Lo que dejó la segunda temporada de ‘The Boys’ y las preguntas que quedan

Este texto contiene spoilers

Por: Sofia Galeno 

Con ocho capítulos finalizó la segunda temporada de The Boys, la aclamada serie de Amazon Prime Video basada en el cómic de Garth Ennis y Darick Robinson, adaptada a la pantalla chica por Eric Kripke.  Continúa leyendo Lo que dejó la segunda temporada de ‘The Boys’ y las preguntas que quedan

Giancarlo Esposito habla de las posibles temporadas 3 y 4 de ‘The Mandalorian’

El actor Giancarlo Esposito, nominado a los recién entregados Emmy por The Mandalorian y Better Call Saul, habló en una entrevista con la revista People sobre el futuro de The mandalorian, serie que estrenará su segunda temporada el próximo octubre.

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“La próxima temporada de The Mandalorian va a ser muy interesante porque vas a empezar a descubrir el poder de The Child, lo que The Child realmente significa”, expresó Esposito.

El actor estadounidense de 62 años también dejó escapar detalles sobre lo que sería la tercera y cuarta temporada de la serie creada por John Favreau: “Vivimos en un universo que es enorme y  tiene mucho que explorar. Así que creo que este programa comenzará a sentar las bases para la profundidad y amplitud que vendrán en la temporada 3 y la temporada 4, donde realmente comenzarás a obtener respuestas”.

Aún no se ha dado a conocer información oficial sobre si existirán las próximas temporadas de la serie. Sólo queda esperar la segunda entrega, que se estrenará en Disney + el 30 de octubre.

Aquí te dejamos el último avance.

Nación de inmigración: un golpe a la campaña de reelección de Trump

 

Tanto el periodismo como la cinematografía han seguido muy de cerca los movimientos migratorios a lo largo de la historia. Particularmente en América del norte, la inmigración suele tener un tono incómodo que no tiene tregua en cualquier espacio que se abra al debate. Pese a las heterogéneas circunstancias por las que se suscita este fenómeno social, las visiones reduccionistas e incendiarias han llevado a políticas restrictivas cuya carente empatía humana resuena en los medios.

Donald Trump no es el padre de las severas políticas antimigrates de los Estados Unidos, pero es innegable que su gestión se ha destacado por la insistencia y celebración mediática de éstas. Y es por la imagen que se forjó en su campaña de 2016 como conservador xenófobo que a Christina Clusiau y ShaulSchwarz (pareja que codirigió Trophy, 2017) se les abrió la puerta a las instalaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) gracias a un oficial de información pública de la institución, pues dicho sujeto sabía que ICE estaría en la mira de los medios durante la administración de Trump; creyó que una serie documental sobre sus oficiales serviría de contrapeso. Quizá esperaba una especie de reality tipo COPS que serviría como limpiador de imagen pública; ingenuo error.

Immigration Nation (Nación de inmigración) parte como un espacio para conocer el trabajo de ICE y las opiniones de sus elementos. Decisión polémica que, no obstante, nos permite presenciar un interesante desfile de frustración, desconcierto y contradicción dentro de sus trabajadores. Puede resultar sorpresivo escuchar la culpa en los oficiales que deportan a aquellos que huyen de las circunstancias mortales de sus países, pero también es imposible no sentir coraje cuando ellos mismos toman su trabajo como un retorcido juego de recolección y utilizan las mentiras o la intimidación para sacar de sus hogares a sus objetivos. Las justificaciones que dan sobre el deber laboral parecen un chiste de mal gusto cuyo remate lo da uno de sus elementos al recordar vagamente que varios acusados durante los juicios de Núrembergdieron como argumento de defensa que sólo seguían órdenes.

Clusiau y Schwarz no se contuvieron en ICE; su trabajo también abarcó entrevistas y seguimiento a aquellos detenidos por la institución y se adentraron en variopintos casos que giran en torno a la estadía indocumentada. En el largometraje After the American Dream (Joel Clark, 2017) o en la serie Living Undocumented (Aaron Saidman, 2019) también se escuchan a quienes viven el miedo a la deportación a diario. Nación de inmigración se jacta por su extenso acceso sin precedentes, el cual usa para contrastar los discursos gubernamentales con las auténticas experiencias humanas. Los testimonios de inmigrantes se convierten entonces en necesarios cheques de realidad que responden contundentemente a cuestionamientos triviales y populares del tipo “por qué sencillamente no pasan por la forma legal”.

El extenuante trabajo de casi tres años no podría ser presentado en otro formato. Como serie se permite manejar y presentar datos duros aterrizados por voces expertas a lo largo de sus múltiples subtramas. Es digno de reconocer el trabajo de montaje que dota de una narrativa satisfactoria al necesario seguimiento en la evolución de los ejercicios de ICE durante la administración Trump. Que el estreno de Nación de inmigrantes se diera en el mes de agosto, durante los estragos de una crisis sanitaria pésimamente manejada por el 45° presidente de Estados Unidos y en medio de candentes protestas raciales, hacen del estreno de la serie en Netflix labúsqueda de un golpe directo a la campaña de reelección de Trump. De esta manera, pareciera que su público objetivo se trata de la base votante millennial que en las elecciones pasadas brilló por su abstinencia.

