Grandes secuencias de créditos de la primera mitad del siglo XX

Por: Eduardo Venado Chávez (@venadoscopio

Los títulos de crédito iniciales son el primer contacto que el espectador tiene con una película. Su función principal no sólo es mostrar el nombre de las personas que hicieron posible la obra, sino también la de preparar emocionalmente al espectador y marcar el tono de la película. Para lograr este propósito, los diseñadores y artistas visuales se han apoyado de nuevas tecnologías a lo largo de la historia del cine, pero han sido la creatividad y la experimentación las herramientas que siempre están presentes, independientemente de la época o lugar a la que hagamos referencia.

Por esta razón, considero pertinente un repaso por la primera mitad del siglo XX, una época en la que los diseñadores de títulos dependían más de su creatividad que de la tecnología, la era digital no existía más que como un mito en ese entonces. A pesar de eso y gracias al ingenio y habilidad de los diseñadores, surgieron importantes propuestas que darían impulso al futuro del diseño de créditos. 

A continuación algunas creaciones novedosas que destacaron entre la década de los años 20 y los 40:

El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920)

La obra maestra del expresionismo alemán contiene una secuencia de título bastante peculiar para esa época. Su tipografía nítida y angular fue diseñada para enfatizar el tono perturbador de la película y alinearse con sus escenarios retorcidos, puntiagudos e inusuales.

El filme también nos ofrece uno de los primeros ejemplos conocidos como la tipografía situacional, cuya principal función es la de interactuar en una escena de la película: hay un momento culminante en la que el Dr. Caligari desciende a la locura y esta emoción es apoyada a través de frases en forma de texto que aparecen de la nada. Por desgracia, y como veremos repetidamente en futuros casos, no hay un autor a quien atribuirle crédito por este diseño.


Metrópolis (Fritz Lang, 1927)

Otra obra maestra del cine alemán. La historia aborda una visión apocalíptica de una sociedad del futuro que se divide en dos clases: ricos y obreros. Para resaltar ese contraste de clases y sumergir en un ambiente futurista, el diseñador Erick Ketttelhut (a quien también se le atribuyen el puesto de Dirección de Arte) evocó con el diseño de los títulos la arquitectura art decó que caracterizaba a las ciudades más modernas de ese entonces. El uso de líneas rectas, acompañadas de patrones en compás (chevrón) e iluminadas en forma de rayo de sol, fueron los ingredientes principales que dieron identidad a la tipografía de la película.

Un gran reportaje (The Front Page, Lewis Milestone, 1931)

Es considerado uno de los primeros largometrajes estadounidense sonoros; sin embargo, el título es más popular por sus dos posteriores remakes que por esta primera entrega, en la que destaca el uso de las páginas de periódico para los créditos iniciales, remplazando la clásica secuencia de título de libro de cuentos que ya era muy utilizado en Hollywood. Así, los creadores introducen al espectador al mundo del periodismo, oficio del protagonista.

A cada actor se le asigna un espacio en el periódico para ver su rostro y nombre impreso. Diseñar la secuencia de esa manera ayuda a asentar la película en el mundo en el que habitan estos periodistas. Una inspección minuciosa de los titulares revela una ciudad plagada de corrupción política y crímenes desenfrenados.

A man Godfrey (Gregory La Cava,1936)

Película estadounidense protagonizada por el actor William Powell. La historia se sitúa en los años de La Gran Depresión, cuando miles de personas sobrevivían a los estragos de la crisis financiera, mientras una escasa parte de la población disfrutaba lujos y placeres. Los créditos iniciales de Godfrey son muy distintivos y están bien integrados con la historia, ya que muestran el contraste de estos dos mundos. 

Los nombres de los actores y talento creativo están plasmados sobre letreros de luz neón que sobresalen en una ciudad nocturna. Las formas geométricas de la tipografía invitan a conocer un mundo moderno, pero con la misma melancolía que evocan las ciudades nocturnas. Esta es otra cinta a la cual no hay un autor a quien atribuirle crédito por su labor en el diseño de títulos.

Nothing Sacred (William A. Wellman, 1937)

Largometraje de origen americano rodado a color,cuando todavía la mayoría de las películas se hacían en blanco y negro. Sam Berman, diseñador de títulos de esta película y destacado caricaturista de celebridades en la década de los años 40 y 50, aprovecha el recurso del color para agregar el tono de comedia romántica que caracteriza a la obra. El trabajo de Berman es inmediatamente llamativo al utilizar tarjetas de título pintadas a mano y esculturas de personajes con características exageradas. La técnica que utilizó el autor fue muy novedosa en su lanzamiento.

Fallen Angel (Otto Preminger, 1945)

Dirigida por Otto Preminger y considerada un clásico del cine negro americano. La película inicia con el punto de vista del chofer que maneja un camión a altas horas de la noche en la carretera. Los créditos iniciales se superponen sobre la pantalla en forma de letreros de tráfico para introducir al espectador al espacio que se enfrentará el protagonista Eric Stanton, un hombre sin suerte quien más tarde se ve obligado a bajar del autobús por no tener dinero para todo el trayecto. Stanton deambula por la carretera entre letreros y señales de tráfico hasta llegar a un restaurante donde se desarrolla gran parte de la historia. Este es un ejemplo de créditos que se adecúa al entorno de la película. Por desgracia tampoco hay un autor a quien atribuirle la labor.

La Belle et la Bête (1946)

El director del filme, Jean Cocteau, realizó la secuencia inicial de créditos, en la que escribe los nombres en la pizarra de un aula para después romper la cuarta pared y dirigirse a la audiencia con un breve preámbulo:


Los niños creen lo que les decimos. Tienen fe completa en nosotros. Creen que una rosa arrancada de un jardín puede sumir a una familia en un conflicto. Creen que las manos de una bestia humana se esfumarán cuando mate a una víctima, y que esto lo avergonzará cuando una joven doncella se establezca en su hogar. Creenotras mil cosas ingenuas. Te pido un poco de esta simpatía infantil y, para que tengamos suerte, permíteme decirte cuatro palabras mágicas, un verdadero Ábrete Sésamo de la infancia:

Había una vez…

 

En un texto aparte profundizaremos más adelante sobre los diseñadores que revolucionaron el uso de los créditos a partir de la década de los años 50 hasta finales del siglo XX. Abordaremos a autores como Friz Freleng, Maurice Binder, Robert Brownjohn, Dan Perrie Iginio Lardani.

Top 10: grandes actrices y actores mexicanos en activo

El star system nacional es bastante peculiar. Si bien, hay una dupla de intérpretes que acaparan los reflectores por la cantidad de producciones que salen con ellos -ustedes saben quiénes son-, mucha gente no los consideraría como los mejores actores. Aunque hay un mérito en consolidarse como estrellas en una (no) industria tan inestable como la que tenemos, esto no se podría afirmar como producto de su calidad histriónica. Una cosa es una cosa…

Hay mucho talento actoral repartido en la vastedad del cine mexicano. Algunos nombres son figuras ya reconocidas incluso en otras latitudes; otros, tienen un actual proceso de crecimiento interesante.  

  • Joaquín Cosío

El listado inicia fuerte con uno de los actores mexicanos más reconocidos a nivel mundial actualmente. Joaquín Cosío inició su carrera teatral en la década de los 80 en Ciudad Juárez y de ahí no ha parado. Su composición corporal podría encasillarlo en papeles de sujetos corpulentos, pero a lo largo de los años ha extendido su rango actoral por los proyectos y las respectivas necesidades dramáticas de estos.

Es intérprete de papeles icónicos en la memoria mexicana como “Mascarita” en Matando Cabos (Alejandro Lozano, 2004), Chucho en Pastorela (Emilio Portes, 2011) y el emblemático “Cochiloco” de El infierno (Luis Estrada, 2010), quien será recordado como uno de los grandes personajes en la historia del cine mexicano.

Actualmente no sólo trabaja en producciones nacionales, también aparece en películas internacionales tanto en cámara como en doblaje, siendo parte del elenco confirmado del reboot The Suicide Squad (2021), así como dio voz a Scorpion en la celebrada Spider-Man: Un nuevo universo (2018).

