México: pionero en el doblaje en español que conquistó al mundo

Por: Erik León (@erictronikRKO)

Así como un joven Gohan creció con las enseñanzas de su papá Goku en Dragon Ball, el actor Luis Alfonso Mendoza tendió la mano a toda una generación para que crecieran con él. El mundo del doblaje está de luto con el recién fallecimiento de quien no sólo fue la voz de adolescente Sayayin, sino de otros personajes como Bugs Bunny de los Looney Tunes y más recientemente, Sheldon en La teoría del Big Bang,

Un histrión dedicado al doblaje como lo hizo el señor Mendoza por más de 30 años, es la mayoría de las veces un artista silencioso, alejado de la exposición mediática. Gracias a estos intérpretes, aquellos que no dominan algún idioma han logrado acercarse a historias grandiosas y divertirse con su programa predilecto. Sus voces retumban en cualquier tipo de medio: comerciales, videojuegos, películas, etc., sin recibir muchas veces el reconocimiento que merecen. 

El doblaje mexicano es considerado uno de los mejores del mundo y es líder en América Latina. México fue de los primeros países en los que se doblaron películas y series estadounidenses al español. Sus inicios se remontan a principios de los años 40, cuando la compañía estadounidense Goldwyn Mayer contrató al primer elenco de actores para doblar sus películas y caricaturas en toda América Latina (previamente, ya se habían doblado películas al español con voces argentinas y españolas, pero sin gran éxito); los interpretes provenían de la Ciudad de México y varios laboraban en la radio. Así, el doblaje mexicano se comenzó a replicar en todos los países hispanohablantes. 

“Hay 450 millones de consumidores del doblaje que se realiza en Latinoamérica, eso nos habla de la gran importancia que tiene el doblaje que realiza México para el mundo, el cual ocupa un 65 por ciento del mercado”.

Mario Castañeda, actor y director de doblaje, durante una conferencia en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en el año 2016 

La gran época dorada se alzó desde 1943 hasta 1977, cuando grandes empresas de entretenimiento como Disney, Warner Bros y 20th Century Fox, buscaron explorar con con las voces mexicanas en sus producciones. Edmundo Santos es una figura clave en la historia del doblaje de habla hispana, ya que el actor de doblaje se desempeñó como el representante de Walt Disney en México; por más de 30 años fue el responsable de dirigir la gran mayoría de los trabajos de doblaje al español de la empresa estadounidense.  

Dos aspectos que permitieron la consolidación de México como el mayor proveedor de doblaje, fue tanto el aprovechamiento de la infraestructura heredada de la Época de Oro del cine mexicano como un español funcional para todos los países de habla hispana; en palabras de Mario Castañeda “aquel que no se nota, el que ve la gente en pantalla y daría por hecho que es su idioma original”.

Después, con la oleada de anime proveniente de Japón en las décadas de 1980 y 1990, el doblaje en México creció en abundancia. Durante esa época gran número de gente talentosa recreó infinidad de voces conocidas en el cine y la televisión, no sólo del anime, sino de una variedad producciones. Algunas de esas voces populares que marcaron la infancia y adolescencia del público latinoamericano, son: 

Patricia Acevedo

Cuenta con una de las más extensas carreras en el doblaje mexicano. Comenzó en 1979 en la serie Gasparín y los ángeles. Fue la voz de Sailor Moon y de Lisa Simpson (durante 15 temporadas), pero en su versión infantil también ha interpretado a Angélica Pickles de Aventuras en Pañales y Patti Mayonnaise en Doug. Asimismo, le ha prestado su voz adulta a Jennifer Aniston en Friends y a películas como Mi novia Polly (John Hamburg, 2004) y A él no le gustas tanto (Ken Kwapis, 2006).

Actualmente, Patricia se dedica también a la dirección de actores:

“Ahora yo tengo que guiar a los actores, corregirlos, dilo más rápido, dilo más lento, aquí te faltó una reacción…es mi responsabilidad lo que sale al aire”, comentó en entrevista con el medio argentino Banda 3.0.

Mario Castañeda

El actor originario de Guanajuato es uno de los actores de doblaje más populares gracias a su papel como Goku en todas las sagas de la serie Dragon Ball, así como el de Kevin Arnold en la serie estadounidense Los años maravillosos y MacGyver en la serie homónima. Cuenta con una larga lista de créditos desde que inició con el doblaje en 1983 en Los poderes de Matthew Star.

