Seis películas fundamentales de Sam Peckinpah

Por: Manuel Arriaga

Se involucró en el teatro siendo joven, pero necesitaba un empleo estable, así que empezó a trabajar como tramoyista en estudios televisivos. Una vez inmerso en la industria, escribió guiones para la pantalla chica, los cuales llamaban cada vez más la atención, hasta que productores decidieron llevar su talento a las salas cinematográficas. Paulatinamente se ganó la reputación entre la prensa y el público como El Maestro de la violencia, y en la industria tomó el apodo de Bloody Sam. 

Un completo salvaje con talento, al igual que Ernest Hemingway o Hunter S. Thompson, Sam Peckinpah fue aficionado a las armas y la cacería; su alcoholismo y adicciones lo llevaron a la tumba. Acusado de misoginia y violencia doméstica, tanto su vida como su filmografía estuvo llena de altibajos, desastres financieros, pésimas películas y excelentes filmes clásicos. La mayor parte de su trabajo la dedicó al western, con el cual marcó enorme diferencia entre otros cineastas. Como en muchos filmes noir, el director tiene como personajes a hombres sin atributos que pueden conseguir la sensación de gloria a través de sus agallas. El uso del slow motion, múltiples cámaras para una misma escena, y por supuesto el uso de sangre (acorde a la censura de su época), hacen que sus películas exalten ese morbo primitivo por contemplar a toda costa la disputa, el combate, la acción, la eliminación del enemigo y la supervivencia. 

En las películas de Sam Peckinpah siempre se encuentra una suerte de ruleta rusa cuyo tambor está cargado de cuatro concepciones fundamentales en su obra: hombre – mujer – bestia – héroe. Algunas de estas cintas se han convertido en películas de culto y cineastas como Brian de Palma, Takeshi Kitano, Robert Rodriguez, Andrew Dominik y Quentin Tarantino han reconocido su admiración e influencia. Es difícil haber visto algunas de sus mejores obras y no recordar la velocidad de sus cortes, la edición tan original y un particular uso del montaje paralelo que fue un valiosísimo recurso utilizado en la década de los 70 y pareciera extinto en nuestra época. 

The Getaway (1972)

Producida para ser un éxito en taquilla, sale un poco de la línea creativa del director, pero aun así es una experiencia emocionante. Protagonizada por Steve McQueen, harto de cumplir su condena en prisión realiza un plan con su esposa (Ali MacGraw); ambos piden apoyo a un corrupto hombre poderoso. Típica cinta de acción: llena de persecución, choques, disparos, stunts, y situaciones de riesgo extremo en la huida de la pareja. La película recaudó enormes sumas de dinero y puso a Bloody Sam en el mapa de los directores más redituables de Hollywood.

Pat Garrett and Billy the kid (1973)

Narra una historia distinta del famosísimo Billy the Kid, quien se reencuentra con un viejo amigo bandido que ahora ha cambiado de bando: es sheriff y su principal interés es proteger la ley. Pat Garret sigue las pistas que consigan atrapar a Billy the Kid entre sus múltiples escapes y delitos cometidos en el camino.

El western cuenta con las actuaciones de James Coburn, Kris Kristofferson, Katy Jurado, Harry Dean Stanton, Emilio Fernández, Bob Dylan, entre otros. A este último el director le pidió que llevara una guitarra a Durango, México, lugar de la filmación; resultado de esto, Bob Dylan compuso Knocking on heavens door, una de las canciones más reconocidas de quien décadas después recibiría el premio nobel de literatura. El western nos conmueve sobre temas como la amistad, la redención y la osadía. El soundtrack, también compuesto por Bob Dylan, recibió nominaciones de los Grammy y los premios BAFTA.

Cross of Iron (1977)

Después de rechazar dirigir los blockbusters King Kong y Superman, Sam Peckinpah decidió realizar un proyecto personal de bajo presupuesto que él mismo cofinanció, basado en una novela sobre un pelotón alemán que busca combatir un frente ruso en la segunda guerra mundial. El núcleo de la trama es precisamente la cruz de hierro: la mayor condecoración de “honor” en este ejército para quienes sufren diferentes historias en batalla. De nuevo la construcción de la “hombría” y el honor son cuestionados por el director.

Dentro de ese espantoso propósito de guerra se observan situaciones de infanticidio, homosexualidad, religión, violaciones de mujeres, reconocimiento social, diferencia de clases, ideologías, jerarquías y todo aquello sobre lo que la idea de un hombre debe ser o representar en medio de estallidos y disparos. La película inicia y termina con material documental del nazismo y un peculiar contenido sonoro con el cual recurre al montaje de atracciones que implementó Sergei Eisenstein.

Una obra clásica sobre la guerra, de un director que defendía el combate de hombre a hombre, pero que declaraba con total convicción que la guerra es sólo una gran mierda. Orson Welles la consideró la mejor película antibélica de la historia, y aunque tuvo una gran admiración por la crítica europea, en Estados Unidos su aceptación se vio eclipsada por un penoso producto infantiloide fabricado en serie llamado Star Wars. 

The Wild Bunch (1969)

Estoicamente cínico, con plena desfachatez de exhibir el salvajismo, la vileza, el machismo, la depredación y la brutalidad. En la primera escena, el director muestra niños que observan divertidos a cientos de hormigas rojas atacar a un debilitado alacrán altamente venenoso. Disfrutan inocentemente de la crueldad; así llega a su madurez Peckinpah con plena naturalidad. La trama es sobre nueve forajidos que realizan un atraco a un tren sin sospechar que se trata de una trampa de algunos cazarrecompensas. El grupo de forajidos emprende la huida hacia México donde hay una guerra entre el ejército federal (liderados por Emilio Fernández y Alfonso Arau) y los revolucionarios comandados por Pancho Villa. 

El director ostenta su creatividad más infame y cruel; señalado de mostrar a las mujeres como objetos y responsable de explotar el sadismo, pese a esto la película ha alcanzado la inmortalidad en el western. Martin Scorsese afirmó que The Wild Bunch fue para la generación de cineastas de los 70 lo que Citizen Kane (Orson Welles, 1941) significó en su momento: una película que redefiniría el tipo de historias que se podrían contar. La cinta tuvo varias nominaciones, incluyendo los premios Oscar. El final de The Wild Bunch no tiene paralelo ni precedentes, el espectáculo sonoro y de edición inevitablemente se recordará siempre con un abrumador y glorioso olor a pólvora. 

Bring me the head of Alfredo García (1974)

Filmada casi en su totalidad en México, Peckinpah comparte su afecto por el folclor de los pueblos y la música popular del país. Pero confirma que se encuentra en territorio indomable, paraíso de corrupción, violencia, miseria, rapiña y hombres armados. Un poderoso gangster mexicano  se entera que su hija ha sido embarazada por un tal Alfredo García. Este poderoso gangster ordena a todos sus agentes entregarle la cabeza de Alfredo García a cambio de una enorme suma de dinero; unos de estos agentes recurren al protagonista de la película, un pianista americano que vive en la Ciudad de México con su novia prostituta.

Un sorpresivo desenlace define el porqué es esta película una obra de culto. Aunque el filme no es para nada autobiográfico, el final fácilmente demuestra de que está constituido Sam Peckinpah como autor y como persona. 

Straw Dogs (1971)

El título de este thriller psicológico proviene del filósofo Lao Tse quien escribió: “El cielo y la tierra no son humanos, considera a la gente como perros de paja”. La historia se centra en la vida de una pareja que se muda a un pequeño pueblo inglés. El protagonista, interpretado genialmente por Dustin Hoffman, es un investigador erudito de las matemáticas, quien debe arreglárselas para poner límites y educadamente marcar su territorio ante la tentación sexual que despierta su hermosa mujer entre los hombres vecinos.

Si posteriormente al darwinismo el siguiente gran hallazgo lo diera Sigmund Freud al acentuar la animalidad en la sexualidad humana, Sam Peckinpah tiene en la mira exponer en el desarrollo del protagonista esa incómoda latencia animal. El papel de Dustin Hoffman es llevado a un límite y transformación insospechable.