  • Ilse Salas

Mucha gente de mi generación la recuerda como parte del dúo conductor de Once Niños, pero ahora es una actriz de enormes méritos. 

Ilse Salas ha tenido un ya extenso -más de lo que podría parecer- paso por las pantallas nacionales. Ha protagonizado películas con cierto reconocimiento como Sabrás qué hacer conmigo (Katina Medina Mora, 2015), pero su marca en la memoria fílmica nacional vino un año antes con Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014), donde encarnó a Ana, personaje de joven combativa que quedó marcado en el recuerdo del cine mexicano contemporáneo (por lo menos) por lo entrañable de su interpretación.

Posteriormente, llegó su consagración en la historia con su estelar en Las niñas bien (Alejandra Márquez Abella, 2018), donde Salas deja ver todos sus recursos al hacer de una señora adinerada en un viaje de desquicio por su familia quebrantada y sus privilegios desvaneciéndose ante una crisis económica. Los momentos más potentes de la película se basan en la sola expresión de su papel. Ganó el Ariel por eso, ahí nomás.

  • Tenoch Huerta

Ahora vamos con el coestelar de Güeros. Tenoch Huerta dio el gran paso en el cine mexicano en la película de Alonso Ruizpalacios, así como lo hizo su coestelar femenina. Un año después, protagonizaría otro título muy competente: Mexican Gangster: La leyenda del Charro Misterioso (José Manuel Craviotto, 2015), en el cual Huerta hace de Alfredo Ríos Galeana, un famoso criminal de la década de los 80. Tenoch aprovechó todas las posibilidades del personaje para entregar un gran papel, en conjunto con una afortunada dirección de Craviotto.

Quedan todavía varios pasos en su carrera y ya ha estado involucrado en grandes producciones como la serie de Blue Demon -que no resultó como querían- y Narcos de Netflix. Próximamente lo veremos en la quinta parte de La Purga; bien por la exposición de un más que competente actor mexicano, pero el resultado… puede variar.

  • Cassandra Ciangherotti

Descendiente de una familia de actores, Cassandra Ciangherotti posee ya un camino con ciertas facilidades y tendencias para seguir con la tradición. Desde muy joven ha tenido participaciones menores en varias producciones como Hasta el viento tiene miedo (Carlos Enrique Taboada, 2006), Paradas continuas (Gustavo Loza, 2009), hasta Tlatelolco, verano del 68 (Carlos Bolado, 2013), su primer coprotagónico.

Su despegue vendría en la interesante -más de lo que se le reconoce- El club de los insomnes (Joseduardo Giordano y Sergio Goyri Jr., 2018), donde interpreta a una malhumorada cajera que toma fotos de los clientes en desconcierto. Desde ahí llegaron más roles importantes como aquél en las Las niñas bien (Alejandra Márquez Abella, 2018) y el estelar en la comedia semiromántica Solteras (Luis Javier M. Henaine, 2019), donde sostiene el protagonismo con gran virtud, particularmente graciosa. Vienen cosas grandes para ella.

  • Damián Alcázar

Uno de los actores mexicanos en activo más queridos, no sólo por sus enormes papeles, sino también por su carácter personal.

Alcázar es el actor protagónico de la tetralogía más famosa en la historia del cine nacional, dirigida por Luis Estrada: La Ley de Herodes (1999), Un mundo maravilloso (2006), El infierno (2010) y La dictadura perfecta (2014). Su rango actoral, que le permite oscilar entre la irreverencia y la contención como se aprecia en estas películas, igualmente le da posibilidades de abordar personajes explosivos como se pudo ver en De la infancia (Carlos Carrera, 2009), una de sus mejores interpretaciones lamentablemente opacada por la censura que recibió la película. 

En adición, su carrera ha trascendido fronteras, teniendo oportunidades de protagonizar películas extranjeras, tal como hizo en la peruana Magallanes (Salvador del Solar, 2015), rol por el que recibió reconocimiento continental.

  • Cecilia Suárez

Estos últimos dos años han sido totalmente de Cecilia Suárez, una de las actrices principales y uno de los pocos puntos altos de la deslucida La casa de las flores, serie de Netflix que ha gozado -por equis o ye- de gran éxito. La producción dirigida por Manolo Caro, quien ya desde antes la había elegido como su histrión alter ego, le dio el largamente debido reconocimiento a esta actriz de muchas virtudes.

En 2014 entregó dos roles que le darían cierta notoriedad por la entereza de su ejecución. El primero como Elvira en Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando de su cómplice Caro y el segundo como Flora, la esposa desesperada y desconcertada en Las oscuras primaveras (Ernesto Contreras), excelente película sobre pasiones contenidas y mundanidad. Papeles un tanto distintos que muestran las dimensiones actorales de Suárez y justifican su notable crecimiento dentro del entretenimiento nacional e incluso mundial.

  • José María Yazpik

José María Yazpik protagoniza la antes mencionada Las oscuras primaveras, donde hace del obrero casado quien, sin más, se involucra en un tórrido amorío con una compañera del trabajo. Este papel de hombre claroscuro, confundido y distante, Yazpik lo realiza con gran soltura, entregando una interpretación por demás destacada en un argumento de ciertas dificultades.

Posterior a eso, viene una participación como interés romántico de Karla Souza en Todos queremos a alguien (Catalina Aguilar Mastretta, 2017), una de las mejores comedias románticas mexicanas desde su explosión como género predilecto del cine nacional, en parte por el desempeño actoral de la triada estelarista.

De ahí, este actor también ha incursionado en la dirección y ya cuenta con un largometraje a su cargo: Polvo (2019). Siempre es interesante cuando un intérprete explora otros caminos, especialmente porque no hay muchos casos mexicanos recientes.

  • Regina Blandón

De todos los actores aparecen en este conteo, Regina Blandón es fácilmente quien ha tenido más exposición mediática por ser parte de un programa icónico de la televisión mexicana: La familia P. Luche.

Sería eventual que esta actriz girara al cine, pero la transición se percibía difícil para ella, especialmente por desempeños como el de La niña de la mina (2016), bodrio indiscutible. Desde ahí, Blandón ha tenido un crecimiento paulatino hasta entregar un papel interesante y sostenido como fue el de Angie en Cindy La Regia (Catalina Aguilar Mastretta y Santiago Limón, 2020). Ahí demostró que, con la adecuada dirección y guion de ciertas competencias, hay una actriz competente y con virtudes.

  • Hozé Meléndez

Este es un caso afortunado de “tomar lo que venga”, pues Hozé Meléndez se ha involucrado recientemente en varios proyectos que, para su fortuna, han dado buenos resultados en su mayoría.

.

Ha pasado por todo el espectro del cine nacional: desde su gran coestelar en Almacenados (Jack Zagha Kababie, 2015) a actuaciones menores en #LadyRancho (Rafael Montero, 2019). Igualmente, ha participado en proyectos como Mente revólver (Alejandro Ramírez Corona, 2017) y la excelente Ayer Maravilla Fui (Gabriel Mariño, 2017). A poco más de cumplidos los 30 años augura una carrera larga y prometedora. 

  • María Evoli

Otro caso de histrión promesa. María Evoli es una actriz de reciente debut. Coestelarizó la terrible Tenemos la carne (Emiliano Rocha Minter, 2016), por la cual ganó el Ariel a Mejor Actriz Revelación, siendo -según su discurso de aceptación- una sorpresa incluso para ella, quien fue la única luz de tal churro.

También participó en El habitante (Guillermo Amoedo, 2018), entrega de terror con algunos elementos interesantes como a nivel de manejo de la historia y la estética, desafortunadamente no gozó de atención. El camino aún es largo para ella y, con lo que ha demostrado, puede consolidarse en el escenario nacional.

Las mejores películas en blanco y negro contemporáneas

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Gracias al social media y sus filtros vintage, la cinematografía monocromática no representa un gran reto para distribuir en el amplio sector comercial. Dos películas en blanco y negro compitieron por el Oscar a la mejor fotografía en 2019 (Roma y Guerra Fría) y este año una (El Faro). Reducir la saturación de color en un largometraje puede crear atmósferas, dar profundidad a la composición u homenajear al cine clásico. Sin embargo, también es un recurso fácil para fingir complejidad temática inexistente.

