Nydia Lilian: fotografía y ciencia ficción

El blanco y negro como una realidad alternativa. No sólo es como Nydia Lilian concibe a las posibilidades de la escala de grises, sino lo que nos ofrece en cada una de sus fotografías.

Ella conjunta las dos expresiones artísticas con las que se ha identificado y familiarizado desde pequeña: el diseño y la fotografía. Su mirada se caracteriza por una pureza y una sensibilidad ante la naturaleza y sus detalles; sus manos por una inquietud que le permite moldear esos paisajes en lugares distinguidos por una gran carga dramática. Explota el paisaje para crear emociones, aquellas que las simples postales no logran despertar, mostrando en cada imagen partes de un mundo distópico, e incluso apocalíptico.

Sus fotografías dialogan con las mejores obras de ciencia ficción que el cine nos ha heredado.  Un ejemplo es su serie After-Life 2015, en la que presenta a la tierra en un momento de reinicio geológico, posterior a la etapa presente: el antropoceno. A partir de fotografías de paisajes de Islandia, posteriormente intervenidas, Nydia nos presenta un territorio emancipado del signo de lo humano.

Es justamente este trabajo el que Nydia considera uno de sus mayores retos. “La serie After-Life 2015 la estuve editando y seleccionando por casi 2 años.  Fue un poco difícil elegir entre tantas fotografías que me gustaban. Regularmente estoy haciendo experimentos abstractos visuales en mi estudio y a veces simplemente lo veo como meramente estético, pero otra veces conectan con algo más profundo”, comparte la fotógrafa de Monterrey en entrevista con Zoom F7.

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Sus fotógrafos favoritos son sin duda también sus influencias. Los personajes en la fotografía de Hiroshi Sugimoto,  japonés radicado en Nueva York, podrían ser los habitantes de los escenarios de que Nydia ha creado. Seres con una particularidad enigmática en paisajes abrumadores de otro tiempo, pasado o futuro.

Entre sus figuras predilectas también se encuentra Manray, Flor Garduño y Graciela Iturbide. Actualmente los trabajos de Reuben Wu, Cody Cobb y Øystein Sture Aspelund entran en sus favoritos. Ella ve a la fotografía como medio de escape de la vida cotidiana, haciendo que el espectador se adentre en paisajes futuristas; universos envolventes e intangibles a la vez.

“Al final es jugar con la luz y la forma.

Actualmente no me limito a usar solamente fotografía como medio creativo y estoy explorando con pintura. También intervengo fotografías impresas, o a veces todo junto”

Nydia, quien radica en Monterrey, también habla de sus inquietudes respecto a la fotografía mexicana, entre las que destaca la importancia del acceso a las tendencias visuales o conceptuales, a la vez que existe una falta de visión en la difusión de la fotografía:

“He notado que actualmente hay muchos eventos o proyectos dedicados a la fotografía en México, creo hay mucho talento en todos los medios visuales, pero veo que se realizan en espacios cerrados.

El mayor reto es salirnos de las redes sociales, de los museos y galerías, y llevarlo a espacios públicos. Crear eventos o instalaciones con una producción ambiciosa de primer nivel, donde todos lo puedan apreciar”

Para conocer más del trabajo de Nydia síguela en su Instagram.

 

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

La fotografía de Carolyn Drake: la comunidad LGBT lejos del estereotipo

Los planos abiertos son una de las convenciones en su trabajo; encuadres que potencian la narrativa que amalgama la diversidad de temas que la fotógrafa ha retratado: la relación del humano con el entorno social.

Una de las series más relevantes de Carolyn Drake, cuyo trabajo de fotografía documental ha sido reconocido en en World Press Photo y en Magnum Photos, es Wyoming: The Equality State, en la que retrata a la comunidad LGBT de Laramie, Wyoming, Estados Unidos. Hecho especialmente transgresor y que sin duda ha llegado a representar una amenaza en tal ciudad: en 1998, Shepard, un estudiante de 21 años fue golpeado y torturado. Murió seis días después y durante el procesamiento de Aaron McKinney y Russell Henderson por asesinato, los tribunales demostraron que el hecho de ser abiertamente homosexual contribuyó a motivar el ataque.