El director fue acusado nuevamente de sádico; la película se intentó prohibir al ser acusada de sexista y de contar con escenas de violación, una de ellas tiene un insólito manejo del montaje que, a falta de precisión, se calificaría como algo completamente insano. Straw dogs sin duda es un título imperdible, la mejor película de Sam Peckinpah y una de las mejores actuadas por Dustin Hoffman.

Libros de fotografía que puedes leer gratuitamente

Por: Erik León (@erictronikRKO)

Para llegar a ser un buen fotógrafo es más que obvio que la práctica es el paso esencial, pero también un libro puede resultar de mucha ayuda para aprender las claves que te permitirán iniciar desde cero, o bien, comprender las aportaciones sociales que representa el acto de fotografiar. 

Te puede interesar: Seis libros de cine que puedes leer gratuitamente  

Sobre la fotografía de Susan Sontag

Una de las intelectuales más influyentes de la época de los 60 comparte en este título una serie de reflexiones en torno a lo que representa la fotografía como rito social. Asimismo, realiza un repaso por la obra de Diane Arbus, Henri Cartier- Bresson, Andy Warhol,  André Kertész, entre otros influyentes personajes de la imagen.

Se trata de un ensayo imprescindible sobre lo que significa el acto de fotografiar, entendido más allá de la captura de un instante.

DISPONIBLE AQUÍ 

Cámara lúcida de Roland Barthes

Otro gran conocido para quienes están familiarizados con el mundo de la imagen es Roland Barthes, quien a 40 años de su muerte aún se mantienen frescas diversas fuentes de enseñanzas que dejó, como este libro. Aunque es un texto autorreferencial, es considerado uno de los indispensables para la teoría de la fotografía. 

El autor reflexiona sobre la fotografía, la memoria y el modo en el que las personas recordamos y valoramos las imágenes. Por la forma en que fue escrito es muy fácil empatizar con el famoso fotógrafo. 

DISPONIBLE AQUÍ 

Manejo de la cámara. Pierde el miedo al modo manual por Fotomundos

Un libro perfecto para un aspirante que busque dar sus primeros pasos en el mundo de la fotografía. El texto se centra en que el lector aprenda a manejar primero el modo manual de su cámara, lo cual le permitirá un abanico de cosas que no es posible con el modo automático. 

Entre líneas te sorprenderás de cómo a pesar de la tecnología actual, la esencia del manejo de la cámara no ha cambiado mucho con el tiempo; este libro te enseña que lo básico no es tan difícil como parece. 

DISPONIBLE AQUÍ 

Aprende a iluminar en fotografía de Luis Gonzalo Vicedo

La iluminación es la fuente de la fotografía, lamentablemente, a veces suele ser lo más difícil de mantener bajo control. Se necesita mucha práctica y conocimientos básicos de teoría, los cuales te puede brindar este libro en tus inicios en la materia, pues si lo que buscas es información más amplia al respecto, deberás optar por títulos más especializados. 

En el contenido de este ejemplar encontrarás explicaciones precisas y concisas sobre los puntos bases con los que debes contar para iniciar en la iluminación. 

DISPONIBLE AQUÍ 

Los 17 mejores diseños de vestuario de época

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Aunque fue un desastre, la octava temporada de Juego de Tronos tiene una prodigiosa demostración de alta costura para audiovisuales. El último atuendo de Sansa (durante su coronación) resume la transformación del personaje a través de las temporadas. Cada accesorio y bordado constituye una narrativa sobre el porvenir de Winterfell, la herencia simbólica de los Stark y la independencia política del Norte; como consecuencia, la audiencia no fue indiferente y se dedicaron varios hilos de Twitter para analizar los detalles de UN SÓLO VESTIDO.

A grandes rasgos, la máxima misión de un buen vestuario es esa: hacer legible en las prendas el carácter de un personaje, ideología, condición social o cualquier otro elemento que complemente la propuesta visual del proyecto. En el cine, la ropa es capaz de cambiar el sentido de una película: los modelos de La La Land (2016), por ejemplo, nos hablan del gusto vintage de Damien Chazelle y el estilo de Nicole Kidman convierte a El sacrificio del ciervo sagrado (Yorgos Lanthimos, 2017) en una secuela espiritual de Ojos bien cerrados (Stanley Kubrick, 1999). Sumamos a eso que el vestuario depende de la cinematografía y la paleta de colores deseada; a partir de esa idea, existen directores (como Krzysztof Kieślowski) que llevan al límite la conjunción de todos los departamentos artísticos para lograr un concepto cromático innovador.

Cuando se trata de una producción histórica, la tarea es más exhaustiva, ya que requiere de investigación y planificación. Por lo tanto, ¿es necesario el rigor histórico? Pensemos en todas las adaptaciones de Cumbres borrascosas y cómo la estética evolucionó desde los atemporales vestidos ampones de 1939 hasta la simpleza rural de Andrea Arnold. Eso se debe a la influencia del presente en la recreación del pasado, convirtiendo al filme en un documento del contexto de la producción para el futuro. A la distancia, somos conscientes de las tendencias ochenteras presentes en el crepé de Juliette Binoche o en los imprecisos 30 de Jacques Rivette.

La documentación sirve de soporte, pero no lo es todo. Alexandra Byrne comenta que, ante la falta de retratos verosímiles, el vestuario de la reina en Elizabeth: la edad de oro (Shekhar Kapur, 2007) fue basada en creaciones de Cristóbal Balenciaga, dando un giro a la saturada representación clásica de la monarca. A diferencia del diseño de vestuario para fantasía o ciencia ficción, la ambientación de época requiere de cierta referencialidad notoria y funcionalidad narrativa, no sólo un despliegue de exuberancia preciosista en decorados. Como dice Piero Tosi, “un guardarropa debe ser tan creíble como las líneas y las expresiones faciales del actor. Si no logran comunicar quién es el personaje y por lo que está pasando, el vestuario e, indirectamente, la película han fallado”.

También, el vestuario determina el curso del tiempo diegético dentro de la ficción. En La Prima Angélica (Carlos Saura, 1974), las retrospectivas al pasado franquista se distinguen mediante cambios en la moda de los personajes y no por cortes en las tomas. Otro ejemplo perfecto es el final de Mine vaganti (Ferzan Özpetek, 2010), donde pasado y presente terminan fusionándose con sólo un elemento diferenciador: la indumentaria. Los directores más osados crean juegos temporales a partir de la ambigüedad de la moda, siendo el caso más reciente Transit (Christian Petzold, 2018). En un intento por crear paralelismos entre la actual crisis migratoria en el Mediterráneo y la ocupación nazi, Petzold viste a los protagonistas como en los años 30, pero en escenarios contemporáneos; el resultado es una Casablanca experimental fuera del formalismo del cine de época.

En Hollywood existe una amplia  oferta de escuelas especializadas en la enseñanza del “oficio”, las cuales remontan desde 1920, siendo las más destacadas el California Institute of the Arts (cofundada por Walt Disney), la NYU Tisch School of the Arts, el Savannah College of Art & Design y la Carnegie Mellon University School of Drama. El antecedente directo es el teatro, donde ya se podía ver una conexión entre moda y ficción. Muchos profesionales se refieren a “crear línea” entre actor y relato. Sobre lo anterior, Erin Benach cuenta que, inicialmente, Bradley Cooper vestiría pantalones de cuero en Nace una estrella (2018); tras conocer las canciones, el equipo decidió virar hacia la mezclilla y la sobriedad. En el cine de época (sci-fi y fantasía) es menos probable el cambio de ruta, ya que implicaría revestir a grandes ejércitos o grupos de coristas (pensando en tiempos artesanales sin CGI).

Después de esta introducción, enlistamos los 17 mejores diseños de vestuario de época. No se incluyen películas péplum, de fantasía o ciencia ficción, ya que más tarde publicaremos listas de tales géneros.

