Amélie y Yann Tiersen al compás de París

Amelie-Cafe

Por: Citlalli Vargas Contreras (@rimbaudienne_)

 

 “Son tiempos difíciles para los soñadores”

Amélie

Desde su estreno en 2001, Amélie, una de las películas francesas más taquilleras de todos los tiempos, ha cautivado a la comunidad cinéfila de todo el mundo por diversas razones: una amena paleta de colores basada en tonalidades de verde y rojo; una historia tierna y nostálgica que nos recuerda que todos los humanos somos seres soñadores; la brillante actuación de Audrey Tautou. En fin, un buen número de elementos que han convertido esta cinta en un referente, y entre ellos se encuentra la música de Yann Tiersen, que hace vibrar a sus espectadores.

Resulta curiosa la forma en que Jean-Pierre decidió que el compositor francés sería el indicado del ambiente musical en su cuarto largometraje. Mientras conducía, el cineasta escuchó la música de Tiersen y enseguida ordenó el catálogo de su obra. Cuando Jeunet le pidió que compusiera la banda sonora de Amelie, el propio Tiersen relata que se encontraba trabajando en su último álbum, L’Absente, por lo que su respuesta fue que no tenía mucho tiempo.

07 Jan 2002, Paris, France --- The singer, songwriter and composer Yann Tiersen performs on stage. --- Image by © Eric Fougere/Corbis
Yann Tiersen by © Eric Fougere/Corbis

Finalmente, cuando Tiersen decidió trabajar con Jean-Pierre Jeunet (que primero había considerado trabajar con Michael Nyman) el resultado fue una mezcla de sus tres primeros álbumes, nuevos elementos y variantes de L’Absente, el cuarto álbum en el que se hallaba trabajando.

Gracias a este trabajo, el artista nacido en Brest, Francia, fue galardonado con el Premio César a la Mejor música compuesta para una película y recibió una gran cantidad de nominaciones. Sin embargo, no estamos hablando de alguien a quien le agradan en demasía este tipo de reconocimientos. En el caso de los Globos de Oro, ha comentado que no le gusta ese tipo de ceremonia y que el hecho de que el mismo universo decida premiarse, no es una buena idea.

Aunque se le suele ubicar como uno de los representantes de la música minimalista, Tiersen es renuente a que los géneros definan una obra. En una entrevista con Michael Hubbard de BBC realizada en 2002, aquél joven que a principios de los 80 se inspiró por bandas como Joy Division y The Stooges, expresó que “para mantener el entusiasmo por la creación, un artista no debe preocuparse por géneros.”

Así, a través de sus pianos, acordeones, Yann Tiersen nos traslada fácilmente a París, específicamente al barrio de Montmartre, llenando hasta los más pequeños recovecos de imaginación que inundan el mundo de Amélie Poulain.

Aunque es una cinta cargada de optimismo, hay momentos clave que dejan escapar la melancolía de la protagonista y su entorno. Tales sucesos no dejarían una huella tan profunda en el público si no fuera por la composición musical, que fácilmente sumerge en la añoranza de tiempos pasados.

“La vida no es más que un interminable ensayo, de una obra que jamás se va a estrenar” Amélie Poulain

La mayor parte del soundtrack está hecho para que, al ritmo de la historia y de las aventuras de la protagonista, el espectador suspire y sonría; se sienta conmovido por aquella chica rara que tira piedras a los ríos y hace las de cupido en los días soleados. Con acordes experimentales, renace en más de uno aquel niño escondido en aun habita en algún rincón de nuestra alma.

En pocas palabras, el soundtrack de Amélie, es una joya que nos recuerda que, como dirían las abuelitas, siempre después de la tormenta, vendrá la calma.

Tráiler

Ficha técnica

Título original: Le fabuleux destin d’Amélie Poulain.

Director: Jean-Pierre Jeunet.

Guión: Guillaume Laurant, Jean-Pierre Jeunet.

