Anna Karina al mando de la cámara

Por: Angélica Mejía (@lilithchance)  

Al momento de entrar a Google y teclear el nombre Anna Karina resaltan dos asuntos: la noticia de su fallecimiento el 14 de diciembre y que era la musa de cierto director franco-suizo. Es verdad que la artista francesa participó en siete proyectos de Jean-Luc Godard, con quien estuvo casada durante seis años (1961-1967) pero su trayectoria profesional cuenta con diversas facetas. 

Hanne Karin Bayer empezó su carrera como modelo, de hecho, la diseñadora Coco Chanel le sugirió el nombre artístico con el que se convertiría en el icono que es. Como actriz participó en cintas de Agnes Varda, Luchino Visconti, Ingmar Bergman, entre otros. Tiene créditos en 83 películas. 

La actuación no fue su único papel en el cine: en 1973 debutó como directora, algo que poca gente pudo entender, pues no era común que una actriz pasara al otro lado de las cámaras. En ese año fundó Raska su casa productora. 

El primer filme que dirigió fue Vivre ensemble, el cual escribió y actuó. En ella vemos a un profesor burgués Alain (a quien da vida el escritor Michel Lancelot) que se enamora de una actriz pobre, interpretada por la misma Anna Karina (Julie). Esta ópera prima retrata una relación destructiva, en la cual la inexperimentada directora y el inexperto actor encarnan una historia sencilla donde las decisiones que toma cada personaje en distintos ambientes pareciera que los une, pero en realidad los está separando. 

Los planos generales y los movimientos de cámara que propone Anna Karina logran hacer una inmersión a los diferentes estilos de vida que llevan ambos protagonistas. Además, se puede notar el repertorio artístico que tenía Anna Karina, de tal modo que desde los créditos de apertura recordamos el trabajo de Godard. 

Debido a la carrera actoral consolidada de Anna Karina en la nueva ola de cine francés, es interesante notar sus intentos por no imitar completamente las convenciones técnicas que propone esta corriente, en especial de Godard; sin embargo, hay algunas características que sacan a luz sus influencias. Las tomas al aire libre, hechas principalmente en la clandestinidad, obligan a utilizar cámara en mano y sonido incidental que la directora logró usar a su favor, dando a la película un estilo similar a las mejores obras de dicho movimiento cinematográfico. 

Lo anterior, aunado al hecho de que sus cintas fueron independientes, no fueron suficientes para considerar a Anna Karina una exponente de la nueva ola, lo cual deja en entredicho su intención por encontrar su propio estilo en el intento de apartarse del ya mencionado director. 

En los 70, el mundo no esperaba ver el trabajo de una directora con trayectoria de actriz, por lo que durante décadas Anna Karina no volvió a dirigir. Vivre ensemble, la cual no logró sobresalir en festivales, quedó casi enterrada en el olvido, a tal grado que hoy es complicado conseguir no sólo el largometraje, sino cualquier información referente a ella. 

Pasaron 35 años para que su nombre volviera a figurar como directora. En 2008 estrenó Victoria, una road movie protagonizada por Jean-François Moran, Woodson Louis y nuevamente por ella. La película presenta a Victoria (Anna Karina), la persona que guiará por Quebec a dos cantantes que buscan fama y dinero. 

Las posibilidades de Anna Karina como un directora consolidada quedarán en la incógnita. Hoy queda no dejar que sus dos proyectos se apaguen y seguir recordándola en todos los caminos artísticos que recorrió.

Grandes escritores mexicanos en el cine nacional

A lo largo de su historia, la pantalla grande nacional ha sido testigo del ingenioso trabajo creado por algunos de los escritores más importantes del país. Su talento en varias ocasiones traspasó las páginas de los libros hacia el libreto de largometrajes; su intelecto combinó con la astucia de los cineastas para crear obras que hasta hoy en día se preservan como parte de nuestra memoria cinematográfica. 