Un amplio público siente aversión por el blanco y negro, debido a su vínculo con “lo viejo y aburrido”; no obstante, esa misma industria se regodea en la majestuosidad de La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) o Sin City (Robert Rodriguez y Frank Miller, 2005). Con la aparición de El Artista (Michel Hazanavicius, 2011) y su triunfo entre los académicos, la ausencia de color se ha convertido en un estilo mainstream, aunque continúan las reservas a la escala de grises. Obras como Mad Max: furia en el camino (George Miller, 2015), Logan (James Mangold, 2017) o Parásitos (Bong Joon-ho, 2019) tuvieron reestrenos con versiones alternativas, esquivando la posible disminución de ingresos por cortes finales carentes de color. A la larga, estos montajes ganan adeptos como sucedió con La Niebla (Frank Darabont, 2007), cuya composición contrastante acentúa el terror y le brinda un toque serie B.

Te puede interesar: Las mejores películas musicales 

De 1936 a 1966 se entregó un doble premio Oscar en el rubro de cinematografía, separando a las películas en blanco y negro de las filmadas a color; desde entonces, sólo los títulos de Spielberg y Alfonso Cuarón consiguieron el galardón (con 25 años de separación). Esto fue una paradoja en contra de las tendencias, ya que durante los 90 se vivió un redescubrimiento del blanco y negro con la aparición de (ahora) clásicos como Europa (Lars von Trier, 1991), El odio (Mathieu Kassovitz, 1995), Sátántangó (Béla Tarr, 1994), Sucedió cerca de su casa (Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde, 1992), Pi (Darren Aronofsky, 1998) y Ed Wood (Tim Burton, 1994), los cuales marcaron un punto de ruptura en la estética monocromática.

El blanco y negro no sólo es un recurso visual, también permite la expresión de conceptos tan abstractos como las emociones. Pensemos en Buenos días, tristeza (Otto Preminger, 1958), donde el gris permite comprender la culpa y desencanto en la vida de la protagonista. Si a esto le agregamos texturas, contrastes o desenfoques, se pueden lograr experiencias estridentes y extremas como El Faro (Robert Eggers, 2019) o A Field In England (Ben Wheatley, 2013).

En resumen, el color y su ausencia es un elemento más en la ficción; cualquier alteración de éste lleva al espectador fuera de lo verosímil, ya sea adentrándonos a un sueño, viajando a través del tiempo (cuando se homenajea al cine de oro) o saltando entre realidades (como nos enseñó Wim Wenders en Las alas del deseo).

A continuación las 13 mejores películas en blanco y negro contemporáneas.

  1. Noviembre (Rainer Sarnet, 2017)

Una joya de la fantasía, no tan conocida por los cinéfilos. Rainer Sarnet se inspira en la novela de Andrus Kivirähk para crear este locurón de cuento fantástico sobre la codicia, con homenajes involuntarios a la ciencia ficción folklórica de los hermanos Strugatskiy. Retornados, nahuales estonios, demonios y autómatas esclavizados conviven en una misma tierra azotada por la pobreza y la magia. Aunque la línea dramática parece un tanto arbitraria, la puesta en escena compensa cualquier fallo en la libre poesía visual. La cinematografía se caracteriza por el alto contraste, imitando a las ilustraciones antiguas y potencializando las virtudes del paisaje invernal.

  1. Oh Boy (Jan Ole Gerster, 2012)

Niko es un desertor universitario sin futuro asegurado; vive a expensas de su padre, pero él ya no está dispuesto a costear la errante vida de su hijo. Con ecos del underground monocromático de Las alas del deseo (Win Wenders, 1987), Oh Boy junta momentos significativos en un día de perros cualquiera. De acuerdo con el director, el “journey” va sobre “una generación que no sabe qué decir”; tal discapacidad para comunicarse lo lleva a encuentros incómodos e insustanciales con otras personas. Como si se tratara de un Ulises (el de James Joyce) contemporáneo, cada paseo por las calles de Berlín va enriqueciendo a esta comedia crítica con la generación de adultos jóvenes sin porvenir definido. 

  1. El abrazo de la serpiente (Ciro Guerra, 2015)

Historia a doble tiempo sobre la búsqueda de una planta sagrada, ambientada en la Amazonia colombiana. Es alucinante el ojo de Ciro Guerra para armar este metraje en tierra inhóspita, estructurado a la manera de viaje onírico. La decisión de grabar en blanco y negro (según el realizador) se debe a la intención de borrar la frontera entre persona y naturaleza, una justificación metafórica que emula a la visión cosmológica del protagonista.

Guerra dedicó varios años para lograr tal representación fiel al simbolismo de las comunidades indígenas, en un libre trabajo de ficción. En El abrazo de la serpiente, el colonialismo y la evangelización son vistos como una oscura fuente de maldad y exterminio, mientras la selva “virgen” es un ente sabio y ancestral. La nominación al Oscar puso al director colombiano en la escena internacional y sirvió de muy buena promoción para el siguiente trabajo, otra obra maestra llamada Pájaros de verano (2018).

  1. Güeros (Alonso Ruizpalacios, 2014)

Esta road movie se alimenta bastante de Temporada de patos (Fernando Eimbcke, 2004), pero la magnífica sensibilidad narrativa de Ruizpalacios hace de Güeros un producto diferente. El director concibe una festiva comedia que romantiza la huelga de la UNAM de 1999 y el limbo emocional ocasionado. En el trasfondo de esta ópera prima se encuentran tópicos más densos, como las diferencias sociales en la Ciudad de México o el conflicto del padre ausente en la mayoría de los mexicanos; la incolora fotografía es parte de la mirada nostálgica a los últimos años análogos (cuando los cassettes y los vochos eran parte del día a día urbano). La camaradería entre hermanos y amigos es el mejor distintivo en el cine de Ruizpalacios, dotada de frescos diálogos espontáneos y memorables.

Güeros película

  1. Los ojos de mi madre (Nicolas Pesce, 2016)

Pesce (actualmente, en su peor momento después del malogrado remake de The Grudge) tuvo un resplandor de creatividad al filmar este siniestro cuento, propuesta un tanto fetichista y visceral. Tras la muerte de sus padres, la joven Francisca encuentra un método para lidiar con su soledad: la tortura y el homicidio. Distorsionando la idea de maternidad hasta los límites más perturbadores, esta propuesta sorprendió por la estética gótica que sacó provecho al blanco y negro para crear claroscuros sugerentes, los cuales dan apariencia de universo freak al relato. Según el director, intentó recrear la estructura narrativa de The Twilight Zone, usando la violencia “fuera de foco” para desconcertar al público. Uno de los mejores ejercicios de terror en los últimos años.

  1. Nebraska (Alexander Payne, 2013)

Payne es uno de esos nombres que surgieron con el boom de cine indie en los 2000. Aunque mucho de su cine se repite, Nebraska es un título que se distingue por lo divertido de sus personajes: un padre senil dando batalla a su hijo por el cobro de un premio millonario. Debido a que la película fue planeada en preproducción como road movie en blanco y negro, el presupuesto para la filmación fue ajustado, algo notorio en la austeridad que beneficia a la atmósfera decadente de la “América profunda”. La película está basada en las experiencias personales del guionista Bob Nelson y, especialmente, en la personalidad de su padre fallecido. Nebraska es una obra encantadora como pocas.

  1. Qué difícil es ser un dios (Aleksei German, 2013)

La última osadía de Aleksei German es una bestialidad colosal que a nadie deja indiferente. Desde los primeros minutos, el espectador puede “oler con los ojos” la sangre, el sudor y el fango, experiencia sinestésica producida por la cruda puesta en escena monocromática. La novela de los hermanos Strugatskiy ya había sido adaptada por Peter Fleischmann, pero en la visión de German se descartaron los elementos de ciencia ficción y se filmó un postapocalipsis medieval  gris y sofocante (que deja a Juego de Tronos como un Harry Potter cualquiera). Después de sus tres horas, el espectador quedará hastiado del caótico recorrido a través de calles invadidas por el oscurantismo. El filme es un delirio pesadillesco sin sentido, concluido en la sala de montaje por Svetlana Karmalita y Aleksei German Jr (esposa e hijo de German) tras la muerte del director.