Reparto: Audrey Tautou, Mathieu Kassovitz, Rufus, Lorella Cravotta, Serge Merlin, Jamel Debbouze, Claire Maurier, Clotilde Mollet, Isabelle Nanty, Dominique Pinon, Artus de Penguern, Yolande Moreau, Urbain Cancelier, Maurice Benichou.

Duración: 120 min.

Año: 2001.

País: Francia

La muerte de Mozart, el artista

Una frase, y la estructura caería, era claro para mí.

El sonido que escuchaba era excelente, estaba…

ante la misma voz de dios.

Antonio Salieri

El director Miloš Forman presenta la historia ficticia de un genio que falleció ignorante de su legado. Wolfgang Amadeus Mozart, un hombre que lidió toda su vida con problemas financieros y pocas remuneraciones a su trabajo. A veces odiado y repudiado, empero cuyas misas y operas repercuten en toda la música como lo más grande de lo clásico. La introducción de los solistas en las obras y las marchas, alcanzando la cumbre de la expresión sinfónica hasta nuestros tiempos.

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En Amadeus (1984) apreciamos al gran compositor austriaco (interpretado por Tom Hulce) en plena época de las revoluciones. Retoma los roces que tuvo con otros compositores, así como la oscura motivación que inspiró sus últimas obras. Todo esto como recurso narrativo, para dar un final legendario, que funciona y estremece.

La película comienza con la Sinfonía n°25 KV 183 de Mozart y las trágicas confesiones de aquel que lo envidiaba en todas sus facetas: Antonio Salieri (F.Murray Abraham), mientras éste es llevado a un manicomio por un intento de suicidio y grita: “Yo acabé con la criatura del señor, si yo lo hice, estaba celoso… lo reconozco”, y refiriéndose a sus anhelos, expresa “Yo le pedí a dios que me permitiera ser el mejor compositor de la historia, pero me indultó el deseo como una lujuria en el cuerpo, y después me lo quitó”.

En el contexto de la vida del personaje, vemos las dificultades que Mozart tuvo para simpatizar con sus colegas y con el mismo Emperador José II (Jeffrey Jones), así como el poder escribir óperas sobre burdeles o las bodas de Fígaro, las cuales estaban prohibidas en ese entonces por meras cuestiones religiosas y políticas. No obstante, Wolfgang luchó en este sentido contra la Iglesia. Todas las nulidades “odian” a los genios; los mediocres aprovechan cualquier oportunidad para rebajar al prodigio a su nivel: pequeño y mezquino.

Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión. Igualmente creó una conexión armoniosa entre un ejecutante-compositor impaciente y una audiencia encantada.  La muerte de su padre le causó tal impacto y conmoción que escribió -según Salieri en la cinta- la opera de Don Giovani; “así se levantó el espantoso fantasma de su siguiente y más negra opera. Wolfgang había llamado a su propio padre, para que acusara a su hijo ante todo el mundo.  Era aterrorizante y maravilloso de ver y escuchar”.  Una obra que inspira a Salieri a realizar su maquiavélico plan, y así acabar con Mozart.

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La cinta ganadora de ocho premios de la Academia, entre ellos mejor dirección, exhibe la muerte del artista envuelta en un misterio, cuando terminó de componer su obra más fúnebre, Lacrimosa Dies lla, que como su antagonista Salieri confiesa: “es una armonía de tal belleza y melancolía. El sonido que escuchaba era majestuoso, y estaba aquí otra vez, presente, ante la voz de Dios. Aquella que me hizo mudo, y me obligo… a matarle”.

Lo que es un hecho es que Mozart fue un genio incomprendido, aquel  que a los 10 años ya había escrito su primera ópera y dado varios conciertos, cuyo legado se extiende a más de 600 creaciones. Su trabajo ha perdurado 200 años después; él decía de sí mismo: “Soy un hombre vulgar, pero le aseguro que mi música no lo es”. Del que se dice no fue solo el más grande compositor, si no el más grande artista de todos los artistas.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

Tiburón: el nacimiento del Blockbuster

 

                        Qué fea gorra Harry.

-Jefe Brody

 

Durante 1974 un joven director batallaba contra viento y marea; un armatoste que emulaba un tiburón pecaba de disfuncional. La filmación era una crisis, el calor agobió al equipo técnico, la apuesta se había echado, quienes presenciaron aquel instante fueron testigos del nacimiento del monstruo, el marino y el comercial. La industria estadounidense encontraría una mina de oro, que le ha redituado hasta nuestros días. El rodaje de Tiburón marchaba con dificultad y al mismo tiempo, Steven Spielberg plantó la semilla del blockbuster.

Contrario al pensamiento del propio realizador, el estreno fue un evento sin parangón. Al espectador le trastornó mirar mucho océano y poco pez. La solución de ocultar al animal por mucho tiempo resultó ser el arma eficaz a la que apeló el genio del cineasta. Resolver el asunto se convirtió en una propuesta cuya estética y manejo del suspenso se asimilan al trabajo del académico Hitchcock. La gente aplaudió, recomendó y llenó las salas, incluso hubo quien del filme adquirió la fobia al mar, el efecto de boca en boca quintuplicó los costos de producción, revitalizando Hollywood y de paso consolidó el cine que provenía de las primeras universidades especializadas en Estados Unidos.

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 El guión co-escrito por Peter Benchley -autor de la obra homónima- y Carl Gottlieb goza de inteligencia, principalmente al enfrentar al protagonista (Jefe Brody) no sólo contra la bestia, sino contra sí mismo. El temor del héroe proviene de un trauma inefable: el miedo al agua. Esto, potencia irremediablemente los alcances del antagonista o ¿será acaso que el contexto de ser un guardacosta es el verdadero enemigo? La familia conduce a Brody a concluir su misión, a derrotarse y de paso aniquilar al escualo.

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Spielberg se destaca por la planificación de prácticamente cada elemento de manera sumamente quisquillosa, otorga planos secuencia invisibles debido a la cantidad de movimientos al interior de cada imagen, técnica y audacia al servicio de la historia. Para ejemplificar su destreza basta recordar la escena del asesinato del niño sobre el salvavidas amarillo: presentación de las víctimas, empleo de barridos para suavizar y al mismo tiempo tensar el corte, un plano con vértigo para representar la angustia del jefe Brody y al final la muerte del personaje. Cine puro, casi perfecto.

 Además, introdujo a uno de los compositores más representativos de la industria, John Williams, quien dotó al punto de vista del tiburón de un tema memorable, que de sólo escucharlo provocaba cierta incomodidad, presagiando la tragedia.

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Tiburón sentó el precedente del cine que predomina en Hollywood hasta nuestros días, fertilizó la tierra para la semilla denominada Star wars y encumbró al llamado Rey Midas del séptimo arte: Steven Spielberg.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

Cuando Harry y Sally desconocieron el amor frente a sus narices

Por: Citlalli Vargas Contreras (@rimbauddienne_ )

Comedias románticas hay por montones, pero no todas se caracterizan por la profundidad, no sólo en mensaje sino en la manera de retratar tan naturalmente y sin demasiados elementos mágicos la realidad, para trascender por generaciones. Lo hemos visto con las cintas de Woody Allen, con algunas películas protagonizadas por Audrey Hepburn, en fin… Entre tantas se halla Cuando Harry encontró a Sally. 

Esta cinta de 1989 cuenta la historia de Sally Albright (Meg Ryan), una chica recién egresada de la Universidad de Chicago que viaja a Nueva York para buscar mejores oportunidades como periodista, y quien se ofrece para darle aventón a Harry Burns (Billy Crystal), novio de su amiga Amanda. Durante el camino, ambos descubren que son polos opuestos y, sin embargo existe (siguiendo, por supuesto, los principios del magnetismo), cierta atracción.

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Con el fin de hacer la situación un poco menos incómoda, Sally ofrece su amistad a Harry, quien se niega bajo la premisa de que los hombres no pueden ser amigos de las mujeres porque siempre surge algo sexual que lo arruina todo. Así, al finalizar su viaje, se despiden de la manera más fría, deseándose una buena vida.

La verdadera acción comienza cuando a lo largo de los años y en repetidas ocasiones, ambos vuelven a encontrarse en diferentes fases de su vida, siendo el último encuentro un rompeaguas en su relación, resignándose a convertirse en amigos y acompañarse en los momentos difíciles. Esta situación le dará la razón a Sally pero el tiempo se encargará de hacerle justicia también a Harry.

De acuerdo, es cine, y en las comedias románticas casi por antonomasia el amor siempre triunfa, pero el mérito de la película es mostrar lo que a más de uno seguro le ha sucedido, lo ha mantenido confundido por cientos de noches sin dormir, y hasta lo ha convertido en poeta o en músico en esos insomnios.

El brillante guión de Nora Ephron presenta una serie de escenas memorables como el recordado orgasmo fingido de Ryan en un restaurante, y aquella donde están viendo Casablanca al mismo tiempo que conversan por teléfono. A través de estos episodios, se realiza un análisis de las múltiples formas de relacionarse entre un hombre y una mujer: desde conocerse, el coqueteo, el rechazo, la indiferencia total, hasta una amistad más profunda que incluso raya en ser más que eso, pero que no cruza la línea a la siguiente etapa. Pero sobretodo, da cuenta de cómo el deseo puede ser tan fuerte y sobrevive a la distancia y tiempo, y si se anda con suerte, se convertirá en un amor que tarda, pero al llegar rompe esquemas. En este caso, ambos eran los únicos que no notaban cuán enamorados estaban el uno del otro.

Si se coloca al tema en términos un poco más científicos, este tipo de situaciones nos trasladan al entrelazamiento cuántico del que habló Einstein (y que a Eve y Adam de Sólo los amantes sobreviven les encantaba recordar): dos partículas, no importa a la distancia a la que estén, así sean años luz, están unidas por una fuerza tan grande que, si se afecta o altera a una, tendrá una reacción paralela en la otra.

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Los diálogos entre los personajes son de vital importancia: no sólo denotan la buena química que existió entre Ryan y Crystal, muestran la evolución de sus personajes al paso de los años. Ejemplo de esto, y regresando a Casablanca, cuando Harry y Sally recién se conocen, ella dice que preferiría irse con Victor Laszlo a quedarse con el pobre Humphrey Bogart. Después de varios años y rupturas emocionales, ella cambia de parecer.

Y qué decir del pequeño discurso de Harry al final de la película, cuando le declara a Sally que está enamorado de detalles que pueden parecer nimios, pero que son únicos porque son parte de la personalidad de la mujer a la que ama.

El soundtrack es otro aspecto bien pensado y logrado de la cinta de Reiner: las claras diferencias de personalidad de los protagonistas bien nos suenan a Let’s Call The Whole Thing Off, interpretada por Louis Armstrong y Ella Fitzgerald, mientras que la última declaración de amor está perfectamente musicalizada con It had to be you en la voz de Frank Sinatra.

En fin, Cuando Harry encontró a Sally es una película entrañable, y aunque no todos hayan pasado por una situación igual o similar, es fácil identificarse con alguno de los personajes o las situaciones, logrando uno de los principales propósitos del cine y del arte en general: hacer sentir al espectador.

Enter the void: un palpitante viaje psicodélico

“¡Asustada de qué?

De morir, supongo, de caer al vacío…”

Gaspar Noé nos induce a un viaje psicodélico, lleno de tensión, intriga, nostalgia y crudeza. Si aún no has tenido la oportunidad de conocer a este cineasta, Enter the void (2009) es una excelente propuesta para adentrarte en su perturbadora y magnífica psique.

El genio rompe la narrativa usual y juega con la psicología, te eleva, te baja, te sumerge; flotarás durante más de dos horas al tono de la alucinación entre drogas, sexo, traición, amor, ruina y esperanza. Perturba y logra tocar las entrañas provocando ese involuntario retortijón parecido al vértigo que se siente directo en el estómago, logrando así un excelente nudo de desesperación.

¿Qué hay después de la muerte?, ¿qué hay durante ella?, ¿qué pasa en ese enigmático momento? En torno a estas preguntas gira la premisa de la aclamada cinta.

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Oscar (Nathaniel Brown) y su hermana viven en Tokio, ciudad plagada de luces neón. Cuando eran apenas unos niños quedaron huérfanos tras un accidente automovilístico del que fueron testigos y el cual marcó sus vidas. Así, su destino se volvió incierto, orillándolos a separarse.

Unidos desde pequeños, realizaron la promesa que se convirtió en la máxima guía de sus vidas, “…Nunca íbamos a abandonarnos, nunca jamás, ¿y si mueres?, regresaré…” , pactaron con sangre cuando apenas eran unos niños, el juramento perdura y sobrepasa incluso la muerte.

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Oscar, al ser el hermano mayor, busca cuidar a su hermana. Pensando en el fin y olvidando los medios, decide entrar en el negocio de las drogas y al poco tiempo se hace de algunos contactos. Pronto puede llevar a Linda (Paz de la Huerta) hasta Japón; ella es su más grande incentivo. Sin embargo, la joven también encontrará un mundo desdibujado al convertirse en bailarina exótica y rodearse de la peor escoria de Tokio.

Todo se sale de control al entrar al vacío, el bar en el cual Oscar se topará con el viaje más profundo que ninguna droga le regaló antes, el limbo. La narrativa subjetiva supera cualquier otra realización antes intentada, te conviertes en el protagonista, eres el que ve.

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El diseño de producción es minuciosamente cuidado, contextualiza y pone especial atención en los pequeños detalles, enfatizando la psicología de los personajes. En la fotografía destaca la psicodelia. Los colores chillantes, las luces parpadeantes, los azules, los verdes, los naranjas, los amarillos y los rojos rebotan en la pantalla y se vuelven parte fundamental de la narrativa. Los planos logran hacer que el espectador se sienta atraído por el personaje principal, lo cual funciona hasta el punto en que sientes un especial afecto hacia él. Se trata de una excelente puesta en escena con planos secuencia y escenas que te dejarán pensando más de una vez cómo fueron realizadas.

El trabajo del cast es excepcional, Nathaniel Brown logra una extraordinaria sintonía con la audiencia, incluso cuando en un 90 por ciento de la película no le vemos el rostro. Paz de la Huerta acierta en su papel de la chica sin preocupaciones, desprotegida, infantil y antagónica.

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En el montaje no hay nada por discutir, está ensamblado con particular maestría. Los saltos en el tiempo y los cortes delicadamente realizados dotan de un extraño dinamismo a la película. Si bien cabe decir que no todos disfrutan de esta experiencia, la intención de perturbar se cumple con singular perfección. En resumen todos los elementos hacen de Enter the void una hermosa metáfora de la vida hacia la muerte, una obra maestra.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

If… O Alex DeLarge antes de Kubrick

Hablaba con Lindsay una vez a la semana,
De hecho, él me dio la clave para mi papel en Naranja Mecánica,
Fue muy simple y me brindó una gran ayuda: ¿Recuerdas el close-up donde sonríes desafiando a la cámara? Así es como debes interpretar a Alex.
Nunca se lo mencioné a Kubrick.
-Malcolm McDowell.

If… (1968) es la unión de dos sendas que van del genio de un cineasta francés al movimiento que fue la antesala de la nouvelle vague: el free cinema de la Gran Bretaña, cuyos cánones se hicieron para romper un lenguaje cinematográfico rígido. El primer camino lo recorrió el eterno Jean Vigo, icónico autor de la obra maestra Cero en conducta (1933), la cual se insertó en la historia del séptimo arte de manera instantánea y legó la trama al presente filme. If… narra la rebelión de un grupo de estudiantes en contra del sistema conservador que les oprime, ejecutado lo mismo por profesores que por alumnos quienes están a punto de egresar.