A continuación algunos de los autores más destacados que encontraron en el cine una forma diferente de desahogar su arte. 

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Vicente Leñero y Luis Carrión Beltrán – Los albañiles (1976) 

El amor que Vicente Leñero sentía por las letras lo llevó a debutar en diferentes escenarios del ámbito periodístico, teatral y cinematográfico. Siempre impregnó con su sentido del humor entre lo satírico y lo picaresco a sus personajes, espejo de la vida diaria e inconformes con la sociedad, característica compartida con los protagonistas de Luis Carrión: artista marginado que luchó contra el sistema motivado por sus ideales; sus textos incómodos para los altos mandos nunca tuvieron la oportunidad de distribuirse de manera regular, y aunque no tuvo la misma suerte que muchos otros, su talento, al igual que el de Leñero, quedará para siempre plasmado en sus múltiples guiones y novelas. 

Los albañiles

Cinco años después de escrita la novela Los albañiles y luego de adaptarla para su estreno teatral en 1969, Leñero junto a Luis Carrión y el cineasta Jorge Fons, se encargaron de adaptar la pieza para su estreno en las salas de cine. Esta última readaptación dejó un poco de lado el tema central del asesinato para enfocar su discurso en los marginados, procedentes de una clase social baja que es explotada y manipulada por los más poderosos. 

Laura Esquivel – Como agua para chocolate (1992) 

Este segundo trabajo que realizaron Marco Leonardi y Lumi Cavazos fue el más fructífero. Anteriormente, Alfonso Arau (guionista y director) ya había realizado una película cómica protagonizada por Mario Almada, pero Como agua para chocolate, basada en el debut homónimo de Laura Esquivel, fue un parteaguas para los dos; Esquivel continuó con éxito su carrera como escritora y Arau fue reconocido mundialmente por su sexto trabajo y tuvo la oportunidad de dirigir en Estados Unidos A walk in the clouds (1995). 

Como agua para chocolate

La labor de Esquivel como guionista de la cinta fue adecuar el lenguaje metafórico, propio del realismo mágico, y que Arau trasladó a la pantalla grande con ambientes delicados y planos suaves. 

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Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes – Tiempo de morir (1966) 

Ambos literarios de gran importancia para el siglo XX, cómplices y culpables del estallido de la bomba artística en toda América Latina: el Boom Latinoamericano. Uno bajo el sello de la escritura “menos mexicana de todos los mexicanos” y el otro siendo colombiano, lograron desembocar en una adaptación libre y bien lograda el relato homónimo de Juan Rulfo, uno de los escritores más influenciados por el México antiguo, El gallo de oro (1964), dirigida por Roberto Gavaldón y fotografiada por Gabriel Figueroa.  

Tanto Márquez como Fuentes encontraron en el cine una fuente de inspiración necesaria para alimentar su arte; el primero participó en diversas producciones mexicanas de los años 60, entre las más nombradas está Patsy, mi amor (Manuel Michel, 1968), Presagio (Luis Alcoriza, 1974) y El año de la peste (Felipe Cazals, 1979) -guion coescrito con José Agustín-. Por su parte, Fuentes es conocido por adaptar varios textos de Rulfo entre ellos Pedro Páramo (Carlos Velo, 1967), y ¿No oyes ladrar a los perros? ( François Reichenbach, 1974), además de trabajar con Juan Ibáñez en Los caifanes (1966). 

Tiempo de Morir

Pero fue en el debut de un joven Arturo Ripstein donde el talento de los tres se unificó. El resultado: Tiempo de morir, una cinta tan importante para la época, pues no sólo desmitifica la figura del macho bragado (personificado por Jorge Martínez de Hoyos) dentro de un ambiente en el que bien podría tomar acción Cien años de soledad o La muerte de Artemio Cruz. La película también representó también una forma de hacer cine de manera diferente, en la cual la visión creativa importó más que los protocolos acostumbrados. Un aire de frescura para las producciones mexicanas.  