17. Una habitación con vistas (James Ivory, 1985)

Vestuario: Jenny Beavan y John Bright

Difícil determinar cuál película de James Ivory tiene el mejor diseño de vestuario, porque la dupla Beavan/Bright recorrió diversos periodos históricos en sus colaboraciones con el cineasta. No obstante, Una habitación con vistas posee una juguetona belleza acorde a las diversas personalidades del ensamble actoral. El par de artistas se caracteriza por no bosquejar la ropa en preproducción. La construcción de los atuendos surge a partir de la elección de prendas en estanterías; de hecho, Bright es fundador de Cosprop, sastrería y almacén de trajes de época (del siglo XV al XX) con más de 50 mil prendas y accesorios en stock. Para los filmes de Ivory, los actores tenían participación activa en el armado de los guardarropas, en función del guion y la aportación escénica de los intérpretes.

En comparación con otras prolijas producciones ambientadas en el mismo periodo, los vestidos eduardianos tienen un relajado porte, simulando cotidianeidad espontánea. La ostentosidad burguesa se reduce al mínimo, para hacerla compatible con la sofisticación contemporánea de la élite del siglo XX. La simplicidad en el oficio de John Bright y Jenny Beavan (la loca mente detrás del universo posapocalíptico de Mad Max: Fury Road) permeó en la industria británica, eliminando la pomposidad aristocrática del género. Así, una blusa con bordado vintage o un traje de tres piezas sin coordinar podrían asemejarse a la ropa casual que cualquier espectador de clase media viste los domingos.

16. Gritos y susurros (Ingmar Bergman, 1972)

Vestuario: Marik Vos-Lundh

El vestuario, la fotografía de Sven Nykvist y el diseño de producción (también armado por la propia Vos-Lundh) conforman una gran sinfonía visual sin precedentes, ya que el contraste del guardarropa monocromático con la encarnada intensidad de los interiores constituye una de las propuestas escénicas más sugestivas en la historia del cine. El concepto de las mujeres vestidas de blanco y la habitación roja surgió (supuestamente) de un sueño de Bergman, tras el fracaso de The Touch (1971); sin embargo, el alto presupuesto (compensado tras el lanzamiento internacional) causó controversia en Suecia. Aunque el guardarropa no alcanza las 1,250 piezas de Fanny y Alexander (1982), existe mayor complejidad en los diferentes estilismos de las hermanas, diseñados en función de sus personalidades (que en suma, integran tres facetas de una misma persona).

El vestuario tiene por objetivo contextualizar: cuando un personaje aparece en escena, su ropa sirve de prólogo a los diálogos. Por tal motivo, las creaciones de Marik Vos-Lundh (inspiradas en ningún periodo histórico específico) nos ayudan a entender los oscuros pensamientos de las protagonistas. Como el mismo Bergman lo señaló en entrevistas, Gritos y susurros es su película más técnica, porque gracias a los departamentos artísticos se logró la onírica atmósfera deseada. Debido a la alta saturación de colores, Nykvist empleó filtros en el laboratorio para evitar que la roja iluminación reflejada en los rostros y vestidos afectara la textura de las tomas.

15. El conformista (Bernardo Bertolucci, 1970)

Vestuario: Gitt Magrini

El diseño de vestuario de El conformista representó una reinvención de la estética del cine negro; actualizó la imagen de la femme fatale y la convirtió en una silueta andrógina con fluidez sexual. La aportación más llamativa de Magrini (quien trabajó en el look cosmopolita de El Eclipse) fue vestir a Dominique Sanda con pantalones (evocando a una Marlene Dietrich moderna), elemento que se repetiría con Maria Schneider en El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972). En contraste, Stefania Sandrelli representa a la femineidad en su máxima expresión. Además de los icónicos modelos en la famosa escena de baile, los accesorios también remarcan la diferencia entre ambas estrellas: mientras Sanda porta exóticos turbantes y una cabeza de zorro, el aspecto de Sandrelli sólo se completa con básicos sombreros y pieles lisas. El estilo de la vestuarista fue disruptivo y convirtió al pasado fascista en una extensión del sofisticado cine policiaco de Jean-Pierre Melville.

Mucha de la influencia de este filme (en el venidero cine de los 70) se debe a su estética melancólica por el uso de beige, gris y demás colores sombríos. Aunque la recreación histórica es arbitraria (excesivamente contemporánea), la referencias al noir clásico hacen que el espectador sienta verosímil aquel opresivo mundo burgués. Los prolijos trajes y la ajustada silueta de Trintignant nos hablan de la confusa personalidad del personaje, algo complicado de denotar en roles masculinos y que sólo veríamos –con tal claridad– dos años después en El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972). El ojo artístico de Magrini fue más allá del oficio, pues logró convertir a las prendas en una extensión de la perturbada mente de los personajes de Bertolucci, convirtiéndose en otra capa narrativa para leer a detalle.

Vestuario: Jo Sang-gyeong

14. La doncella (Park Chan-wook, 2016)

La vestuarista Jo Sang-gyeong (y también diseñadora de hanboks de alta costura) tiene una importante carrera en el cine coreano; no obstante, las colaboraciones con Park Chan-wook destacan entre su filmografía. Diseñar el guardarropa de La doncella (romance histórico fuera de la zona de confort del director) implicaba una asiatización del drama victoriano de Sarah Waters, coherente con la atmósfera oscura y erótica del realizador. Para ello, el dúo construyó una estética basada en la cultura del S&M, donde los guantes y corsés son el principal detonante de la experiencia fetichista alrededor de las telas y su contacto con la piel.

El vestuario conforma varias capas sociales (determinadas por el uso de hanboks, kimonos o moda inglesa) y giros de personalidad en los protagonistas (como la transición de Lady Hideko, del recato eduardiano a la extroversión), haciendo del vestuario un elemento más complejo. Del conjunto de diseños, destacan dos piezas: el vestido de escote Berthay de las fotos promocionales y el kimono verde, debido a su incorporación contrastante en el entorno opresivo de la primera parte de la película. Según la diseñadora, el vestuario histórico requiere una mayor destreza del director, ya que la composición de los atuendos puede modificar un storyboard en su totalidad. 

13. Lola Montes (Max Ophüls, 1955)

Vestuario: Georges Annenkov y Marcel Escoffier

Los productores de Gamma esperaban continuar el éxito de sus “grandes putains” (películas de género sobre cortesanas licenciosas), con una superproducción en cinemascope. Sin embargo, la elección de Ophüls no dio los resultados esperados, porque las excentricidades del realizador y llenar la pantalla panorámica con decenas de extras en opulentos disfraces elevaron los costos. El realizador prescindió del guion de Jacques Laurent, pero rescató el final del circo y lo convirtió en el centro narrativo de la película, transformando la picaresca vida de Lola Montes en una densa sátira sobre la fama fácil y la farándula. Según palabras de Ophüls: “el público espera un pastel de crema, pero recibieron un golpe en el estómago”.

Yury “Georges” Annenkov (artista ruso multidisciplinario) fue el encargado de desarrollar la mayoría del concepto circense, excepto los vestidos de Martine Carol (enemistada con el vestuarista). Los atuendos de la actriz fueron confeccionados por Marcel Escoffier, basado en las fotos y pinturas de la bailarina del siglo XIX. El guardarropa de la protagonista está provisto de una rica gama de telas, que conforman un hermoso espectáculo de vestidos satinados y aterciopelados. Las contribuciones de Annenkov en la producción dieron a la metaficción una atmósfera onírica y sugestiva, donde el show acrobático simula un purgatorio, con Lola Montes reducida  a una bestia domada y en cautiverio.

12. Mi bella dama (George Cukor, 1964)

Vestuario: Cecil Beaton

Cuando la producción comenzó, Cecil Beaton (fotógrafo y artista de renombre) poseía un estatus superior al de Cukor, lo cual aseguró rencillas entre ambos personajes; de hecho, Cecil fue el primer fichaje, tras el éxito de sus creaciones en Broadway. La relación entre diseñador y realizador (apodados por el staff como “ese par de reinas”) se vio mermada por dos factores: la negación a utilizar genuinas locaciones en Inglaterra (todo fue filmado en los estudios de Warner) y la intromisión del primero en el trabajo del segundo. Mientras trabajaba en el arte del filme, Beaton se dedicó a hacer promoción masiva de su trabajo, vendiendo fotografías de la producción y creando material publicitario de Mi bella dama para las galerías; en resumen, el británico demandaba un protagonismo a la par de Hepburn.