“… algunas personas salieron, otras se adentraron más en el closet, pero todos se sintieron culpables hasta cierto punto”

Jonas Slonaker

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El asesinato de Shepard detonó varias reacciones en la comunidad de Wyoming, por un lado sensibilizó a una parte de la población respecto a las conductas de discriminación, creando un ambiente de consciencia ante los insultos por la diversidad de orientaciones sexuales. Sin embargo, la tragedia también derivó en una mayor resistencia a expresar abiertamente tales preferencias. Y es justo aquí donde entra la cámara de Carolyn para mostrarnos diversas historias, siempre alejadas de la condescendencia y la victimización.

 

A pesar de estar en un territorio en el que, aun con los avances en 2009 a nivel federal en el ámbito legislativo con la promulgación la Ley de Prevención de Crímenes de Odio, se caracteriza por una cultura hermética negada a adoptar protecciones contra los delitos de odio para la comunidad LGBT, los personajes en las fotografías de Drake se desenvuelven con naturalidad, manifestando cómo la orientación sexual no representa incompetencia alguna, desde donde se le guste ver.

Un ejemplo es Kenneth Ingram, un pastor gay que posteriormente se mudó a Texas y quien asegura que la verdadera batalla no es la apertura legal, sino la protección a los crímenes de odio.

“El gran impulso ahora en Wyoming, ya que los grupos religiosos y los ciudadanos han obtenido la aprobación para el matrimonio gay, es la legislación sobre delitos de odio”

Kenneth Ingram

Con esta serie de imágenes la fotógrafa nacida en California nos acerca a una comunidad que exige la libertad para un digno desenvolvimiento; resulta una mirada indispensable para comprender que los derechos humanos deberían ser para todos, y que el amor es un sentimiento universal que no responde a género.

Para conocer más de su trabajo visita su página web e Instagram.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

Sergio Larrain: el fotógrafo chileno que inspiró a Cortázar

Dos trabajos despuntaban la carrera de Sergio Larrain, quien fue fotógrafo de la agencia Magnum Photos a partir de la invitación del propio Henri Cartier-Bresson: el retrato del capo italiano Giuseppe Genco Russo y la serie Los abandonados, que muestra a un grupo de infantes viviendo debajo de puentes, a las orillas del río Mapocho en Santiago de Chile.

Por muy contrastantes que parezcan, ambos trabajos se distinguen por un arduo proceso de familiarización por el que el fotógrafo tuvo que pasar. En el caso de Russo, cuyas fotografías se tomaron en 1959 por encargo de la agencia y dieron la vuelta al mundo, Larrain tuvo que frecuentar a Giuseppe en el pueblo de Caltanissetta durante dos semanas sin sacar la cámara.  

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Giuseppe Genco Russo

En el caso de Los abandonados, el fotoperiodista revela a una especie de tribu independiente; niños con su propio idioma y costumbres que preferían la diversión de la calle a las instituciones estatales. Dos piezas de la serie, realizada en 1957, fueron compradas por el Museo de Arte Moderno de Nueva York, lo cual significaba el despunte de su carrera.

Pero el azar y la casualidad también se manifestaron en su carrera, como en la de toda persona dedicada a la fotografía en general. Sin embargo, una de aquellas casualidades detonó dos obras, una en el cine y otra en la literatura. Un día Pablo Larrain notó que en una serie de disparos realizados en la catedral de Notre Dame, París, se encontraba una pareja teniendo relaciones sexuales, justo en el borde del encuadre. 

