Drive | Flashback

Vladimir Propp, analista del cuento ruso, enlistó una serie de características predominantes en aquellos relatos. La jornada del héroe se cumplía al efectuar una serie de pasos infalibles. Sin embargo, a la postre y con la evolución de la dramaturgia llegó otro tipo de protagonista: el antihéroe, cuyo proceder dista mucho de ser moralmente aceptable. Tal es el caso del conductor, personaje principal de Drive (2011).

En esta ocasión nos centraremos en la destacable simbiosis entre la imagen y la música; la letra funge como una extensión del diálogo, Nicolas Winding Refn director del filme, elabora una secuencia rítmica siguiendo el beat de Nightcall, tema elaborado por Kavinsky. Dicho fragmento bien podría sintetizar la película completa, lo visual está en perfecta consonancia con lo auditivo, se trata pues, de una voz en off melódica que describe a la perfección la emoción del personaje.

La cinta se rige bajo la premisa fundamental del sacrificio propio por el bien de los demás. En concreto, de aquel que proviene de un amor irrealizable, no verbalizado pero que se expresa a través silencios, las acciones y finalmente por la música. Refn y Cliff Martínez (Supervisor musical) eligieron quisquillosamente cada uno de los temas, éstos sirven para definir tonos en secuencias de gran importancia como lo es la canción de Desire.

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Ésta, acompaña un montaje paralelo entre Irene y el conductor, secuencia representativa del amor platónico entre ambos representado una vez más por medio de la letra, no hay diálogo per se, en este caso… una estrofa dice más que mil imágenes.

Drive posee una estructura clásica y personajes simples. Explora la causa-efecto del amor llevado hasta las últimas consecuencias. Es el tratamiento y uso de herramientas cinematográficas las que elevan el filme a la categoría de una obra maestra, quizás, la más representativa de su director, quien prestó la atención debida a la elección del score, un referente obligado cuya función es extender el universo emocional no sólo de los personajes, también del espectador.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Watchmen

Por: Rodrigo Márquez 

La mayoría de los colaboradores de Zoom F.7, somos de la generación nacida a finales de los ochenta o principios de los noventa y con la euforia que lleva consigo el tercer domingo de cada junio, las siguientes líneas están dedicadas a las canciones que bailaron y disfrutaron nuestros padres en una selecta antología recopilada por Zack Snyder para su versión alterna de la realidad de los Estados Unidos del año 1985, en donde las tensiones de la Guerra Fría hacen que un cataclismo bélico sea inminente. Dentro de tanto caos, se lleva a cabo un crimen que poco a poco hará que héroes retirados aten cabos que relacionan el siniestro con una conspiración mayor. La historia también es contada por sus canciones:

Unforgettable. Tonight a comedian died in New York

Imaginemos por un momento estar sentados en la tranquilidad de nuestro hogar, relajados, contemplando la noche, con la mayor serenidad posible, esperando por nuestro asesino… así es, expectantes por el hombre que nos arrebatará la vida. Una escena tan violenta e “inolvidable” sólo puede ser aderezada por la voz jazzista y legendaria de Nat King Cole, quien desata la duda en el héroe fugitivo Rorschach (Jackie Earle Haley), quien sospecha de una conspiración que va más allá de una simple venganza en contra del Comediante (Jeffrey Dean Morgan).

The times they are a-changing, el ocaso de los vigilantes

Inmediatamente después, Bob Dylan, nos narra en su canción de 1965, cómo es que una primera generación de vigilantes, los Minutemen, mantenían el orden en la nación de las barras y las estrellas hasta que las tensiones provocadas por un tercer mandato de Richard Nixon, la inminente llegada de una tercera guerra mundial y la paranoia pública, vuelven obsoletos a los héroes, haciendo que sus cualidades y vida personal, queden excluidas del imaginario colectivo norteamericano. Bien lo dice Dylan en la primera estrofa:

“Admitan que las aguas a su alrededor han crecido y acéptenlo pronto. Estarán empapados hasta los huesos. Si vale la pena salvar su tiempo, entonces deberían empezar a nadar o se hundirán como una piedra porque los tiempos están cambiando”

Pruit Igoe & Prophecies, canción tenebrosa para accidente tenebroso

Cuando se habla de una tragedia, esta melodía minimalista, tétrica y oscura, compuesta por Phillip Grass, es una magnífica acompañante. Una secuencia imperdible y de las mejores del filme la que logra Zack Snyder al contar  la historia del génesis de Dr. Manhattan.