Pese a centrarse en un periodo particularmente mediático, se trata de una serie documental obligatoria para entender desde nuevas aristas un fenómeno que traspasa periodos presidenciales y sistemas bipartidistas. Los movimientos migratorios y la política alrededor requieren ser perennemente investigados y observados desde el documental, medio ideal para abarcar un tema que en estadísticas suele perder calidez humana.

Serie disponible en Netflix. 

Once series imperdibles para lo que resta del 2020

Aunque sólo faltan cuatro meses para concluir este peculiar año 2020, las producciones en televisión y plataformas de streaming aún tiene mucho que mostrar. A continuación te cuento sobre las nuevas producciones que llegarán a las pantallas, y aunque faltaron algunos títulos, sin duda están aquellas a las que no debes perder de vista.

Raised by wolves

Creada por: Aaron Guzikowski 

Dónde la puedo ver: HBO Max 

Fecha de estreno: 3 de septiembre (en Estados Unidos) 

Luego de casi media década sin incursionar en la pantalla chica, el cineasta Ridley Scott regresa como productor ejecutivo y director de unos cuantos capítulos de la serie de ciencia ficción creada y escrita por Aaron Guzikowski.

La historia se desarrolla en un futuro distópico destruido por la guerra, en donde se encuentra el personaje de Madre y Padre, androides encargados de llevarse a otro planea a los niños sobrevivientes para criarlos lejos de los estragos ocasionados en la tierra. Esperemos que no tarde demasiado en ser programarla en el catálogo de México. 

The boys: temporada 2

Creada por: Eric Kripke, Evan Goldberg, Seth Rogen

Dónde la puedo ver: Amazon Prime Video

Fecha de estreno: 4 de septiembre

La divertida y muy incorrecta The boys regresa a la acción para continuar la lucha entre Butcher y los superhéroes menos heroicos de la televisión. En esta ocasión, el grupo rival de Homelander seguirá lidiando con la fuerza mediática que los pone en contra de la población. Después de ver el trailer, esperamos disfrutarla igual o quizá más de lo que lo hicimos con su primer temporada. 

Vida perfecta 

Creada: Leticia Dolera 

Dónde la puedo ver: HBO

Fecha de estreno: 4 de septiembre

A María todo se le vino patas arriba: su novio, con quien había planeado pasar el resto de su vida siendo la familia modelo, la ha dejado. Ahora tendrá que configurar su concepto de “vida perfecta” para comenzar a disfrutar de la vida y de sus errores al lado de su mejor amiga Cristina, afectada por la crisis matrimonial sumergida en la monotonía, y su hermana Esther, una mujer con alma de artista que aún no sabe cómo adaptarse a la vida adulta. 

La serie, ganadora del premio a Mejor serie e interpretación en el Festival Cannes Series de 2019, promete darnos una mirada femenina sobre situaciones entretenidas que protagonizan un grupo de amigas. 

We are who we are 

Creada por: Sean Conway

Dónde la puedo ver: HBO

Fecha de estreno: 14 de septiembre

La televisión está viviendo uno de sus mejores momentos; de entre sus producciones, además de contar con el talento de grandes guionistas, sobresalen nombres de cineastas importantes, quienes, interesados en esta forma de contar historias, se acercan por vez primera. Entre ellos está Luca Guadagnino (Suspiria, Call Me by Your Name).

Jack Dylan Grazer, a quien muchos reconocerán como Eddie en el remake de IT (2017) protagoniza este coming of age junto a la primeriza Jordan Kristine Seamón, jóvenes americanos cuyos caminos se entrecruzan por vivir en la misma base militar estadounidense, cerca de Véneto en Italia. El fortalecimiento de su amistad, los descubrimientos sobre su identidad y el desamor, serán los temas centrales para esta serie que se figura como una visión más introspectiva a su posible rival, la estrambótica Euphoria.

The third day 

Creada por: Dennis Kelly 

Dónde la puedo ver: HBO

Fecha de estreno: 14 de septiembre

La miniserie de seis episodios sigue en primera instancia a Sam, interpretado por Jude Law (The new pope) un hombre que llega en búsqueda de respuestas a una pequeña isla en las afueras de la costa británica. La serie se dividirá en tres partes: Verano, Otoño e  Invierno, esta última protagonizada por Naomi Harris. 

Desde sus avances se nota que la atmósfera compartirá similitudes con películas del subgénero de terror conocido como folk horror, del cual se desprenden obras como The Wicker man (1973) o Midsommar: El terror no espera la noche (2019). 

Las crónicas del taco: temporada 2  

Creada por: Producida por: Hallie Davison y Pablo Cruz

Dónde la puedo ver: Netflix

Fecha de estreno: 15 de septiembre

¿Acaso existe un alimento más delicioso y placentero que un buen taco? Netflix se puso las pilas con una nueva entrega de esta serie documental que ahonda en las diferentes maneras de preparar este platillo tan característico de la comida mexicana; desde los ingredientes que puede llevar, la carne, la tortilla, y sí, la filosofía detrás de cada uno de ellos.