Inés Arredondo y Juan García Ponce – Mariana (1967) 

Aunque su participación en la creación de guiones cinematográficos fue breve (dos títulos), Inés Arredondo dio muestras de virtuosismo en la adaptación a la pantalla grande de sus propios cuentos junto a Juan García Ponce. A través de la cinta Mariana, dirigida por Juan Guerrero, la cuentista deja huella de toda su obra en la pantalla grande; ahí viven los ambientes opresores descritos por la escritora en sus relatos, lugares que suprimían a sus protagonistas ya sea por medio de la religión, el machismo o una maniática tradición.  

Mariana

El erotismo es una constante en el trabajo de Arredondo y en el de García Ponce. Para la ensayista, la pasión siempre fue un arma de doble filo, a veces para liberar a la protagonista de su oprimido mundo, pero en otras era un tipo de maldición, un sentimiento cuyo final será hacia la locura o hasta la muerte, como el fatídico final que tuvo el personaje interpretado por Pixie Hopkin y Julio Alemán en la producción de Guerrero. 

José Revueltas y José Agustín – El apando (1976) 

Felipe Cazals, otro de los directores incómodos para el entonces gobierno priista por sus ideales, quien al contrario de cineastas involucrados en la industria, su interés se inclinó en filmar historias más personales del México herido y al que pocos se arrimaban con la cámara. Trabajó con José Revueltas y José Agustín para adaptar la novela corta escrita en 1969 por el mismo Revueltas mientras se encontraba preso en Lecumberri; relato que entre sus reflexiones asoma la duda del hombre sobre la libertad y la crueldad humana. 

El apando

Un año antes de su estreno en salas de cine, Cazals sorprendió a los espectadores con Canoa (1975) historia basada en hechos reales suscitada dentro de la época de la masacre de Tlatelolco. 

El apando significó otro duro golpe a la corrupción del sistema gubernamental, en específico al liderado por Luis Echeverría, y que aún actualmente tiene la virtud, tanto la novela como la cinta, de sacudir nuestra memoria histórica.  

Así fue el comienzo de ‘Los Simpson’ en ‘El show de Tracey Ullman’

Medio año después de su nacimiento como cadena, la Fox Broadcasting Company (FOX) lanzó su primera serie: El show de Tracey Ullman, el cual presentaba un sketch cómico esteralizado por la comediante inglesa Tracey Ullman con artistas como Julie Kavner, Sam McMurray, entre otros. En esa lista de invitados se encontraba Dan Castellaneta, la voz de Homero Simpson y de otros personajes de la que hoy es la serie más popular de animación.

Una de las características del programa eran los cortometrajes animados que lo acompañaban, donde aparecieron por primera vez los cinco personajes creados por Matt Groening y animados por un grupo de artistas de la compañía Klasky-Csupo.

Tales entregas nacieron gracias a que James L. Brooks, creador de El show de Tracey Ullman, contactó a Matt Groening para que trabajara en una adaptación de su tira cómica La vida en el infierno, por la cual Groening era reconocido en más de 200 periódicos en Estados Unidos y Canadá.

En lugar de esto, el entonces joven de 33 años creó a una familia integrada por Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie, quienes en su primer episodio titulado Good Night, referían a una familia con guiños de disfuncionalidad, pero finalmente unida y caracterizada por un humor acido.

Los cortos fueron de tal agrado del público, que después de 48 episodios emitidos de 1987 a 1989, Los Simpson se estrenaron como serie propia el 17 diciembre de 1989 con el especial navideño Simpsons Roasting on an Open Fire y con el propio James L. Brooks como productor. Por su parte, El show de Tracey Ullman terminó sus emisiones el 26 de mayo de 1990.

Macario: fantasía, tradición y pobreza

Nos pasamos la vida muriéndonos de hambre.

