El planeta de los simios: Confrontación

El planeta de los simios: Confrontación va directo a extinguir una franquicia que intenta renovarse, falla en varios departamentos, y una vez más la interpretación en motion capture es lo único rescatable de la cinta.

En apariencia, su antecesora representó una innovación a la serie, se dejaron de lado los prostéticos y el maquillaje para dar origen al empleo de la captura de movimiento. La decisión de los productores al elegir a Andy Serkis para el papel de César se mantiene como la mejor al momento. El maestro de dicha técnica se consolida con cada filme realizado; domina con plenitud al simio y le otorga una profundidad emocional deslumbrante. Serkis es el personaje y su rango es digno de admiración. Apoyado por el ordenador, César es el chimpancé más icónico de la franquicia.

Ahora, pasemos a lo malo. Estructurada en tres actos, la película es predecible desde el comienzo. En una secuencia de montaje se nos muestra la caída del ser humano debido a una gripe proveniente de los simios, mientras que de manera paralela éstos se han consolidado en los bosques a las afueras de la ciudad. César y sus allegados están más unidos que nunca, salvo quien a la postre será el antagonista: Koba.

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No será difícil para el espectador adivinar los movimientos de cada personaje, bajo la premisa de la familia y las relaciones padre e hijo Matt Reeves pretende complejizar las decisiones de su protagonista: su especie o aquella que le formó. César es obligado a escoger, más como víctima que como ejecutor.

El papel del ser humano es intrascendente, otro punto en contra. Las actuaciones son flojas a excepción de las generadas por computadora. Es complicado empatizar con personajes tan grises, teniendo en cuenta que Gary Oldman forma parte del elenco, eso aquí y en China, es pecado capital.

La ciudad rememora historias como Soy leyenda y hace del diseño de producción algo ya visto y discordante respecto a la temporalidad del relato. Las batallas distan mucho de ser épicas a pesar de ser efectivas. La secuela es un puente a punto de caerse entre la refrescante primera parte y el posible caos bélico de la tercera.

El filme demuestra las posibilidades de la captura de movimiento, el avance de los efectos especiales, y la decadencia del género de ciencia ficción en el país vecino, incapaz hasta el momento de deslumbrarnos con una historia fresca y sobre todo, original. Basta ya de reboots innecesarios, efectistas, y palomeros.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

 

Pueblo chico, pistola grande | Crítica

Por: Rodrigo Márquez 

Cada vez que se estrena una película de humor estadounidense en nuestro país, corre el riesgo de no simpatizar con los mexicanos. A nuestro parecer, el humor gringo es simplista, rueda en lo absurdo y por tal es objeto de crítica. Sin embargo, las generaciones de los 70 a la fecha continúan riéndose con el Chavo del 8 y observamos que la comedia mexicana de la pantalla chica no puede superar a Eugenio Derbez y la Hora Pico.

En fin, son diferentes elementos culturales, históricos y sociales los que determinan nuestro humor, y para la reseña de esta semana, tenemos un western cómico:

A million ways to die in the west (no sabemos por qué en México la nombraron Pueblo Chico, Pistola Grande) es la historia de Albert (Seth MacFarlane), un granjero de mediana edad, con el autoestima por los suelos y cobarde, quien vive con sus padres y está enamoradísimo de su novia Louise (Amanda Seyfried), mujer que decide dejarlo por el adinerado y narcisista Foy (Neil Patrick Harris), quien funge como encargado de la tienda de cosméticos para el cuidado de bigotes en Old Stump, pueblo en donde transcurre la película.

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Con el corazón destrozado, cansado de vivir cuidando un rebaño de ovejas y con una constante preocupación de morir en cualquier minuto por los peligros del salvaje oeste, Albert decide dejar su hogar e irse a San Francisco, sin embargo, la llegada de Anna (Charlize Theron), le cambiará poco a poco la manera de ver la vida y el amor.

