El broche rojo de Loach

Por: Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz

Ken Loach es un director incómodo por la intensidad de su discurso político. El espíritu izquierdoso se mezcla con la estética solemne y sublime. Con El viento que agita la cebada (2006) ganó el premio a la Mejor Película en Cannes y la enemistad del público británico, inconforme con el retrato poco “objetivo” del Ejército Republicano Irlandés y las tropas extranjeras durante la Guerra de Independencia.

Este año, Loach anunció su retiro del cine con Jimmy’s Hall (2014). Su último largometraje es una continuación indirecta a la Palma de Oro, porque presenta la paz armada entre los bandos resultantes de la Guerra Civil. El realizador vuelve a insistir en la educación y el espíritu de protesta como vía de cambio y bienestar para la sociedad. Jimmy’s Hall compitió –por default– en Cannes y es la última colaboración con Paul Laverty, guionista de cabecera desde Carla’s Song (1996).

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El “activista” James Gralton (Barry Ward) regresa de Estados Unidos al rural condado de Leitrim -en Irlanda, después de la Guerra Civil- para ayudar a su anciana madre en la granja. Aunque Jimmy se aleja de toda actividad política, un grupo de jóvenes -y algunos amigos de lucha- logran convencerlo de reabrir el viejo salón comunitario, donde se daban clases, entrenamientos y bailes nocturnos. Con el pretexto de una amenaza a los valores irlandeses, el rencoroso Padre Sheridan (Jim Norton) comenzará una campaña –en alianza con viejos enemigos antirepublicanos de Gralton- para deportar a Jimmy y cerrar el centro de reunión, que resta importancia a la iglesia en las actividades administrativas de la región.

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Jimmy’s Hall es la suma de todas las características del cine (y programas en TV) de Loach: discretos chistes locales, dramas familiares y la inagotable  inconformidad social. El realizador continua con su “lucha” artística pro-Irlanda sin repetirse. A primera vista la película puede parecer intrascendente, pero es una gran obra sobre utópicos sueños de bienestar colectivo. A diferencia de otros trabajos más accesibles –por ejemplo The Angels’ Share (2012)-, su último proyecto es demasiado local y con bastantes referencias políticas sin muchos antecedentes, ni contexto –sólo algunas líneas en el prólogo-. El valor universal importante del film es el espíritu autodidacta en personas con nulo acceso a la educación. El salón del Jimmy surge como una alternativa de crecimiento personal para los provincianos habitantes, alejados de la tecnología y la ajetreada vida citadina.

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Loach – un pensador de izquierda genuino- deja claro que el campo es el punto de inicio de los grandes movimientos sociales; porque los problemas importantes son fácilmente visibles en las comunidades marginales. Aunque proyectos previos (recordar sus mediometrajes en la BBC) han marcado distancia (y desprecio) con las nuevas tecnologías –un obstáculo para tener un nivel de vida alto-, en Jimmy’s Hall replantea esa idea con la llegada del jazz  a Leitrim y su fusión con los bailes tradicionales –como una contribución a la cultura-. Es decir: “bailar jazz no te hace anticomunista, ni rezar un tipo de ultraderecha”. Ese planteamiento convierte al último Loach en un tipo más relajado y abierto a las diferentes posturas. Incluso, el padre Sheridan simpatiza con la integridad de Gralton –aunque también desee su deportación-.

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A pesar de ser el trabajo más “rígido” y académico de Loach, es un film vigente al cuestionar el papel imprudente de la iglesia en las decisiones del pueblo. Todo se resume en la frase de Sheridan: “Nunca patrocines al hombre autodidacta, no podrás sobornarlo después”. El sacerdote es siniestro y patético. Es innegable la excesiva estereotipación del autor para retratar a los personajes en todas sus películas. Continúa con la tajante perspectiva de mártires y victimarios de El viento que agita la cebada; pero no lo hace con malas intenciones (o tal vez sí). Esa personificación sesgada entre el bien y el mal da un estilo teatral a la película (además de sumar dramatismo) y no se queda en la simple anécdota de biopic.