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El detalle, capturado con su cámara Leica, despertó la curiosidad del escritor argentino Julio Cortázar, quien se desempeñaba como traductor de la Unesco en París y a quien Larrain conoció cuando colaboraba para las revistas Paris Match y Life. Cortázar decidió trasladar tal experiencia a la literatura y resultado fue Las babas del diablo, un cuento que poco después el cineasta Michelangelo Antonioni adaptó a la pantalla grande: Blow-up

El relato escrito es una mezcla de dos puntos desde donde el personaje de Roberto Michel presencia un mismo hecho. Así, Las babas del diablo ofrece una reflexión fantástica en torno a lo que es la fotografía, y también nos traslada a un terreno en el que cuestionamos temas como la otredad y la misma realidad.

Sergio Larrain

El alcance que tuvo su experiencia con aquella fotografía fue poco relevante para Larrain, quien en los años 60 comenzaba a rechazar la fama y el prestigio debido a una visión particular sobre la fotografía, la cual se oponía a la dinámica de los medios y de la propia agencia Magnum. En una conocida carta a su sobrino escribió: “[Nunca] …fuerces la salida a tomar fotos, porque se pierde la poesía, la vida que ello tiene, se enferma. Es como forzar el amor o la amistad, no se puede.” Este fue el motivo por el cual, en 1962, Larrain se despidió de Henri Cartier-Bresson y de Magnum, dejando un legado que hoy es referente en la historia del fotoperiodismo latinoamericano y la fotografía documental.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

 

Grandes fotografías del Pulitzer sobre infancias quebrantadas

Doce años después de sobrevivir a la Gran Depresión, en la avenida Mack en Detroit, Míchigan, la empresa Ford se enfrentaba a una de las primeras huelgas de sus trabajadores. El fotógrafo Milton Brooks capturaba el ambiente de tensión justo en el momento en el que varias personas agredían a un esquirol. La fotografía fue tomada para el diario Detroit News y titulada Ford Strikers Riot

Pasaron poco más de dos décadas para que la fotografía se agregara a la lista de categorías de los Premios Pulitzer. Y en 1942 fue cuando esta imagen se convirtió en la primera en recibir el galardón. A partir de entonces, los premios Pulitzer han expuesto la aflicción, el júbilo, el dolor y las contradicciones de una gran cantidad de momentos que han marcado la historia mundial. 

Entre las imágenes que más han conmocionado son aquellas que muestran infancias fracturadas, determinadas por la insolencia de los conflictos armados, la pobreza y las enfermedades. 

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Además de las más conocidas, como aquella de 1973 tomada por Huynh Cong Ut, nombrada The terror of war en la que vemos a unos niños escapando de las bombas con napalm, y la de Kevin Carter tomada en 1994 en la cual una niña sudanesa se derrumba ante la presencia de un buitre, presentamos una selección de cuatro fotografías y series premiadas recientemente que nos orillan a reflexionar sobre las condiciones desfavorables en las que están obligados a crecer niñas y niños de todo el mundo. 

1. Alan Díaz, 2001 

Acercarse a Elián González, conocido como el “balserito”, fue también una ventana a sus orígenes. Hijo de padres cubanos, Alan fue el único fotógrafo que estuvo presente el 22 de abril del año 2000 cuando agentes federales estadounidenses capturaban en Miami a Elián para ser devuelto a la isla con su padre, luego de que su madre huyera con él hacia Estados Unidos y el camino se viera truncado cuando la embarcación naufragó, siendo el niño de cinco años el único sobreviviente.

Al ser rescatado en la costa de Florida y trasladado a Miami con sus tíos, comenzaba la disputa por su destino: su padre en la isla exigía la custodia, mientras los familiares que cuidaban a Elián peleaban su permanencia en Estados Unidos. El asunto, en primera instancia legal y familiar, escaló hasta convertirse en un problema político.

“No tengo ninguna opinión sobre eso. Disparé el momento. Eso es todo “, expresaba Alan Díaz sobre la imagen que se convirtió en un referente de las diferencias políticas entre Cuba y Estados Unidos. Pocas palabras para una imagen contundente, en la que el rostro nos habla del temor de un niño cuya infancia y destino fueron determinados por la tragedia y las diferencias familiares y políticas. 