Fargo: temporada 4 

Creada por: Noah Hawley 

Dónde la puedo ver: FX

Fecha de estreno: 16 de septiembre

Tres años hemos tenido que esperar para volver a disfrutar de la serie antológica, inspirada en el largometraje de 1996 dirigido por los hermanos Coen. En esta ocasión, será Kansas City en 1950 la época en la que se desarrollarán estos nuevos acontecimientos, ante los cuales, gracias a los avances que han rondado por redes sociales, podemos asegurar se tratará de una disputa entre mafiosos; el grupo liderado por Chris Rock intentará apoderarse de las calles pertenecientes a una organización criminal de italoamericanos. 

Ratched 

Creada por: Evan Romansky, Ryan Murphy

Dónde la puedo ver: Netflix

Fecha de estreno: 18 de septiembre

Del universo televisivo que creó Murphy llega una entrega más, ahora protagonizada por su actriz fetiche Sarah Paulson, una especie de precuela que centrará su trama en mostrar el origen de la tiránica enfermera Mildred Ratched, personaje escrito por Ken Kesey y adaptado por Milos Forman en su cinta Atrapado sin salida (1975). 

Utopia 

Creada por: Gillian Flynn 

Dónde la puedo ver: Amazon

Fecha de estreno: Aún no hay fecha definitiva 

Para quien conozca de antes el trabajo de Flynn, le fascinará saber que este año regresa con un nuevo proyecto, luego de regalarnos aquella joya en forma de miniserie llamada Sharp objects (2018), con el remake de Utopia (2013), historia sobre un grupo de jóvenes que descubren una serie de conspiraciones en las páginas de una novela gráfica. Por su peculiar trama se convirtió en una serie aclamada desde su inicio. Se espera que en otoño de este 2020 podamos ver esta nueva versión. 

Gambito de reina

Creada por:  Allan Scott, Scott Frank 

Dónde la puedo ver: Netflix 

Fecha de estreno: 23 de octubre  

Basada en la novela homónima del escritor estadounidense Walter Tevis, publicada en 1983, Netflix lanzará esta miniserie de seis episodios protagonizados por Anya Taylor-Joy, a quien, por cierto, al fin podremos ver como Illyana Rasputin en Los nuevos mutantes

La serie, creada por el guionista de Logan (2017), retratará la vida de Beth Harmon, una joven prodigio del ajedrez que ante las carencias de una infancia sin padres deberá luchar contra los estragos emocionales causados por una crianza negligente por parte del estado y, por si fuera poco, tendrá que ganarse un lugar entre sus rivales masculinos, quienes dominaban el campo profesional de los años 50. 

The crown: temporada 4 

Creada por: Peter Morgan

Dónde la puedo ver: Netflix 

Fecha de estreno: 15 de Noviembre

Uno de los capítulos más conocidos en la historia de la realeza británica tendrá lugar en esta cuarta temporada: el matrimonio entre el príncipe Carlos y la princesa Diana. En esta entrega se diseminarán los hechos que llevaron a su separación y su posterior divorcio. Aún se conoce poco de la trama general, pero lo que sí sabemos es que tendremos de vuelta a Olivia Coleman (La favorita) así como el elenco de la temporada anterior. 

Dark 3: la pieza faltante del rompecabezas

¿La humanidad está sujeta a vivir en un tiempo cíclico en el que se repiten una y otra vez nuestros errores? O ¿somos capaces de interferir y cambiar nuestros destinos? Tras un año de espera, Netflix estrenó el 27 de junio la tercera temporada de Dark.

Los seguidores de la serie podrán terminar de unir los puntos que conectan a todos los habitantes de Widen en el tiempo y ahora, también, a través de mundos. La producción alemana con esta última entrega le da fin a las preguntas que planteó en sus temporadas anteriores, y nos regala la pieza faltante del rompecabezas al hacernos notar que todas las pistas estaban desde el inicio.

No te metas con los gatos: el nacimiento de un asesino en Internet

Por: Citlalli Juárez (@citlallijuarez)

Es un día normal como cualquier otro. Navegas en tu feed de Facebook, das like a un par de fotos de tus amigos, te ríes con algunos memes y apenas miras los titulares de las noticias. De pronto algo llama tu atención; muchas personas están hablando de cierto video desgarrador. Alguien publica el link en un grupo al que perteneces, acompañado de una descripción inusual: “Aquí está el video. Probablemente lo eliminarán pronto…” ¿Qué es esto?, te preguntas mientras das click en el enlace a pesar de la desconfianza que te causan los cientos de comentarios advirtiendo no ver el video. La página carga y en tu pantalla se reproduce el video de un hombre jugando con dos gatitos en una cama. Todo parece ser una escena inocente de aquellos videos de animales que el Internet tanto ama, hasta que el hombre mete a los gatos en una bolsa de plástico y con una aspiradora comienza a succionar el aire hasta asfixiarlos.

En el año 2010, las redes sociales se conmocionaron debido a la publicación del video ‘1 Guy 2 Kittens’, en donde se mostró el asesinato de dos mininos, mismo que sirvió como detonante e hilo conductor en la historia de la serie de Netflix, Don’t f**ck with cats.