  1. El día más feliz en la vida de Olli Mäki (Juho Kuosmanen, 2016)

Bonita, tierna y romántica; así es como se puede describir a esta película que retorna a la fórmula clásica del boxing movie, con un conflicto entre el deporte y el amor. Similar a nuestra Campeón de barrio (Rafael Baledón, 1964), la fama como boxeador peso pluma lleva a Olli a distanciarse de su novia Raija. La ambientación de los años 60 debe bastante mérito a su fotografía, la cual simula a la perfección el estilo del cine clásico (tanto en iluminación como en composición), siendo The Loneliness of the Long Distance Runner (Tony Richardson, 1962) la principal influencia del director. Sin embargo, la película no se queda en el básico drama deportivo; la ópera prima de Kuosmanen es una potente fábula sobre lo efímero de la fama y la virtud de una vida oculta (pero feliz). Como dato curioso, el director incluyó un cameo de los verdaderos Olli y Raija en el desenlace.

  1. Frances Ha (Noah Baumbach, 2012)

Dentro de la filmografía de Baumbach, esta película se diferencia debido a la colaboración de Greta Gerwig en el guion (un antecedente directo del discurso progre en Lady Bird). La protagonista está pasando por la crisis de los 27 años: sin amiga (quien tiene la vida perfecta), sin empleo (su trabajo como bailarina pende de un hilo), sin departamento (rentar en Nueva York es un lujo que no puede costear) y sin dinero. La producción “improvisada”, acelerada y de bajo presupuesto benefició a la mesurada ambientación de esta comedia que simpatiza con el mundillo yuppie de Whit Stillman (embellecido por ese blanco y negro decadente). Durante el reinado millennial, este cuento contemporáneo sobre sueños no realizados sugiere que cambiar el proyecto de vida por un trabajo administrativo no es significado de fracaso, sino una forma de adaptación y maduración.

  1. Tabú (Miguel Gomes, 2012)

Miguel Gomes cabalga el lenguaje cinematográfico hasta domarlo. Este sensual filme inicia como comedia en la urbanizada Lisboa y cierra con una tragedia romántica en África. Aurora es una anciana senil que pide ayuda a su vecina Pilar, porque cree que su cuidadora practica vudú. Tras la muerte de Aurora, un viejo amante cuenta su romance en una colonia portuguesa, varias décadas atrás. Ese contraste de géneros dio a Tabú una proporción colosal, donde Miguel Gomes reflexiona sobre cómo la actualidad ha quitado todo el exotismo a la vida cotidiana. El blanco y negro permite unificar ambas partes del filme, respetando la independencia narrativa. Lo interesante se encuentra en la segunda mitad, desprovista de diálogos y sólo acompañada por la voz en off del narrador. Inspirada por el realismo mágico, el cual continuaría en su trilogía Las mil y una noches, el filme se desborda en sublime surrealismo y salvaje drama rústico al ritmo de rock & roll.   

3. Una chica regresa sola a casa de noche (Ana Lily Amirpour, 2015)

Cuando esta ópera prima (surgida del crowdfunding y acompañada de un cómic) apareció en la escena internacional, despertó la curiosidad de muchos por ser un inteligente híbrido de western moderno y film noir con vampiros. Partiendo de una involuntaria base feminista, la protagonista es una vampiro que deambula de noche para alimentarse sólo de “hombres malos”; en el inter, la chica termina enamorándose de  un joven iraní que conoce en las calles.

Ambientada en un mundo de crimen y heroína, la película estimula a la audiencia con un drama de justicia y venganza que coquetea con la oscuridad de Frank Miller (creando una romantizada distopía en los suburbios, muy próxima a nuestros días). Continuación espiritual de Sólo los amantes sobreviven (Jim Jarmusch, 2013), Amirpour filma un fascinante universo de vampiros trasnochados que viven exiliados de la sociedad y seducidos por la anodina vida de los mortales.  

  1. Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)

Pawlikowski dirigió un par de dramas más o menos convencionales, hasta que pegó por todo lo alto con esta transformación radical de su estilo autoral. Rescatando el desencanto monocromático de Miloš Forman y Jaromil Jireš, Ida es la historia de una novicia visitando a su tía (alto mando en el gobierno comunista) antes de ordenarse como monja. La reunión de ambas mujeres representa la confrontación entre la vocación espiritual y el ateísmo soviético (placebo perfecto para superar los horrores del holocausto), dos posturas que conformaron la identidad polaca durante la posguerra. Como también se vería en Guerra Fría (2018), el director experimenta un periodo de revisionismo histórico nostálgico, intentando encontrar los últimos resquicios del viejo mundo perdido en algún momento del siglo XX. Pawlikowski no estudió Cine (es egresado de Filosofía y Literatura), por lo que su narrativa parece una ecléctica mezcla entre poesía visual y monotonía vacía para simular la ensoñación de  los recuerdos, algo que imitaría Alfonso Cuarón en su Roma (2018).

  1. La cinta blanca (Michael Haneke, 2009)

Retomando la sátira de Escenas de caza en Baviera (Peter Fleischmann, 1969) y The nasty girl (Michael Verhoeven, 1990), La cinta blanca es un retorcido heimet que escarba entre las perversiones más oscuras de la sociedad alemana, como antecedentes directos de la masacre desatada años después. Previo a la Primera Guerra Mundial, la película transcurre en un pueblo alemán, donde suceden inexplicables actos de violencia contra sectores específicos de la comunidad. En el fondo, los niños (futuros miembros de las fuerzas nazis) se comportan como silenciosos “niños del maíz”, ejerciendo sus propias leyes de segregación y sublevación contra los adultos. A diferencia de películas previas (donde la violencia de Haneke es explícita), La cinta blanca se distingue por una atmósfera opresiva muy sutil, necesaria para apenas sugerir la maldad asimilada por una generación (sin caer en la tosquedad de los estereotipos del cine mainstream).

¿Qué películas conforman tu Top personal?

Los personajes más amados de los videojuegos

Por: Sebastián López (@sebs_lopez)

¿Qué sería de un videojuego sin su personaje principal? Aquel que acompaña al jugador para enriquecer una experiencia. La mayoría de veces el personaje secundario -inclusive el antagonista-, llegan a conectar mejor con los jugadores. Ejemplo de ello es Ellie de The Last Of Us (2013) y Zeus de God of War 2 (2007).

Este listado está nutrido por personajes emblemáticos, quienes han generado franquicias y se han ganado el amor de los gamers. 

Big Daddy (Bioshock, 2007)

Una de las historias más poderosas y populares en el mundo de los videojuegos es Bioshock. Nos presenta personajes que jamás se nos habrían ocurrido, como Big Daddy, quien pertenece a una familia denominada “Big Daddy’s”. Esta máquina, diseñada con trajes de buceo, recuerda un estilo steampunk.

En cierto punto el diseño asusta; es un mutante completamente terrorífico, pero logra que te encariñes con él. Este submarinista experimenta con los jugadores y les hace recordar la exquisitez de la historia. 

Ezio Auditore da Firenze (Assasin´s Creed 2, 2009) 

Quizá la hermandad más importante de toda la cultura popular; es un referente -casi obligatorio- para los gamers. Inunda pasiones que llegan a desenlaces épicos. El protagonista de la segunda entrega de Assasin´s Creed es todo un asesino con estilo; la clase que desborda capta la atención y alude a la atinada construcción de los personajes. Un John Wick (Keanu Reeves) para los gamers, sólo eso. 

¡Es fantástico! 

Link (The Legend of Zelda, 1986)

Un héroe épico que lucha contra el mal en un extenso universo rodeado de gran popularidad: Link, el joven Hyliano que reside en el reino de Hyrule. Su corta edad ha ayudado a la identificación entre los jugadores más jóvenes. Lucha por conseguir lo que desea a base de aventura, valentía y el honor que carga consigo mismo. 