Macario

La dupla en el guion escrito por Roberto Gavaldón y Emilio Carballido (basado en la novela del alemán Bruno Traven), la puesta en escena, el cuidado de los personajes y la fotografía de Gabriel Figueroa, hicieron de Macario (1960) un clásico del cine mexicano que representa la relación indivisible entre la vida y la muerte.

La cinta, que fue la primera mexicana en contender por el Oscar como Mejor película de habla no inglesa, se aleja de la intención de mostrar el inframundo o los muertos, sino que utiliza la folclórica fiesta del Día de Muertos para sumergirnos en temas sociales como la pobreza a partir del personaje de Macario (Ignacio López Tarso).

Macario es un título obligado respecto al tema de la relación del mexicano con la muerte, así como al hablar de cómo el cine ha personificado la muerte.

Aquí nuestro análisis:

La importancia de los créditos en el cine

Originalmente y a principios del siglo pasado, los créditos eran diseñados por dibujantes, rotulistas o artesanos; conforme avanzó la historia del cine se comenzaron a usar como vehículo creativo, principalmente por dos factores: la llegada de la televisión y más importante aún, la publicidad.

De esta última provino el diseñador de créditos más sobresaliente en la historia del cine: Saul Bass. Nacido en el Bronx, rompió el modelo de los créditos estáticos por medio del uso del contraste entre forma y fondo, implementó la animación de gráficos y tipografía que se mantiene hasta nuestros días. 

En el siguiente video recorremos la historia de los créditos desde George Meliés hasta la actualidad: 

Hace 15 años así recibió la crítica a ‘Mean Girls’

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

A partir de una mirada crítica y una comedia ácida, Mean Girls (Mark Waters, 2004) retrató de manera convincente a los adolescentes de la primera década de los 2000; dio el salto a la cultura pop y ahora es referenciada gracias sus chistes más representativos. A 15 años de su estreno, la historia de las plásticas sigue fresca, porque aunque la sociedad cambie y la tecnología avance, los adolescentes aún se caracterizan por ser crueles y divertidos.

La historia sigue a Cady (Lindsay Lohan) y su búsqueda por encajar en la preparatoria luego de vivir en África y nunca haber pisado una escuela. Esto nos lleva a conocer el ambiente hostil que se vive en un lugar donde todo está controlado por un grupo de chicas llamadas “Las plásticas”. Cady, en un afán antropológico y con deseos de caer bien a Janis (Lizzy Caplan) y Damian (Daniel Frnzese), se infiltra en el grupo popular para hacer caer a la reina. 

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En su mayoría, el filme fue bien aceptado por los críticos, sin definirla como una obra de arte. El consenso fue que refrescó el género juvenil al estar basada en el libro Queen Bees and Wannabes de Rosalind Wiseman, el cual más que contar una historia, es una guía de cómo ayudar a los adolescentes a sobrevivir la preparatoria. Elvis Mitchell del The New York Times la alabó por mostrar un lado oscuro del mundo teen y combinarlo con una comedia al estilo Disney Channel. De la misma manera David Edelstein de Slate consideró que fue un híbrido de la psicología pop y la sátira Saturday Night Live

Roger Ebert vio en ella una cinta inteligente y divertida, que mostraba sus orígenes en la ironía televisiva, pero con mejores resultados que otros títulos del productor Lorne Michaels. Su sátira se consideró potente, aunque no para todos fue suficiente; del Austin Chronicle, Marrit Ingman mencionó que hacia el final se diluye la fuerza inicial, y que a veces pierde el foco de su tema. La película siguió el camino de su protagonista: tener la capacidad de reflexionar en torno a sí misma, pero deshacerse de su esencia al querer ser popular.

Una de sus grandes fortalezas fue el guion, adaptado por Tina Fey, quien en ese momento también trabajaba en Saturday Night Live. Por el modo de combinar un sentido antropológico y satírico, Peter Rainer de New York Magazine lo festejó, mientras que Scott Tobias abordó su habilidad con los tonos amargos en un género tan vacío. En cambio, Peter Traver de Rolling Stone se enfocó en la manera de tocar las complejidades del insulto y sus diálogos ácidos. 