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Son muchas las caras desconocidas del director evidenciadas en Jimmy’s Hall, entre ellas la romántica (ojo, no cursi). Con ayuda de la impecable fotografía de Robbie Ryan (toda una leyenda en el cine actual-destaca su labor en Wuthering Heights de Andrea Arnold-), la escena del baile nocturno entre Ward y Simone Kirby (los grandes descubrimientos actorales del director) es uno de los momentos memorables en la filmografía de Loach por su melancolía, composición e interpretación. Como en El viento que agita la cebada (titulada así por una balada bélica), la música y el baile son muy importantes. El jazz determina el cambio de mentalidad en las nuevas generaciones y las futuras transformaciones de Irlanda. Esta revolución del pensamiento se ejemplifica con la madre de Gralton, una anciana letrada que crió a su hijo autodidacta y librepensador. La idea del matriarcado como esperanza de cambio la obra de Loach, con una joven gritando a Jimmy: “Enseñaré a mi hija a bailar el Shim Sham”. En 2014 se retiró el último director “rojo” del cine; preocupado por confrontar al enemigo con imágenes y crear posturas en los espectadores.

Stillman: el Allen refinado (The Cosmopolitans)

 Por: Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

A finales de agosto, Amazon estrenó el capitulo piloto de la serie The Cosmopolitans (2014), trabajo esperado de Whit Stillman, director nominado al Oscar (solo una vez). Cuando Stillman comenzó su filmografía en 1990 con Metropolitan, la crítica no tardó en encontrar las similitudes con Woody Allen. El tiempo ha demostrado que el director “neoyorkino” tiene un discurso más profundo que el judío quejumbroso. Su escasa obra (cuatro filmes y uno en preproducción) es una visión de la vida social estadounidense y los protocolos de una “burguesía” cansada de los compromisos nocturnos. Una referencia a El discreto encanto de la burguesía de Luis Buñuel es el inicio del argumento del director sobre la excentricidad, el elitismo y el buen gusto como fuente primordial del humanismo. Postura que –indiscutiblemente- le resta seguidores.

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Whit Stillman, cineasta originario de Washington.

En Metropolitan se menciona la principal influencia de Stillman: Jane Austen. La obra de W.S. es básicamente literaria con cargada teoría social. Las reglas de convivencia y frivolidad en las reuniones juveniles inglesas son trasladadas a New York, para ejemplificar las nacientes formas afectivas en las nuevas generaciones. Aunque la sexualidad es más relajada, las formas de amor británicas siguen vigentes y se han convertido un estándar. También, aparece el tema de la virtud femenina en Audrey Rouget (Carolyn Farina). Como algunas heroínas de Austen, la “trilogía” de Stillman habla sobre un feminismo virtuoso a partir de la inteligencia y la opinión (distinción del resto de las mujeres).metropolitan

En 1994 estrena Barcelona, cinta con dedicatoria a su esposa y a los días de residencia en España. Como Allen en su exagerada Vicky Cristina Barcelona (2008), el realizador presenta la diferencia cultural entre ibéricos y anglosajones pero con (mucho) aprecio y cariño (sin la mala leche de Allen). Aunque Stillman se autodenomina apolítico, el largometraje tiene una constante referencia al exacerbado ego estadounidense, representado por el personaje de Chris Eigeman. Como en todas sus películas la decadencia del enamoramiento está presente en cada escena e intenta dejar en claro la caducidad del “amor cortés”.

Si en Metropolitan eran los burgueses, en Barcelona los “fachas”, The Last Days of Disco (1998) está dedicado a los “yuppie”: un grupo de jóvenes con la única preocupación de entrar todas las noches a la mejor discoteca (específicamente el Studio 54). La indecisión de los adultos jóvenes (“yo nunca saldría con un publicista”) se vuelve el vehículo para volver al tema de la virtud y el vicio. Stillman argumenta que la era disco es el inicio de la actual forma de vida social de las nuevas generaciones. El largometraje se desarrolla en un ambiente de nostalgia por el fin de los días de fiesta (como el final de Metropolitan y la segregación del club).

