Los primeros filmes mexicanos que conquistaron Cannes

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

Desde su inicio el 20 de septiembre de 1946, el Festival de Cannes ha contado con la presencia mexicana; desde su primera edición grandes figuras han desfilado por la alfombra francesa, con lo cual pasaron a formar parte de uno de los más grandes escaparates de la industria.

En aquella primera selección oficial de 68 cortometrajes y 45 largometrajes, 11 de éstos recibieron la Palma de Oro (Grand Prix), el máximo galardón. Entre títulos como Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini) y Días sin huella (Billy Wilder), María Candelaria de Emilio “Indio” Fernández también destacaba como una de las mejores. Además, el cuarto largometraje del cineasta mexicano se llevó el premio a la Mejor fotografía, realizada por Gabriel Figueroa. El legendario cinefotógrafo compartió ese premio consigo mismo, pues  también participó en la comedia Los Tres Mosqueteros de Miguel M. Delgado, la cual fue reconocida en la misma categoría.

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María Candelaria es una de las películas más representativas de la Época de Oro del cine mexicano; narra el romance entre la protagonista, quien da el nombre al filme (Dolores del Río), y Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz). Emilio Fernández echa mano de uno de los argumentos más utilizados en este periodo; la inocencia y la pureza indígena. En aquel momento fue elogiada por la crítica y se considera la obra más importante de esta dupla actoral.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial y tras años de exilio en Estado Unidos, Luis Buñuel llegó a México en un intento por arribar a París; fue entonces que conoció al productor Óscar Dancigers, quien le ofreció trabajar en la película Gran Casino (1947), estelarizada por Libertad Lamarque y Jorge Negrete. En su momento, la cinta con la que comenzó su etapa mexicana, no fue bien recibida, lo cual le costó varios años de desempleo al español.

Fue hasta 1949 cuando realizó El Gran Calavera, con la que le dio un nuevo aire a su carrera en México y consiguió la oportunidad de filmar Los olvidados en 1951, una cinta caracterizada por la crudeza con la que muestra a los niños de la calle. Al crear una ruptura en la forma de retratar al país, que hasta ese momento proyectaba la pobreza de una forma idílica, la película no fue bien recibida por la crítica, el gobierno, la clase alta del país y personalidades de la industria. Aun con la mala recepción al interior de país, Buñuel llegó con ella a Cannes, donde se hizo acreedor al premio a Mejor director y con la cual iniciaría una creciente trayectoria dentro del evento.

Para la sexta edición en 1953, el entonces premio a la Mejor narrativa visual, que reconocía el trabajo de director y el fotógrafo, fue para Emilio Fernández y Alex Phillips por La red, lo que provocó opiniones divididas, por ejemplo, el crítico Andre Bazin publicó en su libro ¿Qué es el cine?: 

“Yo no fui el único que se sintió aturdido por el premio que obtuvo ‘La Red’ en el último Festival de Cannes. Me parecía que el jurado se había dejado cazar en una trampa bien grosera o, todavía mejor, que no se había dado cuenta exactamente de lo que consagraba como el film ‘mejor contado por la imagen’. Pero no estoy lejos de aceptar, con el paso del tiempo, que ‘La Red’ merecía señalarse a la atención del público (…) comprendo que Abel Gance haya llorado de emoción. En los tiempos grandiosos de sus delirios más desatados, no se hubiera atrevido a soñar con tal despliegue de símbolos; de un reinado tan deliberadamente elemental de la imagen a despecho de los rodeos psicológicos de la intriga. (…) Por todo ello me siento incapaz de decidir si ‘La Red’ es un gran film o una broma pesada”.

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Para 1959 Luis Buñuel regresó con Nazarín, filme con el que ganó el Premio internacional. Dos años más tarde se hizo acreedor al máximo reconocimiento otorgado en la Riviera Francesa por Viridiana. La película protagonizada por Silvia Pinal es una adaptación de la novela Halma de Benito Pérez Galdós, y aun con sus logros en el festival, se enfrentó a la persecución franquista y fue prohibida en España e Italia; incluso L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, alertó al gobierno de Franco, por lo que se ordenó la destrucción de todas las copias. Sin embargo, después de un sin fin de peripecias, Pinal y el productor Gustavo Alatriste salvaron una copia y escaparon a México con ella. Actualmente se considera una de las obras cumbre del cine nacional.

El último trabajo de Buñuel presentado en Cannes fue El Ángel Exterminador (1966), película surrealista que cuestiona los limites del comportamiento humano y representa la degradación de la aristocracia. Con ella obtuvo el Premio de la crítica, reconocimiento que en 1965 también recibió Luis Alcoriza con Tarahumaras, protagonizada por Ignacio López Tarso.

Tarahumaras es el relato de un antropólogo que llega a la sierra para estudiar los problemas de los indígenas, y al descubrir la explotación de la que son objeto, decide hacer algo para transformar la situación. Fue uno de los pocos casos de la época que planteó una visión del mundo indígena mas allá de las mistificaciones paternalistas del cine mexicano convencional.