El reparto lo complementan Liam Neeson, como Clinch, el forajido que va de pueblo en pueblo buscando saquear a los aldeanos; Giovanni Ribisi y Sarah Silverman, interpretan a Edward y Ruth, una pareja en la que él es un caballero devoto y entregado a su novia y también es el mejor amigo de Albert, mientras que Ruth es la prostituta con más clientes del pueblo, pero enamorada de Edward, a quien le jura que no tendrían relaciones sexuales hasta que estén casados.

El filme fue dirigido y escrito por el mismo MacFarlane, parodiando a los westerns de antaño. Podría decirse que es un ¡Marcianos al ataque! moderno, pues hay actuaciones destacadas; sin embargo, la película está en un nivel muy inferior a sus protagonistas: chistes malos, humor escatológico y racista en abundancia, momentos cómicos que funcionarían en caricaturas, pero no en una película con seres humanos y una moraleja que invita a la autovaloración de las personas.

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Seth MacFarlane quiso utilizar la misma fórmula cómica que en Padre de Familia, sin obtener resultados positivos. Tampoco alcanza a presentar un trabajo de calidad como lo hizo en Ted, al dotar de irreverencia e ironía a un elemento muy representativo de la etapa infantil del hombre, e inclusive cargarlo de un poderoso simbolismo que representa la incapacidad de madurar de un sujeto. En Pueblo Chico, Pistola Grande, los personajes son muy superficiales.

Cabe mencionar que la película tiene momentos rescatables gracias a las referencias a otras películas, las cuales sacarán una sonrisa. Pero al final uno abandonará la sala con pregunta ¿cómo es que tales actores aceptaron participar en una película de este tipo?

En conclusión, el filme es recomendable para cuando se tenga un momento de simpleza y sesenta pesos para pagar el boleto del cine.

Salvando a los X-Men de la extinción

Por: Rodrigo Márquez (@Roderik4

Los mutantes más famosos de los comics y de la pantalla grande han sido rescatados de la extinción en la última entrega de la saga X-Men: Días del Futuro Pasado. El porqué es muy sencillo. Recapitulemos:

Brett Ratner, director de X-Men: la Batalla Final, junto a los escritores Simon Kinberg y Zak Penn, realizaron la película más ínfima, en la cual mataron, literalmente, a importantísimos miembros de la saga mutante. Además, personajes como Ángel, Juggernaut y la mismísima Phoenix, se tornaron más espectaculares en las marquesinas y posters de promoción que en lo hecho dentro del filme —sin mencionar el desperdicio de Multiple Man y los miembros de La Hermandad—. También, cabe recordar que fue cuantiosa la expectativa por la aparición de los personajes ya mencionados, y mayor aún la decepción.

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Posteriormente, Marvel continúo cortando leña del árbol caído, utilizando el sistema de precuelas, con X-Men Orígenes: Wolverine, en la cual nos muestran la pintura completa del génesis de Wolverine, anteriormente vista a través de flashbacks en las dos primeras entregas. La cinta tuvo más críticas negativas que positivas, sobre todo por clichés dentro de la historia, y un Deadpool bromista que se aleja demasiado del antihéroe que acarreaba traumas desde su niñez.

En 2011, los mutantes regresaron a la pantalla grande para detener a un poderosísimo Sebastian Shaw (Kevin Bacon), con X-Men: Primera Generación. El acierto en esta ocasión fue poner como estelares a James McAvoy, Michael Fassbender y Jennifer Lawrence para llevar el peso de esta nueva línea histórica de los X-Men, aderezada con un acercamiento más profundo a la crítica social que establece el cómic: utilizar a las minorías a favor del poder y cuando ya no es necesario, desecharlas.

En su caso, Wolverine Inmortal arribó al cine con una introspección al héroe de las garras y demostrar que el personaje ha sido adueñado en su totalidad por Hugh Jackman. Asimismo, la película es entretenida, con gratas escenas de acción y un guión psicológico que pone en conflicto al casi indestructible “Lobezno”.