 Más de una década después, regresa con Damsels in Distress (2011). Los personajes se mueven en una ignorancia aristocrática. Se critica a la educación contemporánea y como afecta la vulgaridad popular a la sociedad (en un gran dialogo final entre Gerwig y Tipton). Stillman adapta sus toques noventeros a la actualidad, como las coreografías de Sambola y otros bailes añejos (el cha-cha-cha, el limbo o la música disco). Cada película es una gran carta sobre un momento en la vida de un “americano” enamorado de la vida y la sociedad “civilizada”. Un director que se acondiciona a los nuevos tiempos sin perder su elegancia y “encanto”.

THE COSMOPOLITANS

La corta espera entre “damiselas” y el siguiente proyecto habla de un resurgimiento de Stillman, posterior a su estancia en Francia. The Cosmopolitans (2014) es la historia de un grupo de adultos y sus experiencias en la élite adinerada de París (tres chicos y una joven amorosamente desilusionada). En veinticinco minutos concentró su estilo cinematográfico en un nuevo viaje al extranjero para retratar la vida y costumbres –transporte, convivencia- de forma sutil y sin parecer un folleto de viaje (como To Rome with Love, 2012). El equilibrio de género y falta de complacencia con el público libra al “piloto” de parecer una Gossip Gril más, para ser otra obra sobre la vida en grupo y la burguesía. La media hora de The Cosmopolitans tiene el potencial de Stillman en TV.

Sin referencia directa, The Cosmopolitans forma una cadena con sus primeras películas. Si el cameo de Audrey es inspiración para Alice (de The Last Days of Disco), el personaje de Chloë Sevigny es la proyección de ese modelo (clasificada despectivamente por los hombres como una gold-coat). Los estándares de sofisticación se elevaron desde el primer film del realizador. En una secuencia de fiesta parisina, Stillman nos muestra a unos “niños ricos” con el mismo buen gusto, ignorancia y pretensión americana (como el ligue en francés de Adam Brody con la rubia canadiense –Vancouver, “Francia”-).

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Los diálogos expositivos son más relajados y diluidos en el contexto. Las relaciones entre los personajes tienen muchas líneas y caminos para continuar. La serie es una evolución en la carrera de Stillman con lo mejor de su estilo (regresa la “Sambola”) actualizado a tiempos modernos. Como en Barcelona, los franceses carecen de clichés y los estadounidenses están en constante adaptación a la etiqueta extranjera. El maduro despreocupado de Adriano Giannini (como la española de Mira Sorvino) y Sevigni brindan el soporte a un joven elenco prometedor (principalmente Freddy Åsblom).

 A la espera de la decisión final de Amazon Studios (según el director, la nueva vía “idie”), Stillman se encuentra en la preproducción del más importante de sus proyectos: la adaptación de la novela epistolar Love & Friendship de Jane Austen (con Siena Miller y Sevigny, nuevamente). El film sería una entrada al génesis de las ideas de W. S. sobre la sociedad. Tal vez no exista un mejor realizador para llevar al cine a Austen. Film tras film, Stillman demuestra su excesivo talento para retratar las “clases altas” y “pensantes”, donde la frivolidad y el buen gusto son una necesidad primordial para la sobrevivencia de la humanidad. PD: Fourieristas, favor de abstenerse.

Sólo amigos, la vida después de Potter

Por: Orianna Martínez

Sólo amigos no es la película que intenta revolucionar la comedia romántica. Como toda chick flick, o mejor dicho guy flick (ya que es vista desde la óptica masculina) cumple a la perfección su objetivo: entretiene al público mediante una historia amena, sin complicaciones y utilizando siempre al amor como tema central.