Después de aquellos proliferos años hubo un silencio de México en el certamen galo, el cual se extendió por más de tres décadas, hasta que en los años 90 resurgió con la presencia de El Héroe (Carlos Carrera), ganador de La Palma de Oro en la categoría de cortometraje. Desde entonces el cine mexicano ha logrado diversos espacios en el festival, sin embargo, es importante recordar que se ha tratado más de esfuerzos aislados y no como una representación del resurgimiento de la industria nacional.

Dos miradas clave sobre la independencia de México

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

La idealización de un pueblo aguerrido o la de una imagen religiosa milagrosa. Las siguientes son películas con una mirada al pasado pero también a su presente, tanto a la Época Cardenista, como al paso de la Guerra Cristera. Con estilos diferentes, la primera más cercana al falso documental y la segunda más hacia el melodrama, ambas configuraron un ideal nacionalista que sigue vigente.

Aunque el primer ejercicio en abordar el tema fue El grito de dolores o la independencia de México (1907) película dirigida por Felipe de Jesús Haro, quien también fue guionista e interpretó al cura Miguel Hidalgo, nos centraremos en Alma Insurgente y La Virgen que forjó una Patria trabajos posteriores que consiguieron mejores resultados al representar este momento clave. 

¡Viva México! (El Grito de Dolores), también conocida como Alma Insurgente (1934), nombrada así  para evitar confusión con el trabajo de Sergei Eisenstein, Qué Viva México (1932), fue dirigida por Miguel Contreras Torres; un trabajo que filmó en poco tiempo y mínimos recursos. Se enfocó sobre todo en la vida de Miguel Hidalgo, desde su participación en la conspiración de Querétaro, hasta su aprehensión y muerte. Aunque parte de la historia del héroe patrio, su principal objetivo era manifestar la importancia de la participación del pueblo en el inicio de la lucha. 

La cinta se enmarca en un sentimiento nacionalista exaltado, sobre todo en las ideas expresadas en el discurso que Hidalgo proclama al pueblo de Dolores. Se cree que dichas ideas liberales fueron un guiño al llamado Plan Sexenal, presentado por el entonces presidente Lázaro Cárdenas del Rio, quien era amigo del director. El cura Hidalgo es representado como salvador de México, tanto del oprimido por la corona española como del México de los años 30, que luchaba contra el capital extranjero y sus deseos de apropiarse de las riquezas naturales de México.

Miguel Contreras Torres tenía grandes deseos de tener un filme lo más fiel posible, de ahí que las escenas en exteriores se grabaran en el pueblo de Dolores. La cinta se estrenó el 15 de septiembre de 1934 en diez cines del primer circuito de la Ciudad de México, así como en varias salas del interior de la República y del extranjero.

Su afán nacionalista está presente en escenas que retrataron a mexicanos dedicados al trabajo de la alfarería, la herrería y la agricultura, alabados por el cura Hidalgo gracias a su dedicación. También se observa cuando el cura apela al pueblo de Dolores a luchar contra la injusticia española, mientras de fondo se escucha el himno nacional y se mira cómo los hombres se preparan con machetes y armas. Un detalle interesante es que no se muestra el estandarte de la Virgen de Guadalupe, alejándose de la constante unión de Estado-Iglesia. 

El reparto se compone de Paco Martínez, Sara García, Alberto Martí, Joaquín Busquets y José Cortés, interpretando respectivamente a Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez, Allende, Aldama y el Corregidor Miguel Domínguez. Destaca la participación de Sara García al ser uno de sus primeros trabajos. La construcción de Miguel Hidalgo resalta por ser el personaje más importante gracias a sus acciones; un religioso que es bondadoso, paciente, humorista y que busca la libertad.

La cinta termina con un viaje al México de los 30 y un desfile de estatuas (algunas del Paseo de la Reforma) en las que destacan Simón Bolívar, José Martí,  George Washington y Miguel Hidalgo, las cuales ilustran la idea que la cultura hispánica creada luego de las independencias ha conseguido una gran relevancia.

Casi 10 años después llegó a los cines La Virgen que forjó una Patria (1942) de Julio Bracho. Contrario a la anterior, esta cinta fue creada bajo subvención gubernamental después de que México le declarase la guerra a Alemania, luego del hundimiento de dos naves mercantes mexicanas. Su objetivo era claro, exaltar y unir al pueblo mexicano. 

Dicha comunión se buscó en la idea de conjuntar dos elementos clave del orgullo mexicano: sus héroes patrios y la imagen de la Virgen de Guadalupe. De ahí que la historia entrelaza tres momentos importantes. Comienza con la conspiración de Querétaro y la discusión de qué imagen usarán los insurgentes para enarbolar sus ideales, situación en la que Hidalgo propone la imagen de la Virgen, lo cual nos lleva a conocer la historia de su aparición, la caída de Tenochtitlan y los momentos de la conquista, cuando los evangelizadores fueron clave como elemento unificador.

