Me amarán cuando esté muerto: el documental sobre el último filme de Welles

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

“Ninguna película tiene final feliz, a menos que dejes de contarla antes de que termine”

-Orson Wells 

En 1970 Orson Wells comenzó la realización de Al otro lado del viento, en la que a partir de un falso documental se narra la historia de Jake Hannaford (John Huston), un cineasta que vuelve a Hollywood tras una larga temporada en Europa para realizar su última película antes de morir. El rodaje duró más de seis años de manera intermitente y durante más de 40 la producción estuvo inconclusa por problemas económicos, legales y el principal conflicto… la muerte de su creador. 

Me amarán cuando esté muerto (2018) es un documental de Morgan Neville, en el que vemos a quienes formaron parte del elenco y staff de la inacabada cinta. En ella se explora el proceso creativo del también director de Ciudadano Kane (1941) al filmar su última película. Una retrospectiva a su vida personal y profesional permiten encontrar múltiples similitudes entre el protagonista y el creador. En este queda de manifiesto la importancia que tuvo para él la improvisación, su estilo particular de rodar, la meticulosidad de su edición y la característica personalidad abrumadora del estadounidense, quien gozaba en llevar al límite a todos su colaboradores.

me-amaran-cuando-este-muerto

Pese a que Wells lo negó múltiples veces, la descrita como una película dentro de otra, es considerada como su autobiografía. Primero filmó la película de Hannaford, a la que se refirió como una producción con máscara, ya que tenía la libertad de hacer una historia  que no fuera hecha por sí mismo. Después rodó las escenas con estilo documental, algunas de las cuales tardó hasta cinco años en realizar. Los cambios constantes de locación y el caos que él mismo provocó fueron la principal causa de malestar entre el reducido crew y los actores, quienes confiesan no tener claro de qué iba la película.

Tras la odisea que implicó recuperar y terminar Al otro lado del viento (2018), se estrenó en la 75ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia. Se trata de una reconstrucción de la que según el propio Wells, sería la mejor película de su vida.

“Orson era la personificación de viento, yo conocía el otro lado de vierto. El viento que era capaz de acariciarte, levantarte y hacerte bailar” 

-Oja kodar

¿Qué quería hacer? ¿cuál era la esencia de la película? ¿quería terminarla? ¿quería siquiera hacerla? O quizá su verdadera intención era convertirla en un mito para que se hablara de ella. Todas estas preguntas se plantean en el documental, lo cierto es que no existen respuestas, pero al menos, ahora podemos ver ambas cintas y ser testigos de otro lado del genio.

World Press Photo: entre el arte de la luz y la polémica

Por: Karla León (@klls_luu)

La controversia no sólo se ha desatado dentro del concurso, recientemente el World Press Photo facilitó un debate sobre la ética periodística de los fotógrafos y de la organización, al publicar la serie Dreaming Food (2018) de Alessio Mamo, a quien se le concedió el segundo premio en la categoría Personas, por mostrar a niños y adultos de zonas rurales en la India con la cara cubierta y una mesa de comida falsa frente a ellos. La organización publicó un comunicado con la disculpa del fotoperiodista, así como sus argumentos sobre la importancia de presentar este tipo de trabajos.

Sin duda, la World Press Photo ha fungido como un espacio noble para el arte de la luz, donde historias de vida se impregnan para mostrarle al mundo la nueva realidad y la cotidianidad de nuestros tiempos. No obstante, también es cierto que la polémica nunca se separará de dicho certamen porque, con alteraciones o no, el periodismo nació para incomodar. 

Te puede interesar: Mexicanos galardonados en el World Press Photo 2019

Aquí te presentamos las fotografías más polémicas que han opacado a esta importante organización en los últimos años. 

Gaza Burial (2012)

Galardonada en la categoría Noticia de actualidad, y reconocida como Foto del Año, el sueco Paul Hansen desató polémica en la 56° edición del World Press Photo, luego de que el analista de imágenes, Neal Krawetz, afirmó una supuesta falsificación de la fotografía con superposiciones y retoque en los rostros para dramatizar la escena. 

La imagen, que muestra los cuerpos amortajados de dos menores que son trasladados a una mezquita para su funeral, fue sometida a valoración para comprobar las alteraciones. Sin embargo, más allá de comprobar la postproducción al cambiar la densidad de la luz, no se encontraron modificaciones en cuanto al supuesto montaje. 