En mi experiencia personal es que descubrí mi vocación, tienes que preguntarte ¿qué quieres hacer en la vida?, ¿qué te motiva?, ¿qué es lo que harías sin que te pagaran? En mi caso mi vocación (y preparación) es ser actor, es entretener.

Mario Castañeda en entrevista con Anime.mx 

Arturo Mercado

Tiene una amplia calidad vocal, por lo que sus interpretaciones van desde George Clooney hasta Simba de El rey león (Rob Minkoff, Roger Allers, 1994) pasando por personajes como Fortachón, Bromista y Tontín de Los Pitufos, así como Pedro Picapiedra en todos los spin-offs de Los PicapiedraSe le conoce como “el actor de las 1000 voces”. También ha participado en la saga de Star Wars como el maestro Yoda.

Francisco Colmenero

Cuenta con una carrera de seis décadas, en las cuales se ha desempeñado como actor, director de doblaje, locutor y narrador de los cuentos de Disney. Su acercamiento a esta actividad fue cuando en su adolescencia, en los años 50, conoció a Edmundo Santos y lo acompañó a la grabación del doblaje de La cenicienta

Le ha dado vida a Pumba de El rey león, Earl Sinclair de Dinosaurios y al abuelo de Heidi en la versión animada. Todos los protagonistas de Looney Tunes han tenido su voz al menos una vez y ha participado en decenas de películas animadas de Disney desde los años 70.

En una entrevista que dio en 2015 a Eje Central, compartió su preocupación ante el doblaje mexicano reciente:

“Argentina y otros países están tratando de dominar este idioma neutro, este español nuestro que nosotros fuimos fabricando a lo largo del tiempo y que nos llevó a que nos aceptarán nuestro doblaje en toda Latinoamérica. Pero nosotros estamos trabajando lo mejor que podemos y seguiremos por bastante tiempo”.  

Humberto Vélez

Se caracterizó por dar vida a Homero Simpson durante 15 años, pero también por su voz multifacética que ha servido para los doblajes de Al Pacino, Robin Williams y Danny DeVito. Es la voz oficial de Winnie the Pooh y también lo recordamos por Lord Farquaad de Shrek. 

Recientemente participó en (Des) encanto, serie de la que expresó:

“Otra vez estoy frente a un trabajo genial de Matt Groening, el genio de la televisión del siglo XX-XXI”

Cristina Hernández

Se distingue por una amplia carrera en el cine de animación; le dio vida a Bombón de Las chicas súper poderosas y a Alegría en Intensamente (Pete Docter, 2015), entre muchos otros personajes. En el mundo del anime, algunos de los títulos en los que ha participado son: Sakura Card Captors, Dragon Ball Z, Naruto, Yu-Gi-Oh! y Pokémon

Sus interpretaciones incluyen también a Merlina Adams de Los locos Addams y a Amidala en las precuelas de La Guerra de las Galaxias

Estos son sólo algunos de los actores de doblaje que han puesto en alto la labor mexicana que es reconocida en todo el mundo. La lista de nombres se extiende a Diana Santos, José Antonio Macías, Carlos Segundo, José Luis Orozco, Gabriel Chavez, Laura Torres, Alfonso Obregón y el gran Jorge Arvizu “el Tata”, entre muchos más.

Yojimbo: Kurosawa, el western de Ford…y Sergio Leone

Por: Miguel Sandoval 

Yojimbo, filme estrenado en 1961, cuenta la historia de un mercenario en busca de encargos que llega a un pueblo corrupto. Para comprender la cinta y su repercusión, es necesario acudir a una de las influencias del propio Kurosawa, quien tuvo muy cerca al cine occidental. Entre los altos nombres que el cineasta admiró se encuentra John Ford. Conocido por su maestría en el western, Ford cautivó a Kurosawa, quien en sus años de estudiante analizó ampliamente la filmografía del estadounidense. Tiempo después, el reto consistiría en adaptar la influencia fordiana al Japón feudal predilecto del director.  

Como gran aprendiz, Kurosawa imprimió en sus películas el legado visual de su maestro: desde los planos que muestran al personaje en un ángulo contrapicado sumado a otros rostros, hasta los casi infinitos y áridos paisajes atravesados por sus actores. No obstante, el trabajo del nipón incorporaría también los duelos de pistoleros como marco idóneo para el ajuste de cuentas. La transformación de la puesta en escena se efectuaría en Yojimbo mediante un duelo de samuráis al mediodía.