Steve (Minecraft, 2011)

Una composición de cubos pixelados es la representación de la figura del jugador. De él, los creadores de contenido han aprovechado su tendencia para hacer historias creativas y ser el balance principal en la estética retro. Sus elementos lo convierten en uno de los más queridos. Refleja que la sencillez puede ser lo más creativo y dinámico. 

Sonic the Hedgehog (Sonic the Hedgehog, 1991)

Protagonista de la recién adaptación cinematográfica live action. Tiene un recibimiento positivo gracias a su carisma, diseño y su característica de supervelocidad. Una actitud adolescente es lo que lo convierte en un personaje entrañable, querido y representativo. Vamos, quién no quiere ser Sonic e ir corriendo por todos los mapas presentados en el videojuego. 

¡A correr!

Marios Bros (Super Mario Bros, 1985)

¡It’s me Mario!

Una frase basta para recodar a aquella figura del señor gordito con gorra roja, quien debe rescatar a una princesa, pelear con un dragón y saltar obstáculos distintivos. Su diseño creado por el japonés Shigeru Miyamoto ha capturado y rinde homenaje a toda la esencia de la compañía Nintendo.

Al principio  lo llamaban Jumpan, debido a que en todas sus entregas saltaba sin parar. Con distintas apariciones en proyectos de la cultura popular, este personaje seguirá contando historias junto a sus amigos fontaneros. Nos recuerda lo sencillo que es el arte de los videojuegos. 

Emet-Selch (Final Fantasy XIV, 2010)

Cuando mencioné que un antagonista también puede llegar a ser amado, uno de los casos a los que me refería es a Emet-Selch, un villano misterioso, de quien nunca sabemos qué piensa, hace o intenta ser…pero justamente es lo que más se disfruta de este personaje. Podemos darnos una idea por la historia y el contexto filosófico que lo acompaña, vamos, el ver a tu “pueblo” asesinado y perder de cierta forma tu dignidad como persona, no es nada fácil de digerir. 

Marcus Fénix (Gears of War, 2006) 

Uno de los titanes más pesados del gremio jugabilistico. Si alejamos la historia original del videojuego, por sí solo, Marcus Fénix carga todo el entretenimiento. Es sangriento en un mundo apocalíptico lleno de monstruos aterradores. Con su armamento está dispuesto a sacarle los sesos a muchos, llenando la pantalla de los gamers de sangre. 

¡Un guerrero respetable! 

Master Chief (Halo, 2001)

El jefe maestro, aquel que representa y domina la compañía Microsoft. Su diseño es sencillo, pero la sencillez es representativa. De ejemplo podríamos basarnos en los diseños de creadores como Akira Toriyama, los cuales, sin ocupar muchas texturas y sin tanta “originalidad”, dejan una gran marca. El de Master Chief es uno de estos casos, esa cabeza cuadrada que esconde un gran misterio, asemeja lo que Xbox representa: entretenimiento recreativo.

Podrá no tener muchas interacción con los jugadores, pero es eso lo que lo hace especial. Su silencio y el solo preocuparse por derrotar a los enemigos. Uno de los más grandes referentes de los videojuegos.

Kratos (God of War, 2005)

La tesis de los gamers; todas las culturas de los contextos históricos reflejadas en un sólo hombre. ¡Es Kratos! El personaje más conocido, amado y representativo de este arte. Un fenómeno que a través del tiempo ha abierto puertas a nuevas propuestas de la historia que lo acompaña. 

Es histórico ver el desarrollo de un personaje así. Podría decir que es como un protagonista de Metal Gear Solid (Hideo Kojima, 1998), pero con la diferencia de historia y recibimiento del jugador. Un grande que ha marcado -y lo seguirá haciendo- a generaciones de gamers.  

Ellie (The Last Of Us, 2013)

Una inocente en un mundo apocalíptico al lado de un padre, quien ha perdido a su hija; suficiente para entablar una conexión con los jugadores. 

En una región en donde la cordura de la población no existe, ella sobrevive, ¿por qué? Quizá porque perdió a su familia en un hecho apocalíptico (que cuenta en el videojuego). Todos los sucesos de este mismo la hacen colapsar, pero la situación le enseña que la vida es un aprendizaje lleno de obstáculos. 

Un grito para una mujer dentro del arte de los videojuegos, una chica independiente y fuerte. Un personaje escrito con cariño que seguirá dejando grandes lecciones en la continuación de esta mítica historia. 

Joel (The Last Of Us, 2013)

Al mencionar a Ellie, es obligatorio hablar de su padre “adoptivo”. La historia de The Last Of Us está compuesta por el contexto que rodea a Joel, el protagonista que se presenta como padre cariñoso, quien hace todo lo posible por hacer feliz a su hija. 

Cuando la pandemia estalla, el jugador controla a Joel; ambos polos tienen un objetivo: defender a su hija asustada por el caos. Junto a su hermano, todos consiguen ponerse a salvo…hasta que un grupo de infectados ataca y Joel debe salir para poner a salvo a su hija. Es aquí cuando Joel se contamina de lo oscuro que puede llegar a ser la sociedad en situaciones así. 

La construcción del personaje es tan magnífica que simplemente todo fluye en una inevitable conexión con el jugador. Joel recuerda a personajes de la cultura popular como Logan (Wolverine). 

Claire Redfield (Resident Evil 2, 1998)

Claire es la hermana del personaje más emblemático de la saga Resident Evil, Chris Redfield; el apellido que carga consigo es mítico. En Resident Evil 2 se pudo comprobar lo fuerte que es, no sólo físicamente, sino a nivel psicológico. 

En una zona donde una infección invade los cuerpos de personas inocentes y las transforma en monstruos insaciables, ella trata de ganarse un lugar en el mundo. Se encuentra con un oficial, Leon S. Kennedy, otro de los personajes icónicos de la saga. 

Convertida en vigilante y ayudante, regresa como una activista secuestrada en Resident Evil: Revelations 2. Constantemente se preocupa por la situación de su hermano, Chris, lo cual la convierte en una excelente hermana que todavía mantiene esperanzas para volverse a encontrar con él. 

Claire es un símbolo de justicia, venganza y empoderamiento. 

Elena Fisher (Uncharted: El tesoro de Drake, 2007)

Con cuatro apariciones en la serie de videojuegos Uncharted, Elena Fisher se convierte en una mujer independiente y poderosa, llegando a superar a otro de los protagonistas, Nathan Drake. Lejos de ser una reportera y ayudante de Nathan Drake, es una recepcionista de poder, inteligencia y astucia. Su destreza de combate es ágil, fácil y exquisito para el jugador. 

Heather Mason (Silent Hill 3, 2003)

Heather Mason sigue el modelo de actrices francesas, Charlotte Gainsbourg y Vanessa Paradis. Su temperamento y constancia la hacen un personaje distintivo dentro del mundo de Silent Hill, ya sea dentro de los propios videojuegos o en los proyectos cinematográficos. 

En un universo como es el de Silent Hill,  el miedo no tiene lugar alguno; se debe buscar la manera de ocultarlo y enfrentar a cada castigo que se presente en la historia. Heather Mason demuestra el poder de las adolescentes, quienes se pueden convertir en grandes guerreras.  

Una de las más amadas de todos los tiempos.  

Cortana (Halo: The Fall of Reach, 2001)

¿Cómo una entidad de origen artificial puede ser un personaje amado? 

Ella fue creada con propósitos de espionaje e infiltración. A menudo, el jugador se entretiene con el ‘Jefe Maestro’, pero los niveles en los cuales se dificulta, aparece Cortana para solucionarlo todo y ayudar a pasar a un siguiente arco argumental. 

Cortana tiene un buen sentido del humor, carga consigo la lealtad hacia la humanidad, es como una hermana para la restauración de un nuevo orden mundial. Genuinamente amada y entrañable para los seguidores de la serie de videojuegos Halo.