La WPP se deslindó de las críticas al asegurar el endurecimiento de los protocolos para la selección de las fotografías, además de la asesoría de expertos en el tratamiento de imágenes.

Te puede interesar: Fotografías del Pulitzer sobre infancias quebrantadas

The Dark Heart of Europe (2015) 

Aunque en 2013 se reforzaron las medidas para la selección de las fotografías, la 58° edición del World Press Photo fue cuestionada por la revocación del primer lugar a la serie fotográfica The Dark Heart Of Europe del italiano Giovanni Troilo, de quien afirmaron, tergiversó la ubicación y organizó las acciones dentro de las tomas. 

La controversia estalló cuando se demostró que en una fotografía de la serie que participó en la categoría de asuntos contemporáneos, en la que se muestra un encuentro sexual dentro de un automóvil, se empleó un flash de control remoto para iluminar el asiento trasero, de esta forma, el jurado determinó una violación a las normas básicas del concurso. 

An Assassination in Turkey (2016)

El cuerpo del embajador ruso Andréi Kárlov junto a Mevlüt Mert, su agresor y quien sostenía en arma mientras una mirada iracunda penetraba a través de la lente de los periodistas, fueron los elementos que le dieron a Burhan Ozbilici el reconocimiento a Foto del Año en la 59° edición del World Press Photo. 

La elección de la fotografía dividió al jurado y más tarde a los espectadores, quienes iniciaron un debate en torno a si debían galardonar el evidente odio y violencia que existe en nuestra época. No obstante, el acto del Ozbilici fue reconocido por capturar un momento significativo en la historia de Turquía, además de demostrar la ardua y difícil labor de los fotoperiodistas. 

An Iranian Journey (2017)

Hossein Fatemi obtuvo el segundo premio en la categoría Proyectos a largo plazo por la seria An Iranian Journey, trabajo en el que mostró a la sociedad iraní desde un punto de vista diferente y acentuando las actividades de las mujeres jóvenes, quienes, desde la perspectiva del autor, no parecen sufrir las consecuencias de un estado apegado a la religión. 

Aunque pesar se presentaron varias pruebas para demostrar que las acciones dentro de las tomas fueron planeadas y que, incluso, Fatemi compartió el montaje con la fotógrafa iraní Mojgan Ghanbari, la WPP expuso un comunicado en el que se determinó que tales argumentos no contaban con el fundamnto para determinar el fraude de las imágenes. Tras el escándalo y la nominación, una persona decidió presentar una denuncia en contra de Fatemi por retratarla sin su consentimiento.  

The Lake Chad Crisis (2019)

Este año la controversia no se separa del certamen que ya exhibe el material galardonado en el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México. En esta ocasión no se trata de ninguna fotografía seleccionada, sino de la trayectoria del italiano Marco Gualazzini, quien participó con una serie sobre la crisis humanitaria en el lago Chad, lo cual lo llevó a conseguir el primer premio en la categoría Medio Ambiente y una nominación a Foto del Año e Historia del Año. 

En 2017, miembros del gremio cuestionaron su ética como periodista al presentar un reportaje sobre mujeres que habían sido víctimas de abusos sexuales en la India, en el que, aseguran, puso en peligro la vida de las afectadas al exponer sus rostros en las imágenes, además de mostrar a algunas menores, lo cual, representa un delito grave. 

Las investigaciones comprobaron que la historia construida en torno a esta situación no fue del todo verídica, ya que al menos una de las protagonistas del reportaje no tenía la edad que aseguraba Gualazzini y, sobre todo, no era víctima de ningún tipo de abuso o violencia, incluso, la joven aseguró que él le pidió posar para retratarla. 

Orson Welles: la radio antes del cine

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

Orson Welles fue uno de los autores más ambiciosos a la hora de contar historias. El cine se convirtió en su mejor forma, pero lo venía haciendo desde el teatro y luego en la radio, en la cual encontró las bases para su estilo audaz. Sus adaptaciones radiofónicas son una muestra de su capacidad para comprender a los personajes y narrar sus tragedias.

