Ve todos los videos musicales que ha dirigido Spike Lee

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

Spike Lee es uno de los directores norteamericanos que siempre ha tenido presente la importancia de su papel como creador y su interés en las luchas sociales; desde sus inicios como estudiante de cine se acercó a bandas de hip hop, las cuales combinaban lo festivo del baile con las situaciones que como afroamericanos los aquejaban.

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Al trabajar con diferentes géneros como el hip hop, el rock alternativo y el pop, ha logrado llevar su cine a los videos musicales que ha dirigido. Un ejemplo es la idea de la decadencia en la sociedad estadounidense que ha presentado en videos de corte pop como en sus grabaciones con Prince o Michael Jackson. También está el caso de su más reciente colaboración de la mano de The Killers, una entrega casi documental de la situación de los migrantes latinoamericanos y su llegada a Estados Unidos.

Su estilo en los videos musicales es muy variante, puede narrar una historia, combinar técnicas de montaje o simplemente poner a bailar la gente. A continuación de te dejamos cada una de las piezas que ha dirigido. 

White Lines (Don’t Don’t Do It  de Grandmaster Flash and Melle Mel, 1983)

Da Butt para el soundtrack de School Daze (1988)

Fight the Power de Public Enemy (1989)

Sunless Saturday de Fishbone (1991)

Understanding de State of Art (1991)

Laughing at the Years de State of Art (1992)

Money Don’t Matter 2 Night de Prince and the New Power Generation (1992)

Hip Hop Hooray de Naughty by Nature (1993 )

Cose della vita de Eros Ramazzotti (1993)

Breakfast at Denny’s de Buckshot LeFonque (1994)

They Don’t Care About Us de Michael Jackson (1996)

Blak Iz Blak de Mau Maus (2000)

This Is It de Michael Jackson (2009)

Headlights de Eminem (2014)

Land of the Free de The Killers (2019)

El Joker y el Carnaval de Referencias 

Quiero ser claro. No me mal interpreten, no comenzaré con la vieja confiable de los fans del DCU: hay que ser comiquero para entender y disfrutar estas películas. A lo que me refiero es: siendo un personaje tan conocido, querido y profundamente ligado a la cultura popular, todos tenemos, en buena medida, gran conocimiento y aprecio por el Joker. Retrata perfectamente el opuesto a Batman y como polares, se tocan en muchos lugares de su construcción. Por eso es que la adrenalina recorre tu cuerpo a lo largo de toda la película de Todd Phillips. Sabes qué viene, entiendes que lo que se plasmó en la pantalla tiene una larga, muy larga construcción en diversos formatos, sabes a dónde vamos todos en la sala y ya quieres llegar para celebrarlo en el Carnaval de referencias. 

Si bien nos han dado pistas del origen de este personaje, una tras otra lo hacen más inverosímil y eso genera un gran interés en él. Ahora, en los cómics nos hablan de una triada de bromistas que han despistado al mejor detective de la historia. El Joker ha evolucionado con los problemas que son cada día más evidentes en nuestra sociedad, desde el caricaturesco inicio del mismo, hasta sus versiones más brutales y retorcidas. Estamos frente al Señor Villano, el representante del mal en la tierra, el mismo que en este juego de paradojas simbólicas ha puesto una sonrisa en nuestros rostros. 

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No es de extrañarse que se tengan esas reacciones frente al filme, el personaje siempre da para reflejar todo lo que está mal en nuestra cultura, en nuestra idiosincracia, sociedad, relaciones personales, imaginación, en todos lados. ¿Ya olvidamos Killing Joke (Moore, Bolland y Higgins, 1988)? ¿Las bien logradas interpretaciones de Ledger y Nicholson? ¿Los aportes de la serie animada (1992)? Ha caminado con nosotros para demostrar nuestra enfermedad. Por eso tanta controversia hoy, en el tiempo de la corrección política y la tolerancia aplastante de la individualidad, el humor ácido y la ofensa rebuscada. 

Y en principio, ese es un error en la narrativa, pero un gran acierto en el cómo se presentan las cosas y sobre todo en la actuación. Hay una necesidad implacable de racionalizar al Joker. De demostrar lo patético y enfermizo que tiene que ser alguien así de desquiciado, porque no hay otra razón para que algo así exista. Se nos olvida el material de origen, las viñetas de un cómic. Uno de los mayores esfuerzos propagandísticos para sacar de la gran depresión a la sociedad, si no se exagera, no se entiende, ni atiende el problema. 