Entonces, ¿qué tiene de especial esta película para dedicarle una entrada en Zoom F.7? Fácil, no se deja eclipsar por la gran fama de su protagonista, Daniel Radcliffe, a quien todos identificamos como Harry Potter. Resulta obvio que (para muchos) este factor es el principal atractivo para vender la película: la vida después de Potter. Pero ¿qué tan difícil es separar a Harry de Daniel? ¿Cuántas películas necesita protagonizar un actor para quitarse la imagen del personaje que lo lanzó al estrellato? Y como ejemplo tenemos a Mark Hamill en Star Wars, Linda Blair en El exorcista ,Macauley Culkin en Mi pobre angelito o Michael J. Fox en la trilogía de Volver al futuro.

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No intento cuestionar el talento de los actores que acabo de mencionar, vaya, por algo gozan de fama mundial y no existe un aficionado al cine que desconozca su trabajo. Mi intención sólo es marcar la versatilidad que empieza a mostrar Daniel Radcliffe en la gran pantalla, ha sabido elegir muy bien sus personajes, lo podemos comprobar en cintas como La dama de negro, Los chicos de diciembre, My boy Jack y Amores asesinos, en la que interpreta al genio de la generación beat, Allen Ginsberg.

Bajo la dirección del canadiense Michael Dowse, Solo amigos gira en torno al personaje de Wallace (Daniel Radcliffe), un chico que atraviesa una dolorosa ruptura sentimental y está a un paso de convertirse en un desadaptado social. Pero un día conoce a Chantry (Zoe Kazan) en una fiesta, de inmediato surge entre ellos una química enorme (de esas que sólo suceden una o dos veces en la vida) sin embargo, todo cambia cuando Chantry le dice a Wallace que ella tiene novio, pero que aún así le encantaría tenerlo como amigo.

Con este pase directo a la terrible friend zone (de ahí que el nombre original de la pelcula sea The F Word), Wallace intentará (fallidamente) mantener esa amistad intacta, pero con la ayuda de su mejor amigo Allan (Adam Driver) hará todo lo posible por conquistar a la chica.

Dentro de una inmensa galería de gags, efectos visuales, referencias a la cultura pop (véase la escena donde se recuerda a Elvis Presley y su famoso Fool’s Gold, un sándwich frito de proporciones bíblicas preparado con crema cacahuate, tocino, mermelada y mantequilla) y situaciones típicas de la comedia romántica, sobresale el trabajo de ambos protagonistas: por primera vez vemos a Radcliffe interpretar a un personaje ordinario en la época actual, asimismo Kazan (a quien tal vez recuerden por Ruby Sparks) brilla con una sutil parsimonia que enamorará a más de uno.

En definitiva, Sólo amigos resulta una película muy disfrutable, sin mayores pretensiones que narrar una historia sobre el romance que oscila entre lo posible y lo irrealizable de la vida cotidiana.

Tom en el Granero y los juegos mentales de Dolan

Por Citlalli Vargas Contreras (@rimbaudienne_

En el discurso al recibir el Premio del Jurado en la edición de 2014 de Cannes, Xavier Dolan expresó que “no hay límite a nuestra ambición; todo es posible a aquellos que sueñan, se atreven, trabajan y no abandonan lo que quieren jamás”, y es justo tal filosofía la que ha definido su camino.

Aunque en su haber el cineasta de 25 años cuenta ya con cinco películas, Tom En El Granero es la primera producción que llega a salas mexicanas, y la cual, a diferencia de sus anteriores largometrajes, se desarrolla en un ambiente más oscuro y denso. Además, no cuenta con la glamorosa estética que caracteriza el resto de sus trabajos, sino presenta la crudeza de la historia desde la imagen y el comportamiento de los personajes.

Tom-en-el-GraneroLa historia es una adaptación del guión teatral homónimo de Michel Marc Bouchard y nos presenta a Tom (Xavier Dolan), un joven que llega a la granja familiar de su pareja recién fallecida, Guillaume Longchamps, con el fin de estar presente en el funeral.