En 1941 los escenarios de teatro en Dublín, Irlanda, veían a aquel joven de 16 años, que en menos de una década debutaría en el cine con una de las mejores óperas primas en la historia del cine. Sin embargo, el séptimo arte aun no estaba en los planes del chico originario de Wisconsin. Después de Irlanda preparó su camino para Broadway, esta vez con la compañía Mercury Teather, que fundó junto al productor John Houseman. Al mismo tiempo, Welles comenzaba a escribir y a dirigir adaptaciones de obras literarias a la radio. 

Su labor radiofónica arrancaba con la adaptación de Los Miserables para el programa The March of Time, perteneciente a la cadena Mutual Network. Esta actividad le permitía financiar sus producciones teatrales, pero se fue convirtiendo en algo más al trabajar en The shadow, la historia de un justiciero enmascarado con poderes hipnóticos, al más puro estilo pulp, muy popular en esa época. El talento de Welles veía una nueva oportunidad para despertar una diversidad de emociones en el público, y para el siguiente año integró a toda la compañía teatral a las adaptaciones radiofónicas, estrenando en Drácula en 1938, en la que desempeñaba dos papeles: el conde Drácula y al Doctor Seward. Así comenzaba su tradición no sólo de escribir, si no de actuar. A esta producción le siguieron La Isla del tesoro, El conde del Monte cristo y en El inmortal Sherlock Holmes, en las que fue la voz de los protagonistas. 

En el mismo año del estreno de Drácula, Welles presentaba el trabajo que le abriría las puertas a Hollywood. De nuevo junto a la Mercury Theatre, desató un fenómeno que alcanzó a una sociedad marcada por el inicio de la Segunda Guerra Mundial: la adaptación de La guerra de los mundos, del escritor H. G. Wells. Orson interpretó al profesor Pierson, quien, al interrumpir un programa supuestamente transmitido desde el Hotel Park Plaza en Nueva York, alertaba al publico de la llegada de visitantes espaciales al tiempo que se describían a los invasores: 

“Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea…”

El programa fue todo un éxito, lo escucharon alrededor de 12 millones de personas y provocó el caos entre quienes no llegaron a oír la advertencia inicial de que nada era real, y que durante 59 minutos vivieron los embrujos de la ficción. 

Posteriormente la compañía cambió su nombre a Campbell Playhouse, iniciando una nueva etapa con adaptaciones como A Christmas Carol, de Charles Dickens, que inauguraba la tradición del futuro cineasta en la grabación de producciones navideñas. El prestigio que significó La guerra de los mundos para Orson Welles le permitió contar nuevas historias con herramientas que no imaginaba antes, mismas que aprovechó para explotar su propio estilo. Gracias a la productora Radio-Keith-Orpheum (RKO), que le ofreció total libertad para escribir, producir y dirigir dos películas, es que nacía El ciudadano Kane (1941), por lo que el ahora director dividía su tiempo entre la radio y el cine.

Aun con la producción y estreno de la que hoy es considerada una de las mejores películas, Welles seguía en la radio. Participó en We Hold These Trust de Norman Corwin, un programa especial que celebraba el 150 aniversario de la Declaración de Derechos de los Estados Unidos, y el cual marca el inicio de su etapa en programas alusivos a la guerra, desde protagonizar un capítulo para el programa de hechos históricos Cavalcade of América, hasta escribir, narrar y producir Ceiling Unlimited, serie enfocada en glorificar la industria de la aviación, así como Hello Americans en la que se buscaba hermanar a los americanos del sur y del norte. En el misto tono, junto a Groucho Marx,  creó Orson Welles Almanac una serie que mezclaba la comedia y el patriotismo al llevar alegría a las tropas americanas. 

El estilo que Orson impregnaba a sus narraciones radiofónicas es incomparable, su trabajo de adaptación le permitió jugar con los deseos de sus personajes. La voz que aterró a la población alertando la presencia de alienígenas fue la misma que nos contó las desdichas de un magnate y nos emocionó con historias de amor destructivo. La mayoría de sus trabajos en radio pueden ser consultados en la página http://www.wellesnet.com

 

Toy Story 4: la secuela que superó la expectativas

Después de nueve años, la historia de los juguetes más famosos en el cine de animación, vuelve ante un público escéptico y que también llegó a manifestar disgustos por el diseño de algunos personajes. Al recordar los grandes momentos que nos dejó la última entrega, nos preguntábamos ¿era necesaria la continuación de un capítulo que creíamos cerrado?