El ritmo y la manera de terminar la historia fueron de los puntos que se consideraron más bajos. Por ejemplo, Elvis Mitchell mencionó que la cohesión narrativa no es su virtud, puesto que funciona mejor como un conjunto de escenas que como una historia. Y Ellen A. Kim del Sleattle Pi señaló un comienzo potente que pierde fuerza sobre todo por giros inexplicables, debidos a la indecisión de ser una comedia negra o una comedia rosa. Otra queja común se dirige a la voz en off; explica demasiado y en ocasiones interrumpe el ritmo y los mejores momentos.

Otra constante al hablar de Mean Girls fue la comparación con otras cintas adolescentes, en este caso la más presente fue Heathers (1989), en la que Winona Rider se involucra en el asesinato de Heathers, la reina del grupo que da nombre a la película. Al igual que en la historia de la plásticas, en la película dirigida por Michael Lehmann el tono ácido y oscuro está presente, sin embargo la mayoría de los críticos la colocó por debajo de la historia ochentara. Otros filmes con los que se le emparentó fueron Wayne’s World (Penelope Spheeris, 1992) y Fast Times at Ridgemont High (Amy Heckerling, 1982); esta última por compartir una fascinación por las reglas que al mismo tiempo vinculan y separan a los estudiantes de preparatoria. Otras comparaciones extrañas fueron con Goodfellas (Martin Scorsese, 1990), y Donnie Brasco (Mike Newell, 1997), al imaginar que la mafia y las chicas populares tienen mucho en común. 

Las actuaciones se valoraron positivamente, en especial el variopinto grupo de personajes secundarios que dejaban ver su amplio rango a la hora de improvisar. Roger Ebert destacó la actuación de Lindsay Lohan ya que nunca permite que el personaje se incline hacia la caricatura. Mientras que Caroline Westbrook de Empire ensalzó cómo Lohan logra un personaje atractivo y simpático, así como a Rachel McAdams por su malvada Regina George. 

Los primeros filmes mexicanos que conquistaron Cannes

Por: Brenda Hernández (@lalelilolupita)

Desde su inicio el 20 de septiembre de 1946, el Festival de Cannes ha contado con la presencia mexicana; desde su primera edición grandes figuras han desfilado por la alfombra francesa, con lo cual pasaron a formar parte de uno de los más grandes escaparates de la industria.

En aquella primera selección oficial de 68 cortometrajes y 45 largometrajes, 11 de éstos recibieron la Palma de Oro (Grand Prix), el máximo galardón. Entre títulos como Roma, ciudad abierta (Roberto Rossellini) y Días sin huella (Billy Wilder), María Candelaria de Emilio “Indio” Fernández también destacaba como una de las mejores. Además, el cuarto largometraje del cineasta mexicano se llevó el premio a la Mejor fotografía, realizada por Gabriel Figueroa. El legendario cinefotógrafo compartió ese premio consigo mismo, pues  también participó en la comedia Los Tres Mosqueteros de Miguel M. Delgado, la cual fue reconocida en la misma categoría.

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María Candelaria es una de las películas más representativas de la Época de Oro del cine mexicano; narra el romance entre la protagonista, quien da el nombre al filme (Dolores del Río), y Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz). Emilio Fernández echa mano de uno de los argumentos más utilizados en este periodo; la inocencia y la pureza indígena. En aquel momento fue elogiada por la crítica y se considera la obra más importante de esta dupla actoral.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial y tras años de exilio en Estado Unidos, Luis Buñuel llegó a México en un intento por arribar a París; fue entonces que conoció al productor Óscar Dancigers, quien le ofreció trabajar en la película Gran Casino (1947), estelarizada por Libertad Lamarque y Jorge Negrete. En su momento, la cinta con la que comenzó su etapa mexicana, no fue bien recibida, lo cual le costó varios años de desempleo al español.