Cero en conducta, Jean Vigo:

La segunda vía corresponde a jóvenes airados que se iniciaron en la crítica cinematográfica publicando en la revista Sight and sound. Muchachos inconformes cuyo desencanto les condujo a crear un manifiesto a mediados de la década de los cincuenta comandado por Karel Reisz, Tony Richardson y Lindsay Anderson. Postulado que generó un movimiento fundamental en la historia del cine: el denominado free cinema.

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Los principios del cine libre van en contra del burgués, se defiende al marginado, al ser humano común. Se le aplaude al obrero, a la filosofía de las izquierdas, ese socialismo que hoy miramos trasnochado, esa rebelión que a comienzos de la década de los sesenta prometía. Se alaba la protesta. Se filma en exteriores con la cámara en la mano, alejados del estudio. Con un presupuesto mínimo pero con una pasión incalculable.

La cinta de Anderson homenajeó y heredó. Su trama se desarrolla en siete actos que se dividen por el texto y el color. Se destaca la fotografía del checo Miroslav Ondricek, quien transita del blanco y negro con múltiples escalas de gris a un cromatismo similar al tecnicolor. El filme es de ritmo pausado empero no por ello aburre. La rebelión se cuece lento. Se debe llevar al antihéroe al punto de no retorno.

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Mick Travis es el protagonista, interpretado por el debutante Malcolm McDowell en quien Lindsay miró una capacidad que iba de lo real a lo fársico y que además sirvió como referencia principal a Martin Scorsese y Paul Schrader para la creación de Travis Bickle, el atormentado chofer de Taxi Driver (1976). Malcolm se encargó de inmortalizar al joven líder de la revuelta, atrajo con su papel la atención de Stanley Kubrick.

La naranja mecánica (1971) fue un reto para el actor, se sabe que el realizador neoyorkino tenía problemas para comunicarse con sus histriones. McDowell acudió a Lindsay Anderson para solucionar los cuestionamientos que tenía con el personaje de Alex DeLarge, el director le guió; es innegable que el adolescente ultraviolento no es resultado de la dirección de Kubrick, fue Anderson quien engendró al monstruo a través de un trazo escénico más similar al teatral que al fílmico.

If… Es una cinta necesaria para todo amante del cine. Representa un movimiento no sólo cinematográfico, también antecede una revolución social. Sin esta película, estandarte del free cinema, posiblemente no tendríamos un dogma 95′ y quizás la nouvelle vague hubiese sido distinta.  

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

X, A y M: infinito deja vu en Marienbad

 Por: Andrea Rodea

La imagen en movimiento siempre ha existido, incluso mucho antes de haberse inventado el cinematógrafo o el kinetoscopio. La imagen en movimiento se hace presente cada vez que soñamos o recordamos algo.

Así como el cine, aquellas imágenes que rememoramos se encuentran en algún tiempo en específico. No me atrevería a decir que se hallan en el pasado pero tampoco en el presente, pues recordar es traer al presente algo que pasó. Aquel tiempo, sea cual sea, si se manipulase cambiaría totalmente el sentido inicial de dicha imagen o recuerdo, negando así el aquí y ahora. Por ejemplo, si se modifica algún recuerdo doloroso con la finalidad de que éste deje de producir sufrimiento, el sentido inicial de ese recuerdo ya no existiría, sería un recuerdo reinterpretado desde otro punto de vista. La imagen es esencialmente lo mismo, una vez modificada su esencia será diferente.  Sin embargo, la imagen en movimiento que se plasma en el film al modificarse crea la posibilidad de un sin fin de realidades, un recuerdo al ser modificado crea dos cosas; una realidad alterna y evasión.

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X (Giorgio Albertazzi) es un hombre que regresa al hotel donde se encontró por última vez con A. Está cansado de regresar una y mil veces más a dicho lugar.