Cuatro de nuestros integrantes nos comparten sus impresiones, ¿coincides con su crítica?

Pixar impulsó Disney a partir de una secuela. Toy Story 2 se planeó para salir directamente en VHS; la calidad de la historia y la portentosa animación –para la época– obligaron a los productores a cambiar el destino del filme. Inicialmente nadie creía en el resultado.

Un fenómeno similar ocurre con la cuarta entrega de la saga: ante el escepticismo del público, Josh Cooley entrega una película redonda pero más importante aun, como joven comandante del equipo técnico se arriesga a madurar los conflictos a los que nos tenían acostumbrados. Toy Story 4 resulta un ejercicio atípico para las propias convenciones del estudio, se equivoca con el guion pero es en tales resoluciones, a veces toscas, que encuentra una voz propia. Es un complemento idóneo para una de las mejores sagas en la historia del cine.

En Toy Story 3 la saga cerró su historia cuando Andy aceptó dar el gran paso de la juventud a la adultez, entregando sus juguetes a Bonnie, y cerrando el ciclo al que todo juguete está destinado. Esta nueva entrega es un epílogo que centra su desarrollo dramático en el vaquero, después de lo sucedido con su antiguo “niño” y su viaje existencial para tratar de dar respuesta a unas de las preguntas más importantes de la humanidad: ¿Quién soy? ¿A dónde voy?. 

En definitiva Toy Story 4 es la cinta más madura y existencialista de toda la saga. Hace 25 años Pixar estrenó en pantalla grande una historia sobre la camaradería entre dos muñecos rivales. Desde entonces, los personajes, su manera de ser y de pensar crecieron, al igual que los espectadores cómplices de esta aventura desde el inicio, hasta el final…o al menos espero que sea así. Un cierre que nos inspira a desafiar aquello que estamos destinados a hacer para convertirnos en lo que realmente queremos ser. 

Te puede interesar: Los próximos estrenos de Disney

Toy Story 4 se presentaba como una sucesión totalmente superflua ante una excelente tercera parte, aparentemente concluyente, de una de las mejores franquicias en la historia del cine y la más importante del género animado. Qué equivocados estábamos. A pesar de comenzar con un descarado -y estupendamente ejecutado- llamamiento a la nostalgia, trastoca las bases en las que está fundada toda su narrativa: el propósito de un juguete y la consciencia de su existencia.

Woody confronta los vicios de su personalidad como su extrema “lealtad” que llega a codependencia, al cuestionarse por primera vez sobre si debe cumplir con su razón utilitaria de ser. Esta analogía sumamente inteligente -un tenedor, un franco utensilio, revela a otro utensilio con capacidades de raciocinio sobre su condición y su capacidad de elección-, construye un argumento atrevido para los estándares actuales de Disney-Pixar. Sí, probablemente es la cinta menos espectacular de todas pero, fiel a su esencia de atrevimiento impresa desde la entrega inicial, es la más interesante.

Te puede interesar: Toy Story 4, contexto y corrección política 

Leslie Valle (@sirenamacarena)

Toy Story vuelve para demostrar –otra vez— lo que significa la lealtad y el amor. Aunque el conflicto es bastante similar a lo que ya conocemos, esta entrega cuenta con algunos elementos sumamente destacables, como la animación: los detalles en cada una de las secuencias son alucinantes, como si de escenarios reales se tratase. De igual manera está el crecimiento que tienen sus personajes, ahora vemos que Betty vuelve a la pantalla completamente transformada y empoderada (nada que ver con la tranquila y dulce pastorcilla) o a un Woody que –¡al fin! – piensa un poco en sí mismo y cede ante sus verdaderos deseos.

Aunque Toy Story 4, con su misma premisa de juguetes perdidos que intentan volver a casa, no revivió la emotividad y gloria de las otras tres, tiene un encanto genuino que hace que no sea otra secuela más.