2. Renée C. Byer2007

Las fotografías ganadoras son una muestra del universo en el que se mueve la mirada de Renée C. Byer; el resultado de cada uno de sus disparos exhibe el vaivén en el que se desarrollan las infancias más vulnerables alrededor del mundo: África, Asia, Europa y América. 

“El arte es un medio poderoso de expresión, pero combinado con el periodismo, tiene la capacidad de concienciar sobre temas que pueden elevar la comprensión y la compasión del público y, con suerte, afectar un cambio social significativo”. Renée C. Byer

El trabajo por el que la fotógrafa originaria de Nueva York recibió el premio, es quizá una de sus series más intimistas. En 2006, The Sacramento Bee, el quinto periódico más grande de California, publicó un reportaje dividido en cuatro partes, titulado El viaje de una madre. Con textos de Cynthia Hubert, el diario presentaba la historia de Cyndie French, una madre soltera, y de su hijo Derek, quien padecía neuroblastoma, un tipo poco habitual de cáncer. Las imágenes develan la aflicción en la vida cotidiana de ambos y el inquebrantable lazo de amor entre madre e hijo, gracias al cual Derek vivió grandes momentos aun en las más arduas condiciones. Renée permaneció ahí hasta el final, capturando hasta el último respiro que compartió con su madre.

La muerte de Derek representa diversas aristas importantes a atender: lo que económicamente significa una enfermedad de esta magnitud para personas de escasos recursos. Las fotografías fueron tomadas entre junio de 2005 y mayo de 2006, y en las palabras propias de Byer, “era un regalo que me permitiesen estar allí”.  

3. Jessica Rinaldi 2016

Jessica Rinaldi, fotógrafa del diario The Boston Globe, retrató durante cinco meses la vida cotidiana de Strider Wolfe, un niño originario de la zona más pobre del estado de Maine. Las fotografías forman parte de un reportaje con textos de Sarah Schweitzer. El impacto de este trabajo derivó en un fondo de caridad que recaudó 20 mil dólares, con lo que la familia de Strider pudo adquirir un nuevo hogar…la historia es la siguiente:

Titulado The life and times of Strider Wolf, el reportaje sigue al niño en compañía de sus abuelos Larry y Lanette y de su hermano menor, Gallagher. La infancia de Strider se vio afectada desde sus dos años, cuando el novio de su madre casi lo mata a golpes. Un año después, la custodia, tanto de él como de su hermano, quedó a cargo de sus a sus abuelos, quienes se dedicaban a vender chatarra. El cambio, que dio un respiro a ambos hermanos, tampoco fue fácil: en 2015 fueron desalojados del remolque donde vivían, teniendo que habitar diferentes lugares poco apropiados para su salud y seguridad, como estacionamientos. 

Las fotografías yuxtaponen la inocencia y las condiciones económicas que han obligado a ambos niños a trabajar para salir adelante. La serie resulta una manifestación conmovedora de los contrastes de la cohesión familiar y una crítica a la postergación de soluciones contra la pobreza. 

4. E. Jason Wambsgans, 2017

En 2016, Chicago sufrió el año más violento en dos décadas. Tavon Tanner, un niño de 11 años fue una de las víctimas de esa ola de violencia que los últimos años caracteriza a una de las ciudades más grandes de Estados Unidos. Las fotografías de E. Jason Wambsgans, del diario Chicago Tribune, se alejan de la escena del tiroteo y muestran la incertidumbre posterior: el proceso para extraer la bala que le atravesó el páncreas, el estómago, el riñón y el pulmón izquierdo antes de alojarse debajo del hombro de Tavon. 

Así como lo ha hecho por las calles de Chicago, de cuya ciudad ha retratado sus claroscuros desde 2002, la cámara de Wambsgans se desliza naturalmente por los pasillos del hospital, por los cuartos y por aquellos sitios a los que Tavon vuelve: lugares y calles que permanecen sin cambios ante un Tavon que ha advertido el peligro, la incertidumbre, el dolor y también la esperanza. Las imágenes por las que su trabajo fue reconocido revelan los impactos más íntimos del problema de las armas de fuego en Chicago.  