En las actuaciones principales se contó con el trabajo de Ramón Novarro como Juan Diego, Domingo Soler como el Fray Martín, Gloria Marín Xochiquiáuit como la pareja de Juan Diego, Julio Villarreal como el Padre Hidalgo, Fanny Schiller como Josefa Ortiz de Domínguez y Ernesto Alonso en el papel de Allende. Un elemento importante es la presencia de Gabriel Figueroa como director de fotografía, aunque este no sea uno de sus mejores trabajos.

De nuevo estamos ante una cinta que pone énfasis en el cura Hidalgo, en este caso en la configuración de sus ideas, en diferenciar a las naciones del viejo mundo con las de la América, con sus criollos, indios y mestizos. La primera como opresora e incivilizada , ahogada en guerras y pleitos, mientras la segunda encaminada hacia un futuro mejor, abogando a su inocencia y a su frescura. Otro punto es la importancia que ha tenido la película en fijar la imagen física que se tiene de los héroes patrios, en especial la de Miguel Hidalgo, basada en la obra pictórica de Joaquín Ramírez. 

El tema de usar la imagen religiosa como vaso conductor también nos muestra una antítesis del uso de la religión, al inicio presentada como una maldición al momento de la conquista y luego como una redención con el suceso del milagro. La Virgen que forjó una Patria pretendió exacerbar la tolerancia y la justicia, así como sanar a un pueblo que había atravesado la Guerra Cristera. Su afán nacionalista y religioso se basa en la creación idealista de que el pueblo mexicano está predestinado a grandes cosas mientras se encuentre bajo la protección religiosa. 

Ambos títulos comparten un tema principal y un objetivo calcado, el inicio de un evento de gran importancia para nuestro país como lo es su independencia, siguiendo la línea de la exaltación y el nacionalismo. Una cayó en el olvidó y la otra no tanto…

Así ha representado el cine al Joker, el mejor villano de DC

Por: Fernando Martínez

Legendarios payasos se han presentado en la pantalla grande; tenemos a Pennywise en IT, Patch Adams (Tom Shadyac, 1998) protagonizado por Robbie Williams, Clown (Jon Watts, 2014) con Jon Watts, incluso uno que otro en episodios de American Horror Story.  Muy pocos se han replicado a lo largo de la historia, y si bien algunos no lo consideran “payaso”, sí entra como el asesino tras el maquillaje: The Joker, quizá el villano mejor creado en la historia de DC Comics y quien ha sonado recientemente por la película protagonizada por Joaquin Phoenix.

The Joker, creado por Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson, aparece como el villano de Batman desde la década de los 40, caracterizado con traje morado, pelo verde y una sonrisa maquiavélica. Con el paso del tiempo, Batman regresó casi cada cinco años en un nuevo universo y con él también evolucionó su villano, llegando a tener su propia saga de cómics. No me adentraré en todas las historietas que existen alrededor del personaje, aunque debemos recordar que hay muchas vertientes de su origen y cómo es que crece como un villano; lo que abordaré son las apariciones en la pantalla y las impresiones que ha dejado. 

Cesar Romero fue el live action memorable del personaje, pues su aparición en la serie de televisión Batman (1960) nos llevó a conocer dicha rivalidad más a fondo. En los cómics (donde todo es más sangriento y descabellado) la esencia del Joker es la locura y la demencia…un psicópata desatado; sus crímenes van más allá de robar. Romero nos presenta un Joker demasiado humorístico, que comete delitos menores: burlarse de los policías, robar un banco sin dañar a nadie. A lo más que llegó fue a tener a alguien tras un cuchillo. El maquillaje era básico, pintura blanca en el rostro, sonrisa roja, ojos azules y cabello verde, sin deformaciones, sin perturbaciones. 

Tras esto, llega el primer gran maestro de la risa: Jack Nicholson en Batman (1989), un Joker elegante, con clase pero sin piedad, con la intención de matar a Batman y haciendo un caos en la ciudad. Un personaje bidimensional, pero con una meta clara y un control sobre todo lo malo que le sucedía al héroe. En Jack mejoró el traje, más saturación de color y se incluyó el verde y amarillo como colores secundarios. Al rostro lo vemos con una ligera desfiguración en la sonrisa, lo cual lo dota de una personalidad completa. La transformación que tiene es grande, pues desea esconder esa parte de él maquillando todo su color blanco, pero al final se acepta como Joker. Si bien la cinta no es la más destacada en dirección y los diálogos pudieron ser mejores, el personaje de Jack dejó una punta muy alta. 