La posesión de Verónica y el regreso de Paco Plaza

El cine de terror español siempre ha ofrecido cintas de calidad cada tres o cuatro años, y de Paco Plaza (director y escritor de REC) la mayoría de veces se puede esperar algo arriesgado o interesante. Tal es el caso de La posesión de Verónica (2017), donde abandona su estilo habitual para ofrecernos una experiencia más cinematográfica del terror. La película, basada en un caso no resuelto de los años noventa, se distingue por una historia bien construida y técnicamente impecable; lo suficiente potente como para hipnotizar al espectador.

La narrativa se centra en Verónica (Sandra Escacena), una adolescente española del barrio de Vallecas en Madrid que sufre el clásico hecho de la posesión y que inclusive fue noticia de la época. No obstante, el personaje no sólo enfrenta los embates del diablo, sino que por momentos sufre de la antipatía de sus compañeras de escuela y de una difícil relación con su madre y hermanos menores.

Plaza nos ofrece su propia versión de los hechos en donde Verónica, después de una sesión de espiritismo con sus compañeras, se ve oprimida por una rara entidad que inunda de terror y misterio la atmósfera. El montaje es convencional, con un buen ritmo y un estilo bastante lineal que la hace superficialmente predecible en ciertos momentos, pero al mismo tiempo carece de brincos o prisas narrativas que entorpezcan su propia trama.

Te puede interesar: The Haunting of Hill House

La producción de Apache Entertainment se convirtió en una de las películas revelación del 2017; contó con muchas nominaciones en los premios Goya, incluyendo mejor película, de las cuales sólo ganó efectos de sonido. A pesar de la excesiva expectativa publicitaria que bien afectó en cierta medida el raiting del filme de Paco Plaza como la película más aterradora de la plataforma, la historia fue bien recibida por la mayoría de la opinión pública.

Quizá el miedo no es la característica latente más sobresaliente del filme, sino la intención cinematográfica que deja el sello de Plaza, la creación de atmósferas con la iluminación y los movimientos de cámara, los cuales sugestionan, y que a pesar de que todos sabemos que en las esquinas se esconde el monstruo, la imagen nunca obvia el camino a seguir del personaje para llegar donde todos sabemos. Es claro que Verónica no reinventa el subgénero de la posesión demoníaca pero sí crea una sólida entrada en el cine hispano, y que al final puede dejarte con una grata impresión de una propuesta decente de Netflix en el género de terror.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

El seductor: el suspenso inesperado

No hay nada más aterrador que una mujer asustada con un arma
-Srita. Martha

El apellido Coppola dentro de la industria cinematográfica ha sido reconocido y respetado gracias al legado que dejó uno de los cineastas más importantes en la historia.

American Zoetrope, productora fundada en 1969 por Francis, está a cargo de la realización de esta nueva cinta por la que Sofía Coppola obtuvo el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia 2017.

Una joya del suspense en la que Sofía explora una vez más la psique femenina; definitivamente lo hace de una manera extraordinaria, no importa la época que atienda, ella sabe con precisión de lo que habla, conoce a sus personajes porque se conoce a sí misma, habla de las mujeres desde su configuración como mujer, no traiciona la objetividad ni la subjetividad de sus personajes.

Los estímulos externos e internos son motores para que la trama siga avanzando y sus
protagonistas se enfrenten con ellos mismos y contra aquello que les amenaza.

La sutileza para abrirse camino en medio de la historia está determinada por toda la atmósfera que crea desde el diseño de producción, la fotografía y el diseño del vestuario que están relacionados y entrelazados para deambular por los pasillos del suspenso.

Sofía prepara todas las condiciones necesarias para llegar a aquellos abismos de los que cualquiera en las situaciones específicas es capaz de caer, para demostrarnos que podemos actuar de diferentes maneras ante diferentes estímulos.

El seductor (Dir. Sofia Coppola, Estados Unidos, 2017)

La guerra de secesión está en marcha, un soldado moribundo es encontrado por una niña en medio del bosque; la pequeña, desde su inocencia decide llevarlo hasta su escuela donde solo viven mujeres para que sea curado.

Las mujeres que habitan la escuela, representan diferentes etapas de la vida, desde la más pequeña llamada Amy (Oouna Lorence) como símbolo de inocencia, mientras que la
adolescente Alicia (Elle Fanning) que intenta y busca descubrir su sexualidad dentro de su aislamiento, hasta la más adulta, la señorita Martha (Nicole Kidman), a cargo de todo el grupo que representa el poder, la fuerza y una guía para las demás.