No te metas con los gatos (por su nombre en español) es una serie documental de tres episodios que narra la historia del asesino Luka Magnotta y el inicio de su vida criminal con una serie de videos publicados en internet. Luka mató a gatos de maneras brutales hasta convertirse en el “Descuartizador de Canadá” al asesinar a un hombre, descuartizarlo, enviar partes de su cuerpo a políticos canadienses y subir un video de su crimen a Internet. Asimismo, la serie aborda la historia de un grupo de cibernautas, quienes motivados por la indignación se dedican a descubrir la identidad del “asesino de gatitos”; descubren pistas en los videos, rastrean fotografías, comparan formas de escritura y demás técnicas de la talla de investigadores profesionales para llevar al criminal ante la justicia.

Esta serie de finales del 2019 se posicionó como uno de los más grandes aciertos de Netflix, que ha incursionado en documentales criminales y de asesinos seriales (como Las Cintas de Ted Bundy o Un asesino oculto: En la mente de Aaron Hernandez) con gran aceptación. Resulta apropiado decir que su éxito se debe a la gran labor de producción, así como el manejo de la historia y su desarrollo.

Uno de los más grandes atributos de la docuserie es la edición, que se apoya de entrevistas, material de archivo y, en su mayoría, de la recreación de las interacciones y conversaciones del grupo justiciero a través de redes sociales. De esta manera, al escuchar a una mujer describir lo que se ve en el primer infame video de los gatos, es posible ver la respuesta colérica de cientos de usuarios en redes que demandaban justicia, lo que brinda una mayor perspectiva del alcance del video en su época; de la misma forma, la búsqueda remota de las escaleras en donde Luka fue visto por última vez, se convierte en una auténtica escena de persecución que perdería impacto si no fuese por la edición.

Otro de sus grandes aciertos es la narración de los eventos. La historia se aborda a partir de la paulatina revelación de información importante, la cual funciona para que el espectador cree sus propias deducciones. Es así que cuando la tensión se acumula y el público cree saber lo que está por suceder, la historia tiene un giro dramático en sus eventos, que generalmente funciona como el cliffhanger para el siguiente capítulo. De esta manera, Don’t f**ck with cats logra mantener al espectador ansioso de conocer el desenlace de la historia. Sin embargo, también es cierto que los creadores se tomaron bastantes licencias en la narración de la historia, como la supuesta amenaza hacia una de las investigadoras cibernautas tras recibir un video del lugar donde trabajaba; sin embargo, no se explica cómo llegó hasta ella. Ahí también se encuentra lo que se puede considerar una conexión forzada entre el asesino y la cinta Bajos Instintos (1992), entre otras asunciones bastante dramatizadas.

Además de dichos aciertos y desaciertos, el mayor atributo de la serie es la introspección obligatoria a la que se somete al espectador. Desde los primeros minutos se establece que el asesino es una persona altamente narcisista que disfrutaría de una persecución al mismísimo estilo de Atrápame si puedes (2002), en donde Leonardo DiCaprio interpreta a un astuto falsificador que evade durante años al FBI; más adelante se demuestra que además es un individuo que anhela la atención, llegando al extremo de crear rumores sobre una relación con Karla Homolka (una de las asesinas más reconocidas de Canadá), sólo para ganar fama en medios. La advertencia está presente desde los primeros minutos: este individuo gusta de la atención.

De esta manera, la docuserie cierra lanzando la pregunta más incómoda a la que se podría someter el público: ¿Hasta qué punto somos responsables del nacimiento de un asesino?

Si bien es cierto que Internet es un lugar inmenso con millones de usuarios y que no podemos controlar el material que otros suben, también es cierto que somos responsables del contenido que consumimos y compartimos. En este sentido, ¿fueron los investigadores cibernautas el público que Magnotta tanto ansiaba? ¿De alguna manera lo motivaron a continuar asesinando?

Y si reflexionamos sobre estas interrogantes con respecto a nuestra sociedad actual y el manejo de redes sociales, ¿quién resulta ser más responsable? ¿La persona que comete un crimen o el espectador que continúa compartiendo el contenido violento, sumando vistas y creando un público para estas personas?

Run: el debut de Vicky Jones en la pantalla chica

Los planos iniciales de Run muestran el inmenso estacionamiento de un centro comercial al aire libre, en el cual se encuentra la protagonista Ruby. El silencio predomina en el interior de su automóvil; tiene la mirada perdida y el rostro desencantado. Mientras la cámara muestra su soledad, a lo lejos aparecen nombres de tiendas y los otros coches que rodean a la desdichada esposa. De manera simple y rápida, la guionista Vicky Jones junto a Kate Dennis en la dirección, muestran en pantalla la premisa central que marca el ritmo de la serie: el deseo de escapar de todo sin consecuencias ni miramientos. 

Con siete capítulos de media hora cada uno, Vicky Jones, colaboradora de la admirable Phoebe Waller-Bridge en varios proyectos multipremiados como Fleabag (2016), y Killing Eve (2018), debuta con esta serie mezcolanza entre comedia romántica al estilo de Richard Linklater (Antes del amanecer, 1995) –referencia citada por la propia creadora–y el género thriller, cuya atmósfera en ocasiones recuerda a la adaptación cinematográfica de Alfred Hitchcock, Extraños en un tren (1951). 