Sonya Blade (Mortal Kombat, 1992)

‘Escojan bien sus batallas. Si comienzan una pelea, asegúrense de poder terminarla’. 

Mejor aún: ¡Mortal Kombat!

Ella es comandante de las fuerzas especiales de los Estados Unidos y uno de sus objetivos es atrapar a un criminal, Kano, quien es de los siete miembros originales de la franquicia. 

Sonya Blade ha sido referenciada en varias revistas especializadas en videojuegoytodas ellas llegan a la misma conclusión: una figura femenina que oculta el sexismo para demostrar que las mujeres son el cambio para este nuevo arte.

Tifa Lockhart (Final Fantasy VII, 1997)

Sonya Blade es bad ass, pero Tifa Lockhart es su contraparte y mejor adaptación, no se pueden comparar universos para decidir quién es mejor, pero sí se pueden analizar; Tifa es un gran personaje creado para ser el otro lado de Final Fantasy. Un lado que termina siendo una conexión humorística e inocente, pero que lo agresivo está siempre presente. 

Diseño de calidad con habilidades sensacionales es lo que Tifa desprende de sí misma. Le podrán hacer mucho daño, pero seguirá levantándose una vez más para terminar su misión y cumplir con las necesidades del jugador que la controla. 

Chun-Li (Street Fighter II: The World Warrior, 1991)

Una estudiante que sabe manejar a la perfección el arte del Kung Fu, siendo el Tai Chi su técnica más elaborada y mejor manejada. Chun-Li nace para ser la mujer definitiva de Street Fighter, la más recordada. Su fuerza es superior a la de un hombre, su agilidad y velocidad son disfrutables de manejar en el videojuego. 

Su nombre significa ‘belleza primaveral’; los ataques especiales que posee, hacen alusión a ello. No tiene contacto narrativo, pero por el simple hecho de pasar la narrativa del videojuego a un segundo plano, la convierte en un personaje amado, recordado y emblemático. 

Lara Croft (Tomb Raider, toda la saga)

¡Oh! Llegamos con la heredera del puesto número uno. Sí, vence a todos los estereotipos propuestos en cualquier proyecto jugabilistico, una joven exploradora -muy aventurera- que no obedece a nadie; es una guerrera independiente que nació y se hace en la “guerra”. 

En toda la saga de Tomb Raider vemos el crecimiento y surgimiento de Lara. Pasa por momentos agobiantes, cariñosos, emblemáticos, pero que la ayudan a llegar a una identificación con el jugador.  

Un grito para todas las mujeres en los videojuegos. La metáfora que enseñó es: “Nunca podremos cambiar las circunstancias que nos tocó vivir. Una elige si ser positiva o negativa ante las situaciones, una persevera o lamenta. Esa es nuestra decisión, nuestra libertad”. 

Mujeres fotoperiodistas mexicanas que debes conocer

Por: Citllalli Juárez (@citlallijuaarez

Es bien sabido que el mundo del fotoperiodismo es un ambiente difícil y peligroso para trabajar; este resulta más difícil para las mujeres, quienes además de afrontar los contratiempos cotidianos de la profesión, deben enfrentar su estado de vulnerabilidad en un campo laboral dominado por hombres. 

Sin embargo, aun con los riesgos, el nombre de las fotoperiodistas en México ha destacado desde los inicios de la profesión; ahí está el caso de Sara Castrejón, fotógrafa de la Revolución Mexicana, una de las pioneras en la labor de fotografiar conflictos armados a nivel mundial.

Te puede interesar: Una mirada a las fotógrafas en la guerra

Las fotoperiodistas de este listado nos muestran México desde sus diferentes épocas y eventos que han marcado al país -como el terremoto del 85, las víctimas de la guerra contra el narcotráfico y las marchas feministas de los últimos años-. Al mismo tiempo visibilizan a migrantes, pandilleros y personas en situación de calle; los olvidados de la sociedad.

Estas mujeres no nos muestran un lado más “sensible”, adjetivo sobreutilizado para calificar el trabajo de una mujer en cualquier disciplina, pero sí uno sincero y merecedor de respeto. Son miradas que cambiaron y están cambiando el fotoperiodismo:

Sáshenka Gutiérrez

Sáshenka es una fotógrafa autodidacta, no estudió periodismo ni fotografía. Incursionó en el mundo de la fotografía cuando un conocido la invitó a trabajar en EIKON, en donde comenzó su aprendizaje observando y preguntando. Su talento la llevó a posicionarse como reportera gráfica de Cuartoscuro, en donde trabajó por dos años. Tiempo después fue invitada a colaborar en la agencia EFE, agencia internacional de noticias. 

El trabajo de Sáshenka se muestra como el resultado de años de experiencia, misma que fue necesaria para compensar la falta de conocimiento técnico en sus primeros años; esa misma práctica es la que ha agudizado su ojo para captar instantes decisivos en la cotidianidad.

Su trabajo se centra en temas de interés político social. Cuenta con un amplio portafolio, distinguido por la cobertura de manifestaciones, marchas y peregrinaciones, hasta retratos políticos y de figuras públicas -como la famosa fotografía de Elena Poniatowska presentada en 2019 en la exposición La mirada, la cámara, la fotografía. Desde nosotras en las rejas de Chapultepec-. La luz natural y la hora dorada son aliados inseparables de Sáshenka, quien logra cautivar la atención de cualquiera que vea sus fotografías. 

Síguela en instagram 

Elsa Medina 

Los estudios de la distinguida fotoperiodista nacida en 1952 no sugirieron que su futuro sería dedicado al fotoperiodismo. Estudió Diseño Industrial en la Universidad Iberoamericana de Tijuana y después viajó a Estados Unidos para continuar su carrera en la universidad de San Diego State. Fue ahí donde Medina aprendió acerca de la técnica fotográfica de una mejor manera (en comparación con sus días en Tijuana) cuando recibió un curso de fotografía como parte del plan de estudios de su carrera. Fue también en ese momento cuando descubrió su amor por la fotografía y se sumergió por completo en el mundo del periodismo.

Pronto se convirtió en fundadora y fotoperiodista del diario El sur de Guerrero. Sin embargo, su trabajo se dio a conocer hasta 1986, cuando comenzó a trabajar en el periódico La Jornada, para el cual laboró por más de 11 años. 

Su poderosa fotografía de temática social la hizo acreedora al primer lugar del certamen Dos culturas, un solo origen y el segundo lugar en el concurso organizado por la Comunidad Económica Europea: Mujeres vistas por mujeres. 

En sus imágenes en blanco y negro  el sujeto a retratar y su ambiente establecen un diálogo con el espectador y le invitan a analizar el contexto de estos personajes. Las texturas, sombras y contrastes son un referente de la fotografía de Elsa Medina. 

Te puede interesar: Cuentas de Instagram para amantes del fotoperiodismo

Claudia Guadarrama

Claudia afirma que fue el destino el que la condujo a esta profesión, pues días después de graduarse como licenciada en Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM le ofrecieron trabajo en un periódico como laboratorista. Su trabajo documental centrado en problemas políticos y sociales en América Latina pronto ganó notoriedad entre los medios. 

A través de su lente ha retratado la vida de diferentes grupos vulnerables de Latinoamérica, como integrantes de la pandilla Mara 18 en El Salvador -viaje el que nació la icónica fotografía de La Blacky, una joven pandillera de 16 años acusada de homicidio que vivía escondiéndose de la policía y las pandillas enemigas- así como la travesía de inmigrantes indocumentados de Centroamérica y su paso por la frontera sur de México para llegar a Estados Unidos -trabajo titulado Before the limit, mismo que le valió los premios Magnum Inge Morath Award en 2004 y Canon Female Photojournalism Award en 2005-. 