De esto sufre la película casi en todo su metraje. Quiere explicar todo, justificar y convertir en verosímil, algo que de entrada, sabemos no es así. El pretexto para contar la historia es nuestro querido Guasón, el tema: el problema evidente de violencia y el fácil acceso a las armas en un estado de moral distraída con muchos golpes de pecho, de abandono a las personas que necesitan ayuda, el manejo de la información por los medios y la caricatura que hacemos de todo lo que nos rodea, políticos mesiánicos y con buen ojo para la coyuntura, en fin. Un retrato. 

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Desde este retrato vemos un Gotham desde el piso, en las calles, en las peores circunstancias, algo como lo que quiso hacer la serie live action (Heller, 2014) y no pudo lograr. Puede ser cualquier megalópolis del planeta. Pero el grado de locura es característico de las historias de Detective Comics. La ciudad se vuelve un personaje más, un testigo de las atrocidades por las que todos pasan día a día, un experimento sádico de convivencia y desamparo.

Que no se nos olvide, la película tiene objetivos bien marcados. 1. Gustar al gran público y 2. gustarle a la crítica. Por eso no escatima en referencias. Que necesitamos regresar al cine de autor de los setenta, ¡venga! La puesta en cámara es un manantial de referencias, el ritmo, la foto, la iluminación y los encuadres perfectamente cuidados para lograrlo. Que necesitamos una fuente de inspiración, ¡toma una re escritura de Taxi Driver (Scorsese, 1976), bueno no tanto, pero entienden la idea. ¿Que vamos a contar la historia de un personaje roto? ¿Les gustó El Maquinista (Anderson, 2005)? ¡Ahí lo tienen! ¿Qué tal un poquito de Buffalo Bill como en The Silence of the Lambs (Demme, 1991)? Por eso don Robert queda perfecto, nada mejor que una figura de época para satisfacer. Funciona. 

Por eso no le importa centrarse en la gran actuación de Phoenix. Él levanta la película en todo momento, ¿cómo? Con su gran talento y cierto nivel de autoreferencia. El patricidio de Gladiador (Scott, 1999), el devenir, dudar, caer, sufrir y ascenso (o descenso) en The Master (Thomas Anderson, 2013), You Were Never Really Here (Ramsay, 2017), Her (Jonze, 2014) y Señales (Shyamalan, 2002). Sabemos que además tuvo mucho que ver en la toma de decisiones de este filme, sabía lo que quería y lo consiguió.

Hace uso de elementos catárticos conscientes como el baile e inconscientes, la risa. Sabemos que no procesa bien lo que está sucediendo, nos lo dice hasta el cansancio, pero siempre encuentra un punto para ser libre y sobre salir, por eso su coronación en medio del caos funciona tan bien. Y hablando de eso, nada puede salir mal con White Room de fondo, mientras montas un par de tributos y planteas el nuevo estado del orden.

La ambientación sonora está perfectamente diseñada. La música nos pone en un contexto temporal, de actitud y desenfreno. Mientras tanto, el Score nos eleva al grado de locura en que va el personaje. La intención perfectamente marcada en las notas nos lleva a sus pasos de baile y por supuesto a lugares conocidos en las aventuras del murciélago. Sabes que estás en Gótica.

Por otro lado, he visto en tantos formatos y tantas veces la muerte de los Wayne que ya habían perdido el sentido, hasta que las vi en este contexto, el caos, el nacimiento al unísono de las contrapartes, de las concepciones del bien y el mal, de los caballeros de la noche. Además, cerrando con un chiste a lo Killing Joke, hasta el Cap entendió esa referencia. 

Evidentemente, la película cojea por pretender y lograr complacer a todos sus públicos, pero se levanta cada que propone, que intenta y se sale un poco de su lógica para recordarnos que estamos frente al señorón de la villanía. No es perfecta pero es un gran experimento. Esto podría iniciar una reformulación de lo que quieren lograr en Warner. Puede abrir camino a una nueva era en el cine de los encapuchados o ser un punto y aparte siempre.