Pero, ¿qué tienen en común los samuráis de Kurosawa y los forajidos del western? Son el arquetipo del individuo solitario que huye de su pasado, negándose a tener un nombre y una historia. Son hombres que, tras perder el honor, deambulan errantemente buscando cómo ganarse la vida.

Te puede interesar: Así fueron los inicios de Kurosawa 

Durante el Japón feudal, los samuráis que caían en desgracia con sus amos debían cumplir un ritual de suicidio. Sin embargo, aquellos que abandonaban su promesa eran deshonrados y ganaban el mote de rōnin. Los rōnin eran hombres entrenados y de gran habilidad con la espada, a quienes contrataban como mercenarios en pueblos pequeños.

Los forajidos, por su parte, constituyen el mito del hombre del viejo oeste perseguido por la ley, cuyo andar en la frontera de Estados Unidos con México significaba sospechas de saqueo y robo. Grandes ejemplos en la filmografía de Sergio Leone (de quien hablaremos más adelante), abundan en la construcción de este imaginario.

Ahora bien, el rōnin de Kurosawa es un guerrero de mediana edad que llega a un pueblo disputado por dos líderes bandidos. La suerte está de su lado, pues lo contratan rápidamente. Sin embargo, un giro de tuerca lo pone en aprietos cuando intenta hacer justicia. Aquí figura uno de los elementos esenciales que el director japonés pone de moda y que retoma el spaguetti western: la lucha del bien contra el mal que culmina en violencia. Grandes efectos especiales y coreografías en Yojimbo crearon un efecto de verdadera batalla moral como no se había filmado hasta el momento en Japón.

Durante el clímax de la película se gesta el duelo entre los dos combatientes más poderosos. Es el momento en el cual el protagonista se enfrenta a un joven samurái armado con una pistola como en el viejo oeste. El homenaje de Kurosawa a las cintas de John Ford se convierte entonces en una marca indiscutible del género gracias a la tierra levantándose con el viento y al aproximarse cauteloso a quienes están por ajustar cuentas.

Tres años más tarde, el italiano Sergio Leone estrena un remake de la cinta, titulado A Fistful Of Dollar y ambientado en la frontera sur de Estados Unidos. Como consecuencia, los productores de Yojimbo inician una pelea legal por los derechos del filme, alegando un más que evidente plagio; este hecho se consumaría con una carta que el propio Kurosawa envió a Leone, cuya sentencia final fue la siguiente: “He visto tu película, es muy buena. Desafortunadamente es mi película”.

Aun con ello, así arrancaba Leone su Trilogía del Dólar, una de las más aclamadas en la historia del cine, con un joven Clint Eastwood protagonista y alter ego del personaje interpretado originalmente por Toshiro Mifune. La obra del italiano es una de las tantas en donde vive la influencia de Kurosawa, considerando otras producciones como la saga de Star Wars y el trabajo de su compatriota Takashi Miike en 13 asesinos (2010).

Max von Sydow: adiós al ilustre actor sueco

Por: Sebastián López (@sebs_lopez)

El recuento de la vida de una obrera agrícola, una vida llena de penas, un ambiente naturalista en el que el misterio crece. Entra un personaje a cámara, Nils, desconocido por la audiencia; el efecto que logra es similar al de las pinturas de Alfred Kubin: un misterio que asusta y conmueve. El espectador presta atención a aquello que desconoce, Nils se distingue entre los personajes de la historia, ¿por qué? Hay una palabra que lo engloba: ilustre. Como su misma definición lo indica, destaca por hacer algo importante o sobresalir en algún trabajo, en este caso el de la actuación. Así Max von Sydow comenzaba a demostrar el potencial actoral de los suecos con su debut en Solo una madre (Alf Sjöberg, 1949).

Aquella interpretación hizo pensar a la audiencia y con el paso de los años los periodistas cinematográficos se encargaron de poner su nombre en alto. Pero ¿qué lo hace tan merecedor de dicha altura? Es cuestión de dar un repaso por las palabras de uno de los directores y críticos de cine más emblemáticos de Francia, Jean-Claude Biette, quien decía que lo sencillo y simplista atrae y se vuelve inigualable. 

Max von Sydow en Solo una madre

El manantial de la doncella, El séptimo sello, Hora del Lobo, El Mago, La pasión de Anna, La vergüenza, Hasta el fin del mundo, Tres almas desnudas… ¿Se recuerdan, verdad? Grandes películas de las últimas siete décadas; más allá de la notable narrativa de los directores encargados de dichos proyectos, Max les daba un toque fresco, en parte, por cómo trasladaba al cine su pasión por los elementos teatrales. 