En 2014, Guadarrama participó en Danube Revisited. The Inge Morath Truck Project, un proyecto fotográfico conformado por ocho mujeres fotógrafas, con el modelo de roadtrip a través de Europa en donde recorrieron los mismos sitios que Inge Morath, primera mujer fotógrafa de Magnum

Before the Limit
La Blacky

Mónica González Islas

Mónica asegura que “ser fotoperiodista en temas vinculados a la violencia no es nada fácil si se es mujer”, hecho que aprendió desde muy joven cuando inició su trabajo en el diario Milenio. Durante esta época, Mónica decidió emprender un viaje en motocicleta por el área metropolitana que rodea a la Ciudad de México y el Estado de México, en las zonas de mayor violencia y criminalidad. Fue en municipios como Chalco, Chimalhuacán y Ecatepec, así como en San Juan de Aragón, donde vivió la nota roja de primera mano, registrando asesinatos y feminicidios, mostrando de estos últimos su incremento día con día.  

Sin embargo, su fotografía centrada en temas político-sociales se consolidó hasta 2011 cuando marchó junto a la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, que lideró el poeta Javier Sicilia. Durante la marcha observó a un niño caerse mientras sostenía un gran cuadro con el rostro de su padre, quien había sido asesinado; ahí entendió que la fotografía debía retratar la violencia a partir de la compresión de la situación de las víctimas. 

Durante sus más de 18 años haciendo fotografía, Mónica ha evitado la revictimización, la criminalización o la discriminación en su trabajo. Es así que la fotoperiodista, quien ha trabajado para medios como Revista Expansión, NOTIMEX, El Economista y VICE México, muestra el lado más humano de la violencia que amenaza el día a día de los mexicanos. Actualmente realiza proyectos a largo plazo, los cuales permitan reconstruir y visibilizar la ausencia de justicia y memoria en México.

Estudió Ciencias de la Comunicación en la UNAM y posteriormente fotografía en la Casa del Lago. Cuenta con un curso de fotografía del diario The Dallas Morning News y con un diplomado de Realización Cinematográfica en la Academia de San Carlos, entre otros estudios más.

Conoce más de su trabajo aquí 

Jacky Muniello 

Fotógrafa documental y fotoperiodista mexicana. Cuenta con un diplomado de la Academia de Artes Visuales (AAVI) y cursó talleres de fotoperiodismo y fotografía documental. Su trabajo se centra en temas socioculturales, abordando asuntos relacionados con lo cotidiano, la identidad y la migración. 

Muniello ganó la Mención Honorífica en la Bienal Héctor García del 2013. Su trabajo ha llegado a diversos lugares de exhibición, plataformas y medios nacionales e internacionales como la Galería de Lensculture de Magnum Photos (2016), CNN, Lenny Letter, PICS del Centro de la imagen, Cultura Colectiva, Longreads, Museo Archivo de la Fotografía, entre otros.

A partir de sus fotografías de movilizaciones, manifestaciones y los sectores más vulnerables de la población, brinda una nueva perspectiva de temas que observamos diariamente pero a los que ya no les prestamos atención. Este es el caso de su serie Sin Remitente, en donde Muniello retrata a las personas en situación de calle como sujetos de derechos en igualdad condiciones. 

Igualmente, en su serie fotográfica Soy migrante muestra a los migrantes de una manera más humana, reportando los maltratos que viven al llegar a un país de manera “ilegal” y cómo sus derechos no son garantizados, por lo que es más fácil violentarlos. 

Sin Remitente
Soy Migrante

 Síguela en Instagram 

Otras fotógrafas cuyo trabajo debes revisar:

Ángeles Torrejón

Yazmín Ortega

Quetzalli González

Teresa de Miguel

Victoria Helena Razo

11 películas no aptas para claustrofóbicos

  Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Cuatro paredes y un techo pueden ser más que una locación. El cine es capaz de crear experiencias esquizofrénicas que lleven a la audiencia a compartir la angustia de los personajes. La incomodidad ocasionada por los espacios cerrados no es exclusivo del terror; el drama, el suspenso y la comedia han echado mano del recurso. Según Phil Hoad de The Guardian, la claustrofobia es una característica “intrínseca al drama”, debido a la afición de los guionistas por reducir las opciones del juego al final de una trama (y así demostrar su pericia en la ficción).

La ansiedad por el encierro depende de un contexto y la excelente dirección de los actores. En la década pasada vimos finos trabajos “a una sola voz”, por ejemplo Enterrado (Rodrigo Cortés, 2010) o Locke (Steven Knight, 2013); experimentos que van un paso adelante de fórmulas convencionales como habitaciones del pánico o secuestros en transporte público. No obstante, quizás la película más importante de este género temático sea El resplandor (1980), donde Stanley Kubrick logró ambientar el escenario más espeluznante para pasar una noche enclaustrado.

A continuación, presentamos un listado de 11 títulos con desesperantes experiencias a puerta cerrada. 

El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962)

Un grupo de aristócratas se quedan atrapados en una mansión. ¿Por qué? Nunca se explica, pero existe un espíritu  omnipresente que se los impide. A partir de entonces, comienza una debacle social hasta llegar a las formas más primitivas de la humanidad. Este filme no es de los más queridos por su autor. Tras el triunfo de Viridiana (1961) en Cannes, Luis Buñuel esperaba una costosa producción que imitara el lujo de los palacios europeos, lo cual no fue financiado. No obstante, con mínimos recursos logró dirigir uno de los títulos más desconcertantes en la historia del cine. 

The Haunting (Robert Wise, 1963)

Cuatro personas se hospedan en una casa “embrujada” para investigar fenómenos paranormales. Esta adaptación de la novela de Shirley Jackson es una obra maestra del cine de terror y antecedente directo de La maldición de Hill House. No existe relato más claustrofóbico, ya que la mansión es la artífice misma del terror. Muchos años antes del fetichismo de Cronenberg, las paredes y puertas adquieren vida propia, respiran y hablan, dando aspecto perturbador y retorcido a las escenas. Sin embargo, el ente maligno de la casa sólo es una extensión de Nell (Julie Harris), mujer afectada por la reciente muerte de su madre y la difícil vida a su lado. De aparente simpleza, The Haunting oculta varias capas de surrealismo sofisticado que siembran el desconcierto en el espectador.

Repulsión (Roman Polanski, 1965)

Después de explorar la agorafobia en Cuchillo en el agua (1962), Polanski se vuelve claustrofóbico para crear un drama opresivo con pocos diálogos (Deneuve, Polanski y Gérard Brach no hablaban inglés) y “amenizada” por intrusiva música jazz. En el filme, la introvertida protagonista (con repulsión a los hombres) sufre un alucine psicológico durante el fin de semana que se queda sola en casa. La ansiedad producida por los espacios cerrados es un distintivo en la filmografía del polaco, pero en Repulsión (la primera de la Trilogía de los apartamentos) hay una exploración más explícita del delirio provocado por el encierro. En la cabeza perturbada de la joven, la sensación de “acoso” se entremezcla con la casa viviente; un vanguardista terror psicológico para su época.

El coleccionista (William Wyler, 1965)

Adaptación de la novela homónima de John Fowles y uno de los últimos trabajos del gran William Wyler (quizás, el más raro en su monumental filmografía). Terence Stamp interpreta a Freddie, un introvertido coleccionista de mariposas, que secuestra a Miranda (Samantha Eggar) y la mantiene cautiva en un sótano. La chica debe emplear una estrategia de persuasión y seducción para lograr escapar. De trama pesimista, el filme es un sesudo tratado sobre la belleza y el cautiverio de la misma, en pro de “conservarla”. Como dato relevante, el director hostigó durante la filmación a Eggar, con el fin de obtener una interpretación realista (innecesaria técnica muy usual en el viejo Hollywood).

Alien (Ridley Scott, 1979)

Qué se puede decir de Alien que no se haya dicho ya. Junto a Kubrick, Ridley Scott le enseñó al mundo a temer al espacio y sus desconocidos huéspedes. La narrativa del filme lleva el terror de la ciencia ficción de la serie B a un lenguaje mainstream dotado de mitología propia (tan jugosa que aún se insiste en producir innecesarias precuelas). La lucha final de Ripley por sobrevivir dio un nuevo significado combativo a las “final girls”, convirtiendo a Sigourney Weaver en pionera del cine de acción.