 

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.

Los mexicanos ganadores en el World Press Photo 2019

El World Press Photo, el concurso anual que desde 1955 premia a lo más destacado del fotoperiodismo a nivel mundial, este año reconoce el trabajo de dos mexicanos: Pedro Pardo y Yael Martínez. Sus labores se ha enfocado en diversos puntos del estado de Guerrero, por lo que revisar la obra de ambos es indispensable para mirar la urgencia que requiere el problema de la violencia en los lugares más recónditos, vulnerables, y con más pobreza en nuestro país.

Ambos manifiestan a la fotografía lejos de la barrera que la visión purista coloca entre los sujetos fotografiados y quien está detrás de la cámara, ya que esa violencia que retratan también ha trastocado su vida, y justo esa sensibilidad abona a la contundencia de sus imágenes. A continuación te cuento un poco más del trabajo de cada uno.

Yael Martínez

La mirada del fotógrafo guerrerense exhibe las secuelas del clima de violencia que caracteriza a su estado natal, centrándose en aquello que causa una ruptura en la vida de los pobladores: las carencias económicas, las enfermedades y la muerte inesperada de un miembro de la familia. Son retratos de un aura oscura, pero Yael aguarda a encontrar algo más. Y entonces su cámara también atestigua lo más valioso, los lazos que impiden el quebrantamiento, los pilares que sostienen el día a día.

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En 2016 Yael obtuvo la beca Magnum Emergency Fund 2016, que otorga la Agencia Magnum Photos. En ese año también fue seleccionado en el 4th Annual New York Portfolio Review del New York Times. En esta edición del World Press Photo obtuvo el segundo lugar en la categoría Proyecto a largo plazo, por su serie La casa que sangra. En ella se reflejan diversas historias de familias de Guerrero que viven en la incertidumbre por la desaparición de un familiar. Incluso una de ellas refiere a una situación cercana: la desaparición de tres de sus familiares.

Otras de sus series son Mujer estrella, La raíz oscura y La raíz rota, las cuales puedes ver en su sitio web.

Pedro Pardo

Es uno de los fotoreporteros mexicanos más destacados en la actualidad, ya que ha evidenciado el estado latente de guerra en el que se encuentra México. Su trabajo es una referencia de la ola de violencia en Guerrero, especialmente en los años 2011-2012, cuanto éste se convirtió en el segundo más violento del país a partir de los enfrentamientos entre cárteles de la droga y el ejército. Sus fotografías exhiben hasta qué nivel la violencia y la inseguridad se apoderó de la vida cotidiana de los pobladores.

En la más reciente edición del World Press Photo el fotógrafo originario de Puebla obtuvo el tercer lugar en la categoría Noticias del momento por una imagen en la que vemos cómo una familia intenta cruzar la frontera en Tijuana. Esta fotografía fue tomada en noviembre de 2018 dentro de su labor como corresponsal de Agence France-Presse (AFP) mientras documentaba a un grupo de migrantes Centroamericanos, en su mayoría hondureños, quienes escalaban la barrera que separa a México de Estados Unidos.

Este galardón se une al que recibió en 2012 en la categoría Historias contemporáneas por su serie La guerra de los cárteles de la droga, en la que documenta las muertes que desató el narcotráfico en diversos puntos de Acapulco, Guerrero.

“Creo que es lo mismo vivir la violencia en Guerrero como periodista o como persona porque aquí la violencia es tan próxima, la tenemos tan de frente, pues es una experiencia que vivimos en primera persona”

Pedro Pardo en entrevista con Testigos presenciales

Las ruinas circulares: el rescate de una memoria familiar

Por: Angélica Escoto (@angelica_escoto_)

And if he let off dreaming about you…

Lewis Carrol 

       El huracán Odile colapsó mi casa en 2014 y a los cinco meses de mi infortunio encontré en un lote de casas móviles usadas, alrededor de ocho mil diapositivas hechas con película Kodachrome. La otra mitad del material lo habían quemado días atrás.