Trabajó muchos años con Ingmar Bergman (guionista, director de cine y teatro sueco), lo cual fue punto clave para su reconocimiento en la cinematografía contemporánea. Bergman tenía otras inquietudes cuando estaba digiriendo obras de teatro, pensaba: “Quiero algo más… quiero transmitir este placer de visualizar mi contexto con otro tipo de audiencia, una audiencia que tenga miedo de ver su realidad, su simpleza, su superioridad artificial”, por lo que dio un salto al séptimo arte; consecuente a eso, Bergman se llevó a Max y comenzaron a figurar como un dúo novedoso e inteligente para la filmografía de la época. 

Se llevaban diez años de diferencia y estaban en diferentes proyectos de vida; Max estudiaba en la Real Escuela de Arte Dramático sueca y Bergman estaba dirigiendo. En ese tiempo, la idea de dedicarse al cine a Max le venía de vez en cuando, lo veía como algo lejano, pero no imposible. Los suecos tenían una costumbre peculiar con los Ayuntamientos: contrataban directores para programar toda una temporada en verano, por lo que todos los equipos teatrales se pasaron al mundo del cine. Durante seis años Max fue parte de esos equipos y en una ocasión llegó Bergman y para Max se había convertido en un milagro o bendición. Posteriormente Bergman se mudó a Estocolmo, Suecia, y Max lo siguió como su gran colega.

Después de su colaboración en teatro, vendrían las películas que dieron a conocer a ambos hombres como alter egos del cine y con ello la controversia sobre su supuesta enemistad laboral en el set; se decía que no tenían las mismas ideas, pero al final sólo terminaron siendo rumores.

Max von Sydow en El séptimo sello

Max von Sydow nació el 10 de abril de 1929 en Lund, Suecia. Su madre era profesora y su padre etnólogo, disciplina de la que, desde la actuación, el sueco no estuvo del todo alejado. Como ciencia social, la etnología estudia los diferentes pueblos y culturas de un mundo (actuales y antiguos). Recordemos Minority Report (Steven Spielberg, 2002), obra de ciencia ficción ubicada en 2054, donde un policía (Tom Cruise) cuenta con 36 horas para probar su inocencia en un crimen que altos mandos han predicho que cometerá en un futuro. En medio de la trama aparece Max como Lamar Burgess, el director de PreCrimen; en un papel de “líder” cambia realidades y compara situaciones en un ejercicio que bien se podría mirar desde tal disciplina respecto a la conformación de lo social. 

De principios de la década pasada rememoramos “La cosa no quiere que le atoren las manos”, frase recordada por los amantes del género del terror y el cine en general. El Exorcista le dio a Max quizá el papel más representativo debido a los gustos de la audiencia de las dos pasadas generaciones. Cuando William Friedkin le propuso ser sacerdote a Max, lo recibió como un triunfo, para él no era fácil escuchar anécdotas de fieles católicos a estos temas. Un sacerdote de 24 años había llevado a cabo un exorcismo que inspiró al actor a hacer gestos e improvisar diálogos que abonaron a que la película sea considerada como una de las más espeluznantes e incómodas en la historia del séptimo arte, aun con el conservadurismo que se opuso a desde publicidad del filme.

Una madre sube por la escalera acompañada de el padre Merrin (Max Von Sydow) a atender a una adolescente que ha sido poseída y consumida por el poder un demonio de lo más profundo del infierno. La adolescente gruñía como un animal en medio de una poderosa rabia, el padre le dice a la madre que ya no es humana, dejó de serla.

Te puede interesar: El exorcista, el demonio entre nosotros

Max von Sydow también fue un artista atormentado en Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986), narrador de Europa (Lars von Trier, 1991) y un mudo en Tan fuerte, tan cerca (Stephen Daldry, 2012). No se podría decir qué personaje fue el mejor; esta competencia no trasciende y la carrera del sueco se distingue por un cúmulo de interpretaciones que lograron un efecto, llamase nostálgico, melancólico o impresionante. 

Dirigió sólo una vez, en 1988, pero en entrevistas decía que no era director, sólo actor, punto. Katinka se hizo porque le impresionó la novela danesa en la que se basa su guion. La dirigió porque no encontró quién más lo hiciera, se lo pidió a Bergman, quien lo empujó al productor Sven Nykvist; un director de fotografía cuyo talento expresaba realidades fronterizas por su complejidad. 