Prepárate para ‘The Irishman’ con este ciclo de Martin Scorsese

Será el 27 de noviembre cuando se estrene The Irishman, la nueva película de Martin Scorsese. Y para no sufrir la espera, Cinemanía Loreto ha programado 14 largometrajes del cineasta estadounidense, los cuales van desde sus primeros trabajos como Calles peligrosas (1973) hasta sus títulos más recientes como El lobo de Wall Street (2013).

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La retrospectiva Martin Scorsese comenzará el 14 de octubre con Después de las horas (1985)escrita por Joseph Minion y con la cual Scorsese ganó el premio a Mejor director en el Festival de Cannes. A la lista se suman: El calor del dinero, Toro Salvaje, El rey de la comedia, Casino, Buenos muchachos, Infiltrados, Taxi Driver, Pandillas de Nueva York y El Aviador.

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Las funciones se realizarán los días lunes, martes y miércoles a las 19:00 horas. Consulta más información aquí.

Conferencias magistrales de grandes cineastas

¿Cuáles son las inquietudes de quienes con sus películas nos han despertado diversas emociones? Aunque constantemente lo demuestran con las historias que crean, no está de más escucharlas de su propia voz.

A continuación te dejamos cinco clases y conferencias magistrales de cineastas de diferentes nacionalidades, las cuales muestran, entre muchas otras cosas, los inicios de grandes carreras y las variadas formas de concebir el cine.

Guillermo del Toro

Una de las inspiraciones más representativas para los jóvenes mexicanos que desean ser directores de cine es Guillermo del Toro, oriundo de Guadalajara cuya carrera ha ido en crecimiento desde aquella Cronos (1993), en la cual mostró un espíritu urgente de la fantasía, y que seguimos viendo en la actualidad ya sea como director o productor.

En la pasada edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), el director de Pacific Rim, The Shape of Water, Crimson Peak, entre otros largometrajes, ofreció dos clases magistrales moderadas por Nick James, editor de Sight and Sound. En ellas comparte detalles de sus influencias así como consejos para quienes inician como realizadores.

Lucrecia Martel

En esta charla impartida en 2011 en el Festival Vivamérica, realizado en España, la cineasta argentina parte del hecho que la inclinó por la creación de historias, los cuentos que de pequeña le narraba su abuela, para profundizar en lo que representa la sonoridad en la construcción de imágenes.

A partir de esto, Lucrecia, una de las cineastas latinoamericanas más importantes en la actualidad,  también desarrolla un tema que escapa al cine: cómo las formas de hablar revelan al ser humano. Se trata de una amplia exposición sobre aquello que determina lo sensorial en el cine.

Pedro Almodóvar 

En 2016 el cineasta manchego compartió en el Círculo de Bellas Artes los motivos que lo orillaron a dedicarse al cine, sus primeros experimentos con la cámara, los cineastas que considera más importantes, como Alfred Hitchcock, y sus opiniones ante las formas de hacer cine en la era digital.

David Lynch 

En el marco de El Aleph: El festival de arte y ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se realizó una videoconferencia con el cineasta estadounidense David Lynch y moderada por el escritor Pepe Gordón.

La platica se centra en el proceso creativo del director de Twin Peaks, en la importancia de las ideas y en la expansión de la conciencia, esto debido al tema del festival: la exploración del cerebro. A partir de este particular tema, la charla derivó en un discurso sobre la importancia de los ambientes en los que las personas desarrollan sus ideas.

“El ambiente no tiene un papel tan importante como el papel del océano que tenemos dentro de nosotros, que es nuestro amigo más grande…simplemente tenemos que ir a visitar a ese amigo”

Alejandro G. Iñarritu

El director de Amores perros, Babel y Birdman, conversó ampliamente con los estudiantes de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) sobre su experiencia con la vida académica y sus motivaciones al momento de hacer cine.

Moderada por la crítica de cine Fernanda Solórzano, el cuatro veces ganador del Premio Oscar habla de las dificultades en cada proceso de la realización, como la edición, la cual considera determinante porque es donde se hace (o se deshace) la película.

