea que, mientras se interpreta con una ligera y sutil técnica, nos introduce en el amargo acontecer que está por marcar la vida de aquel compositor de origen judío.

La melodía se convierte en un réquiem que envuelve uno de los acontecimientos históricos más desgarradores. Los marcos de madera barnizados que encuadran el pesado vidrio de cuarzo se estremecen cuando retumba un lejano eco. Le ordenan parar pero desde su cabina él sigue tocando hasta que el estruendo del estallido retumba en la estación de radio y se oye en todo Varsovia. Waldek se ve obligado a interrumpir el compás de cuatro por cuatro y disparado por el temor, renuncia a la pasión de su vida. La adaptación de Roman Polanski, El pianista (2002) presenta una narrativa contada con el estilo añejo, y da vida por primera vez a una historia verdadera, en la que un hombre sobrevive con su música a los horrores de la Segunda Guerra Mundial.

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Wladyslaw pierde todo y a todos, pero por diferentes circunstancias esquiva milagrosamente las einsatzgruppen (escuadrones de la muerte de las SS) y la Gestapo. Aquello que quizá le da vida para seguir un poco más se interpreta como una disonancia extraviada en el tiempo, y el rigor de la melancolía que lo mantiene a flote mientras camina entre los cascajos de una ciudad abandonada, oliendo el polvo de los escombros.

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¿Qué tan difícil le será vivir sin su familia? Quizás es de lo más complicado de encarar, aún más cuando notas que todo el mundo está siendo exterminado de una forma brutal. La ayuda que recibe de la gente que lo quería y lo recordaba por la radio es crucial a priori, pero la crueldad sigue. El sobreviviente no es siempre el más fuerte si no quizás aquel que tuvo las circunstancias ideales que lo ayudaron a prevalecer, y el viejo compás que comienza en do sostenido sigue y sigue resonando en la mente ¿una injusta treta del destino, o del azar? Lo eligió a él, y que más da, la música es lo único que queda, y eso dará testimonio del recuerdo del compositor, para sí mismo y para los demás.

Las cuerdas percutidas que se oyen en la lejanía es la felicidad de estar triste, eso era su pensamiento, su melancolía, el legado de Chopin y la inspiración que le dejó a Szpilman, aquel que integró las marchas fúnebres y la perfecta fusión entre la técnica y la expresividad. Donde Wladyslaw inclusive disfruta los torpes acordes de una inexperta improvisada en el departamento contiguo, de donde se encontraba refugiado. Cuando imaginaba tocar la gran polonesa vuelve a ser interrumpido por una explosión del otro lado del gueto, donde su gente luchaba buscando dignidad en su muerte.

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La supervivencia, el hambre junto con la salud se vuelven la prioridad y convertido en una especie de vagabundo llega a una casa superviviente, en la que desea permanecer y hallar alimento. Refugiado y esperando el final, una promesa de que todo esto terminaría pronto. Sin embargo se escucha el motor de un auto y el sonido de gente entrando a la casa, los ecos de claro de luna de Beethoven suben por la vieja casa hasta llegar a los oídos de Szpilman, donde espera unos momentos para escuchar mientras se recarga sobre el marco de la puerta.

Un filme que no es fácil de apreciar, y quizás lo que se ve en la pantalla no luce tan extraordinario como fue la realidad porque la historia de este hombre fue un increíble suceso de supervivencia, apoyado por muchas personas y en todo momento por el pulso de la música, lo que nos transporta al intervalo armónico y emocional de dicho compositor.

Para finalizar en el epilogo de la guerra con la inminente llegada del ejército rojo y el final del tercer acto, viene el momento de mayor tensión cuando se encuentra frente a frente con un comandante del ejército alemán, quien le deja tocar el piano como prueba de sus palabras. Entonces sucede una de las catarsis más grandes del cine por excelencia, donde Wladyslaw interpreta sin el hermetismo del ensayo, sólo con fulgor de las emociones frente a su enemigo la “Ballade Número 1” en sol menor en un piano viejo y desentonado. Después de escuchar al virtuoso intérprete, el oficial alemán le ofrece su propio abrigo para el frío junto con algo de alimento, y antes de irse le pregunta:

   -¿Cómo se llama judío?- este responde con temor, Szpilman. Sonriendo dice el alemán – Buen nombre para un pianista, y se marcha.

El final se cierra con la misma melodía que no pudo terminar aquella mañana de 1939, y los créditos con una orquesta de “La Gran Polonesa”. Son muchas las películas del holocausto, pero hay pocas que son características como El Pianista; esto se debe en gran medida al contexto narrativo con base en el giro del personaje. Una cinta que siempre será recordada por las herméticas piezas de Chopin como tema principal de aquella fúnebre tragedia, de un recuerdo más del nazismo, y de Andrien Brody como ganador del Óscar a mejor actuación por darle vida a Wladyslaw Szpilman.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.