You’re my thrill, la deshumanización por la tecnología

Para muchas parejas la materialización del amor se efectúa en el acto sexual. Aquí se da la gestión en la que tras el intercambio de intimidad, dos personas comparten su pasión, caricias y demás muestras de afecto, hasta llegar al éxtasis, aquel pináculo emocional que unifica las dos entidades corpóreas en un solo ser.

Billie Holiday fondea una de estas escenas, sin embargo, la imagen y el sonido es incongruente (a propósito), pues el Dr. Manhattan, intenta intimar con su pareja, Silk Spectre II (Malin Akerman), pero su trabajo por el progreso tecnológico y su accidente, han hecho que su sentido común trabaje más como una calculadora, nublando sus sentimientos.

Bonus track

Bob Dylan está muy presente en la banda sonora del filme, es por ello que los créditos están musicalizados por “Desolation Row”, con una versión de My Chemical Romance y posteriormente Leonard Cohen reaparece con “First we Take Manhattan”, para cerrar con broche de oro la película.

Una película entretenida, con buena música, haciendo desde un universo alterno, una crítica al distanciamiento sensible ocasionado por intereses monetarios  y tecnológicos. Además, muestra un planteamiento moral interesante, por una pugna de principios, que al final nos hará cuestionarnos si lo correcto es actuar en favor de la mayoría o hay que seguir el consejo de Maquiavelo y proceder de manera amoral.

500 días sin romanticismo o el curioso culto a (500) Days of Summer

 Por: Daniel Álvarez Tostado/ @Toust

Sé que vivimos en una época en la cual los valores se pierden poco a poco. Una época en la que todo el mundo sufre de crisis de identidad y que el deseo ferviente de destacar o pertenecer a algo es el pan de todos los días.

Está la cultura y la contracultura. Decaemos, escarbamos más y más para encontrar algo único que nos diferencie de las masas. Queremos ser únicos, originales y con grandes reconocimientos. Y todas estas ganas de ser uno mismo se reflejan en el arte contemporáneo.

Con las grandes cantidades de información que saturan todos los días, la competencia por ser original está reñida en nuevos libros que todos pueden escribir, todas las fotos que podemos capturar y por supuesto el cine que podemos filmar.

Me di cuenta de ello con una película estrenada en 2009, protagonizada por la bella Zooey Deschanel y el galán Joseph Gordon-Levitt. Hablo de (500) Days of Summer. Una tragicomedia llena de pretensiones para agradar al espectador (¡y vaya que lo logró!). Eliminaron los viejos clichés de dramas románticos para sustituirlos por un poco de humor soso contemporáneo, con frases elaboradas y situaciones fuera de lo común, de esas con la que jóvenes menores de 20 años sonreirán y se sentirán identificados.

500dias

“Innovan” con una narrativa no-lineal (que Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2002) ya había hecho años atrás) y lo complementan con un OST digno de todo fan de festivales como el Coachella, Glastonbury y un tal Corona Capital. ¡Wow! Suenan The Smiths, Regina Spektor, Carla Bruni, Wolfmother  y ¡Temper Trap! (¿qué fue de ellos?).

En resumen, este filme es el claro reflejo de la decadencia de nuestra sociedad, en el cual, a pesar de ser una historia de la relación de dos personas, domina el individualismo que tanto nos caracteriza y que escribí en las primeras líneas.

Y dirán: Es sólo una película, no te claves.

Bueno, Eternal Sunshine of the Spotless Mind (otra película romántica, sin clichés y bien planeada) va para 10 años y la gente continua compartiendo frases en sus muros de Facebook. ¿Quieren algo de más atrás?Casablanca (1942) es un clásico del género, con un anti-héroe galán que siempre tendrá París y con un guion lleno de frases épicas que hasta Tom y Summer envidiarían.

El cine educa, marca tendencias y genera expectativas respecto a lo que sentimos. Y lo que observo con esta película es que los solteros quieren una Summer, que les dé “alas”, que los trate con indiferencia y al final suene Sweet Disposition de The Temper Trap como premio de consolación.

¿Rendirle culto a una película así? Paso sin ver, porque como dice la canción: Yo soy de esos amantes a la antigua.

La música en El Rey León

Por: Ernesto Benítez/ @Neto_Mugres

Lanzada en 1994, El Rey León es la animación 2D más exitosa de los estudios Walt Disney. Simba, un león de la sabana africana, debe aprender a encontrar su lugar en el ‘ciclo de la vida’. Sin embargo es exiliado y después de varias lecciones, vuelve a tomar su lugar.