A pesar de su personalidad quisquillosa e insoportable, Beaton supo dar a los productores y audiencia lo que esperaban: un espectáculo pomposo con Audrey Hepburn como principal atractivo (Julie Andrews, intérprete de la puesta en escena de Broadway, fue rechazada por ser “desconocida”). El guardarropa del filme se conformó por más de mil prendas, incluidos los icónicos sobrero y vestido de la carrera de Ascot. El vestuario de Mi bella dama es una explosión de lujo y sofisticación, basada en la hiperestilización de la elegancia europea.

11. La maldición de la flor dorada (Zhang Yimou, 2006)

Vestuario: Yee Chung Man y Jessie Mei Ling Dai

Zhang Yimou siempre se ha esforzado por hacer de su cine un negocio rentable, con presencia en el mercado nacional e internacional. Tras los éxitos comerciales de Héroe (2002) y La casa de las dagas voladoras (2004), el director elevó la apuesta con un proyecto de 46 millones de dólares, donde el principal gancho sería la ostentosa recreación de una corte del siglo X. Para asegurar que la audiencia apreciara la producción, se conformaron dos unidades de filmación: una dedicada a los planos generales y otra encargada, exclusivamente, de los planos de detalle, montados cuidadosamente en el corte final. A pesar de la apariencia moderna de algunos elementos, como los escotes o las pesadas armaduras (en la pelea del emperador con el príncipe), cada decisión del equipo artístico fue antecedida por una rigurosa investigación sobre la dinastía Tang.

La saturación cromática de la producción se debe a una decisión artística de Yimou, que consistió en hacer una analogía entre el palacio y los personajes: con fachadas cubiertas de oro y jade, pero oscuros y podridos  por dentro. Cerca de 40 artesanos trabajaron por dos meses para confeccionar artesanalmente  los atuendos del filme. Para los emperadores se diseñador alrededor de siete trajes compuestos por  seis capas, incluida una de oro real y otros detalles metálicos. Sin embargo, los elementos centrales de las vestimentas fueron los accesorios de manos y cabello portados por Gong Li, los cuales consistían en voluminosos tocados y exóticas extensiones de uñas doradas. Aunque la taquilla global no fue satisfactoria, el vestuario consiguió la nominación al Oscar y se convirtió en el más icónico de la filmografía de Yimou, gracias a lo verosímil de la opulencia.

10. Anna Karenina (Joe Wright, 2012)

Vestuario: Jacqueline Durran

El ojo artístico de Jacqueline Durran ha marcado a una generación de cinéfilos, principalmente, por sus colaboraciones con Mike Leigh y Joe Wright. Aunque el trabajo en Expiación, Deseo y Pecado (2007) es brutal (llevando a la pantalla ese bochorno erótico de la canícula), en Anna Karenina demostró su potencial en proyectos a gran escala. El vestuario estuvo al servicio del diseño de Sarah Greenwood y el experimento fashionista del director, inspirado en la moda de los años 50 y no en la estética zarista del siglo XIX. Con paredes volando y calles montadas en interiores, la producción pasó de ser “realista” a un atemporal híbrido de farsa sobreactuada. El vestuario desafía la paciencia del espectador, cruzando épocas y violando la memoria histórica: por ejemplo, el vestido rojo del hombro caído tiene debajo un corpiño estampado de los 50, ocasionando un shock visual mayor que el provocado por los converse de María Antonieta (Sofia Coppola, 2006)

Sin compromisos históricos, Durran se enfrentó al reto de hacer verosímil y glamuroso aquel despropósito narrativo. Alejándose de los convencionalismos, el famoso atuendo negro del baile es una reinterpretación de Balenciaga y Dior (tan determinantes en el oficio); también, incorporó un efecto de “desaliño” en el escote, para hacer lucir las joyas  prestadas por la firma Chanel. El filme representa a la frivolidad fílmica en su máxima expresión y (a pesar de todo) funciona a la perfección. Joe Wright jugó con fuego y salió bien librado… hasta su descalabre llamado Pan (2015), una insoportable muestra de irresponsable naif, en el que también colaboró Durran.

9. El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014)

Vestuario: Milena Canonero

Las paletas de colores pasteles son parte fundamental en el universo hipster construido por los jóvenes herederos de la dinastía Coppola, mas Milena Canonero es piedra fundamental en la conformación de dicho estilo. Con una filmografía gruesa, que incluye a los grandes clásicos de Kubrick, la tercera incursión de la diseñadora en el universo Wes Anderson supuso la participación de grandes firmas: el abrigo de cuero de Joplin, basado en los mensajeros del ejército, fue manufacturado por Prada (más el diseño de las maletas de utilería) y Fendi aportó la gabardina de piel gris de Edward Norton (como también todos los detalles de piel en el hotel). Sobre eso, menciona Canonero en una entrevista: “hoy en día, las películas necesitan el generoso aporte de las grandes firmas de la moda para ayudarnos con nuestros presupuestos de vestuario”, lo cual es una muestra de la cercana relación colaborativa entre la industria de la moda y el cine.

El sello de Canonero es reconocible  debido al cercano trabajo que siempre establece con los cinematógrafos y diseñadores de producción, logrando dramáticas notas cromáticas en las composiciones visuales. A diferencia de sus trabajos anteriores, la artista se atrevió a jugar con los altos contrastes de las locaciones. Las principales influencias fueron las obras de Gustav Klimt y las fotografías de August Sander, para recrear el periodo entreguerras de la ficticia República de Zubrowka de Europa Oriental. El elemento distintivo es el hermoso diseño de los trajes púrpuras y malva del staff; sin embargo, encontrar al proveedor de tela no fue fácil. Al final, descubrieron una compañía alemana que tiñó el material para confeccionar los uniformes. Como dato curioso, los anillos en los puños de Dafoe fueron diseñados por Waris Ahluwalia, actor y joyero recurrente en las películas de Wes Anderson.

8. La reina Margot (Patrice Chéreau, 1994)

Vestuario: Moidele Bickel

La masacre de San Bartolomé de Chéreau es al cine francés lo que el desembarco de Normandía de Spielberg para Hollywood y gran parte de su brutalidad estética se debe a la labor de Moidele Bickel, quien agregó grandes dosis de sangre y sensualidad a la libre reinterpretación histórica. Lo más polémico del vestuario es la cínica inexactitud temporal. La diseñadora decidió basarse en el arte barroco y no en el renacimiento francés; por tal motivo, la influencia de las pinturas de Zurbarán, Gericault y Georges de la Tour tuvieron una influencia muy marcada en la elección de la paleta de colores y el uso de sedas sólidas y estampados de “damasco” sin demasiados adornos. ¿La razón? Contribuir a la atmósfera oscura del filme y relajar los sobrecargados atuendos, en beneficio de la actuación. Bickel menciona que la ropa elegante significaría que “no podría ver al actor, y lo que más interesa es el trabajo del intérprete”.

Con bajo presupuesto, las soluciones del equipo creativo en el diseño de más de 800 piezas de vestuario fueron ingeniosas. Como se menciona en una entrevista para Los Ángeles Times, las túnicas de los jerarcas religiosos están diseñadas a partir de “telas baratas” (algodón satinado y lino) impresas con diseños exuberantes” y las coronas fueron sustituidas por tiaras de pedrería cableada. Carente de la investigación rigurosa de Hollywood, los modelos de Bickel cumplen su misión con el espectador, al convertir un simple hecho histórico en una opulenta experiencia que raya en la fantasía.

7. The Grandmaster (Wong Kar-Wai, 2013)

Vestuario: William Chang y Lui Fung-San

Muchos diseñadores de vestuario consideran que el negro es la peor elección de color, debido a la dificultad para capturar las diferentes texturas; arriesgarse se traduce en trabajo extra para el cinematógrafo. En el cine de Wong Kar-Wai, el vestuarista y editor son la misma persona: William Chang, quien se destaca en The Grandmaster por hacer del guardarropa (conformado por piezas oscuras) una extensión coreográfíca más. A pesar del dilema del “negro en pantalla”, la cámara captura la diversidad de telas y tejidos. Menciona el vestuarista: “estaba buscando muchos tonos diferentes de negro para distinguir no sólo las estaciones sino también el estado de ánimo en cada escena”.