Más que un veterano actor de Juego de tronos y Star Wars, construyó una carrera de numerosas producciones, una filmografía que fue reconocida con varios premios. Trabajó con otros grandes como Martin Scorsese, John Huston y Sydney Pollack, demostrando el talento sueco en la cinematografía; sin duda un intérprete que fue más allá de lo ilustre.  

“Con el corazón roto y con una tristeza infinita, anunciamos con dolor la partida de Max von Sydow el 8 de marzo de 2020”, informó a la revista Paris Match la productora de cine y esposa del cineasta, Cathrine Brelet. 

 

Auge y ocaso de la comedia ranchera

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado)

Son las siete de la mañana, el sol se asoma por el horizonte y un caballo cruza las veredas a todo galope, acercándose a una barranca. En su lomo lleva montado a un jinete vestido de charro, quien detiene al animal, se baja de la montura y desde la orilla de la cañada observa el paisaje mientras se acomoda el sombrero. Esta imagen del ranchero mexicano aficionado al canto y a las mujeres es un estereotipo que al día de hoy no hemos erradicado.

Parte de esa imagen viene de medios como el cine y la televisión, los cuales produjeron durante décadas contenido que impulsó este arquetipo. La representación no sólo generó un público consumidor, también fomentó una percepción idealizada de México ante el extranjero y de pasada sirvió a los intereses del gobierno como un elemento para la identidad nacional.

Te puede interesar: Renovación y caída del cine mexicano

La llamada Época de oro del cine mexicano es fundamental en tal construcción. Con el estreno en 1936 de Allá en el rancho grande, del director Fernando de Fuentes, hubo una explosión de historias desarrolladas en el campo y que se conocerían como “comedia ranchera”. Este género llenó salas y atrajo al público al cine durante algunas décadas. La gente no sólo empatizaba con las historias melodramáticas, también deseaba ver de cerca a aquellos ídolos que interpretaban sus canciones favoritas. Tito Guizar, Jorge Negrete y Pedro Infante, los protagonistas más importantes de este cine musical, fueron elevados a la categoría de súperestrellas por las multitudes; a ellos se les unirían después intérpretes como Miguel Aceves Mejía, Jose Alfredo Jiménez, Javier Solís y Lola Beltrán.  

Allá en el rancho grande

El auge y la realización masiva de estos filmes derivó en un conjunto de perfiles que marcaron al mexicano ante el mundo: las locaciones rurales pintorescas, los protagonistas vestidos de charro, las mujeres enamoradizas, el espíritu romántico –pero extremadamente machista- de los hombres y el exceso de tequila o de canciones con mariachi. El ejemplo más claro es la imprescindible Dos tipos de cuidado del director Ismael Rodríguez, una película que aborda una serie de enredos amorosos que afectan la amistad de Jorge Bueno y Pedro Malo (personajes interpretados por Jorge Negrete y Pedro Infante, respectivamente) y donde podemos observar una representación bastante clara de ese galán idealizado, muy macho pero de corazón noble y bueno para la cantada.

Después de la época de oro, los estudios siguieron con la producción de películas con esta fórmula-ya muy gastada por el paso del tiempo- al punto de realizarse filmes bastante mediocres con cantantes de dudosa calidad histriónica (aunque sumamente populares entre el público).

Te puede interesar: Las mejores películas mexicanas del 2019 

Por ello, en los años 70 y 80 vieron la luz un sinfín de comedias en las que intérpretes como Vicente Fernández y Antonio Aguilar hacían gala de su talento musical. Tales melodramas ya no contaban con historias entrañables, guiones con cierta propuesta y una fotografía impecable; en cambio apostaban por la picardía y por el humor absurdo propio del cine de ficheras que dominaba la pequeña producción cinematográfica del país. Películas como El albañil (José Estrada, 1975), La ley del monte (Alberto Mariscal, 1976) o Por tu maldito amor (Rafael Villaseñor Kuri, 1990) gozaron de cierto éxito y solamente reafirmaron la popularidad de los solistas y sus canciones con el público mexicano.

La ley del monte

Para el final del milenio, la comedia ranchera prácticamente ya no se producía. La creciente popularidad de géneros musicales como la cumbia, la balada grupera o la norteña abrieron espacio para que músicos como Rigo Tovar, Los Temerarios o Los Tigres del Norte mostraran en películas y videohomes sus éxitos para las nuevas generaciones que ya no escuchaban música ranchera. Además, el llamado “nuevo cine mexicano” también traía nuevas propuestas cinematográficas acorde con las inquietudes y los problemas de fines de siglo, por lo que el melodrama musical ya se sentía bastante obsoleto.