El Cubo (Vincenzo Natali, 1997)

Cuando esta película se estrenó, por allá de los 90, voló la cabeza de la audiencia y sentó cátedra en el cine de terror. Aprovechando lo mejor del horror japonés y el suspenso sensorial de Cronenberg (en boga), Natali dirigió esta obra de culto con presupuesto  ínfimo. Sin explicaciones ni contexto, la película desarrolla la tensión de un grupo de personas secuestradas, quienes intentan huir de un laberinto de cubos sobrepuestos. Antecedente directo de franquicias como Saw, la trama de El Cubo tiene complejidad social y matemática (más allá del simple sadismo), lo que hacía del escape una experiencia con aparente exigencia de “intelecto”; apta para enseñar a niños de primaria el significado de los números primos (seguro no lo olvidan jamás).

Funny Games (Michael Haneke, 1997)

Una familia es secuestrada y torturada en su propia casa de verano por dos desconocidos. La mala leche en espacios cerrados es un sello autoral en el cine de Haneke; no obstante, Funny Games es la más significativa por su sadismo psicológico. Es un ensayo sobre los límites de la ficción (según el autor, para cuestionar la violencia explícita en los medios de comunicación). El psicópata líder (como alter ego de Haneke) interactúa con la audiencia, rompiendo la cuarta pared o rebobinando el filme (un claro homenaje a Persona de Bergman); ejercicios narrativos que impactaron en los 90 y dieron al austríaco la fama de enfant terrible.

Home (Ursula Meier, 2008)

El perfecto ejemplo de que el drama puede ser aun más asfixiante que el terror: la fobia a la urbanización es el principal motor de esta producción europea. La familia protagonista comienza a ver amenazada su paz cotidiana con la apertura de la nueva carretera frente a su casa. El insoportable tráfico y la contaminación van orillando a la familia al paranoico enclaustramiento. Ursula Meier explora hasta dónde el ser humano puede evadir el contacto con la sociedad y sus malas prácticas. Al final, el aislamiento se vuelve tan tóxico que los personajes deben regresar al exterior para sobrevivir. Una bonita representación simbólica de los estilos de vida radicales.

Avenida Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg, 2016)

Antes del boom de Whiplash (2014), Damien Chazelle corrigió el guion (y casi dirigió) de este bestial thriller de ciencia ficción; película incluida en la improvisada franquicia Cloverfield. El largometraje tiene doble suspenso: el secuestro de Michelle (Mary Elizabeth Winstead) y la presunta invasión alienígena anunciada por su raptor (John Goodman). Como parte de una estrategia para producir proyectos de bajo presupuesto, esta entrega sorprendió por su frenética trama sostenida por el trío de actores intentando sobrevivir al aislamiento bajo tierra. J.J. Abrams tenía pensado replicar una versión contemporánea de Ripley vs extraterrestres, ¿lo logró? Claro que sí.

¡Madre! (Darren Aronofsky, 2017)

El matrimonio conformado por un artista y una decoradora de interiores (o eso parece) se enfrenta a una horda de enardecidos fanáticos. Con mensaje más o menos ecológico, esta obra de Aronofsky no es de las más queridas por la audiencia, a causa de la histérica puesta en escena atiborrada de alegorías católicas. Con reminiscencias a El bebé de Rosemary (Roman Polanski, 1968), la casa del filme sirve de escenario para una carnicería de grandes proporciones, en la que el personaje de Jennifer Lawrence termina siendo el receptor de múltiples vejaciones y ultrajes.  Un viaje demencial a través de las peores manifestaciones de la naturaleza humana.

Clímax (Gaspar Noé, 2018)

Este largometraje llegó a Cannes sin sinopsis clara, sólo que era una fiesta de adolescentes con mucha sangría. Después de la primera parte, llena de bastantes diálogos y el par de maravillosas coreografías, se nos viene un sofocante cierre con un grupo de bailarines enloquecidos por el LSD (¡sorpresa, la bebida traía más que azúcar!). Cuando ya nadie esperaba algo superior a Irreversible (2002), Gaspar Noé nos trae la versión rejuvenecida de su universo, donde la euforia de la juventud se confunde con un viaje psicotrópico autodestructivo.

¿Qué películas incluirías en tu Top personal? 

PlayStation 5: novedades de la próxima consola de Sony

Por: Erik León (@erictronikRKO)

La espera para la venta la nueva consola de Sony cada vez es menos;: se ha anunciado para finales de este año, así que si todo sale bien llegará a las tiendas en la próxima navidad, formando parte de una nueva generación de consolas que buscará convencer al usuario fiel de no cambiar de marca. 

Mark Cerny, arquitecto de PlayStation 5, dio a conocer las especificaciones del sistema: la máquina incorporará 10.28 TFLOps, 16 GB de memoria RAM, CPU de 8 núcleos Zen 2 a 3.5GHz, ancho de banda de la memoria 448GB/s, almacenamiento 825GB SSD a medida, almacenamiento externo, compatibilidad USB HDD y lector óptico 4K UHD Blu-ray.  Sin embargo, más allá de los detalles técnicos, el PlayStation 5 cuenta con una variedad de peculiaridades:

Retrocompatiblidad

-Cuenta con una característica de retrocompatibilidad, es decir, que los títulos de la anterior consola (PS4) podrán funcionar de manera normal en esta nueva; aunque no se ha mencionado nada sobre si PS2, PS3 o PS1 serán compatibles. 

“Con todos los asombrosos juegos en el catálogo de PlayStation 4, hemos destinado esfuerzos significativos para que nuestros fans puedan jugar sus favoritos en el PS5. Creemos que la inmensa mayoría de los más de 4 mil títulos de PlayStation 4 podrán jugarse en PS5”.

Te puede interesar: Los 10 mejores videojuegos de la década

Arranque más rápido 

El nuevo disco duro (SSD) permitirá un arranque rápido, ya que cargará casi instantáneamente los juegos. Pero más allá de esto, se busca un cambio en la forma en la que los desarrolladores crean sus “mundos” y la manera en la que los jugadores lo experimentan. El objetivo de este SSD con tanta capacidad es que no condicione a la hora de dar forma al entorno en los videojuegos de mundo abierto. 

Por ejemplo, permitirá dos localizaciones cercanas en un juego, cada una con una gran carga de texturas. Para ir de un sitio a otro, invariablemente se tiene que pasar por algún punto intermedio tipo pasillo (o cualquier entorno cerrado y limitado); eso se debe a que mientras el personaje anda, se está descartando en memoria la parte de la que viene y cargando la parte a la que va. Ahora ese proceso será tan rápido que no hará falta disfrazarlo. 

Almacenamiento y soporte multimedia 

Al igual que PS4, tiene un soporte para contenido multimedia, con aplicaciones como Spotify, Netflix y la posibilidad de ver películas gracias al avanzado lector Blu-ray Ultra HD, pero el foco será obviamente el videojuego.

Los 100GB de almacenamiento servirán para guardar gran cantidad de juegos, pero no te preocupes: PS5 contará con títulos en formato físico, aunque parece ser que poco a poco irán desapareciendo de forma inminente en todas las consolas para ser sustituidos por lo digital en su totalidad. 

Controles

PlayStation siempre ha sido recibico críticas por sus pocos cambios físicos a los controles. En esta ocasión contarán con gatillos adaptativos con diferentes niveles de resistencia, los cuales permitirán sentir los cambios reales de un juego a otro. Tendrán una tecnología de vibración mucho más avanzada que los actuales controladores; algo similar a la vibración HD de los Joy-Con de Nintendo Switch.

Las baterías estarán de nuevo incluidas en el mando, de forma que no hará falta contar con pilas externas. El puerto de entrada es desconocido; no sabemos si se volverá a apostar por el USB. Y también existen ciertos rumores a que pueden tener botones traseros. 

Juegos 

Ya están los primeros videojuegos confirmados: Godfall, Outriders, El Señor de los Anillos Gollum, Rainbow Six Siege, Watch Dogs Legion, Gods and Monsters, Rainbow Six: Quarantine, entre otros. 

Aún no se cuenta con una fotografía oficial de la consola para conocer su diseño definitivo, sólo se han filtrado posibles aspectos y prototipos. Y el precio aún no se ha dado a conocer por Sony.