Han sido señaladas varias similitudes con otras historias, como Kimba, el león blanco (a la cual se hace una referencia en Los Simpsons con la aparición de Murphy Encías Sangrantes) y la obra de William Shakespeare, Hamlet. Esta última con coincidencias más marcadas, principalmente en el argumento.

La música va por cuenta de Elton John, con letras de Tim Rice y arreglos musicales de Hans Zimmer, quien también realiza cuatro piezas instrumentales como parte del score (This land, Under the stars, …to die for, King of the pride rock), trabajo por el cual obtuvo el premio de la Academia como Mejor Banda Sonora Original y de él se desprenden las adaptaciones al teatro musical en Broadway.

Tanto las piezas instrumentales como las piezas con letras, se caracterizan por la fuerza y la intención. Arreglos muy cercanos a sonidos africanos, incluso utilizando lenguas como el suajili, y voces corales espectaculares y potentes. Una banda sonora que no caduca y puede contarse entre los mejores trabajos de Hans Zimmer.

El cine de antes era mejor

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Por Daniel Álvarez Tostado

Ilustración: Sandra Parra 

@Toust 

Corría el año 2003 y yo me encontraba en la preparatoria. Era un año de transición, puesto que apenas comenzaba el Internet de banda ancha (contaba en mi casa aún con una velocidad de 56 kbps) y el acceso a grandes cantidades de información no era igual al presente.

Era una época en la que no escribía, no había estudiado comunicación, ni análisis de imagen, ni guión cinematográfico, ni fotografía, ni algo que se le parezca. Era un joven que disfrutaba de películas sin analizarlas (algo que en la actualidad he perdido y extraño en demasía). Ahora no puedo evitar ver una serie o filme y observar las tomas, el guión, las actuaciones y todos los elementos que echan a perder el querer disfrutar de una cinta y ya.

Hoy cuento con el servicio de Netflix y tengo acceso a cientos de contenidos que puedo ver con sólo hacer un click. Hace unos días, en la sección de Agregados Recientemente, apareció un filme que no veía desde su estreno en 2003. Me refiero a Phone Booth, un largometraje dirigido por Joel Schumacher y escrito por Larry Cohen. ¡Wow! No me acordaba de esa película y la volví a ver, porque recuerdo que hace 11 años me gustó muchísimo.

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Las actuaciones corren a cargo de Colin Farrell, Kiefer Sutherland, Forest Whitaker, Radha Mitchell y Katie Holmes. Nombres que en ese momento apenas comenzaban a sonar. Actores que en la actualidad han filmado otras películas reconocidas por la “crítica especializada”, pero Phone Booth no fue así, sino que pasó desapercibido por muchos (a pesar de que logró una exitosa recaudación en los lugares donde se proyectó).

No la voy a reseñar, para eso hay miles de sitios que ya lo hicieron. Sólo escribiré la reflexión que me provocó el verla de nuevo ahora con mis conocimientos técnicos que me echan a perder la magia del cine.

Descubrí que Larry Cohen trabajaba con Alfred Hitchcock y ambos tenían la idea de filmar una película con una sola locación: una caseta de teléfono. Una idea ambiciosa que se congeló durante décadas, hasta que se escribió un guión sólido para llevar a cabo una cinta que me mantuvo en tensión durante sus 81 minutos (de lo bueno, poco).

Phone Booth es el ejemplo perfecto de que es posible crear un gran trabajo con bajo presupuesto, una locación y pocos actores. Logró mantenerme al filo del asiento con la ansiedad de saber qué iba a pasar. Todo lo que se necesita es una gran idea que, aunque parezca difícil de realizar, jamás debe abandonarse. Mis respetos por tan exquisito guion, que te lleva de la mano con diálogos que no sobran ni faltan, no aburre y desarrolla la trama de una manera vertiginosa.

Han pasado más de 10 años. Ya envejecí una década más. No he visto otra película donde un actor te mantenga atento durante 80 minutos y con un sólo escenario. El cine ya evolucionó al abuso de la pantalla verde, ideas complejas de introspección que nadie entiende y pornografía disfrazada de erotismo. No lo sé, quizá ya llegué a la etapa en que todo hombre llega y dice: el cine de antes era mejor. Así como alguna vez Hitchcock expresó en su época con la llegada del cine sonoro.

TRAILER DE PHONE BOOTH http://www.youtube.com/watch?v=2-5LKEkALiA