La tarea de Chang, también encargado del diseño de producción, fue unificar los sets y vestuarios en beneficio de la atmósfera, cumpliendo con el objetivo principal: recrear la religiosidad y solemnidad en las artes marciales. A diferencia de sus películas anteriores, el vestuario contiene información importante sobre el trasfondo y las emociones en la trama: lutos, personalidades, jerarquías y demás elementos complejos que conforman al filme. La confección artesanal de los vestuarios requirió casi dos años, de los cuatro de realización. Para calibrar la magnitud, se produjeron cerca de 120 vestidos cheongsam de alta costura y entre 7 a 10 piezas de cada outfit de pelea (entre los que destacan los invernales, acolchados y forrados con pieles a mano). En la propuesta artística de Chang hay “patriotismo” y respeto a la imagen de IP Man, en un intento por borrar el distorsionado estereotipo del cine comercial.

6. El hilo fantasma (Paul Thomas Anderson, 2017)

Vestuario: Mark Bridges

El trabajo de Mark Bridges es un elemento que merece un análisis a detalle, en especial el guardarropa y la colección creada para este filme. El gran reto era replicar el oficio de un diseñador de moda (no cualquiera, uno de alta costura) y hacerlo verosímil. El marco contextual planteado por el realizador eran los dorados años 50 de la moda británica, con el drapeado de seda y el encaje como marcas distintivas. La base referencial fue Hardy Amies, pero la película también exuda guiños a Charles James, Balenciaga, Dior y toda una generación de diseñadores que construyeron el concepto de elegancia femenina. A diferencia de otros filmes acerca de la industria –Coco antes de Chanel (Anne Fontaine, 2009) o Saint Laurent (Bertrand Bonello, 2014)–, la ropa en pantalla es verosímil y no sólo la simple reproducción de una época con disfraces.

Para satisfacer la exigencia actoral de Day-Lewis, se coordinó la incorporación de elementos artesanales reales, como los trajes confeccionados en Savile Row y zapatos de Cleverley. En conjunto, el trabajo de Bridges favorece la cinematografía; cada elección de tela responde a la intención de mezclar los “tonos joya” de la realeza británica (amatista, esmeralda y aguamarina) y simular la atmósfera de decadencia. Según Bridges, se llegó a contar con hasta seis personas trabajando en tren sobre un mismo vestido y (como dato extra) parte de ese grupo de costureras forman parte del equipo creativo de Reynolds Woodcock en la ficción.  

5. Pandillas de Nueva York (Martin Scorsese, 2002)

Vestuario: Sandy Powell

A veces infravalorado, el universo de Pandillas de Nueva York ofrece una de las miradas más salvajes del pasado estadounidense. La participación de Sandy Powell (junto a La Favorita, su mejor logro) le dio aire fresco a algo que pudo ser monótono y sombrío. Obviamente, el elemento estrella es Bill el Carnicero (Daniel Day Lewis), vestido (contradictoriamente) con divertidos patrones en chalecos, levitas y pantalones (según la vestuarista, un Keith Richards del siglo XIX). El ecléctico estilo de Powell pone especial esmero en los atuendos masculinos: por ejemplo, el oscarizado guardarropa de Fiennes en Shakespeare apasionado (John Madden, 1998) era un extraño cruce entre David Bowie y Laurence Olivier. Esa razón atrajo a Scorsese para iniciar la relación laboral de casi dos décadas.

El vestuario de Pandillas de Nueva York se caracteriza por la libre creatividad. Según Powell, la indicación del cineasta para Day-Lewis era referenciar la pulcra apariencia dandy de los años 30. La diseñadora alargó la apariencia del actor con sombreros de copa y zapatos más largos que el resto del reparto, conformando una siniestra silueta esbelta y alta. En el caso de Cameron Diaz, su atuendo es una deconstrucción de las colecciones del diseñador japonés Yohji Yamamoto y el toque bohemio de Leonardo DiCaprio salió de las fotos de Josef Koudelka durante la Primavera de Praga. Por todo eso, la llegada de Powell a la filmografía del neoyorkino significó una evolución de su masculino cine hacia la poética revisión histórica con un halo de fantasía.

4. El gatopardo (Luchino Visconti, 1963)

Vestuario: Piero Tosi

Es difícil determinar cuáles son los mejores diseños de Piero Tosi (leyenda recién fallecida); sin embargo, la tremenda recreación siciliana de los años de Garibaldi es la indiscutible vencedora en términos de majestuosidad. El diseñador sacó adelante el encargo, a pesar de la reducción de presupuesto a medio rodaje, debido a la bancarrota del productor Goffredo Lombardo. En Senso (1954) ya había establecido una pauta sobre su talento, al diseñar todo un guardarropa que convertía en explícito el viaje emocional de Alida Valli, desde el enamoramiento hasta la locura. En El gatopardo, la misión era reflejar en el vestuario el desfase generacional del personaje de Burt Lancaster frente a la juventud que le rodea. Como punto máximo del filme, se destaca el vestido de organza blanca (y una docena de capas de tul) de Claudia Cardinale, irrumpiendo sensualmente el coro de personajes conservadores y coronando uno de los momentos claves en la filmografía del realizador italiano.

Aunque Visconti es conocido por el rigor en sus producciones, muchos textos señalan al diseñador como el verdadero responsable del paranoico realismo viscontiano. Tosi llegó a confeccionar (entre otros detalles) pañuelos y ropa interior mediante métodos tradicionales, sólo para hacer más creíble la experiencia de los actores. Como anécdota, The New York Times señala que, para la batalla de Palermo, las camisas del ejército de Garibaldi tuvieron un largo proceso de envejecimiento que consistía en bañarlas de té, decolorarlas al sol y enterrarlas por varios días.

3. Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, George Cukor y Sam Wood, 1939)

Vestuario: Walter Plunkett

En alguna entrevista, Walter Plunkett llegó a afirmar que sus producciones favoritas eran las históricas, porque los directores ignoraban el tema y poco podían discutir sobre sus elecciones estilísticas. A pesar del talento, Plunketten no fue oscarizado hasta 1952; la principal razón fue que el éxito de Lo que el viento se llevó ocasionó que ningún estudio lo contratara, por considerarlo un diseñador especializado en “grandes producciones”. Llegó al proyecto de David O. Selznick gracias a su amiga Katharine Hepburn, quien audicionaba para el filme de MGM. A pesar de ser contratado sin exclusividad (implicando un bajo salario), Plunketten comenzó la investigación y el armado de más de 500 prendas, mientras trabajaba en otras filmaciones (como Las aventuras de Huckleberry Flynn).

La labor de Plunketten se distingue por la construcción de Scarlett O’hara mediante el vestuario. Un año antes, Warner había estrenado Jezebel (William Wyler, 1938), otro drama sureño donde sólo un vestido “rojo” era el mayor distintivo de la personalidad rebelde de la protagonista. Los icónicos vestidos de Lo que el viento se llevó demostraron que el potencial de la moda en el cine no era la ostentosidad, sino la construcción razonada del personaje mediante prendas y accesorios específicos.

Vestuario: James Acheson

2. Las amistades peligrosas (Stephen Frears, 1988)

Por diferencia de un año, Milos Forman y Stephen Frears estrenaron adaptaciones de Choderlos de Laclos, pero el segundo sepultó al primero tras un impacto apabullante de su versión. ¿La razón? Dejando de lado las tremendas actuaciones, James Acheson (quien venía de triunfar con El último emperador de Bertolucci) realizó una sexy y pastelosa reinvención de la nobleza francesa, con sólo la mitad del presupuesto de Valmont (1989). Incluso, Madonna aprovechó el boom para reutilizar el vestido de Michelle Pfeiffer en su presentación de los MTV Awards de 1990, exaltando la belleza andrógina del filme de Frears. Para armar el vestuario se montó un taller en Londres, donde el diseñador trabajó con telas antiguas (la mayoría victorianas, ante la escases de tejidos del siglo XVIII), con el fin de lograr la textura de las pinturas clásicas que conformaban el muestrario de referencia (armado en sólo tres semanas y media de investigación).