Desde tal fecha, el Joker apareció en diversas historietas y videojuegos, donde, aunque se presenta una versión bien construida en general, el público no conectaba tanto e incluso la llegaba a rechazar. Pero, llámese coincidencia o destino, el 2008 fue uno de los grandes años para este personaje; por un lado salía a la luz el mejor cómic con una historia realmente grande: The Killing Joke, y por el otro, Heath Ledger se transformó en un psicópata con ansias de “ver arder el mundo”. The Dark Knight nos dio al mejor Joker jamás actuado, con un panorama donde él era el caos y convertía todo en llamas sin otro propósito más que cambiar la realidad en una horrible pesadilla. Son más evidentes las deformaciones en el rostro, con cortaduras y detalles que hacen que el personaje crezca entre todos los demás. La entrega fue aclamada por los fans de los cómics, por los cinéfilos y por el público en general, quienes aplaudieron a Ledger como The Joker. Desafortunadamente sabemos el desenlace de esta última presentación actoral para Heath, pero no le quita el podio del mejor Joker. 

Ocho años después llega al cine Suicide Squad (David Ayer, 2016) protagonizada por Will Smith, Margot Robbie y Jared Leto. Un Joker mafioso, con mal carácter y mal vestido, sin deformaciones, sin una sonrisa prolongada y, lo más importante de mencionar, sin ninguna historia por detrás. Lo único que existe en su razonamiento es Harley Quinn, mujer de la que está perdidamente enamorada. Y es aquí donde los aplausos recaen en Jack y reafirman a Ledger. Leto no logró nada como este villano, y aunque se preparó a tal grado de encerrarse en una prisión, se presenta como un apasionado por el amor de Harley ¿Dónde está el matar por matar? ¿Qué pasó con el traje morado? ¿Por qué tiene tatuajes? ¿POR QUÉ AMA A ALGUIEN MÁS? Un Joker plano, sin sentido en la historia…lo rescatable será la risa. Exacto, la risa, algo que no define para nada al personaje.

Tres años más tarde, Joaquin Phoenix viene como el nuevo Joker, sin estar en un mundo compartido con Batman, el Pingüino y demás personajes. La película dirigida por Todd Phillips cuenta la vida de Arthur, un payaso que se renta para comercios, fiestas o presentaciones en general. Comparte casa con su madre, quien afirma que su hijo es producto de una aventura con Mr. Wayne. 

Ganadora ya de diversos premios, uno de los más sonados el León de Oro a Mejor Película en el Festival de Cine de Venecia, puso al mundo cinematográfico a la expectativa por la dirección de actores y la fotografía; muchos ya la declaraban como la mejor del año.

No es el mejor guion, los diálogos a veces se quedan cortos y tiene escenas que pudieron ser omitidas, lo cual no le resta puntos a las actuaciones, a la producción ni a los momentos dramáticos que destacan a lo largo de la trama.

Joaquin Phoenix se ha expresado respecto a quien se considera el mejor interprete del villano de DC: Heath Ledger:

“¿El joker de Heath Ledger? Inalcanzable para cualquiera. Honraré su memoria; en el set fue como si estuviera a mi lado. Te amo Heath, amigo y hermano… te extraño”

Si bien Ledger fue aclamado por lo que hizo después de su batalla entre el ego, el yo y el súper yo, Phoenix se inundó en el limbo donde la locura, la cordura, lo social y lo personal chocan por un bien común. La transformación del personaje impacta a un grado de crear empatía con Arthur, incluso en momentos en los cuales no deberíamos estar de su lado. 

En la entrega de los premios del Sindicato de Actores, Joaquin no dejó pasar la oportunidad para dedicarle otro momento a su actor favorito y antecesor del personaje. 

“Estoy parado en los hombros de mi actor favorito: Heath Ledger”. 

Joker es la película que cuenta con más nominaciones en los Oscar 2020. Sin duda es un título que marcó el 2019 y seguro la veremos con al menos dos trofeos dorados.

Entre la propaganda y el nacionalismo: así fueron los inicios de Kurosawa

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

Akira Kurosawa, uno de los máximos exponentes del cine japonés y quien vivió fuertemente influenciado por el cine occidental, consolidó su carrera con cintas bellamente realizadas, desde peleas samuráis, sueños imposibles y misterios a tres voces, en donde cada detalle fue cuidadosamente elegido. En esta ocasión nos concentraremos en sus primeros trabajos, los cuales estuvieron marcados por la posguerra y el afán nacionalista japonés.   

Después de ser seguidor del entretenimiento occidental y de acercarse al cine gracias su hermano mayor Heigo, Akira se adentró en la realización como ayudante de dirección en 1936 en la Photo Chemical Laboratories (PCL) donde conoció al director Kajiro Yamamoto, quien le permitió también ser montador y guionista.