Te puede interesar: Las peores películas mexicanas del 2019 

Sin embargo, ha habido intentos recientes por revivir la comedia ranchera: Una última y nos vamos (2015), del director Noé Santillán-López, juega con los estereotipos del género e incluso se burla de ellos; no obstante, la historia del grupo de mariachis que deben arreglar sus problemas entre ellos para poder ganar un concurso musical, tuvo un desempeño en taquilla relativamente modesto ($11.90 millones de pesos y poco más de 290 mil personas en asistencia). 

Como caído del cielo (2019), la producción estelar de Netflix para Latinoamérica y dirigida por José Bojórquez, se aproxima a la comedia ranchera insertando a Pedro Infante en un contexto contemporáneo: al revivir el ídolo de Guamúchil, éste debe de cumplir con una serie de pruebas para resarcir el daño que hizo en vida y por fin ganarse la entrada al cielo. Aunque la producción juega con eventos sobrenaturales y aborda levemente el tema del feminismo para “deconstruir” al galán ranchero y mujeriego, es en la parte musical donde se percibe un acercamiento más sincero a la comedia ranchera, aunque con sus errores y aciertos.

Como caído del cielo

De acuerdo con Netflix, Como caído del cielo se posicionó como la tercera producción más vista de su catálogo en México (y la primera en idioma español), a una semana de su estreno en diciembre de 2019. Aunque son muy buenos números para la plataforma de streaming, el éxito de la película queda un poco lejos de aquellos melodramas rancheros del cine de oro, capaces de inmortalizar a sus protagonistas y a sus canciones.

Anna Karina al mando de la cámara

Por: Angélica Mejía (@lilithchance)  

Al momento de entrar a Google y teclear el nombre Anna Karina resaltan dos asuntos: la noticia de su fallecimiento el 14 de diciembre y que era la musa de cierto director franco-suizo. Es verdad que la artista francesa participó en siete proyectos de Jean-Luc Godard, con quien estuvo casada durante seis años (1961-1967) pero su trayectoria profesional cuenta con diversas facetas. 

Hanne Karin Bayer empezó su carrera como modelo, de hecho, la diseñadora Coco Chanel le sugirió el nombre artístico con el que se convertiría en el icono que es. Como actriz participó en cintas de Agnes Varda, Luchino Visconti, Ingmar Bergman, entre otros. Tiene créditos en 83 películas. 

La actuación no fue su único papel en el cine: en 1973 debutó como directora, algo que poca gente pudo entender, pues no era común que una actriz pasara al otro lado de las cámaras. En ese año fundó Raska su casa productora. 

El primer filme que dirigió fue Vivre ensemble, el cual escribió y actuó. En ella vemos a un profesor burgués Alain (a quien da vida el escritor Michel Lancelot) que se enamora de una actriz pobre, interpretada por la misma Anna Karina (Julie). Esta ópera prima retrata una relación destructiva, en la cual la inexperimentada directora y el inexperto actor encarnan una historia sencilla donde las decisiones que toma cada personaje en distintos ambientes pareciera que los une, pero en realidad los está separando. 

Los planos generales y los movimientos de cámara que propone Anna Karina logran hacer una inmersión a los diferentes estilos de vida que llevan ambos protagonistas. Además, se puede notar el repertorio artístico que tenía Anna Karina, de tal modo que desde los créditos de apertura recordamos el trabajo de Godard. 

Debido a la carrera actoral consolidada de Anna Karina en la nueva ola de cine francés, es interesante notar sus intentos por no imitar completamente las convenciones técnicas que propone esta corriente, en especial de Godard; sin embargo, hay algunas características que sacan a luz sus influencias. Las tomas al aire libre, hechas principalmente en la clandestinidad, obligan a utilizar cámara en mano y sonido incidental que la directora logró usar a su favor, dando a la película un estilo similar a las mejores obras de dicho movimiento cinematográfico. 

Lo anterior, aunado al hecho de que sus cintas fueron independientes, no fueron suficientes para considerar a Anna Karina una exponente de la nueva ola, lo cual deja en entredicho su intención por encontrar su propio estilo en el intento de apartarse del ya mencionado director. 