El primer gran proyecto de Jones en la pantalla chica es sencillo en su desarrollo dramático; de manera lineal se cuenta la historia de dos exnovios de la universidad, quienes tras 15 años sin verse y un mensaje de texto que sólo dice “Run”, deciden abordar un tren, huir lejos de sus problemas para vivir como siempre quisieron sin que los molesten. Y aunque las situaciones son predecibles debido a la poca dimensionalidad de sus personajes Ruby (Merritt Wever) y Billy (Domhnall Gleeson), la historia es entretenida a ratos debido a los pocos temas que aborda. 

El redescubrimiento erótico de la figura femenina es una influencia directa de los trabajos que la directora de teatro trabajó con su amiga Waller-Bridge; ambas tienen inquietud por escribir sobre la reconexión que una mujer tiene con su sexualidad, luego de pasar años en una rutina marital que las hace olvidar su rol femenino para convertirse sólo en madres o esposas. Existen pinceladas de la personalidad de Eve –por lo menos en su primera temporada– o de Fleabag, en la confundida esposa que interpreta Wever.   

Billy, por otro lado, es el personaje que agrega misterio a la trama, es el encargado de provocar la mayoría de los conflictos hitchcockianos –un hombre que es perseguido por su pasado–. Aunque su crecimiento narrativo es más superficial a comparación que el de su compañera, Jones, aprovecha el pasado del protagonista y su asistente Fiona, interpretada por Archie Panjabi, para desarrollar una segunda premisa que va sobre la idea de felicidad y éxito que se busca en charlas o libros motivacionales y cuyo único propósito es aprovecharse de ellas para ganar cantidades bárbaras de dinero. 

Y si bien estos rasgos de personalidad en los protagonistas le dan cierto punto de interés a los primeros capítulos, la trama (luego de un par de conflictos) se vuelve monótona. Ni siquiera el trabajo de Kate Dennis (Glow 2017-18) junto a Matthew Clark (Notas perfectas 3, 2017) en la fotografía, una producción organizada, pero sin aportar mucho a la narrativa visual, logran hacerla más interesante. La mayoría del tiempo la cámara está presente sólo para describir el espacio o para saber quiénes están hablando. 

Hacia su desenlace, la serie se desinfla, principalmente por la débil relación amorosa entre los protagonistas; el lazo que los mantiene unidos durante la temporada, aún después de bastantes años sin verse, no resulta verdaderamente justificado. La química que se supondría electrizante entre dos ex amantes tras un recuento no se siente genuina y eso provoca que una vez conocemos lo básico de sus motivaciones, el resto de la trama sea monótona. 

Run no es la serie del año, e inclusive podría asegurar que fueron pocos los interesados en aventurarse a verla; su trama, aunque se lee interesante en pocas líneas en la práctica, resulta menos compleja. El nombre de Phoebe Waller-Bridge como productora es bastante llamativo para querer darle una oportunidad –su trabajo como guionista ha sido impecable– aunque al final, el prestigio de su amiga no fue más que una estrategia de HBO para vender mejor la historia de Jones. Bueno, por lo menos el intento se hizo.

Matarife: la serie que exhibe a uno de los políticos más poderosos de Colombia

Por: Eduardo Reyes (@EduardoReyesSer)

Matarife: Persona que tiene por oficio matar y descuartizar el ganado destinado al consumo.

Desde hace más de 40 años el nombre de Álvaro Uribe Vélez ha resonado en la vida política de Colombia. En los 80 fue Alcalde de Medellín y director de Aerocivil (organismo estatal regulador de la aviación en todo el país). En los 90 fue Gobernador de Antioquia y más tarde fue electo Presidente de la República en los periodos 2002-2006 y 2006-2010. Actualmente es senador por el Centro Democrático, partido fundado por él y que actualmente gobierna el país a través de su actual Presidente Iván Duque.

“El gran colombiano”, como se le conoce popularmente, es quizá el político más influyente y poderoso de su país, por ello no es extraño que una serie como Matarife, un genocida innombrable genere cierta agitación mediática. Creada por el abogado y escritor Daniel Mendoza Leal, la producción se basa en diversos artículos realizados por él y los periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez, quienes por años han seguido la carrera de Uribe y han constatado su historial criminal, sus vínculos con grupos paramilitares, narcotraficantes y políticos corruptos de Colombia.

Desde su origen, el creador de Matarife decidió distribuir los avances en grupos cerrados de WhatsApp y Telegram, esto como medida preventiva ante posibles actos de censura, lo cual generó mucha expectativa entre los colombianos, quienes se unieron a dichos grupos mediante un número telefónico que la ONG australiana AULA (encargada de la distribución) compartió por internet. Los datos de estos usuarios se subieron a un software programado para recibir cada episodio directo en su celular. Este peculiar método de distribución permite compartir el contenido con más velocidad y llegar a un mayor número de espectadores. 