En 1937 la compañía se fusionó con otras y se formó la productora de cine Toho, que aunque era reconocida por sus cintas de monstruos radiactivos y luchas marciales, poco a poco se convirtió en una productora eclética. Contaba con directores enfocados a crear todo tipo de historias, desde cine muy comercial hasta cinta más introspectivas, como a veces llegaría a ser la obra de Yamamoto; un ejemplo es Uma (1941), la historia sobre el campo japonés y la relación de una chica con el caballo que ha cuidado toda su vida. Durante los años 40 llegaron al éxito con el trabajo de Yamamoto, tanto con la antes mencionada Uma y con Hawai Marei Oki Kaisen (1942), la explicación japonesa de los sucesos de Pearl Harbor.  Otro de sus éxitos fue Son goku: Monkey Sun (1940) la mítica historia del dios mono japonés. 

En mayor o menor medida el cine japonés de esa época tenía la necesidad de presentar una idea romantizada de Japón. Kurosawa participó con trabajos que retomaban épocas épicas o retratando su tiempo a través de una mirada dulcificada. Su primer trabajo como director fue Sanshiro Sugata (1943), una historia de judo y del aprendizaje de un alumno, quien debe vencer retos para formarse. El cineasta llegó a esta historia a través de la novela del escritor Tsuneo Tomita. En esta primera entrega prefirió alejarse de temas escabrosos como los de sus anteriores guiones, los cuales habían sido censurados, siguiendo una línea nacionalista en la que exaltaba los valores japoneses y la Era Meij. Por esto recibió el Premio Nacional de Cine de manos del primer ministro

Sanshiro Sugata

Después le siguió The most beautiful (1944), que seguía a varias chicas, quienes a pesar de sus heridas sufridas en la guerra, trabajaban arduamente en una fábrica. Llena de propaganda imperialista, Kurosawa consiguió dejar su estilo en ella a partir de la búsqueda de hacer un docudrama  al estilo ruso de Eisentein, sobre todo en el uso de planos cortos de la maquinaria. 

Su siguiente labor fue retomar la historia de Sanhiro Sugata y hacer una secuela. Si bien la primera exaltaba la moral japonesa y lo espiritual del judo, esta llevó más allá la idea de la propaganda al enfrentar al protagonista con un boxeador americano, a quien vence sin dudar. Aun con ello la cinta tiene escenas memorables, como una batalla sobre una ladera cubierta de nieve, una imagen hermosamente presentada, siguiendo lo que Kurosawa le había aprendido a John Ford. Un poco en el mismo tenor hizo The Men Who Tread on the Tiger’s Tail (1945), en la que retoma una historia clásica de 1185 sobre el enfrentamiento de dos hermanos; cuenta con la participaron de Susumu Fujita y Denjiro Okochi, ambos actores constantes en esta primera parte de la carrera de Kurosawa. 

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En 1946 trabajó en dos películas retomando su visión del Japón de la época, sin embargo contrastantes. La primera Those who make tomorrow, en colaboración con Hideo Sekigwa y Kajiro Yamamoto; en momentos se creyó perdida, puesto que el mismo Kurosawa renegó de ella: era otra cinta de propaganda, en este caso a favor de las huelgas de trabajadores. La segunda fue No Regrets for Our Youth, que narra la historia de Hotsumi Ozaki, único japonés que sufrió la pena de muerte por traición durante la Segunda Guerra Mundial/ Se enfoca en la historia de la amada del espía y su búsqueda de expiar las faltas de su amor, asimismo eleva la idea del trabajo al servicio de la nación. Dos maneras de apreciar la valía del japonés y sus deseos de sacar adelante su país. 

No Regrets for Our Youth

En un tono más afable se desarrolla One Wonderful Sunday (1927), la cual narra una salida de pareja, que con poco dinero planea tener un día maravilloso. Sin dejar de ser optimista  vemos las dificultades de una ciudad ocupada durante la guerra. Un elemento interesante es que hacia el final, uno de los protagonistas rompe la cuarta pared, muy diferente al estilo posterior del director. La cinta es considerada la última de su primer etapa.

Su siguiente trabajo y último, por un tiempo en Toho, fue Drunken Angel (1948) que representa un quiebre con sus anteriores trabajos. Más cercana al thriller y al noir, en la que un medico se relaciona con el jefe de la mafia luego de extraerle una bala. La construcción del personaje principal, el médico, nos presenta las bases de los personajes que Kurosawa presentaría a lo largo de su filmografía: virtuosos con defectos y vicios, en este caso alquien que no busca benéficos económicos y es alcohólico. Cosa interesante es que fue su primera colaboración con Toshiro Mifune, su fiel actor. 

Akira Kurosawa consiguió alejarse de la censura y del cine de propaganda con sus siguientes trabajos que lo llevaron a experimentar con la narrativa y la fotografía, sin alejarse de la influencia occidental, combinando sus orígenes orientales para crear grandes obras maestras. 