Las imágenes  que salvé de las llamas pertenecen al álbum de una familia estadounidense que residió en San Diego, California, durante los años 50 a los 70; el archivo está ordenado obsesivamente con fecha, número, lugar y personaje, no solamente por fuera de la caja para las 36 fotografías, sino alrededor de la protección del cartón o plástico que presenta a la transparencia.

La identidad la confirma y la revela Kodak porque el laboratorio regresaba por correo la película Kodachrome procesada y montada a sus clientes. Investigué con este remitente en Google y apareció el obituario de uno de los fotógrafos y varias noticias en algunos diarios de Texas, en las que se anuncia la detención del hijo mayor de la familia. Envié por Facebook varios mensajes a hermano y madre para avisarles del rescate de su álbum, pero hasta el día de hoy no he obtenido una respuesta.

Al revisar las imágenes fueron apareciendo dormidos cada uno los personajes de la familia; por eso titulo la pieza “Las ruinas circulares” y descubro que el fuego no logró quemar la intimidad de una familia y sin embargo creó una simbiosis entre personajes en un mundo de sueños, en donde los soñados sueñan progresivamente y van formando cadenas circulares, y yo, tal vez, no soy real, sino sólo el sueño de otra fotógrafa que también sueña fotógrafos.

La edición, investigación y proceso creativo con el álbum familiar, resultaron ser una “caja china” como las obras de Borges, donde una sola historia se convirtió en una sucesión de historias que se contienen unas con otras, aunque aquí la realidad parece rebasar la ficción: A los siete meses del hallazgo un seguidor de la pieza Las ruinas circulares, identificó y me avisó que una fotografía que subí en mi muro de Facebook, estaba publicada también en un libro sobre los 15 años de trayectoria del músico inglés Steven Wilson.

La fotografía de ese libro es un espejo de la que tengo y fue seleccionada para la portada del álbum llamado Wild Opera, con la banda No-Man de Wilson. El libro se titula Index y fue editado por el cineasta Lasse Hoile y el diseñador Carl Glover. En la reseña de la publicación Carl Glover describe su afición por buscar y coleccionar “fantasmas huérfanos”. Su compañía productora de formatos análogos lleva como nombre Aleph Studio.

Según Jorge Luis Borges, El Aleph es el único punto del universo donde todos los actos y todos los tiempos presente, pasado y futuro ocupan el mismo punto; El Aleph está en todas partes y la circunferencia en ninguna. No tiene memoria, no tiene pasado, no tiene finalidad, no tiene porvenir, lo no pensable tiene por símbolo El Aleph.

Pensando en el “soñador” sin memoria que se construye y no se destruye al pasar por el fuego, en el cuento de  “Las ruinas circulares”, una noche de insomnio releí El Aleph más de tres veces y “vi un laberinto roto (era Londres)”; hice la conexión literal que Borges, maravillado, observa en la esfera tornasoleada, con esa fotografía del automóvil rojo que fue a parar a Inglaterra, la cual no hay manera de saber si Carl Glover tiene la original o yo.

Al llegar el aura tuve otra conexión, no menos extraña: Borges personaje revela las imágenes caóticas del Aleph en un sótano. Mi recámara y estudio están en el sótano de mi casa, donde resguardo veinte años de las memorias de la familia Warnshuis que dejaron abandonadas en su casa móvil, que no les importó recuperar y que vinieron a parar a México como basura.

Las ruinas circulares forma parte de la exposición Todo menos un fantasma, que desde el 14 de marzo de 2019 se exhibe en el Centro de la Imagen.

Angélica Escoto

Fotógrafa. Desarrolla desde hace más de diez años un diario visual autobiográfico en los paisajes agrestes y desolados en la península de Baja California.

Fotógrafo de la semana | Manuel Cerón

 

Él es un perspicaz de las aceras. Su cuenta de Instagram es un periplo a los rincones de una ciudad que se alimenta y se configura gracias al frenesí de un beso, a la serenidad de una mirada y a la fortuna de un encuentro.