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Si bien la saga ya había caído en un determinismo histórico para continuar con Wolverine o precuelas, Bryan Singer salvó de la extinción a los X-Men con sus Días del Futuro Pasado, en la cual, la crisis alcanzó a los mutantes debido a que los centinelas (robots letales) están acabando con la especie portadora del gen X, por lo que el Profesor Xavier (Patrick Stewart) y Magneto (Ian McKellen) acuden a un pequeño grupo de aliados para enviar a Wolverine (Hugh Jackman) al caótico pasado —en el cual Estados Unidos acaba de perder la guerra contra Vietnam— para convencer a sus “yos” más jóvenes (James McAvoy y Michael Fassbender respectivamente) de trabajar juntos con la finalidad de evitar un incidente que derivó en la creación de los centinelas y la inevitable extinción de su raza.

Sin duda alguna, la película es la mejor de la franquicia. Mantiene al espectador al filo de la butaca y la historia llega a un punto de complejidad para los protagonistas que hará al público creer haber llegado a un punto de no retorno.  De igual forma, refleja la realidad de una parte de la sociedad, cuando ésta atenta en contra de las garantías básicas de todo ser humano, mostrando las dos caras de la protesta: la pacífica, representada en el Profesor X, y la violenta, la cual realiza Magneto, ambas incompatibles, pero persiguiendo el mismo fin.

Se aprecian actuaciones impecables, efectos especiales fenomenales y un uso de la fotografía excepcional al momento de alternar entre el pasado y el futuro, además de una prueba para el fanático de la saga, quien intentará ordenar los eslabones de la cadena histórica de los filmes pasados (aunque puede quedar algún cabo suelto).

El reparto del pasado lo complementa Jennifer Lawrence como Mystique —a quien por fin le hacen justicia a su personaje, dándole más protagonismo en la historia—, Nicholas Hoult como un joven y reprimido Bestia, Evan Peters, quien hace un gran papel en Quicksilver y Peter Dinklage como el testarudo Dr. Bolivar Trask.

En el futuro regresan Halle Berry como Tormenta, Ellen Page como la fundamental Kitty Pride, Shawn Ashmore como Iceman, Daniel Cudmore como Colossus; y se unen al equipo Omar Sy como Bishop, Bingbing Fan interpretando a Blink, Booboo Stewart como Warpath y el mexicano Adan Canto como Sunspot

Por último, hay que quedarse hasta el final de los créditos, para una sorpresa que se acabará de revelar en el 2016.

Glamour y ambición en El Gran Hotel Budapest

Por: Rodrigo Márquez/@Roderik4

Escribir acerca de El Gran Hotel Budapest es llenar de halagos a Wes Anderson y su equipo. Pocas veces se han visto películas tan bien hechas en todos sus aspectos, tanto técnicos, como artísticos. Es una de esas cintas que cuando terminas de verla, sales del cine y te cuestionas a ti mismo ¿por qué me gustó tanto? y no sabrás por dónde empezar. Nosotros comencemos por su historia.

Anderson, con su narrativa peculiar posmoderna, realiza dos metadiégesis, para contar la historia de Zero Moustafa (interpretado por Tony Revolori y F. Murray Abraham en la edad de la vejez), un joven apátrida que llega a trabajar como botones en el Gran Hotel Budapest, ubicado en el país europeo y ficticio de Zubrowka.

Ahí conoce a Gustave (Ralph Fiennes), concierge ejemplar del lugar y un “asalta tumbas”, elegante y empedernido ─que a la postre se convertirá en su mentor─, a quien deberá ayudar debido a que es perseguido por la familia de una de sus amantes (Tilda Swinton), quien le heredó un cuadro valiosísimo a Gustave. Durante la película, viviremos los escenarios que van desde el glamour hasta la podredumbre de la cárcel y la ambición humana.