Blaxploitation: la irreverencia contra la supremacía blanca

Por: Angélica Mejía (@lilithchance)

En una época en la que lo predominante eran historias con héroes blancos, las personas afrodescendientes se sentían distantes de la cultura. Por ello, en 1970 surgió un movimiento cinematográfico denominado Blaxploitation que, en un primer vistazo, podría definirse como el boom de películas producidas y protagonizadas por y para afrodescendientes. Sin embargo, si profundizamos, éste representa más que protagonistas de color en la pantalla grande: fue una corriente fílmica fruto de un movimiento social de liberación que logró dejar huella en la forma de hacer cine actualmente. 

Así empezó todo 

Blaxploitation es una palabra resultante de comprimir los vocablos Black (negro) y Exploitation (explotación), y es una adaptación de la expresión exploitation films, que en los años 40 se refería a las películas que trataban algún tema controvertido y de actualidad que podía ser explotado y capitalizado en la publicidad y promoción. 

Con los años se convirtió en un término despectivo, pues acusaba a las cintas de sensacionalistas y morbosas, aunque al principio no fue concebido así. Fue en 1972, cuando Unius Griffin, un reportero racista de Variety, introdujo la palabra “blaxploitation” para atacar las películas que coincidían en ideas con el movimiento de orgullo negro y que tenían un público negro y urbano. Con los años el término perdió sus connotaciones despectivas, y fue aceptado como un movimiento fílmico real. 

Aunque antes de los 70 sí hubo personas negras en la cintas, y algunas historias coincidían con la lucha por los derechos civiles, tales como las de Sidney Poitier, éstas continuaban siendo dirigidas a un público blanco o, en todo caso negro, pero de una clase social más alta, y no tenían las características que después adoptó el blaxploitation. 

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Los héroes

Las historias se desarrollan en el gueto, y por lo regular los personajes clásicos son delincuentes o prostitutas. Otros detalles característicos de los filmes de este movimiento son el uso de drogas, el afro y el lenguaje callejero, común en Harlem o Bronx. 

Los héroes no siguieron el modelo educado, asexuado y honesto que presentaban las películas de Poitier; la irreverencia y la agresividad fue lo que desafió al poder blanco. Además, buscaron enaltecer de manera explícita y sin pelos en la lengua su virilidad y masculinidad, mostrando a su sexualidad como mayor o mejor que la de los blancos. 

Sweet Sweetback’s Baadasssss Song (Melvin Van Peebles, 1971)

Era usual que estos héroes fueran a la vez delincuentes o personas alejadas de la ley, gángsters (El padrino del Harlem), proxenetas (Goldy el chulo) o pandilleros (Hell up in Harlem). 

Los blancos

Los personajes blancos eran los villanos: mafiosos, políticos corruptos, torpes y holgazanes. Esto forma parte de la esencia transgresora que tenía el blaxploitation, perfiles que incomodaban a la comunidad blanca y a la vez, la criticaban. Si en algún momento el villano era negro, aparecía como secuaz del blanco, un traicionero de su colectivo. 

Muchos de los actores blancos que interpretaban estos papeles lo hacían porque no conseguían otro tipo de personajes, y de esta forma se daban a conocer, pues muchos fueron largometrajes muy populares. Aunque también estaban los actores que ya eran conocidos y participaban de estas historias para apoyar de alguna manera este movimiento de expresión de la comunidad negra en el cine. 

Las mujeres 

Al principio las mujeres fueron retratadas de manera misógina como prostitutas, drogadictas y interesadas, con un excesivo e innecesario uso del desnudo. Sin embargo, aparecieron una serie de filmes en los cuales veíamos heroínas, quienes no sólo revirtieron la forma de representar a la mujer en el blaxploitation, sino en el cine en general. 

La heroína más popular fue Pam Grier, quien a lo largo de su carrera interpretó a mujeres vengativas, carceleras, e independientes que tomaban decisiones. A partir de ahí surgieron más personajes femeninos afrodescendientes  que de cierta forma cambió la concepción que se tenía de las mujeres. 

La música 

La música debía reflejar y ambientar la vida urbana y del gueto, por lo que se compusieron piezas de soul o funk con toques de jazz, sin “blanquearse” como sucede a menudo. 

Sobresale la banda sonora de Shaft, las noches de Harlem (Gordon Parks, 1971), compuesta por Isaac Hayes, una de las figuras esenciales de la música negra en los años 60 y 70. Esta banda sonora tuvo una gran acogida, pues el álbum llegó al número uno de las listas de ventas, ganó un Grammy y un Oscar por Mejor canción, posicionándose como el primer afroamericano en ganar un Premio de la Academia. 

Shaft (Gordon Parks, 1971)

A pesar no haber sido bien recibida por todos los afroamericanos, este subgénero sigue representando un grito desafiante contra la supremacía blanca, y también logró aumentar notablemente la asistencia de la comunidad negra al cine. 

A 100 años de ‘El automóvil gris’ el primer docudrama del cine mexicano

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

En 1915 una banda de ladrones aterrorizaba a la Ciudad de México. A bordo de un Fiat color gris, el grupo se disfrazaba de militares, y con el pretexto de contar con órdenes de cateo, tenían acceso a dinero, joyas y hasta a platería. Los habitantes los dejaban ir con sus pertenencias tras la promesa de recuperarlas luego de una investigación. En ocasiones los propietarios sospechaban y se oponían a los delincuentes, quienes respondían con la fuerza y huían en el famoso automóvil gris.

Cuatro años después, los crímenes fueron llevados al cine por Enrique Rosas junto a Joaquín Coss y Juan Canals de Homs, quienes tenían pensado crear una serie de 12 episodios que retratarían las fechorías de la banda del automóvil gris. Enrique Rosas nacido en 1877, se había dedicado a inmortalizar momentos de la Revolución Mexicana al considerarse “un ambulante” y filmar todo lo que le fue posible.

Sin tocar el movimiento armado, en El automóvil gris (1919) nos acercó a sociedad mexicana de esta época, su modo de vida y cómo se enfrentaron a la violencia de una banda de maleantes. Vimos otra faceta del México que nos mostró Eisentein o Fernando de Fuentes con cintas como Vámonos con Pancho Villa (1936). 

Es considerado el primer docudrama mexicano, y está basado en los registros de Miguel Nocoechea, un reportero que cubrió los hechos, así como en las notas de Juan Manuel Cabrera, el asistente del jefe de policía a cargo de la investigación. Ambos ayudaron en el guion y Juan Manuel participó interpretándose a sí mismo

El filme se estrenó el 11 de septiembre de 1919 y rompió los récords de taquilla. Entre las salas de cine en las que fue proyectada está el Salón Rojo, ubicado en la calle de Plateros (hoy Madero), y el Olimpia. La historia se volvió todo un éxito, que siguió presentándose a lo largo de los años, tanto en cine como televisión, lo que la convirtió en la más importante del cine silente mexicano.

Los atracos de la banda marcaron a una sociedad que aún vivía los estragos de la Revolución Mexicana, su modus operandi hacía pensar que parte de la fuerza pública estaba coludida, puesto que las órdenes de cateo estaban firmadas por el general Pablo González -lugarteniente de Carranza-, quien llegó a ser considerado el autor intelectual. Sin embargo, en el trabajo de Enrique Rosas trató de exculparlo, por razones políticas, ya que era de los líderes revolucionarios presidenciables, de modo que en la cinta se hace pensar en uno de sus ayudante es quien robaba las órdenes. 

La mayor parte del metraje de El automóvil gris recrea los hechos en las locaciones reales, y cuenta con imágenes reales de la ejecución de los criminales, que lo acerca con el cine documental hacia el final. Tales detalles causaron sensación en su momento, puesto que mostraron al público los hechos de manera más cercana. La película también cuenta con planos abiertos de la Ciudad de México, lo que nos permite revivir su época revolucionaria, ver sus calles originales y conocer un poco de la vida diaria de sus habitantes; vislumbra monumentos clásicos como “El caballito, así como algunos edificios del primer cuadro de la ciudad.

La historia es contada a través del histrionismo de sus actores, con sus movimientos y gestos exagerados, es posible apreciar sus emociones y acciones. La cinta es un thriller policial, con raptos, escenas de tiroteos y persecuciones. Es constante el uso de los primeros planos, el acercamiento o los planos generales, así como cortes precisos. 

En 1933 se realizó una sonorización de la cinta, puesto que la música original se perdió, al mismo tiempo que se redujo la serie a un largometraje convencional de 111 minutos. De manera que la historia sufrió mutilaciones, al mostrar varias escenas inconclusas o incomprensibles, perdiendo así su sentido original, además de que la incorporación de diálogos hizo que el ritmo se volviera torpe.


 
Sin embargo El automóvil gris fue la primera película silente restaurada por el Laboratorio de Restauración Digital de la Cineteca Nacional,  proceso en el que se intervinieron más de 180 mil fotogramas, restaurando  color, estabilización de imagen, reconstrucción de intertítulos y en la recuperación de escenas que no habían salido a la luz en más de 90 años. De ahí que  ahora se exhibirá una versión de 3 horas 40 minutos, intentando ser más fiel al trabajo original.

En torno a su centenario, el filme visitará diferentes ciudades de la Republica como: Aguascalientes , Guadalajara, Oaxaca, Tijuana, Guanajuato,  Querétaro, así como la Ciudad de México. Esta versión contará con la musicalización del pianista José María Serralde Ruiz, quien compuso una partitura a partir de una prospección músico-historiográfica de la prensa y fuentes musicales de época. 

Sus próximas funciones son una gran oportunidad de conocer un hito en la historia del cine mexicano, que causó sensación en su época y que sobrevivió al paso del tiempo al capturar un historia real, y que al ser llevada a la ficción, dejó huella en la sociedad mexicana de su tiempo, y que no deja de sorprender a la actual.  