Tras la llegada del cabo Mcburney (Colin Farrell) al recinto de las mujeres, el ambiente
cambia considerablemente, su presencia enciende las hormonas femeninas y la sutileza delos personajes por sobresalir del grupo se hacen presentes, el comportamiento de las
féminas comienza a cambiar, se arreglan, sonríen más y todas quieren atender al soldado.

La encargada de la casa (Nicole Kidman) siempre con pose rígida, controla sus impulsos y decide cuidar al cabo, para dejar que se vaya en cuanto se recupere. McBurney cómodo con todas las atenciones y cuidados que le dan, no quiere que llegue el momento para irse.

Las relaciones se tornan tensas entre las habitantes de la casa y un despertar sexual
modifica drásticamente el ambiente. La crisis comienza y la paranoia no se hace esperar, el declive anímico del cabo, amenaza a toda la casa.

El aislamiento, la situación política y social, irrumpen en el bienestar psicológico de las
protagonistas hasta el punto de convertirse ellas mismas en un peligro potencial.

Sin duda el elemento más sobresaliente es el cast, el tono y los altibajos emocionales son llevados a los niveles en donde deben estar, ni más ni menos. Su cambio en la personalidad inunda la pantalla y el espectador comparte su sentir y su paranoia.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

 

Detrás de cámaras | La naranja mecánica

Stanley Kubrick leyó más de una vez La naranja mecánica de Anthony Burgess, y desde la primera ocasión le pareció obvio que podría dar lugar a una gran película. En una entrevista para Saturday Review, el cineasta definía a la novela del escritor de Reino Unido como “una obra de imaginación única, maravillosa, tal vez genial”.

Así, Kubrick escribió el guion de lo que hoy se considera una de sus películas más importantes, aunque en su momento la crítica anglosajona fue agresiva, al igual que con otros filmes como Barry Lyndon o El resplandor. En La naranja mecánica conocemos a Alex DeLarge (Malcolm McDowell) y sus drugos acompañantes, fanáticos de la ultraviolencia.

 

Piensa como un artista

libros_piensaartista

Por: Gerardo Herrera

“El mejor arte es el de hacer buenos negocios.”

Andy Wharhol

Todos somos artistas es la premisa de la que parte Will Gompertz para explorar a la figura idealizada, dizque bohemia y repleta de  mitos conocida como “artista”. Partiendo de personajes que se dedican a distintas artes, el autor reconstruye  casos para ejemplificar once reflexiones que según él van de la mano si alguien desea transformarse en uno.

De Wharhol a Caravaggio, pasando por Miguel Ángel y J.J. Abrams, el libro explora las particularidades que encumbraron a cada figura y cómo fue que lograron el éxito. La lectura es ágil ya que se sustenta en anécdotas, explora biografías sin teorizar en absoluto ni dificultar la narrativa. Es simple, directo y motivacional.

El principal acierto radica en que desmitifica a la figura del virtuoso para insertarla dentro de la cotidianeidad, el creador es un ser común, alejado de cualquier atisbo de elogio o alabanza. Los presenta como lo que son: personas normales.

Dicho tratamiento refuerza la base del texto: la creatividad es universal, cualquiera puede acceder a ella y quizá a veces se reconoce al artista desmesuradamente y en ocasiones se le percibe como una criatura extraordinaria, misteriosa e inaccesible. El compendio de Gompertz demuestra que son ordinarios, con una meta clara, la única particularidad: está dispuesto a cumplirla sin importar nada.

La edición contiene no sólo el comentario del escritor; incluye también obras de los pintores a los que alude, lo cual es un valor agregado, ya que el lector puede trasladarse en un vaivén interesantísimo de la literatura a la pintura y viceversa.

Leer Piensa como un artista es un ejercicio cautivador y entretenido que desentraña los secretos detrás de la creación artística. Necesario para los aprendices de cualquier arte, recomendado para aquellos que desean descubrir de dónde proviene la inspiración y sin duda vital para quien busque emprender.

 

Ficha Bibliográfica:

Autor: Will Gompertz.

Editorial: Taurus.

Lengua: Castellano.

Año: 2015.

Páginas: 208.

 

Disponible en:

EDUCAL

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA