Macario: fantasía, tradición y pobreza

Nos pasamos la vida muriéndonos de hambre.

Macario

La dupla en el guion escrito por Roberto Gavaldón y Emilio Carballido (basado en la novela del alemán Bruno Traven), la puesta en escena, el cuidado de los personajes y la fotografía de Gabriel Figueroa, hicieron de Macario (1960) un clásico del cine mexicano que representa la relación indivisible entre la vida y la muerte.

La cinta, que fue la primera mexicana en contender por el Oscar como Mejor película de habla no inglesa, se aleja de la intención de mostrar el inframundo o los muertos, sino que utiliza la folclórica fiesta del Día de Muertos para sumergirnos en temas sociales como la pobreza a partir del personaje de Macario (Ignacio López Tarso).

Macario es un título obligado respecto al tema de la relación del mexicano con la muerte, así como al hablar de cómo el cine ha personificado la muerte.

Aquí nuestro análisis:

La importancia de los créditos en el cine

Originalmente y a principios del siglo pasado, los créditos eran diseñados por dibujantes, rotulistas o artesanos; conforme avanzó la historia del cine se comenzaron a usar como vehículo creativo, principalmente por dos factores: la llegada de la televisión y más importante aún, la publicidad.

De esta última provino el diseñador de créditos más sobresaliente en la historia del cine: Saul Bass. Nacido en el Bronx, rompió el modelo de los créditos estáticos por medio del uso del contraste entre forma y fondo, implementó la animación de gráficos y tipografía que se mantiene hasta nuestros días. 

En el siguiente video recorremos la historia de los créditos desde George Meliés hasta la actualidad: 

Hace 15 años así recibió la crítica a ‘Mean Girls’

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

A partir de una mirada crítica y una comedia ácida, Mean Girls (Mark Waters, 2004) retrató de manera convincente a los adolescentes de la primera década de los 2000; dio el salto a la cultura pop y ahora es referenciada gracias sus chistes más representativos. A 15 años de su estreno, la historia de las plásticas sigue fresca, porque aunque la sociedad cambie y la tecnología avance, los adolescentes aún se caracterizan por ser crueles y divertidos.

La historia sigue a Cady (Lindsay Lohan) y su búsqueda por encajar en la preparatoria luego de vivir en África y nunca haber pisado una escuela. Esto nos lleva a conocer el ambiente hostil que se vive en un lugar donde todo está controlado por un grupo de chicas llamadas “Las plásticas”. Cady, en un afán antropológico y con deseos de caer bien a Janis (Lizzy Caplan) y Damian (Daniel Frnzese), se infiltra en el grupo popular para hacer caer a la reina. 

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En su mayoría, el filme fue bien aceptado por los críticos, sin definirla como una obra de arte. El consenso fue que refrescó el género juvenil al estar basada en el libro Queen Bees and Wannabes de Rosalind Wiseman, el cual más que contar una historia, es una guía de cómo ayudar a los adolescentes a sobrevivir la preparatoria. Elvis Mitchell del The New York Times la alabó por mostrar un lado oscuro del mundo teen y combinarlo con una comedia al estilo Disney Channel. De la misma manera David Edelstein de Slate consideró que fue un híbrido de la psicología pop y la sátira Saturday Night Live

Roger Ebert vio en ella una cinta inteligente y divertida, que mostraba sus orígenes en la ironía televisiva, pero con mejores resultados que otros títulos del productor Lorne Michaels. Su sátira se consideró potente, aunque no para todos fue suficiente; del Austin Chronicle, Marrit Ingman mencionó que hacia el final se diluye la fuerza inicial, y que a veces pierde el foco de su tema. La película siguió el camino de su protagonista: tener la capacidad de reflexionar en torno a sí misma, pero deshacerse de su esencia al querer ser popular.

Una de sus grandes fortalezas fue el guion, adaptado por Tina Fey, quien en ese momento también trabajaba en Saturday Night Live. Por el modo de combinar un sentido antropológico y satírico, Peter Rainer de New York Magazine lo festejó, mientras que Scott Tobias abordó su habilidad con los tonos amargos en un género tan vacío. En cambio, Peter Traver de Rolling Stone se enfocó en la manera de tocar las complejidades del insulto y sus diálogos ácidos. 

El ritmo y la manera de terminar la historia fueron de los puntos que se consideraron más bajos. Por ejemplo, Elvis Mitchell mencionó que la cohesión narrativa no es su virtud, puesto que funciona mejor como un conjunto de escenas que como una historia. Y Ellen A. Kim del Sleattle Pi señaló un comienzo potente que pierde fuerza sobre todo por giros inexplicables, debidos a la indecisión de ser una comedia negra o una comedia rosa. Otra queja común se dirige a la voz en off; explica demasiado y en ocasiones interrumpe el ritmo y los mejores momentos.

Otra constante al hablar de Mean Girls fue la comparación con otras cintas adolescentes, en este caso la más presente fue Heathers (1989), en la que Winona Rider se involucra en el asesinato de Heathers, la reina del grupo que da nombre a la película. Al igual que en la historia de la plásticas, en la película dirigida por Michael Lehmann el tono ácido y oscuro está presente, sin embargo la mayoría de los críticos la colocó por debajo de la historia ochentara. Otros filmes con los que se le emparentó fueron Wayne’s World (Penelope Spheeris, 1992) y Fast Times at Ridgemont High (Amy Heckerling, 1982); esta última por compartir una fascinación por las reglas que al mismo tiempo vinculan y separan a los estudiantes de preparatoria. Otras comparaciones extrañas fueron con Goodfellas (Martin Scorsese, 1990), y Donnie Brasco (Mike Newell, 1997), al imaginar que la mafia y las chicas populares tienen mucho en común. 

Las actuaciones se valoraron positivamente, en especial el variopinto grupo de personajes secundarios que dejaban ver su amplio rango a la hora de improvisar. Roger Ebert destacó la actuación de Lindsay Lohan ya que nunca permite que el personaje se incline hacia la caricatura. Mientras que Caroline Westbrook de Empire ensalzó cómo Lohan logra un personaje atractivo y simpático, así como a Rachel McAdams por su malvada Regina George. 

Los primeros filmes mexicanos que conquistaron Cannes

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

Desde su inicio el 20 de septiembre de 1946, el Festival de Cannes ha contado con la presencia mexicana; desde su primera edición grandes figuras han desfilado por la alfombra francesa, con lo cual pasaron a formar parte de uno de los más grandes escaparates de la industria.

En aquella primera selección oficial de 68 cortometrajes y 45 largometrajes, 11 de éstos recibieron la Palma de Oro (Grand Prix), el máximo galardón. Entre títulos como Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini) y Días sin huella (Billy Wilder), María Candelaria de Emilio “Indio” Fernández también destacaba como una de las mejores. Además, el cuarto largometraje del cineasta mexicano se llevó el premio a la Mejor fotografía, realizada por Gabriel Figueroa. El legendario cinefotógrafo compartió ese premio consigo mismo, pues  también participó en la comedia Los Tres Mosqueteros de Miguel M. Delgado, la cual fue reconocida en la misma categoría.

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María Candelaria es una de las películas más representativas de la Época de Oro del cine mexicano; narra el romance entre la protagonista, quien da el nombre al filme (Dolores del Río), y Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz). Emilio Fernández echa mano de uno de los argumentos más utilizados en este periodo; la inocencia y la pureza indígena. En aquel momento fue elogiada por la crítica y se considera la obra más importante de esta dupla actoral.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial y tras años de exilio en Estado Unidos, Luis Buñuel llegó a México en un intento por arribar a París; fue entonces que conoció al productor Óscar Dancigers, quien le ofreció trabajar en la película Gran Casino (1947), estelarizada por Libertad Lamarque y Jorge Negrete. En su momento, la cinta con la que comenzó su etapa mexicana, no fue bien recibida, lo cual le costó varios años de desempleo al español.

Fue hasta 1949 cuando realizó El Gran Calavera, con la que le dio un nuevo aire a su carrera en México y consiguió la oportunidad de filmar Los olvidados en 1951, una cinta caracterizada por la crudeza con la que muestra a los niños de la calle. Al crear una ruptura en la forma de retratar al país, que hasta ese momento proyectaba la pobreza de una forma idílica, la película no fue bien recibida por la crítica, el gobierno, la clase alta del país y personalidades de la industria. Aun con la mala recepción al interior de país, Buñuel llegó con ella a Cannes, donde se hizo acreedor al premio a Mejor director y con la cual iniciaría una creciente trayectoria dentro del evento.