Fue hasta 1949 cuando realizó El Gran Calavera, con la que le dio un nuevo aire a su carrera en México y consiguió la oportunidad de filmar Los olvidados en 1951, una cinta caracterizada por la crudeza con la que muestra a los niños de la calle. Al crear una ruptura en la forma de retratar al país, que hasta ese momento proyectaba la pobreza de una forma idílica, la película no fue bien recibida por la crítica, el gobierno, la clase alta del país y personalidades de la industria. Aun con la mala recepción al interior de país, Buñuel llegó con ella a Cannes, donde se hizo acreedor al premio a Mejor director y con la cual iniciaría una creciente trayectoria dentro del evento.

Para la sexta edición en 1953, el entonces premio a la Mejor narrativa visual, que reconocía el trabajo de director y el fotógrafo, fue para Emilio Fernández y Alex Phillips por La red, lo que provocó opiniones divididas, por ejemplo, el crítico Andre Bazin publicó en su libro ¿Qué es el cine?: 

“Yo no fui el único que se sintió aturdido por el premio que obtuvo ‘La Red’ en el último Festival de Cannes. Me parecía que el jurado se había dejado cazar en una trampa bien grosera o, todavía mejor, que no se había dado cuenta exactamente de lo que consagraba como el film ‘mejor contado por la imagen’. Pero no estoy lejos de aceptar, con el paso del tiempo, que ‘La Red’ merecía señalarse a la atención del público (…) comprendo que Abel Gance haya llorado de emoción. En los tiempos grandiosos de sus delirios más desatados, no se hubiera atrevido a soñar con tal despliegue de símbolos; de un reinado tan deliberadamente elemental de la imagen a despecho de los rodeos psicológicos de la intriga. (…) Por todo ello me siento incapaz de decidir si ‘La Red’ es un gran film o una broma pesada”.

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Para 1959 Luis Buñuel regresó con Nazarín, filme con el que ganó el Premio internacional. Dos años más tarde se hizo acreedor al máximo reconocimiento otorgado en la Riviera Francesa por Viridiana. La película protagonizada por Silvia Pinal es una adaptación de la novela Halma de Benito Pérez Galdós, y aun con sus logros en el festival, se enfrentó a la persecución franquista y fue prohibida en España e Italia; incluso L’Osservatore Romano, el diario oficial del Vaticano, alertó al gobierno de Franco, por lo que se ordenó la destrucción de todas las copias. Sin embargo, después de un sin fin de peripecias, Pinal y el productor Gustavo Alatriste salvaron una copia y escaparon a México con ella. Actualmente se considera una de las obras cumbre del cine nacional.

El último trabajo de Buñuel presentado en Cannes fue El Ángel Exterminador (1966), película surrealista que cuestiona los limites del comportamiento humano y representa la degradación de la aristocracia. Con ella obtuvo el Premio de la crítica, reconocimiento que en 1965 también recibió Luis Alcoriza con Tarahumaras, protagonizada por Ignacio López Tarso.

Tarahumaras es el relato de un antropólogo que llega a la sierra para estudiar los problemas de los indígenas, y al descubrir la explotación de la que son objeto, decide hacer algo para transformar la situación. Fue uno de los pocos casos de la época que planteó una visión del mundo indígena mas allá de las mistificaciones paternalistas del cine mexicano convencional.

Después de aquellos proliferos años hubo un silencio de México en el certamen galo, el cual se extendió por más de tres décadas, hasta que en los años 90 resurgió con la presencia de El Héroe (Carlos Carrera), ganador de La Palma de Oro en la categoría de cortometraje. Desde entonces el cine mexicano ha logrado diversos espacios en el festival, sin embargo, es importante recordar que se ha tratado más de esfuerzos aislados y no como una representación del resurgimiento de la industria nacional.