Ahí, Tom se encontrará con el resto de la familia: Agathe (Lise Roy), una histérica madre no logra comprender por qué Guillaume (su hijo menor) se alejó tan drásticamente del núcleo familiar; y Francis (Pierre-Yves Cardinal), el hermano del fallecido, quien, con tal de ocultar a su madre la homosexualidad de Guillaume, comienza a crear una serie de juegos mentales para que Tom guarde silencio.

Las relaciones entre los Longchamps y un vulnerable Tom se transforman en una complicada maraña de trastornos psicológicos que van desde el Síndrome de Estocolmo hasta la homofobia, así como un profundo sentimiento de culpa, el cual llevará a los tres personajes a situaciones extremas que complejizan el trasfondo de la trama.

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Las actuaciones de Dolan, Roy y Cardinal, además de la de Évelyne Brochu, quien interpreta el papel de Sarah (una amiga de Tom y Guillaume), son impecables: trasmiten la soledad y el desconsuelo vividos ante la pérdida de un ser querido, así como la fragilidad que esta situación genera en la mente y corazón de cada uno de ellos.

Para Dolan, dejar de lado los brillantes colores y las historias de amor que lo caracterizan desde 2009, generó una mayor expectativa en la audiencia. El thriller no sólo mantiene al espectador al borde de su asiento, sino que genera un fuerte sentimiento de claustrofobia al verse atrapado en la misma granja que Tom.

Cabe destacar la música a cargo del franco-libanés Gabriel Yared, brillantemente logra su cometido de contribuir a la agonía y al suspenso del espectador.

Todos estos factores hacen de la cinta una propuesta interesante que incluso muestra a la homofobia como una problemática aún recurrente en países como Canadá. Por su parte, la crítica internacional ha visto con buenos ojos Tom en el granero y la ha catalogado a la altura del cine de maestros del suspenso como Alfred Hitchcock y David Lynch.

El planeta de los simios: Confrontación

El planeta de los simios: Confrontación va directo a extinguir una franquicia que intenta renovarse, falla en varios departamentos, y una vez más la interpretación en motion capture es lo único rescatable de la cinta.

En apariencia, su antecesora representó una innovación a la serie, se dejaron de lado los prostéticos y el maquillaje para dar origen al empleo de la captura de movimiento. La decisión de los productores al elegir a Andy Serkis para el papel de César se mantiene como la mejor al momento. El maestro de dicha técnica se consolida con cada filme realizado; domina con plenitud al simio y le otorga una profundidad emocional deslumbrante. Serkis es el personaje y su rango es digno de admiración. Apoyado por el ordenador, César es el chimpancé más icónico de la franquicia.

Ahora, pasemos a lo malo. Estructurada en tres actos, la película es predecible desde el comienzo. En una secuencia de montaje se nos muestra la caída del ser humano debido a una gripe proveniente de los simios, mientras que de manera paralela éstos se han consolidado en los bosques a las afueras de la ciudad. César y sus allegados están más unidos que nunca, salvo quien a la postre será el antagonista: Koba.

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No será difícil para el espectador adivinar los movimientos de cada personaje, bajo la premisa de la familia y las relaciones padre e hijo Matt Reeves pretende complejizar las decisiones de su protagonista: su especie o aquella que le formó. César es obligado a escoger, más como víctima que como ejecutor.

El papel del ser humano es intrascendente, otro punto en contra. Las actuaciones son flojas a excepción de las generadas por computadora. Es complicado empatizar con personajes tan grises, teniendo en cuenta que Gary Oldman forma parte del elenco, eso aquí y en China, es pecado capital.

La ciudad rememora historias como Soy leyenda y hace del diseño de producción algo ya visto y discordante respecto a la temporalidad del relato. Las batallas distan mucho de ser épicas a pesar de ser efectivas. La secuela es un puente a punto de caerse entre la refrescante primera parte y el posible caos bélico de la tercera.