La serie -coproducida por Colombia, Estados Unidos y Australia, y dirigida por Jack Nielsen- está compuesta por 50 capítulos distribuidos en cinco temporadas; con una narrativa ágil los episodios duran aproximadamente seis minutos y cada uno se liberará paulatinamente. El primero se estrenó en YouTube el 22 de mayo pasado y, de acuerdo con el portal Colombia Informa, en tan sólo dos días se registraron más de 4 millones de visitas. Hasta el momento se han subido dos capítulos más, sin embargo, aún no se comparten las fechas de publicación del resto.

Semanas antes de dicho estreno, el 8 de mayo, Mendoza Leal publicó un video en el cual declara ser vigilado y haber recibido amenazas; en el mensaje se le ve nervioso y frente a cámara afirma: “el grupo narco-paramilitar colombiano de Las águilas negras me quiere asesinar, la orden la dio el expresidente Álvaro Uribe Vélez”, además, informa que Daniel Palacios, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP), es la única figura quien podría protegerlo, sin embargo, éste “es un lacayo de Uribe”, sostiene. En ese contexto el periodista decidió acelerar la producción y estrenar Matarife antes de lo planeado.

Por su parte –y quizás como un acto de defensa- el expresidente también lanzó una serie de videos llamada Hechos de la vida pública de Álvaro Uribe que se distribuyó en las redes sociales de su partido. Desde una postura institucional y casi propagandística resalta sus logros y enfatiza su fuerte compromiso para combatir el narcotráfico; además hace un repaso por las denuncias no comprobadas durante sus funciones, como aquellas que afirman que favoreció a grupos del narco expidiéndoles licencias de aviación para transportar sus mercancías cuando era director de Aerocivil, tema que seguramente abordará Matarife.

Como si se tratara de una película de ficción sobre detectives y criminales, Daniel Mendoza Leal aparece en una sala de investigación con el retrato del expresidente clavado en la pared. En cada capítulo va pegando fotografías de otras figuras relacionadas con su carrera criminal y, mientras su voz en off narra los acontecimientos, imágenes de archivo se intercalan con la mano del periodista quien enreda un hilo rojo que conecta a estas personas con el actor principal: Álvaro Uribe.

Y simultáneamente a este entramado, Mendoza Leal también se perfila como otro actor protagónico, aunque éste pertenece a la vida real y la historia que se narra es el curso que su vida empezará a tomar. Ha asumido su papel de periodista comprometido, de criminólogo implacable, de ciudadano preocupado por conocer y revelar la verdad. 

Sin duda el proyecto que está desarrollando lo pone en la mira del funcionario más poderoso de Colombia, pero a cambio otros ciudadanos ya le reconocen su valentía y en YouTube le escriben mensajes de apoyo: “Por fin salió alguien a decir la verdad”, “¡Brutal! ¡muy buen periodista, como muy pocos en este país!”, “Tremenda labor de conciencia, un tiro directo al corazón del sistema”, “No sé, pero solo siento miedo por las personas que se atrevieron a destapar esta caja de pandora…”; y aunque esta historia aún no termina, la sociedad exige el surgimiento de más voces.

Aquellas que emerjan desde otras latitudes y que exploren la vida de sus propias figuras criminales, pues el contexto colombiano no es un caso aislado, incluso en toda América Latina podríamos encontrar equivalencias. México, por ejemplo, se ubica en una coyuntura similar: nuestro expresidente, el que declaró la guerra contra el narco, pareciera emular las tácticas políticas de Uribe Vélez al destaparse su posible relación con el Cartel de Sinaloa; y aunque esta figura ya tiene un pie en los juzgados de Estados Unidos, aún no surge un Mendoza Leal que exponga a nuestro propio matarife.

Capítulo 1. La granada que activó la élite:

Capítulo 2. Corporación muerte:

Capítulo 3. Esquirlas sociopáticas. Segunda parte: 

Gangs of London: una serie para rendirle culto

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Finn Wallace (Colm Meaney), el líder comercial de los clanes londinenses y del sector inmobiliario, ha sido asesinado a manos de dos mercenarios adolescentes. Sean (Joe Cole), el heredero del emporio criminal, decide detener todos los negocios legales y clandestinos para vengar la muerte de su padre. Mientras tanto, Elliot Finch (Sope Dirisu), un agente infiltrado, logra convertirse en la mano derecha de Sean  con el objetivo de incriminar a los Wallace y al maquiavélico tío Ed (Lucian Msamati).

Cuando se trata de series sobre crimen organizado es común encontrar perspectivas unidimensionales, donde la atención se centra en una familia específica y el resto de pandillas sirven de secundarios ocasionales. Las diferentes facciones que conforman el universo de Gangs of London poseen la misma importancia, haciendo incierto el rumbo y desenlace de cada episodio. Si bien existe un protagonismo de los Wallace, los rivales cuentan con las mismas oportunidades de sentarse en el trono de los negocios londinenses. La primera temporada apenas es el punto de partida para desarrollar una consecuente carnicería de proporciones épicas.