Para la sexta edición en 1953, el entonces premio a la Mejor narrativa visual, que reconocía el trabajo de director y el fotógrafo, fue para Emilio Fernández y Alex Phillips por La red, lo que provocó opiniones divididas, por ejemplo, el crítico Andre Bazin publicó en su libro ¿Qué es el cine?: 

“Yo no fui el único que se sintió aturdido por el premio que obtuvo ‘La Red’ en el último Festival de Cannes. Me parecía que el jurado se había dejado cazar en una trampa bien grosera o, todavía mejor, que no se había dado cuenta exactamente de lo que consagraba como el film ‘mejor contado por la imagen’. Pero no estoy lejos de aceptar, con el paso del tiempo, que ‘La Red’ merecía señalarse a la atención del público (…) comprendo que Abel Gance haya llorado de emoción. En los tiempos grandiosos de sus delirios más desatados, no se hubiera atrevido a soñar con tal despliegue de símbolos; de un reinado tan deliberadamente elemental de la imagen a despecho de los rodeos psicológicos de la intriga. (…) Por todo ello me siento incapaz de decidir si ‘La Red’ es un gran film o una broma pesada”.

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Para 1959 Luis Buñuel regresó con Nazarín, filme con el que ganó el Premio internacional. Dos años más tarde se hizo acreedor al máximo reconocimiento otorgado en la Riviera Francesa por Viridiana. La película protagonizada por Silvia Pinal es una adaptación de la novela Halma de Benito Pérez Galdós, y aun con sus logros en el festival, se enfrentó a la persecución franquista y fue prohibida en España e Italia; incluso L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, alertó al gobierno de Franco, por lo que se ordenó la destrucción de todas las copias. Sin embargo, después de un sin fin de peripecias, Pinal y el productor Gustavo Alatriste salvaron una copia y escaparon a México con ella. Actualmente se considera una de las obras cumbre del cine nacional.

El último trabajo de Buñuel en Cannes se presentó en 1962 y fue El Ángel Exterminador (1966), película surrealista que cuestiona los limites del comportamiento humano y representa la degradación de la aristocracia. Con ella obtuvo el Premio de la crítica, reconocimiento que en 1965 también recibió Luis Alcoriza con Tarahumaras, protagonizada por Ignacio López Tarso.

Tarahumaras es el relato de un antropólogo que llega a la sierra para estudiar los problemas de los indígenas, y al descubrir la explotación de la que son objeto, decide hacer algo para transformar la situación. Fue uno de los pocos casos de la época que planteó una visión del mundo indígena mas allá de las mistificaciones paternalistas del cine mexicano convencional.

Después de aquellos proliferos años hubo un silencio de México en el certamen galo, el cual se extendió por más de tres décadas, hasta que en los años 90 resurgió con la presencia de El Héroe (Carlos Carrera), ganador de La Palma de Oro en la categoría de cortometraje. Desde entonces el cine mexicano ha logrado diversos espacios en el festival, sin embargo, es importante recordar que se ha tratado más de esfuerzos aislados y no como una representación del resurgimiento de la industria nacional.

Dos miradas clave sobre la independencia de México

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

La idealización de un pueblo aguerrido o la de una imagen religiosa milagrosa. Las siguientes son películas con una mirada al pasado pero también a su presente, tanto a la Época Cardenista, como al paso de la Guerra Cristera. Con estilos diferentes, la primera más cercana al falso documental y la segunda más hacia el melodrama, ambas configuraron un ideal nacionalista que sigue vigente.

Aunque el primer ejercicio en abordar el tema fue El grito de dolores o la independencia de México (1907) película dirigida por Felipe de Jesús Haro, quien también fue guionista e interpretó al cura Miguel Hidalgo, nos centraremos en Alma Insurgente y La Virgen que forjó una Patria trabajos posteriores que consiguieron mejores resultados al representar este momento clave. 

¡Viva México! (El Grito de Dolores), también conocida como Alma Insurgente (1934), nombrada así  para evitar confusión con el trabajo de Sergei Eisenstein, Qué Viva México (1932), fue dirigida por Miguel Contreras Torres; un trabajo que filmó en poco tiempo y mínimos recursos. Se enfocó sobre todo en la vida de Miguel Hidalgo, desde su participación en la conspiración de Querétaro, hasta su aprehensión y muerte. Aunque parte de la historia del héroe patrio, su principal objetivo era manifestar la importancia de la participación del pueblo en el inicio de la lucha. 

La cinta se enmarca en un sentimiento nacionalista exaltado, sobre todo en las ideas expresadas en el discurso que Hidalgo proclama al pueblo de Dolores. Se cree que dichas ideas liberales fueron un guiño al llamado Plan Sexenal, presentado por el entonces presidente Lázaro Cárdenas del Rio, quien era amigo del director. El cura Hidalgo es representado como salvador de México, tanto del oprimido por la corona española como del México de los años 30, que luchaba contra el capital extranjero y sus deseos de apropiarse de las riquezas naturales de México.

Miguel Contreras Torres tenía grandes deseos de tener un filme lo más fiel posible, de ahí que las escenas en exteriores se grabaran en el pueblo de Dolores. La cinta se estrenó el 15 de septiembre de 1934 en diez cines del primer circuito de la Ciudad de México, así como en varias salas del interior de la República y del extranjero.

Su afán nacionalista está presente en escenas que retrataron a mexicanos dedicados al trabajo de la alfarería, la herrería y la agricultura, alabados por el cura Hidalgo gracias a su dedicación. También se observa cuando el cura apela al pueblo de Dolores a luchar contra la injusticia española, mientras de fondo se escucha el himno nacional y se mira cómo los hombres se preparan con machetes y armas. Un detalle interesante es que no se muestra el estandarte de la Virgen de Guadalupe, alejándose de la constante unión de Estado-Iglesia. 

El reparto se compone de Paco Martínez, Sara García, Alberto Martí, Joaquín Busquets y José Cortés, interpretando respectivamente a Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez, Allende, Aldama y el Corregidor Miguel Domínguez. Destaca la participación de Sara García al ser uno de sus primeros trabajos. La construcción de Miguel Hidalgo resalta por ser el personaje más importante gracias a sus acciones; un religioso que es bondadoso, paciente, humorista y que busca la libertad.

La cinta termina con un viaje al México de los 30 y un desfile de estatuas (algunas del Paseo de la Reforma) en las que destacan Simón Bolívar, José Martí,  George Washington y Miguel Hidalgo, las cuales ilustran la idea que la cultura hispánica creada luego de las independencias ha conseguido una gran relevancia.

Casi 10 años después llegó a los cines La Virgen que forjó una Patria (1942) de Julio Bracho. Contrario a la anterior, esta cinta fue creada bajo subvención gubernamental después de que México le declarase la guerra a Alemania, luego del hundimiento de dos naves mercantes mexicanas. Su objetivo era claro, exaltar y unir al pueblo mexicano. 

Dicha comunión se buscó en la idea de conjuntar dos elementos clave del orgullo mexicano: sus héroes patrios y la imagen de la Virgen de Guadalupe. De ahí que la historia entrelaza tres momentos importantes. Comienza con la conspiración de Querétaro y la discusión de qué imagen usarán los insurgentes para enarbolar sus ideales, situación en la que Hidalgo propone la imagen de la Virgen, lo cual nos lleva a conocer la historia de su aparición, la caída de Tenochtitlan y los momentos de la conquista, cuando los evangelizadores fueron clave como elemento unificador.

En las actuaciones principales se contó con el trabajo de Ramón Novarro como Juan Diego, Domingo Soler como el Fray Martín, Gloria Marín Xochiquiáuit como la pareja de Juan Diego, Julio Villarreal como el Padre Hidalgo, Fanny Schiller como Josefa Ortiz de Domínguez y Ernesto Alonso en el papel de Allende. Un elemento importante es la presencia de Gabriel Figueroa como director de fotografía, aunque este no sea uno de sus mejores trabajos.

De nuevo estamos ante una cinta que pone énfasis en el cura Hidalgo, en este caso en la configuración de sus ideas, en diferenciar a las naciones del viejo mundo con las de la América, con sus criollos, indios y mestizos. La primera como opresora e incivilizada , ahogada en guerras y pleitos, mientras la segunda encaminada hacia un futuro mejor, abogando a su inocencia y a su frescura. Otro punto es la importancia que ha tenido la película en fijar la imagen física que se tiene de los héroes patrios, en especial la de Miguel Hidalgo, basada en la obra pictórica de Joaquín Ramírez. 

El tema de usar la imagen religiosa como vaso conductor también nos muestra una antítesis del uso de la religión, al inicio presentada como una maldición al momento de la conquista y luego como una redención con el suceso del milagro. La Virgen que forjó una Patria pretendió exacerbar la tolerancia y la justicia, así como sanar a un pueblo que había atravesado la Guerra Cristera. Su afán nacionalista y religioso se basa en la creación idealista de que el pueblo mexicano está predestinado a grandes cosas mientras se encuentre bajo la protección religiosa. 

Ambos títulos comparten un tema principal y un objetivo calcado, el inicio de un evento de gran importancia para nuestro país como lo es su independencia, siguiendo la línea de la exaltación y el nacionalismo. Una cayó en el olvidó y la otra no tanto…

Así ha representado el cine al Joker, el mejor villano de DC

Por: Fernando Martínez (@frnndmtz)

Legendarios payasos se han presentado en la pantalla grande; tenemos a Pennywise en IT, Patch Adams (Tom Shadyac, 1998) protagonizado por Robbie Williams, Clown (Jon Watts, 2014) con Jon Watts, incluso uno que otro en episodios de American Horror Story.  Muy pocos se han replicado a lo largo de la historia, y si bien algunos no lo consideran “payaso”, sí entra como el asesino tras el maquillaje: The Joker, quizá el villano mejor creado en la historia de DC Comics y quien ha sonado recientemente por la próxima película protagonizada por Joaquin Phoenix.

The Joker, creado por Bill Finger, Bob Kane y Jerry Robinson, aparece como el villano de Batman desde la década de los 40, caracterizado con traje morado, pelo verde y una sonrisa maquiavélica. Con el paso del tiempo, Batman regresó casi cada cinco años en un nuevo universo y con él también evolucionó su villano, llegando a tener su propia saga de cómics. No me adentraré en todas las historietas que existen alrededor del personaje, aunque debemos recordar que hay muchas vertientes de su origen y cómo es que crece como un villano; lo que abordaré son las apariciones en la pantalla y las impresiones que ha dejado. 

Cesar Romero fue el live action memorable del personaje, pues su aparición en la serie de televisión Batman (1960) nos llevó a conocer dicha rivalidad más a fondo. En los cómics (donde todo es más sangriento y descabellado) la esencia del Joker es la locura y la demencia…un psicópata desatado; sus crímenes van más allá de robar. Romero nos presenta un Joker demasiado humorístico, que comete delitos menores: burlarse de los policías, robar un banco sin dañar a nadie. A lo más que llegó fue a tener a alguien tras un cuchillo. El maquillaje era básico, pintura blanca en el rostro, sonrisa roja, ojos azules y cabello verde, sin deformaciones, sin perturbaciones. 

Tras esto, llega el primer gran maestro de la risa: Jack Nicholson en Batman (1989), un Joker elegante, con clase pero sin piedad, con la intención de matar a Batman y haciendo un caos en la ciudad. Un personaje bidimensional, pero con una meta clara y un control sobre todo lo malo que le sucedía al héroe. En Jack mejoró el traje, más saturación de color y se incluyó el verde y amarillo como colores secundarios. Al rostro lo vemos con una ligera desfiguración en la sonrisa, lo cual lo dota de una personalidad completa. La transformación que tiene es grande, pues desea esconder esa parte de él maquillando todo su color blanco, pero al final se acepta como Joker. Si bien la cinta no es la más destacada en dirección y los diálogos pudieron ser mejores, el personaje de Jack dejó una punta muy alta. 

Desde tal fecha, el Joker apareció en diversas historietas y videojuegos, donde aunque se presenta una versión bien construida en general, el público no conectaba tanto e incluso la llegaba a rechazar. Pero, llámese coincidencia o destino, el 2008 fue uno de los grandes años para este personaje; por un lado salía a la luz el mejor cómic con una historia realmente grande: The Killing Joke, y por el otro, Heath Ledger se transformó en un psicópata con ansias de “ver arder el mundo”. The Dark Knight nos dio al mejor Joker jamás actuado, con un panorama donde él era el caos y convertía todo en llamas sin otro propósito más que cambiar la realidad en una horrible pesadilla. Son más evidentes las deformaciones en el rostro, con cortaduras y detalles que hacen que el personaje crezca entre todos los demás. La entrega fue aclamada por los fans de los cómics, por los cinéfilos y por el público en general, quienes aplaudieron a Ledger como The Joker. Desafortunadamente sabemos el desenlace de esta última presentación actoral para Heath, pero no le quita el podio del mejor Joker. 