10 cosas que odio de ti: la valiosa reinterpretación de un clásico

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

William Shakespeare es sin duda el inglés más importante en la historia de la literatura universal y por consecuencia uno de los autores más reinterpretados en todas la artes. En el caso del cine existen cientos de filmes inspirados en sus textos, entre los que destacan Romeo y Julieta, Macbeth, Otelo y Hamlet. La vigencia de sus historias radica en la profundidad con la que aborda la naturaleza humana y las relaciones personales, que se adapta a toda época y ambiente.

El caso de La fierecilla domada (1591) no es la excepción, sin embargo, es un tanto más “problemática” en su forma de tratar las relaciones amorosas. En ella se desarrolla la historia de Catalina Minola, una mujer de carácter fuerte, descrita como fastidiosa y malhumorada, y la de su hermosa hermana menor Blanca, su antítesis, a quien sus pretendientes cortejan en busca de obtener su mano, pero cuyo padre se niega a entregar en matrimonio hasta que la mayor se haya casado. Entonces aparece Petruchio, un joven de Verona dispuesto a cortejarla, y como el título lo indica, se aborda la “domesticación” de la protagonista, quien es sometida a un sin fin de abusos físicos y psicológicos para convertirse en una esposa dócil. 

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Como es de esperarse, la obra ha sido altamente criticada por su contenido misógino, incluso el dramaturgo George Bernard Shaw la describió en 1897 como “totalmente desagradable para la sensibilidad moderna”.

A pesar de ello, el argumento se ha adaptado múltiples veces para llevarlo a la pantalla grande. Una de las más populares tuvo lugar en 1999, 10 Cosas que Odio de Ti (Gil Junger). Una comedia romántica preparatoriana, cargada de infinidad de clichés: profesores incompetentes, tribus urbanas caricaturizadas, padres paranoicos, amores intensos y en la que por supuesto, todo culmina con el baile escolar. 

En esta versión, la narrativa gira entorno a la misma premisa, Katarina Stratford (Julia Stiles) no sólo es sarcástica y grosera, es feminista, lo que la convierte en una mujer poco atractiva, y Bianca (Larisa Oleynik) la típica adolescente popular, bonita y con innumerables pretendientes, pero que al final resulta ser una mujer hueca y frívola. La menor no tiene permiso de salir con el galán de la escuela hasta que su hermana tenga una cita también, momento en el que aparece Patrick Verona (Heath Ledger), el chico rudo dispuesto a conquistar a Kate a cambio de dinero.

El relato esta repleto de referencias shakespearianas, que van desde los nombres de los personajes, hasta citas textuales a varias de su obras, sin embargo, su principal virtud es quizá, la distancia que toma respecto a la obra original, y es que en esta versión contemporánea resultaría imposible reproducir los métodos medievales de sometimiento a la mujer. En este ejercicio se sustituye la violencia física y mental por algo más socialmente aceptable… amor.

En esta adaptación el arco dramático más evidente reposa en él, quien transforma su conducta violenta, deja sus malos hábitos e incluso lee textos feministas con tal de obtener el cariño de ella, quien por su parte, refuerza la idea de que no necesita ser “domada” y mantiene carácter genuino. 


Si bien hace un esfuerzo por poner en evidencia la forma que se juzga a las mujeres a diferencia de los hombres, tiene algunas inconsistencias en la construcción de personajes, quienes no siempre actúan de acuerdo a su propia naturaleza y cambian de motivaciones con mucha facilidad. 

Esta cinta no solo tiene un gran soundtrack en que destacan canciones como One Week de Barenaked Ladies, I Want You To Want Me de Cleo y la inolvidable versión de Ledger de Can’t Take My Eyes Off You, si no que lanzó a la fama al australiano, al ser esta su primera película en Norteamérica. Además, cuenta con una de las mejores escenas de Stiles, cuando recita el conmovedor poema en clase y estalla en llanto frente toda su clase. 

Hoy conserva popularidad y frescura. Su gran éxito reside en la reinterpretación del clásico del Bardo de Avon en un contexto noventero, cómico y  repleto de guiños al entonces efervescente movimiento riot grrrrl en Estados Unidos (así es, la apropiación del discursos feministas se hace desde mucho antes de personajes como Capitana Marvel y MJ).

A 20 años de su estreno, permite reflexionar acerca de la forma en que se plantean los clásicos y se adaptan la época actual. Evaluar qué tanto los productos culturales hablan de nosotros mismos y definen lo que socialmente entendemos por amor, propiedad, familia, cortejo, mujer y un largo etcétera. En un siglo en el que las relaciones definidas por sumisión y control están supuestamente extintas, la ficción es un espacio para pensar las historias que elegimos contar y el cómo lo hacemos. Preguntarnos qué valoramos en la actualidad, qué discursos hemos superado y cuáles serán imposibles de reproducir en el futuro.