Hace 20 años así recibió la crítica a ‘Fight Club’

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

La masculinidad tóxica, los limites del capitalismo y la incapacidad del ser humano de querer sobrevivir, son temas que hace 20 años tocó Fight Club (1999). En su tiempo el trabajo de David Fincher desató controversia entre críticos que alabaron su revolucionaria puesta en escena, contrario a otros que no vislumbraron profundidad en una película de peleas clandestinas. A continuación una muestra de lo que se escribió de la cinta que nos mostró lo bello que es ver edificios colapsar si de fondo tenemos a los Pixies.  

David Rooney de Variety habló de la descarga de adrenalina que resulta la cinta, y sobre Fincher destacó el equilibrio entre un estilo frío con la enorme cantidad de información que lanza la historia; también resaltó el juego con las convenciones cinematográficas y la forma de acercar al público la conciencia de los personajes. En cuanto al guion, al ser el debut de Jim Uhls, reconoció un trabajo salvaje e ingenioso. 

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Sobre las temáticas, subrayó lo cercanas que son a su tiempo, y que al explorar tópicos existenciales lo hace de manera accesible gracias a su humor constante, diálogos bien cimentados y la ironía sobre el consumismo, la cultura corporativa y el capitalismo.  Presagiando el recibimiento general que tendría la película, alertó que algunos pudieran encontrarla repelente.

En contraste tenemos a Stephen Hunter del Washington Post, quien comparó a la cinta con recibir una paliza, una en la que la narrativa tiene demasiadas formas, que a veces logran un buen conjunto…pocas, para él. En su opinión este problema se encuentra en que busca contagiar tanto enojo.  La única consistencia que defendió fue su tono, que lamentablemente pierde con un clímax confuso. La emparejó con títulos como Repo Man (Alex Cox, 1984) y Kiss Me Deadly ( Robert Aldrich, 1955), y finalmente la consideró una cinta genial aunque su estilo sea indefendible. 

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Otro critico que supo ver en ella un trabajo fresco fue Peter Travers, de Rolling Stone. Su valoración parte de que Fight Club es pro-pensamiento y no panfleto que justifica el fascismo; esto al buscar sacudir el mundo del espectador y desafiar sus prejuicios. Puso énfasis en el gran trabajo del cinematógrafo Jeff Cronenweth y el editor James Haygood al lograr que el lenguaje del cine se expresará al máximo, como los créditos iniciales. En cuanto a las actuaciones, exaltó a Edward Norton, quien para su gusto podría considerar el mejor actor de su generación con los tantos matices posibles en su personajes. Mientras que de Brad Pitt señaló que fue su papel más arriesgado del momento, y que ese efecto cómico y subversivo es lo mejor logrado.  

Roger Eber fue otro que vio en ella sólo porno machista, criticando el cambio del primer acto al segundo, donde todo se vuelve demasiado violento. Consideró que peca de lo que él llama el síndrome de Keyser Soze: buscar redefinir una realidad ya cimentada en la historia con una escena final. En cuanto al desempeño del director, prefirió mencionar su trabajo en The Game (1997) en la cual presenta el tema del hombre contra el capitalismo de mejor manera. Eso sí, felicitó a los tres actores principales por su potencia.

Para su gusto la película es visceral y dura, con niveles de ironía y comentarios por encima y por debajo de la acción. Con un segundo acto es complaciente y el tercero es engañoso, en el que además se ensalza a un personaje como Durden, quien más que un liberador de la masculinidad, es un bully.

En The New York Times, Janet Maslin abordó su capacidad de ser audaz y adaptar visualmente los desvaríos mentales del protagonista. Asimismo la emparentó por su extrañeza con Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999), y por su desarrollo de la virilidad contemporánea. Advierte que la manera ofensiva de mostrarse puede confundirse con un respaldo al nihilismo y al totalitarismo. Al hablar del trabajo anterior de Fincher, Seven (1995), considera que Fight Club es menos horrible y más seria al explorar el atractivo de la violencia, gracias también a su edición ingeniosa y del trabajo creado a computadora. Por el lado de la actuación habló del equipo complejo pero provocativo que crearon Norton y Pitt. 

Fight Club fue una película sintomática de su tiempo, no logró un gran éxito en taquilla pero llegó a convertirse en una cinta del gusto del gran público a su llegada a formatos caseros. Alcanzó a crear un debate en torno a su temática y a su manera de abordarla, con destreza y sin miramientos con el espectador. A la fecha sus escenas continúan siendo recordadas y referenciadas.