Ocho años después llega al cine Suicide Squad (David Ayer, 2016) protagonizada por Will Smith, Margot Robbie y Jared Leto. Un Joker mafioso, con mal carácter y mal vestido, sin deformaciones, sin una sonrisa prolongada y, lo más importante de mencionar, sin ninguna historia por detrás. Lo único que existe en su razonamiento es Harley Quinn, mujer de la que está perdidamente enamorada. Y es aquí donde los aplausos recaen en Jack y reafirman a Ledger. Leto no logró nada como este villano, y aunque se preparó a tal grado de encerrarse en una prisión, se presenta como un apasionado por el amor de Harley ¿Dónde está el matar por matar? ¿Qué pasó con el traje morado? ¿Por qué tiene tatuajes? ¿POR QUÉ AMA A ALGUIEN MÁS? Un Joker plano, sin sentido en la historia…lo rescatable será la risa. Exacto, la risa, algo que no define para nada al personaje.

Ahora, dos años más tarde, Phoenix viene como el nuevo Joker, diferente a los demás por un gran detalle: no entra en un universo compartido por Batman. La historia es independiente a cualquier relación con los superhéroes; al parecer veremos un personaje bien estructurado, una historia cruda, con profundidad de emociones. Entre pósters, tráilers y reacciones en los festivales, nos vamos dando cuenta que es un enfrentamiento interpersonal, en el cual el actor se desnuda por completo al actor y se sitúa en un conflicto interno: esto es lo que el Joker quiere expresar. 

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Si bien Ledger fue aclamado por lo que hizo después de su batalla entre el ego, el yo y el superyó, a Phoenix lo adentrarán en ese limbo enorme, caso que sólo mostraron con una embarrada en Jack Nicholson. La tiene “sencilla”, pues su antecesor no fue más que uno más en el mundo. Pero no se quedará ahí, y quizá estemos hablando de un nuevo mejor Joker, no obstante, Joaquin ya habló sobre esto: 

“¿El joker de Heath Ledger? Inalcanzable para cualquiera. Honraré su memoria, en el set fue como si estuviera allí a mi lado, te amo Heath, amigo y hermano… te extraño”

Esto no excluye su gran preparación; aparte de perder peso y maniobrar con diferentes payasos para los movimientos fluidos en el escenario, leyó artículos y libros sobre asesinos políticos y seriales, cosa que aseguran se ve reflejada en su actuación. Seremos testigos de un Joker diferente, no al que le gustan las explosiones desde el inicio o quiera ver sangre de todos. Veremos a un personaje siendo trastornado por factores externos, reflejados en la lucha interna. Un Joaquin Phoenix que ha dado mucho de qué hablar; un Joker que sigue siendo el villano más grande. 

Entre la propaganda y el nacionalismo, así fueron los inicios de Kurosawa

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

Akira Kurosawa, uno de los máximos exponentes del cine japonés y que vivió fuertemente influenciado por el cine occidental, consolidó su carrera con cintas bellamente realizadas, desde peleas samuráis, sueños imposibles y misterios a tres voces, en donde cada detalle fue cuidadosamente elegido. En esta ocasión nos concentraremos en sus primeros trabajos. los cuales estuvieron marcados por la posguerra y el afán nacionalista japonés.   

Después de ser seguidor del entretenimiento occidental y de acercarse al cine gracias su hermano mayor Heigo, Akira se adentró en la realización como ayudante de dirección en 1936 en la Photo Chemical Laboratories (PCL) donde conoció al director Kajiro Yamamoto, quien le permitió también ser montador y guionista.

En 1937 la compañía se fusionó con otras y se formó la productora de cine Toho, que aunque era reconocida por sus cintas de monstruos radiactivos y luchas marciales, poco a poco se convirtió en una productora eclética. Contaba con directores enfocados a crear todo tipo de historias, desde cine muy comercial hasta cinta más introspectivas, como a veces llegaría a ser la obra de Yamamoto; un ejemplo es Uma (1941), la historia sobre el campo japonés y la relación de una chica con el caballo que ha cuidado toda su vida. Durante los años 40 llegaron al éxito con el trabajo de Yamamoto, tanto con la antes mencionada Uma y con Hawai Marei Oki Kaisen (1942), la explicación japonesa de los sucesos de Pearl Harbor.  Otro de sus éxitos fue Son goku: Monkey Sun (1940) la mítica historia del dios mono japonés. 