Ante la premura por llegar a la temporada de premios del 88, la mayoría de las prendas fueron tejidas y armadas a la par de la filmación. Según Acheson, el equipo de costureros armaba los vestuarios en la noche y madrugada para, a la mañana siguiente, ser ajustados a los actores en pleno set de filmación. Tal trabajo titánico es aún reconocible tres décadas después, pues la intensidad dramática de Las amistades peligrosas se debe en gran medida al trabajo de Acheson y sus colaboradores. Como ejemplo están los magníficos créditos, donde vemos a Glenn Close y John Malkovich ser ataviados de pies a cabeza por sus sirvientes, una escena que no veríamos con tal precisión hasta la María Antonieta (2006) de Coppola.

1. Doctor Zhivago (David Lean, 1965)

Vestuario: Phyllis Dalton

David Lean es el indiscutible maestro de lo épico, pero ninguna de sus películas se destaca tanto como Doctor Zhivago, donde el vestuario de Phyllis Dalton brilla con luz propia. Difícil tarea fue recrear las diferentes capas sociales y periodos de tiempo que conforman esta adaptación. No obstante, el principal reto de Dalton no fue recrear la fastuosidad de la Rusia zarista y el inicio del Estado soviético, sino lograr el realismo exigido por el director (quien, también, mandó a confeccionar ropa interior de la época para los actores). Según el tributo de los BAFTA de 2012, el trabajo de Dalton para este filme tuvo repercusiones tangibles en la moda, como el uso de cuellos de tortuga, los forros de pelo, el oversize femenino y los manguitos de piel, pues la estilización rusa de Dalton convirtió en rentable hasta la austeridad en Varykino. La misma artista afirma que el mayor reto consistió en lograr la autenticidad de los uniformes militares y vestimentas del pueblo llano (de dos periodos diferentes), porque un vestido burgués es fácil de conseguir.

Similar al caso de Vivien Leigh, Doctor Zhivago proyectó la carrera de Julie Christie como it girl en el star system de los 60s, como consecuencia del trabajo artesanal en el guardarropa de Lara; dicho vestuario iba desde la decadencia zarista (con ese icónico vestido rojo con gargantilla negra), hasta una reinterpretación sofisticada del uniformado comunista. La influencia de Dalton en la industria es significativa, ya que dio un revés atractivo al cine de época en varias ocasiones: con Lawrence de Arabia (1962) –ocasionando un furor occidental por la moda árabe–, el Medievo ochentero de La princesa prometida (Rob Reiner, 1987) y las revisiones shakesperianas de Kenneth Branagh, principalmente, gracias a la depuración de los vestidos femeninos y el ajuste en la silueta masculina de Tanto para nada (1993).

¡Compártenos tu TOP de mejores vestuarios de época en la historia del cine!

Cuatro razones por que deberías ver de nuevo ´Space Jam´

Todos saben quién es Michael Jordan. Aun si no te gusta el baloncesto, el tipo es un ícono de la cultura popular. Es dueño de una de las marcas más prestigiosas de tenis, ha hecho innumerables comerciales e incluso ha sido actor. Digo, esto probablemente lo sabes si naciste en los noventa. Si no lo sabes, te comento: el mejor jugador en la historia de la NBA protagonizó un largometraje animado-live action con los Looney Tunes… y es excelente.

Es preciso aclarar que la crítica de entonces no fue nada amable con la cinta. Se le acusó principalmente de “trastocar y ofender la esencia de sus personajes”, de no respetar el estilo de animación original y de tener un humor demasiado simple. Ahora, como suele pasar con muchas otras -piensen en, por ejemplo, ¿Y dónde están las rubias? o las precuelas de Star Wars-, el público la acogió con brazos mucho más amables, dándole ganancias considerables en taquilla y recordándola con cariño después de tantos años.

El legado de Space Jam: El juego del siglo (Joe Pytka, 1996) es innegable y aquí enlisto algunas razones para verla (o echarle otro vistazo): 

4. Su aspecto ha envejecido muy bien

Hace poco me encontraba viendo Monsters, Inc. (película del año 2001) y pensaba lo mal que ha envejecido. Es decir, si bien el argumento es ingenioso y encantador, el aspecto ahora luce terrible.

Los estilos de animación entre ambas guardan algunas similitudes. Si bien la cinta de Pixar está enfocada totalmente a generar modelos en 3D y la de Warner Bros. a seguir el estilo clásico de dibujo animado, sí involucraron figuras en tres dimensiones que, para ser una producción de 1996, lucen decentes todavía. A decir verdad y sin reservas, Space Jam se aprecia mejor que algunas películas de la década pasada. Vean Tron (Joseph Kosinski, 2010) o Marte necesita mamás (Simon Wells, 2011) y díganme si no.

3. Es una película popularmente relevante

Ya había entregas con atletas que hacían personajes más o menos importantes, desde Kareem Abdul-Jabbar en ¿Y dónde está el piloto? (David Zucker, Jerry Zucker y Jim Abrahams, 1980), pasando por Hulk Hogan en Rocky III (Sylvester Stallone, 1982) al infame OJ Simpson en las de ¿Y dónde está el policía?, pero Space Jam es el primer ejemplo notorio de una cinta que gira alrededor de una personalidad gigante, así como adquiere potencia gracias a ésta.

Gran parte de la figura que hoy es “su aérea majestad” es gracias a su participación en Space Jam. Ahí se convirtió en el ídolo familiar, no sólo de los adultos. Además, sentó las bases para que otros atletas intentaran emular los pasos de MJ para entrar en el imaginario colectivo. Si no, pregúntenle a LeBron James.

2. Es el legado moderno de los Looney Tunes

Fuera del ratón de la competencia, los Looney Tunes son probablemente los dibujos animados más famosos que existen -de la vieja era, digo-. Ha habido varios intentos de revivirlos en diferentes series, apariciones, sketches cortos y nada ha funcionado con el público objetivo de la actualidad. Ese segmento simplemente ya desapareció porque las mentalidades infantiles son distintas a 1950.

En Space Jam está el último producto y, por ende, la última ocasión en la que los peculiares personajes que basan su encanto en chistes slapstick con un grado de violencia considerable y un humor (hoy) negro (demasiado duro para los sentidos de los padres actuales) fueron relevantes. Es el vestigio definitivo de unas caricaturas que hoy sirven solamente para detonar nostalgia. También lo digo porque después hicieron otra película con ellos: Looney Tunes: De nuevo en acción (Joe Dante, 2003); una porquería y el fracaso que condenó a estos dibujos animados a la nostalgia en televisión. Relacionando esto con el primer punto, Space Jam se ve mejor que su hermana del 2003.

1. Es un clásico absoluto

Es complicado definir los puntos que requiere un filme para ser considerado un clásico o un nuevo clásico, pero a la distancia de los años, Space Jam se puede considerar como uno. Me parece que lo fundamental es contar con el cariño y recuerdo del público en el tiempo del estreno y tener cierta calidad estructural.

El argumento, aún ingenioso, tiene ciertas fallas de lógica interna y obvias carencias actorales -no tan graves-, pero si observan la construcción de ciertos cuadros, hay una imaginación propiamente fílmica notable. Sin ser pionera, es un exponente importante de los largometrajes animación-live action, la cual tiene un encanto que no se ha podido igualar, incluso a más de dos décadas de distancia.

El llamado de la nostalgia es tan fuerte en nuestra generación, que una secuela está por lanzarse. Buena suerte tratando de imitar a Michael Jordan, su indudable carisma y la dupla con Bugs Bunny y los Tunes, quienes -insisto- aún estaban con una imagen lo suficientemente limpia para agradar.

Seis libros de cine que puedes leer gratuitamente  

Por: Erik León (@erictronikRKO)

Es verdad que la lectura debe convertirse en un hábito voluntario para cualquier persona, pero para un cinéfilo o un aspirante a cineasta, el ejercicio resulta indispensable. Las siguientes recomendaciones son una alternativa de los libros más conocidos e imprescindibles, como lo es El cine según Hitchcock

Si lo que buscas es aprender de cine, cualquiera de los siguientes títulos, disponibles en PDF, te aportarán lo que buscas. 