De forma consciente, Gareth Evans y Matt Flannery dieron a su programa una atmósfera de lucha monárquica, llena de traiciones y alianzas. Michelle Fairley como matriarca de los Wallace fue una gran elección para afianzar el sentido de “nobleza contemporánea” que los showrunners buscaban. El primer episodio de hora y media (muy cinematográfico en su composición) arranca con la confrontación entre capos tras la muerte del “rey”; no obstante, al margen de esa batalla se encuentra un poder superior y omnipresente, conformado por empresarios y políticos. Aunque la corrupción y los complots en las altas esferas son piedras angulares, los responsables le dieron al programa un imaginativo trasfondo familiar que magnifica la pelea entre casta.

Un tema central son los lazos familiares y la lucha generacional por cambiar las retorcidas prácticas de sus predecesores; “tu generación es un virus”, llega a decir un político a su padre Asif (Asif Raza Mir), capo de la heroína que financió la campaña electoral del hijo. En una era de aparente progresismo, los jóvenes vástagos ven a sus progenitores como psicópatas adictos al derramamiento de sangre, mas sucumben a la violencia heredada. Por tal razón, la serie se aproxima más a las tragedias monárquicas shakesperianas que a los thrillers convencionales. En ese contexto, el arco dramático de Sean Wallace es el más notable. Quien en un inicio se percibe como líder tirano e imprudente, termina convirtiéndose en un melancólico rey salomónico, con destellos de “compasión”, que lidia contra los pecados de sus padres.

Otro personaje destacado es Elliot, el policía tentado por el diablo. Una idea clave para entender su relevancia en la historia es la frase “los peones no puede ser reyes”; la insistencia en dicha acotación vaticina la posterior degradación de su íntegra personalidad. La meritocracia es cuestionada como un proceso de corrupción del alma en pos del ascenso en la pirámide del poder. Las derrotas de Luan (Orli Shuka) y Lale (Narges Rashidi) confirman ese punto; ambos poseen prioridades ajenas al monetario: para él su familia, para ella su pueblo. En cambio, Marian Wallace (Fairley) no duda en atentar contra sus hijos si de eso depende conservar el poder. 

Los episodio 4 y 5 son lecciones magistrales en el manejo del suspenso en escenas de acción para TV. Con momentos a la altura del famoso plano secuencia de True Detective, en ambas entregas sorprenden la dirección y el montaje; sin embargo, el quinto capítulo es la cereza del programa. Se trata del intermedio a la línea narrativa central, común en las series, tras alcanzar el punto de acción más alto. Lo que parece la simple continuidad paralela al escape de Darren Edwards (Aled ap Steffan), el joven gitano que asesinó a Finn Wallace, se convierte en una sangrienta matazón en la línea del mejor cine de gangsters. Si bien el mayor atractivo promocionado por los críticos es la violencia explícita, tal gore no tendría ningún impacto sin el terror construido a partir del magistral argumento; los eventos en dicho episodio son un claro ejemplo de ello, una consecuencia orgánica a la hybris del primer capítulo. 

Como especialistas en cine de artes marciales, Evans y Jude Poyer (el coordinador de dobles de riesgo) construyeron las secuencias de pelea a partir del análisis sesudo de los personajes; así, dependiendo de la historia de vida asignada a cada rol, se decidió qué tipo de mezcla coreográfica se emplearía. Aunque es imperceptible para el espectador común, tal complejidad en escenas de acción otorga profundidad al salvaje espectáculo inspirado (según el showrunner) en el vigor cinematográfico del RoboCop (1987) de Paul Verhoeven, el ambiente callejero ruso y el legado de El padrino (Francis Ford Coppola, 1972), ya que ambas inician con una “celebración”.

[Inicia spoiler]

Durante el último episodio ocurren cosas extrañas, razón de la mala recepción por parte de la audiencia. Tras la explosión de la Torre –el cierre lógico–, el capítulo 9 se siente como un colofón de eventos que anteceden a la segunda temporada, con un final paranoico a lo Bourne y la absurda “resurrección” de Marian. Distanciandose del gore previo, el desenlace desvía la atención hacia el corporativismo siniestro que concluye con la “inesperada” muerte de Sean (entre otros personajes esenciales) y la incorporación formal de Elliot a uno de los bandos en guerra. En un twist bien ejecutado, Sean termina convirtiéndose en el mártir del fuego cruzado; situación decepcionante para algunos, porque ya no tendremos a Colm Meaney en las próximas temporadas.

[Termina spoiler]

La lección final: el verdadero demonio no son los capos de la droga, sino los empresarios que mueven el dinero sucio. La llegada de Gangs of London (concebida como saga de películas) se asemeja bastante al estreno de The Handmaid’s Tale: una serie que, de boca en boca, irá ganando adeptos férreos y un prestigio destacado. El atractivo de la trama se debe a la diversidad del coro criminal, donde paquistaníes, albaneses, gitanos y kurdos luchan por un lugar en la escena criminal al puro estilo de (no quería mencionarlo, pero sale a colación en varias entrevistas) Juego de Tronos. Como fanboy del cine de acción, Gareth Evans produjo una brutal y sangrienta historia repleta de momentos cardiacos, carente de apologías y con una revisión dramatúrgica y artificiosa del género, alejada del acartonado “realismo social” de la BBC.  Gangs of London será un punto de referencia y agasajo visual para los amantes del thriller policiaco.