En mayor o menor medida el cine japonés de esa época tenía la necesidad de presentar una idea romantizada de Japón. Kurosawa participó con trabajos que retomaban épocas épicas o retratando su tiempo a través de una mirada dulcificada. Su primer trabajo como director fue Sanshiro Sugata (1943), una historia de judo y del aprendizaje de un alumno, quien debe vencer retos para formarse. El cineasta llegó a esta historia a través de la novela del escritor Tsuneo Tomita. En esta primera entrega prefirió alejarse de temas escabrosos como los de sus anteriores guiones, los cuales habían sido censurados, siguiendo una línea nacionalista en la que exaltaba los valores japoneses y la Era Meij. Por esto recibió el Premio Nacional de Cine de manos del primer ministro

Sanshiro Sugata

Después le siguió The most beautiful (1944), que seguía a varias chicas, quienes a pesar de sus heridas sufridas en la guerra, trabajaban arduamente en una fábrica. Llena de propaganda imperialista, Kurosawa consiguió dejar su estilo en ella a partir de la búsqueda de hacer un docudrama  al estilo ruso de Eisentein, sobre todo en el uso de planos cortos de la maquinaria. 

Su siguiente labor fue retomar la historia de Sanhiro Sugata y hacer una secuela. Si bien la primera exaltaba la moral japonesa y lo espiritual del judo, esta llevó más allá la idea de la propaganda al enfrentar al protagonista con un boxeador americano, a quien vence sin dudar. Aun con ello la cinta tiene escenas memorables, como una batalla sobre una ladera cubierta de nieve, una imagen hermosamente presentada, siguiendo lo que Kurosawa le había aprendido a John Ford. Un poco en el mismo tenor hizo The Men Who Tread on the Tiger’s Tail (1945), en la que retoma una historia clásica de 1185 sobre el enfrentamiento de dos hermanos; cuenta con la participaron de Susumu Fujita y Denjiro Okochi, ambos actores constantes en esta primera parte de la carrera de Kurosawa. 

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En 1946 trabajó en dos películas retomando su visión del Japón de la época, sin embargo contrastantes. La primera Those who make tomorrow, en colaboración con Hideo Sekigwa y Kajiro Yamamoto; en momentos se creyó perdida, puesto que el mismo Kurosawa renegó de ella: era otra cinta de propaganda, en este caso a favor de las huelgas de trabajadores. La segunda fue No Regrets for Our Youth, que narra la historia de Hotsumi Ozaki, único japonés que sufrió la pena de muerte por traición durante la Segunda Guerra Mundial/ Se enfoca en la historia de la amada del espía y su búsqueda de expiar las faltas de su amor, asimismo eleva la idea del trabajo al servicio de la nación. Dos maneras de apreciar la valía del japonés y sus deseos de sacar adelante su país. 

No Regrets for Our Youth

En un tono más afable se desarrolla One Wonderful Sunday (1927), la cual narra una salida de pareja, que con poco dinero planea tener un día maravilloso. Sin dejar de ser optimista  vemos las dificultades de una ciudad ocupada durante la guerra. Un elemento interesante es que hacia el final, uno de los protagonistas rompe la cuarta pared, muy diferente al estilo posterior del director. La cinta es considerada la última de su primer etapa.

Su siguiente trabajo y último, por un tiempo en Toho, fue Drunken Angel (1948) que representa un quiebre con sus anteriores trabajos. Más cercana al thriller y al noir, en la que un medico se relaciona con el jefe de la mafia luego de extraerle una bala. La construcción del personaje principal, el médico, nos presenta las bases de los personajes que Kurosawa presentaría a lo largo de su filmografía: virtuosos con defectos y vicios, en este caso alquien que no busca benéficos económicos y es alcohólico. Cosa interesante es que fue su primera colaboración con Toshiro Mifune, su fiel actor. 

Akira Kurosawa consiguió alejarse de la censura y del cine de propaganda con sus siguientes trabajos que lo llevaron a experimentar con la narrativa y la fotografía, sin alejarse de la influencia occidental, combinando sus orígenes orientales para crear grandes obras maestras.