En el momento del parpadeo de Walter Murch

Se trata de un ensayo en el que el editor cinematográfico Walter Murch, más conocido por su trabajo en Apocalypse Now(con la que obtuvo su primer Premio Oscar), habla de la estética y las implicaciones del montaje. El libro es perfecto para entender lo que es montar una película. 

Murch cuenta sus propias experiencias y explica por qué es un defensor del montaje digital (no en vano fue el primero en ganar el Oscar con una película montada íntegramente de forma digital: El paciente inglés): la rapidez, menos costos de postproducción, la ausencia de ruidos en la sala de edición, la facilidad para mezclar al mismo tiempo las pistas de sonido y la integración de los efectos electrónicos.

DISPONIBLE AQUÍ 

Así se hacen las películas de Sidney Lumet

Quizá el título más conocido de la lista.  Libros sobre dirección hay muchos, pero este se distingue por una lectura muy entretenida que lo convierte para todo aquel que se interese en el mundo de Hollywood. 

El hombre que dirigió a personalidades como Paul Newman, Henry Fonda, Sophia Loren, Marlon Brando, Sean Connery, Al Pacino, Richard y Dustin Hoffman, da un repaso por su filmografía y sus experiencias en preproducción, rodaje y estrenos. Habla de guion, de cámara, de cómo tratar con los actores. Y lo hace sobre películas que puedes ver y de las que podrás aprender mucho.

DISPONIBLE AQUÍ 

Mi último suspiro de Luis Buñuel

Un libro que recopila entrevistas en España y México realizadas al cineasta Luis Buñuel y a su amigo de toda la vida, el guionista Jean-Claude Carrière, con quien realizó seis obras maestras del cine: Diario de una camarera, Belle de jour, La Vía Láctea, El discreto encanto de la burguesía, El fantasma de la libertad y Ese oscuro objeto del deseo.

Si necesitas un pequeño empujón para adentrarte al mundo del cine, estas memorias del maestro Buñuel pueden ayudarte. Es un viaje por su vida, desde su infancia hasta sus últimos días ya enfermo en la Ciudad de México. Asimismo, cuenta de su beca en Hollywood y sus años en los que se dedicó a doblar películas.

DISPONIBLE AQUÍ  

Lecciones de cine de Laurent Tirad

Todos los directores tienen su propio método para llevar a cabo su trabajo de la mejor manera. En este libro, Tirard conversa con una veintena de los directores más importantes del momento quienes comparten la visión que tienen del cine, sus técnicas y sus procesos creativos.

El libro recoge las entrevistas a John Boorman, Sydney Pollack, Claude Sautet, Woody Allen, Bernardo Bertolucci, Martin Scorsese, Win Wenders, Pedro Almodóvar, Tim Burton, David Cronenberg, Jean-Pierre Jeunet, David Lynch, Oliver Stone, John Woo, Joel y Ethan Coen, Takeshi Kitano, Emir Kusturica, Lars von Trier, Wong Kar-wai y Jean-Luc Godard.

DISPONIBLE AQUÍ

Autobiografía (O algo parecido) de Akira Kurosawa

Este libro permite un acercamiento (y una clase magistral de narrativa fílmica) a la vida del considerado por muchos el director más célebre de Japón y uno de los más influyentes a nivel mundial.   

No sólo se narra la infancia de Kurosawa, también conocerás a sus maestros, inspiraciones, sus errores y el despertar de su vocación artística. La lectura te despertará más curiosidad e interés sobre la filmografía del autor de obras tan conocidas como Los 7 Samurais

DISPONIBLE AQUÍ

Mientras escribode Stephen King

El único libro de las recomendaciones que no se centra en el ámbito cinematográfico, sino en el literario. Aun con ello, el título escrito por el rey del terror, podría ser de ayuda para cualquier aspirante a guionista. 

La primera mitad de la entrega es biográfica, pero el resto se centra en una clase sobre cómo escribir, y de una manera que es totalmente adaptable si quieres hacer un guion.  

DISPONIBLE AQUÍ

Los mejores videojuegos infantiles

Por: Sebastián López (@sebs_lopez)

Las niñas y los niños son el reflejo de la inocencia de las personas; muestran la escencia de la diversión, el entusiasmo, el carisma y sobre todo, la humanidad. Sus juegos han evolucionado y ya no sólo existe el clásico ‘policías y ladrones’ o el emblemático ‘¿Dónde está el lobo?’, sino que la tecnología ha derivado en una amplia oferta de videojuegos para los más pequeños. 

Te puede interesar: Los mejores videojuegos de la década

A continuación los que considero los mejores videojuegos infantiles: 

Just Dance (Wii U, Xbox One con Kinect, PS4)

Ubisoft tuvo la brillante idea de crear una saga de videojuegos especialmente para las personas que les gusta bailar. Con los nuevos dispositivos implementados a las consolas ya existentes de la nueva generación, los jugadores más jóvenes podrán sentir y vivir una experiencia de baile en la comodidad de sus hogares, con canciones populares de la época hasta desafíos con los amigos o personas de otros lugares. 

¡A bailar! 

Disney Infinity (Play Station 3, Wii, Xbox 360, iOS, Microsoft Windows, Nintendo 3DS)

Una serie de videojuegos que recopila los distintos universos de la compañía, por no mencionar los más famosos. Star Wars, Marvel, Pixar y los personajes clásicos, acompañan a los jugadores en aventuras creativas y emocionantes, esto con la tecnología de Toy Box, que creó juguetes de los personajes de dichos universos para poder manejarlos al gusto. 

Los jugadores son enganchados a la ilusión de poder combinar a sus personajes favoritos para conseguir los objetivos del videojuego, desde diálogos cómicos hasta escenas icónicas. 

¿Capitán América haciendo equipo con Luke Skywalker? 

¡A jugar se ha dicho! 

Sonic Mania (Nintendo Switch, PS4, Xbox One, Microsoft Windows) 

¡El 2D en su máximo esplendor! Sonic Mania es un videojuego creado para satisfacer las necesidades del jugador más joven, Sonic es uno de los personajes más emblemáticos de los videojuegos, el modo de jugar de Sonic Mania es el mismo que ya se ha visto y jugado en entregas anteriores, lo que hace especial este título es la manera tan fresca de correr a los personajes, las velocidades que estos pueden alcanzar, los nuevos participes de la historia, así como lo emotiva que puede llegar a ser esta misma. 

¡Es un recuento y homenaje de todo el universo de Sonic!

Kinect Sports y Kinect Adventures (Xbox 360 con Kinect)

Ambos videojuegos son complementarios, su función es la misma, pero el modo de experimentarlos es diferente. 

Kinect Sports presenta distintos deportes como el boxeo, el voleibol, el fútbol soccer, el atletismo, entre otros, que son jugados mediante el aparato de Kinect. Para algunos, esta manera de jugar puede parecer algo tediosa o cansada, pero sin duda ofrece entretenimiento y muy buenos ratos con la familia. Pasa de igual forma con Kinect Adventures, pues tiene la misma tecnología, lo que cambia son las aventuras como su nombre lo dice. Los jugadores pueden ir en una balsa escapando del peligro mientras un divertido momento los rodea. 

Rocket League (PS4, Xbox One, Nintendo Switch, Mac Os, Microsoft Windows)

¡Para todo amante del fútbol soccer! 

Rocket League propone una aventura muy divertida y amplia, ya que combina el fútbol soccer con vehículos, ¡vaya!, parecería algo completamente raro, pero no: permite desde jugar en línea con amigos, hasta competir en desafíos y competencias del mismo juego. 

Cuphead (Xbox One, Nintendo Switch, Mac OS, Microsoft Windows)

¡Así es! El videojuego que se caracteriza por una historia motivacional, debido a que su independencia habla del talento oculto que hay en el mundo. El motivo por el cual ocupa este puesto es por su manera tan brillante de desafiar a los jugadores. 

Con una animación icónica -que asemeja el estilo de Walt Disney- y una banda sonora exquisitamente bien compuesta, Cuphead garantiza risas y diversión con una historia sencilla. 