El filme demuestra las posibilidades de la captura de movimiento, el avance de los efectos especiales, y la decadencia del género de ciencia ficción en el país vecino, incapaz hasta el momento de deslumbrarnos con una historia fresca y sobre todo, original. Basta ya de reboots innecesarios, efectistas, y palomeros.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

 

Pueblo chico, pistola grande | Crítica

Por: Rodrigo Márquez 

Cada vez que se estrena una película de humor estadounidense en nuestro país, corre el riesgo de no simpatizar con los mexicanos. A nuestro parecer, el humor gringo es simplista, rueda en lo absurdo y por tal es objeto de crítica. Sin embargo, las generaciones de los 70 a la fecha continúan riéndose con el Chavo del 8 y observamos que la comedia mexicana de la pantalla chica no puede superar a Eugenio Derbez y la Hora Pico.

En fin, son diferentes elementos culturales, históricos y sociales los que determinan nuestro humor, y para la reseña de esta semana, tenemos un western cómico:

A million ways to die in the west (no sabemos por qué en México la nombraron Pueblo Chico, Pistola Grande) es la historia de Albert (Seth MacFarlane), un granjero de mediana edad, con el autoestima por los suelos y cobarde, quien vive con sus padres y está enamoradísimo de su novia Louise (Amanda Seyfried), mujer que decide dejarlo por el adinerado y narcisista Foy (Neil Patrick Harris), quien funge como encargado de la tienda de cosméticos para el cuidado de bigotes en Old Stump, pueblo en donde transcurre la película.

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Con el corazón destrozado, cansado de vivir cuidando un rebaño de ovejas y con una constante preocupación de morir en cualquier minuto por los peligros del salvaje oeste, Albert decide dejar su hogar e irse a San Francisco, sin embargo, la llegada de Anna (Charlize Theron), le cambiará poco a poco la manera de ver la vida y el amor.

El reparto lo complementan Liam Neeson, como Clinch, el forajido que va de pueblo en pueblo buscando saquear a los aldeanos; Giovanni Ribisi y Sarah Silverman, interpretan a Edward y Ruth, una pareja en la que él es un caballero devoto y entregado a su novia y también es el mejor amigo de Albert, mientras que Ruth es la prostituta con más clientes del pueblo, pero enamorada de Edward, a quien le jura que no tendrían relaciones sexuales hasta que estén casados.

El filme fue dirigido y escrito por el mismo MacFarlane, parodiando a los westerns de antaño. Podría decirse que es un ¡Marcianos al ataque! moderno, pues hay actuaciones destacadas; sin embargo, la película está en un nivel muy inferior a sus protagonistas: chistes malos, humor escatológico y racista en abundancia, momentos cómicos que funcionarían en caricaturas, pero no en una película con seres humanos y una moraleja que invita a la autovaloración de las personas.

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Seth MacFarlane quiso utilizar la misma fórmula cómica que en Padre de Familia, sin obtener resultados positivos. Tampoco alcanza a presentar un trabajo de calidad como lo hizo en Ted, al dotar de irreverencia e ironía a un elemento muy representativo de la etapa infantil del hombre, e inclusive cargarlo de un poderoso simbolismo que representa la incapacidad de madurar de un sujeto. En Pueblo Chico, Pistola Grande, los personajes son muy superficiales.

Cabe mencionar que la película tiene momentos rescatables gracias a las referencias a otras películas, las cuales sacarán una sonrisa. Pero al final uno abandonará la sala con pregunta ¿cómo es que tales actores aceptaron participar en una película de este tipo?

En conclusión, el filme es recomendable para cuando se tenga un momento de simpleza y sesenta pesos para pagar el boleto del cine.

Salvando a los X-Men de la extinción

Por: Rodrigo Márquez (@Roderik4

Los mutantes más famosos de los comics y de la pantalla grande han sido rescatados de la extinción en la última entrega de la saga X-Men: Días del Futuro Pasado. El porqué es muy sencillo. Recapitulemos:

Brett Ratner, director de X-Men: la Batalla Final, junto a los escritores Simon Kinberg y Zak Penn, realizaron la película más ínfima, en la cual mataron, literalmente, a importantísimos miembros de la saga mutante. Además, personajes como Ángel, Juggernaut y la mismísima Phoenix, se tornaron más espectaculares en las marquesinas y posters de promoción que en lo hecho dentro del filme —sin mencionar el desperdicio de Multiple Man y los miembros de La Hermandad—. También, cabe recordar que fue cuantiosa la expectativa por la aparición de los personajes ya mencionados, y mayor aún la decepción.