I walk on, once again, down these corridors, through these halls, these galleries, in this structure of another century, this enormous, luxurious, baroque, lugubrious hotel, where corridors succeed endless corridors, silent deserted corridors…”

Planos detalle del hotel, el delicado movimiento de la imagen y la voz en off, nos dan la bienvenida al recuerdo de X, a El año pasado en Marienbad (L’année dernière à Marienbad, Alain Resnais, 1961)

 “Between these walls covered with woodwork, stucco, moldings, pictures, framed prints, among which I was walking among which I was already waiting for you, very far away from this setting where I now stand, in front of you, still waiting for the man who will no longer come, who no longer threatens to come to separate us again, to tear you away from me. Are you coming?”

Un hombre desea escapar con su amante. La amante es temerosa, duda sobre aquella posibilidad, sin embargo, establece una condición: esperar hasta las doce campanadas. Si su marido no aparece, entonces habrá de marcharse. El público y M (Sacha Pitoëff) admiran el suceso, es una obra de teatro. Las campanas suenan, el esposo no llega. “Now… I am yours.” Responde la amante. Se cierra el telón. Los espectadores aplauden y minutos más tarde todo se congela. ¿Un error acaso? Pasan unos segundos, el movimiento regresa a la imagen. Un asistente afirma no recordar si fue el 28 o 29, todo se vuelve a detener (parece ser que aquella ausencia de movimiento es sinónimo de recordar) el asistente afirma que todo sucedió el día… El público pretende dar realismo a aquel recuerdo. Intentan rellenar vacíos producidos por la evasión del suceso real. X lo ignora.

cartel-de-el-ao-pasado-en-marienbadEspejos conforman la decoración de este hotel, nada es fortuito, mucho menos este detalle. La función de estos, es la analogía entre lo real y la representación de lo real. Reflejan a semejanza lo que se encuentra dentro de nuestro aquí y ahora, sabemos que lo que se plasma en ese objeto ( esa realidad) no es más que una imagen. La importancia de dicha representación radica en el valor que se le deposita. X encuentra a A (Delphine Seyrig) , se miran a través del reflejo del espejo. A pregunta, donde nos hemos conocido. X cree recordar todo a la perfección. El loop comienza una vez más. A ignora por completo todo lo que X recuerda. Todo es una mentira una confusión. A desconoce a X, sin embargo, X orilla a A a recordar. Un cristal se rompe y A por fin recuerda. La representación de lo real se ha quebrado. Ahora sólo queda el valor que X deposita en este aquí y ahora. La verdad jamás fue importante, el deseo era la meta y ahora ésta se ha cumplido.

A su vez y complementando el escenario trágico de dicho hotel, un juego de cartas se lleva a cabo en el salón de juegos. Este juego esta lejos de tener como aliado el azar. El ganador se proclama desde un inicio. El que tira las cartas será el vencedor. “Can you ever lose?” X le pregunta a M, “ I can lose but I always win.” M contesta. Es el turno de X y queda una carta sobra en la mesa. X ha vuelto a perder. Así como en el juego, el porvenir de X es igual. No es que X no pueda comenzar el juego, sino que realmente no desea comenzarlo pues ganar sería significado de enfrentar y al perder existe la posibilidad de reconstruir aquel recuerdo pues renuncia a la libertad de la verdad.

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El año pasado en Marienbad es un laberinto sin salida. Es la reinterpretación que X le da a un recuerdo doloroso. La evasión, la condena a perder y no aceptar la ausencia de A. Es la posibilidad y la creación de una realidad alterna, donde se extrae todo sentido de identidad con tal de satisfacer un anhelo. Es la obra donde Alain Resnais retoma principios de Henry Bergson e interpreta la carencia de libertad a través de un lacerante triángulo amoroso . Es una película enorme donde cada detalle se comprende como parte del acto de recordar y olvidar, de la libertad y la esclavitud. Nada en la película sobra, nada en la película es un sin sentido, todo en ella va hilado con la verdad que esconde X en aquel lugar.

“X: There will be no pause, no rest between these walls…”