 

Defending Jacob: la ilusión ambigua del victimario

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

El asistente del fiscal Andy Barber (Chris Evans) investiga la muerte de un adolescente; no obstante, las primeras evidencias apuntan a su hijo Jacob (Jaeden Martell) como el principal sospechoso del homicidio. Después de ser apartado del caso, Andy comienza a indagar las pruebas que involucran a otro presunto asesino descartado. En tanto, su esposa Laurie (Michelle Dockery) sufre una crisis emocional ocasionada por las dudas sobre la culpabilidad del joven.

Todos los dramas legales parten del mismo punto y es durante el desarrollo cuando demuestran su verdadero alcance. La nueva serie de Apple TV+ arranca con una premisa convencional, mas resultan atractivos su formato y atmósfera, resultado de la colaboración entre el showrunner Mark Bomback y el director Morten Tyldum. Desde el piloto la serie comenzó a tener una respuesta positiva de la audiencia, en parte, gracias a la aproximación de Tyldum y Jonathan Freeman (director de fotografía del último episodio de Juego de Tronos) a la estética fría y pesimista (sin solemnidad) de las series europeas más representativas del género, como las belgas Beau Séjour y Enemigo Público.

El ritmo no es la mayor virtud del programa, ya que el suspenso no es prioridad; sin embargo, tales agujeros emotivos son rellenados con otros temas sugerentes, como el acoso mediático contra el victimario y el “gen del guerrero” (MAOA) en el ADN de los Barber. En las narrativas contemporáneas se ha normalizado el uso de términos médicos para racionalizar la violencia juvenil, una conversación iniciada en el mainstream por Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011). Similar al filme de Ramsay, la relación madre/hijo es el gancho para profundizar en los antecedentes de la posible mente criminal del protagonista. Lo intenso del drama no se encuentra en el doble proceso legal que hila la trama, sino en la reconstrucción de los hechos a partir del paranoico personaje de Michelle Dockery, pues solo ella es consciente del verdadero rostro de Jacob.

Las dudas de Laurie conforman un retorcido drama acerca de las nuevas maternidades, sin los clichés de amor ciego e incondicional. Como sucedía en la temprana El ángel malvado (Joseph Ruben, 1993) —aunque más ambigua en su desarrollo—, la madre se enfrenta al dilema de convertirse en verdugo del “monstruo” que podría ser su hijo. Para aligerar el tono trágico de la novela (con un desenlace concreto a la segunda acusación contra el chico), Bomback desplaza el juicio en la corte a un segundo plano y centra su atención en la batalla interna de Laurie, con el objetivo de entregar al espectador un magnífico final abierto a las interpretaciones. Tal ejercicio de suspenso anticlimático es muy parecido al de John Patrick Shanley en su obra La duda, donde la incertidumbre de los personajes sobre cierto evento constituye un incómodo vacío narrativo para el espectador.

La serie también toca terreno fangoso al elegir una mirada empática hacia el presunto culpable. El año pasado, La víctima (producción de la BBC) contenía una crítica similar sobre el acoso social contra el victimario, un fenómeno magnificado por el ruido del social media. Al final de Defending Jacob nos preguntamos: incluso siendo el asesino ¿es justificado el asedio del criminal por parte de la opinión pública? ¿Cuál es nuestra facultad moral para juzgar y sentenciarlo? Leonard Patz (Daniel Henshall), un ofensor sexual sospechoso del homicidio, es importante para entender la gravedad del problema. Mientras la familia Barber es hostigada por la fiscalía y los vecinos, el propio Andy acosa a Leonard para librar a Jacob del juicio, motivado por el prejuicio de los antecedentes penales de Patz.

Dicho lo anterior, Defending Jacob tiene una perspectiva pesimista sobre la hipócrita sociedad “americana”: nadie es amigo de nadie. El asesinato del chico, el pasado familiar de Andy y los gustos extremos de Jacob son pretextos para mostrar cómo una familia privilegiada es vulnerada por la exhibición (sin clemencia) de todos sus secretos. No obstante, en ese punto la serie se queda corta, pues (en pro de aminorar la antipatía de los protagonistas) Bomback se muestra tibio con la representación de Andy como una ciudadano con principios éticos (estereotipo reafirmado por el innecesario prólogo del episodio 9). El desequilibrio de complejidad argumental entre el personaje de Evans y el de Dockery resta oscuridad al drama, cayendo en el clásico thriller sin cuestionamientos al sistema judicial estadounidense (donde no existen corruptos, solo burócratas frente a dilemas complicados).

Dentro del género, la serie cierra creativamente al conflicto legal. Los dos últimos episodios tienen un perfecto desarrollo de la trama jurídica, que ayuda a engrandecer el conflicto de Laurie (repito, el punto medular del programa). De acuerdo con el showrunner, el centro de la serie está en la pregunta: “¿soy tan buena persona como pensé que era?” Como respuesta, Defending Jacob es una historia inquietante sobre la inexistencia de justicia y otra victoria para Apple TV+ en la guerra del streaming.