 

Manuel Cerón es fotógrafo desde hace más de 20 años, colaborador y editor gráfico para varias publicaciones de México, España, Inglaterra Estados Unidos.

El resultado de cada uno de sus disparos con la cámara enuncia a una ciudad que tiene vida más allá del caos. Manuel, quien es adicto al contraste, al blanco y negro, a la música, al cine y a la cultura pop, nos cuenta más sobre su experiencia:

¿Cuál fotografía o serie han sido para ti el mayor reto?

He tenido varios enfrentamientos con fotografías difíciles. Todas muy disímiles entre sí y en situaciones en las que todo estaba perfecto hasta que se torna terrible. En una de ellas estuve esperando al Papa y su paso con el Papamovil por seis horas trepado de un poste. Estuve practicando todo tantas veces (fueron muchas horas) que tenía memorizado cada paso; justo en el momento qué pasó frente a mí la cámara se trabó. Disparé a vez (fuera de foco), la cámara dejó de reaccionar y apenas pude alcanzar un tiro más, quedó perfecta. En alguna ocasión caí de una tiroleza sobre el follaje de unos árboles, me fracturé las costillas el primer día de una asignación de tres semanas. Una mañana de miércoles al caminar del paradero del Metrobús Tacubaya a la base de los camiones, común en mi vida godín, casi fui golpeado por los vendedores, estaba rodeado por unas ocho señoras y toda su familia detrás, unas 20 personas al menos,  no tuve otra ocurrencia más que empezar a llorar para hacer sentir compasión y me dejaran ir, era mi única oportunidad de salir con cámara y cara; si no me ganaba un Pulitzer, al menos un Oscar.

Ahora bien, el reto en términos de la búsqueda de una imagen como desarrollo de un concepto, es diferente. Mi mayor preocupación y reto, siempre, es la luz. Para mí lo es todo. Más allá del conocimiento técnico y el control de flashes (de ser requeridos) creo que en la luz radica la vida y pulso de una foto.

Para mí no hay buenas o malas fotos, sino aquellas con o sin vida.

¿Quiénes son tus fotógrafas y fotógrafos favoritos?

Admiro el trabajo de los fotógrafos de la Segunda Guerra Mundial, el cine noir, en general el concepto y desarrollo de la escuela alemana, a los fotógrafos de músicos de jazz de los 40 – 50. Me gusta mucho el trabajo de la Agencia VII. Soy un atascado en la búsqueda de imágenes, últimamente sigo mucho el trabajo de Merel Schoneveld y Ernst P. Sanz. Tengo la fortuna de conocer a muchos fotógrafos, varios de ellos, amigos: Rodrigo Cruz, Giulia Iacolutti, Annick Donckers.  

¿Qué posibilidades creativas y personales te ha dado la fotografía?

Creo que una vez que tienes una cámara en las manos, las posibilidades creativas y personales son lo mismo. Así me gusta verlo y creo que es notoria la imagen que surge de ello. La foto sencillamente me permite sobrevivir en mi día a día, todo mi Instagram es prueba de ello, es una necesidad. Gracias a la foto he conocido a personas y personalidades, verme parado en lugares que nunca imaginé, vivir, pagar una renta.

Ya no pienso en otra cosa, veo las cosas en blanco y negro. La foto me hace ser feliz. La luz tiene sus consecuencias.

¿Cuáles consideras que son actualmente los retos y posibilidades de la fotografía mexicana?

Creo que la foto pasa por uno de los mejores momentos, ahora bien, la producción es basta y eso trae consigo que la “paja” sea abundante. Ya sea por un teléfono o por una cámara de gran formato, de cine o cualquier medio de registro.

 

El reto sigue y seguirá siendo el mismo: tener algo que decir.

Quizá uno esté equivocado, pero está en el hacer-crear la evolución de la imagen en sí. La fotografía mexicana ahora tiene mucho que decir, y creo que apenas se confía en su propia producción.

Leticia Arredondo

Cofundadora y editora de ZOOM F7. Escribo sobre cine y fotografía.