En los 70, el mundo no esperaba ver el trabajo de una directora con trayectoria de actriz, por lo que durante décadas Anna Karina no volvió a dirigir. Vivre ensemble, la cual no logró sobresalir en festivales, quedó casi enterrada en el olvido, a tal grado que hoy es complicado conseguir no sólo el largometraje, sino cualquier información referente a ella. 

Pasaron 35 años para que su nombre volviera a figurar como directora. En 2008 estrenó Victoria, una road movie protagonizada por Jean-François Moran, Woodson Louis y nuevamente por ella. La película presenta a Victoria (Anna Karina), la persona que guiará por Quebec a dos cantantes que buscan fama y dinero. 

Las posibilidades de Anna Karina como un directora consolidada quedarán en la incógnita. Hoy queda no dejar que sus dos proyectos se apaguen y seguir recordándola en todos los caminos artísticos que recorrió.

Grandes escritores mexicanos en el cine nacional

A lo largo de su historia, la pantalla grande nacional ha sido testigo del ingenioso trabajo creado por algunos de los escritores más importantes del país. Su talento en varias ocasiones traspasó las páginas de los libros hacia el libreto de largometrajes; su intelecto combinó con la astucia de los cineastas para crear obras que hasta hoy en día se preservan como parte de nuestra memoria cinematográfica. 

A continuación algunos de los autores más destacados que encontraron en el cine una forma diferente de desahogar su arte. 

Te puede interesar: Guionistas mexicanas que debes conocer

Vicente Leñero y Luis Carrión Beltrán – Los albañiles (1976) 

El amor que Vicente Leñero sentía por las letras lo llevó a debutar en diferentes escenarios del ámbito periodístico, teatral y cinematográfico. Siempre impregnó con su sentido del humor entre lo satírico y lo picaresco a sus personajes, espejo de la vida diaria e inconformes con la sociedad, característica compartida con los protagonistas de Luis Carrión: artista marginado que luchó contra el sistema motivado por sus ideales; sus textos incómodos para los altos mandos nunca tuvieron la oportunidad de distribuirse de manera regular, y aunque no tuvo la misma suerte que muchos otros, su talento, al igual que el de Leñero, quedará para siempre plasmado en sus múltiples guiones y novelas. 

Los albañiles

Cinco años después de escrita la novela Los albañiles y luego de adaptarla para su estreno teatral en 1969, Leñero junto a Luis Carrión y el cineasta Jorge Fons, se encargaron de adaptar la pieza para su estreno en las salas de cine. Esta última readaptación dejó un poco de lado el tema central del asesinato para enfocar su discurso en los marginados, procedentes de una clase social baja que es explotada y manipulada por los más poderosos. 

Laura Esquivel – Como agua para chocolate (1992) 

Este segundo trabajo que realizaron Marco Leonardi y Lumi Cavazos fue el más fructífero. Anteriormente, Alfonso Arau (guionista y director) ya había realizado una película cómica protagonizada por Mario Almada, pero Como agua para chocolate, basada en el debut homónimo de Laura Esquivel, fue un parteaguas para los dos; Esquivel continuó con éxito su carrera como escritora y Arau fue reconocido mundialmente por su sexto trabajo y tuvo la oportunidad de dirigir en Estados Unidos A walk in the clouds (1995). 

Como agua para chocolate

La labor de Esquivel como guionista de la cinta fue adecuar el lenguaje metafórico, propio del realismo mágico, y que Arau trasladó a la pantalla grande con ambientes delicados y planos suaves. 

Te puede interesar: Lo mejor del cine mexicano del 2019 

Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes – Tiempo de morir (1966) 

Ambos literarios de gran importancia para el siglo XX, cómplices y culpables del estallido de la bomba artística en toda América Latina: el Boom Latinoamericano. Uno bajo el sello de la escritura “menos mexicana de todos los mexicanos” y el otro siendo colombiano, lograron desembocar en una adaptación libre y bien lograda el relato homónimo de Juan Rulfo, uno de los escritores más influenciados por el México antiguo, El gallo de oro (1964), dirigida por Roberto Gavaldón y fotografiada por Gabriel Figueroa.  

Tanto Márquez como Fuentes encontraron en el cine una fuente de inspiración necesaria para alimentar su arte; el primero participó en diversas producciones mexicanas de los años 60, entre las más nombradas está Patsy, mi amor (Manuel Michel, 1968), Presagio (Luis Alcoriza, 1974) y El año de la peste (Felipe Cazals, 1979) -guion coescrito con José Agustín-. Por su parte, Fuentes es conocido por adaptar varios textos de Rulfo entre ellos Pedro Páramo (Carlos Velo, 1967), y ¿No oyes ladrar a los perros? ( François Reichenbach, 1974), además de trabajar con Juan Ibáñez en Los caifanes (1966). 