Todas las entregas de LEGO (Xbox 360, Xbox One, PS3, PS4, Wii U)

Lego es una importante empresa dentro del mundo del entretenimiento que decidió entrar al mundo de los videojuegos de una manera brillante con entregas muy entretenidas y dinámicas. Contempla desde el mundo de los superhéroes, hasta el de la ciencia ficción con Star Wars y Harry Potter, pero también incluye universos como el de Pixar con Los Increíbles

Super Mario 3D World (Wii U)

La sexta entrega de la serie de videojuegos Super Mario es más de lo que parece, ya que no sólo es una aventura extravagante y entretenida, por muy anormal que parezca, Super Mario 3D World cambia una idea y la hace reflexiva: los jugadores se entretienen mientras hacen un análisis sobre lo que la imaginación puede llegar a ser, algo inocente y cambiante. 

Con personajes icónicos de Nintendo, ofrece una aventura para todas las edades para compartir en familia y con amigos.

Crash Bandicoot N. Sane Trilogy (PS4, Nintendo Switch, Xbox One, Microsoft Windows)

Uno de los personajes más queridos y recordados regresa de forma remasterizada con una colección que recopila los tres primeros títulos de su serie de videojuegos. 

Crash Bandicoot es uno de esos videojuegos que todo buen jugador debería experimentar, no sólo por ser icónico o muy referenciado, sino porque abre y alimenta su misma imaginación; horas y horas invertidas de juego son convertidas en algo que marcan la etapa infantil. Los monstruos y villanos son recordados de la mejor forma posible; el protagonista es una combinación de lo inocente con la simpleza de sus creadores: Activision (encargado de publicarlo) y el desarrollador Vicarious Visions.

¡Un título imprescindible! 

Las mejores actuaciones de Robert Pattinson

Oriundo de Londres, Inglaterra, Robert Pattinson (otrora encasillado Edward Cullen) es uno de los actores más completos de la actualidad y con uno de los mejores panoramas para tener una carrera memorable. Uno de los casos más interesantes de cómo dar vuelta a una trayectoria que parecía definida.

Por mucho tiempo, el público en general descalificó a Pattinson como un actor de segunda, sin capacidades histriónicas y que de quien su triunfo se debía sólo a su físico, especialmente por haber aparecido en la exitosísima saga Crepúsculo. Sin embargo, hubo quien apreció cualidades actorales en él para comenzar a tener protagónicos tanto en el melodrama -género que ya había demostrado poder sostener- como fuera de éste.

Ahora enlisto sus mejores interpretaciones que, si usted no conoce su trabajo aparte del mainstream, espero le animen a darle un vistazo. Irónicamente, la lista comienza en el lugar más común y, a la vez, insospechado.

  1. La saga de Crepúsculo

No hay mejor lugar para empezar que el comienzo. Aunque Pattinson ya había tenido papeles en cintas previas como Harry Potter y el cáliz de fuego (Mike Newell, 2005), donde es el único que se esfuerza en dar alguna pizca de interpretación, su primera gran oportunidad vino para encarnar por mucho tiempo a Edward Cullen en adaptación cinematográfica de la saga Crepúsculo, escrita por Stephenie Meyer.

A lo largo de los años, el actor fue muy abierto respecto a cómo se sentía con su papel y la estructura de las películas, mencionando en muchas ocasiones las fallas en la lógica interna y admitiendo que no le agradaban varias cosas de ser Edward, un personaje ahora importante en la cultura popular.

Su rol como el vampiro más atractivo en la historia de este subgénero entra en este top porque logró sacar adelante un papel incómodo para él con recursos expresivos (o inexpresivos) propios y por sostenerlo por largo tiempo con presión de los productores, dando chispazos breves del actor que sería posteriormente. A mi parecer, muestra más en la primera entrega bajo la instrucción de Catherine Hardwicke, quien fue la única de los encargados para dirigir que tomó riesgos fílmicos notorios en la saga, pero ese es tema para otra ocasión.

  1. Cosmópolis (David Cronenberg, 2012)

El primer director que confió en las habilidades actorales de Robert Pattinson, quien estaba a punto de colgar los colmillos, fue el excéntrico y a veces virtuoso David Cronenberg, quien lo eligió para protagonizar Cosmópolis con el personaje de Eric Parker, un magnate que observa la caída del mundo financiero a la par que pierde su fortuna.

Es complicado, como puede pasar en las locuras de Cronenberg, hablar de un argumento -aun así, hay matices contextuales brillantes-, pero sí es notoria una interpretación excelente del buen Robert, rompiendo cualquier esquema de su anterior papel mayor para encarnar a un hombre narcisista al borde del desquicio, con obsesiones ególatras y atento de un mundo decadente en un histrionismo de extrañeza y contención. Las expresiones de un sujeto desconcertado. Aquí comienza el desprendimiento de Cullen.

Estos dos se reunirían después para Mapa a las estrellas (2014) en un papel menor, pero con algunos puntos altos para su rol.

  1. High Life (Claire Denis, 2018)

Esta es la película más compleja -con argumento reconocible- en la que ha estado este actor, quien interpreta a Monte, un convicto enviado junto a otros reclusos al espacio en una misión de descubrimiento.

Además de los geniales matices argumentales que maniobran con la idea de la supresión del contrato social que deja como única guía conductual una suerte de instintos refinados, las actuaciones de la película son sobresalientes. Robert Pattinson interpreta a un hombre solitario y reflexivo. Su voz (en off) lamenta su condición y la de sus semejantes a bordo. La potencia de su papel recae en la expresión reprimida del predestinado, quien se sabe perdido en una expedición de la que no hay regreso y que enfrenta un entorno hostil. La dupla se completa con Juliette Binoche, quien está igualmente fabulosa.

  1. El faro (Robert Eggers, 2019)

No me agrada la expresión “duelo actoral” porque me parece que reduce el trabajo individual a un enfrentamiento, pero sí sería medianamente adecuado -sigo sin usarlo, aclaro- para describir lo que ocurre en El faro (The Lighthouse para los exquisitos).

Protagonizada por Robert Pattinson y Willem Dafoe, la película muestra el confinamiento de los marineros encargados de un faro. El brillante guion tiene base en literatura de expediciones marítimas y en los diarios escritos por aquellos desdichados navegantes que eran (semi)condenados a tal tarea.

Cada uno con sus particularidades, pero unidos en el camino a la demencia, el trabajo de estos dos intérpretes es la clave para que El faro se eleve tanto. Pattinson en particular alza su papel al oscilar bipolarmente entre dimensiones como la locura y la sanidad, la ingenuidad y la intuición, la perdición y la comodidad. Es el joven quien, tanto en la ficción como en la realidad, se enfrenta a la experiencia de un consagrado.

La mejor película en la que ha participado Robert Pattinson. Y aunque su actuación aquí es espléndida, esta se apoya igualmente en su coestelarista y su director, haciendo que el primer puesto sea para…

  1. Good Time (Josh y Benny Safdie, 2017)

Los hermanos Safdie son de los directores más interesantes que tiene el cine contemporáneo independiente. A pesar de estar en esa “escena”, cada vez se acercan más a las grandes luces. Recientemente sorprendieron al “castear” a Adam Sandler, un actor eternamente encasillado en la comedia, para su proyecto Diamantes en bruto (Uncut Gems para los exquisitos), pero él no fue el primer actor del mainstream a quien voltearon…

Robert Pattinson buscó a este duo excéntrico para hacer algo, cualquier cosa. De ahí salió Good Time, película con destellos experimentales que cuenta sobre el criminal fallido Connie Nikas, quien tras un robo fracasado y al ver a su hermano discapacitado en la cárcel, elabora un plan para liberarlo, metiéndose él mismo en una odisea.

El papel del pobre diablo que manipula su entorno desgraciado para salir brevemente de problemas sin saberse predestinado a siempre estar abajo, le quedó excelente al Rob, quien luce todo su histrionismo en un papel que exige liberar emociones fuertes como el enojo y la desesperación, así como expresar y gesticular una sensación de ruina.

Con esta entrega, Pattinson enterró de una vez y para siempre a Edward Cullen, quedándose con un nombre propio, logro que otros intérpretes de papeles icónicos -puede que aquí me refiera a Robert Downey Jr. o no- no han conseguido.