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Posteriormente, Marvel continúo cortando leña del árbol caído, utilizando el sistema de precuelas, con X-Men Orígenes: Wolverine, en la cual nos muestran la pintura completa del génesis de Wolverine, anteriormente vista a través de flashbacks en las dos primeras entregas. La cinta tuvo más críticas negativas que positivas, sobre todo por clichés dentro de la historia, y un Deadpool bromista que se aleja demasiado del antihéroe que acarreaba traumas desde su niñez.

En 2011, los mutantes regresaron a la pantalla grande para detener a un poderosísimo Sebastian Shaw (Kevin Bacon), con X-Men: Primera Generación. El acierto en esta ocasión fue poner como estelares a James McAvoy, Michael Fassbender y Jennifer Lawrence para llevar el peso de esta nueva línea histórica de los X-Men, aderezada con un acercamiento más profundo a la crítica social que establece el cómic: utilizar a las minorías a favor del poder y cuando ya no es necesario, desecharlas.

En su caso, Wolverine Inmortal arribó al cine con una introspección al héroe de las garras y demostrar que el personaje ha sido adueñado en su totalidad por Hugh Jackman. Asimismo, la película es entretenida, con gratas escenas de acción y un guión psicológico que pone en conflicto al casi indestructible “Lobezno”.

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Si bien la saga ya había caído en un determinismo histórico para continuar con Wolverine o precuelas, Bryan Singer salvó de la extinción a los X-Men con sus Días del Futuro Pasado, en la cual, la crisis alcanzó a los mutantes debido a que los centinelas (robots letales) están acabando con la especie portadora del gen X, por lo que el Profesor Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen) acuden a un pequeño grupo de aliados para enviar a Wolverine (Hugh Jackman) al caótico pasado —en el cual Estados Unidos acaba de perder la guerra contra Vietnam— para convencer a sus “yos” más jóvenes (James McAvoy y Michael Fassbender respectivamente) de trabajar juntos con la finalidad de evitar un incidente que derivó en la creación de los centinelas y la inevitable extinción de su raza.

Sin duda alguna, la película es la mejor de la franquicia. Mantiene al espectador al filo de la butaca y la historia llega a un punto de complejidad para los protagonistas que hará al público creer haber llegado a un punto de no retorno.  De igual forma, refleja la realidad de una parte de la sociedad, cuando ésta atenta en contra de las garantías básicas de todo ser humano, mostrando las dos caras de la protesta: la pacífica, representada en el Profesor X, y la violenta, la cual realiza Magneto, ambas incompatibles, pero persiguiendo el mismo fin.

Se aprecian actuaciones impecables, efectos especiales fenomenales y un uso de la fotografía excepcional al momento de alternar entre el pasado y el futuro, además de una prueba para el fanático de la saga, quien intentará ordenar los eslabones de la cadena histórica de los filmes pasados (aunque puede quedar algún cabo suelto).

El reparto del pasado lo complementa Jennifer Lawrence como Mystique —a quien por fin le hacen justicia a su personaje, dándole más protagonismo en la historia—, Nicholas Hoult como un joven y reprimido Bestia, Evan Peters, quien hace un gran papel en Quicksilver y Peter Dinklage como el testarudo Dr. Bolivar Trask.

En el futuro regresan Halle Berry como Tormenta, Ellen Page como la fundamental Kitty Pride, Shawn Ashmore como Iceman, Daniel Cudmore como Colossus; y se unen al equipo Omar Sy como Bishop, Bingbing Fan interpretando a Blink, Booboo Stewart como Warpath y el mexicano Adan Canto como Sunspot

Por último, hay que quedarse hasta el final de los créditos, para una sorpresa que se acabará de revelar en el 2016.