Tiempo de Morir

Pero fue en el debut de un joven Arturo Ripstein donde el talento de los tres se unificó. El resultado: Tiempo de morir, una cinta tan importante para la época, pues no sólo desmitifica la figura del macho bragado (personificado por Jorge Martínez de Hoyos) dentro de un ambiente en el que bien podría tomar acción Cien años de soledad o La muerte de Artemio Cruz. La película también representó una forma de hacer cine de manera diferente, en la cual la visión creativa importó más que los protocolos acostumbrados. Un aire de frescura para las producciones mexicanas.  

Inés Arredondo y Juan García Ponce – Mariana (1967) 

Aunque su participación en la creación de guiones cinematográficos fue breve (dos títulos), Inés Arredondo dio muestras de virtuosismo en la adaptación a la pantalla grande de sus propios cuentos junto a Juan García Ponce. A través de la cinta Mariana, dirigida por Juan Guerrero, la cuentista deja huella de toda su obra en la pantalla grande; ahí viven los ambientes opresores descritos por la escritora en sus relatos, lugares que suprimían a sus protagonistas ya sea por medio de la religión, el machismo o una maniática tradición.  

Mariana

El erotismo es una constante en el trabajo de Arredondo y en el de García Ponce. Para la ensayista, la pasión siempre fue un arma de doble filo, a veces para liberar a la protagonista de su oprimido mundo, pero en otras era un tipo de maldición, un sentimiento cuyo final será hacia la locura o hasta la muerte, como el fatídico final que tuvo el personaje interpretado por Pixie Hopkin y Julio Alemán en la producción de Guerrero. 

José Revueltas y José Agustín – El apando (1976) 

Felipe Cazals, otro de los directores incómodos para el entonces gobierno priista por sus ideales, quien al contrario de cineastas involucrados en la industria, su interés se inclinó en filmar historias más personales del México herido y al que pocos se arrimaban con la cámara. Trabajó con José Revueltas y José Agustín para adaptar la novela corta escrita en 1969 por el mismo Revueltas mientras se encontraba preso en Lecumberri; relato que entre sus reflexiones asoma la duda del hombre sobre la libertad y la crueldad humana. 

El apando

Un año antes de su estreno en salas de cine, Cazals sorprendió a los espectadores con Canoa (1975) historia basada en hechos reales suscitada dentro de la época de la masacre de Tlatelolco. 

El apando significó otro duro golpe a la corrupción del sistema gubernamental, en específico al liderado por Luis Echeverría, y que aún actualmente tiene la virtud, tanto la novela como la cinta, de sacudir nuestra memoria histórica.  

Así fue el comienzo de ‘Los Simpson’ en ‘El show de Tracey Ullman’

Medio año después de su nacimiento como cadena, la Fox Broadcasting Company (FOX) lanzó su primera serie: El show de Tracey Ullman, el cual presentaba un sketch cómico esteralizado por la comediante inglesa Tracey Ullman con artistas como Julie Kavner, Sam McMurray, entre otros. En esa lista de invitados se encontraba Dan Castellaneta, la voz de Homero Simpson y de otros personajes de la que hoy es la serie más popular de animación.

Una de las características del programa eran los cortometrajes animados que lo acompañaban, donde aparecieron por primera vez los cinco personajes creados por Matt Groening y animados por un grupo de artistas de la compañía Klasky-Csupo.

Tales entregas nacieron gracias a que James L. Brooks, creador de El show de Tracey Ullman, contactó a Matt Groening para que trabajara en una adaptación de su tira cómica La vida en el infierno, por la cual Groening era reconocido en más de 200 periódicos en Estados Unidos y Canadá.

En lugar de esto, el entonces joven de 33 años creó a una familia integrada por Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie, quienes en su primer episodio titulado Good Night, referían a una familia con guiños de disfuncionalidad, pero finalmente unida y caracterizada por un humor acido.

Los cortos fueron de tal agrado del público, que después de 48 episodios emitidos de 1987 a 1989, Los Simpson se estrenaron como serie propia el 17 diciembre de 1989 con el especial navideño Simpsons Roasting on an Open Fire y con el propio James L. Brooks como productor. Por su parte, El show de Tracey Ullman terminó sus emisiones el 26 de mayo de 1990.