Otros temas experimentados en el transcurso de la película son el amor juvenil, un poco de tristeza, la comicidad simple (pero en ningún momento tonta) y una manera muy inteligente de abordar un problema histórico como lo fue la Segunda Guerra Mundial, a través de simbolismos, alegorías y los personajes en sí.

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En cuanto a la actuación, a pesar de ser muy elemental, en ningún momento es deficiente, pues los diálogos se encargan de llevar la historia por un muy buen cauce. Este aspecto es un acierto enorme y demuestra la capacidad de dirección de actores del Wes Anderson.

El elenco lo complementan el “ex Jurassic Park” Jeff Goldblum, Harvey Keitel, Bill Murray, Edward Norton, Owen Wilson y la niña del lunar en forma de México, Saoirse Ronan.

Los “malos” son interpretados por Adrien Brody y Willem Dafoe. Y por último,Tom Wilkinson y Jude Law comparten el papel del “Autor”, quien en un principio narra la historia.

Por otro lado, no se estaría exagerando si decimos que la fotografía es estupenda: cada encuadre es una obra de arte, una pintura. Podemos apreciar desde elementos de composición  aurea, puntos de fuga y simetría digna de Stanley Kubirck, aderezados con una dirección de arte muy bien trabajada, logrando complementar el sentimiento que requiere cada escena. Aplausos para Robert Yeoman y Stephan Gessler, por la fotografía y dirección artística, respectivamente.

Sin duda, Anderson superó al Fantástico Señor Fox y su Moonrise KingdomEl Gran Hotel Budapestes su trabajo más importante y también el mejor logrado. Con tantos elementos que muestra el filme, uno esperaría que se le escapara algún detalle, pero no, como buen capitán, lleva el barco a flote hasta el final. Esta película nos recuerda porque el cine es un arte, y con apenas ocho filmes en su historial, el texano más europeo se ha ganado el respeto del mundo cinéfilo.

Ahora, sólo queda la duda de cómo el cineasta logrará superar su próximo proyecto.

Un relato al desnudo: Nymphomaniac

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Por Rodrigo Márquez/ @Roderik4

Mucho se ha dicho y escrito sobre la última producción cinematográfica de Lars Von Trier; hay comentarios de extremo a extremo: que si es un filme pornográfico, o una reflexión filosófica a problemas ontológicos.

Pero sin duda, el cineasta danés sabe vender sus productos: desde publicar avances mensuales sobre los episodios de la película, pasando por publicidad con carteles minimalistas -que con objetos y signos hacen referencia a órganos genitales-, fotografías de los actores y actrices en pleno éxtasis sexual, hasta utilizar la polémica de comentarios positivos y negativos para sembrar en los cinéfilos la curiosidad y enseguida, correr a ver el filme.

Nymphomaniac es la historia de Joe, quien narra las experiencias sexuales que ha vivido desde niña, a un completo desconocido, quien la encontró golpeada, en mal estado y tirada en un callejón de algún país europeo. Auxiliándola y dispuesto a escuchar su historia, Seligman (Stellan Skarsgård), intenta explicar los relatos de la mujer a través de la filosofía y teología.

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Von Trier, desnuda, literal y metafóricamente a Joe (interpretada también por Stacy Martin en su etapa de juventud y por Gainsbourg en su madurez), a través de diferentes capítulos que llevarán al espectador a ser testigos de la decadencia del ser humano cuando se entrega a un exceso.

Asimismo, el director y cofundador del Dogma 95, echa mano de actores de su confianza como Willem Dafoe, Udo Kier y los ya mencionados Gainsbourg y Skarsgård . Complementan el reparto Jamie Bell, —una poderosa e incómoda actuación — Uma Thurman, Christian Slater, Sophie Kennedy Clark y un Shia LaBeouf muy lejano al chico “transformer”.

Tal vez no sea la mejor película de Lars Von Trier, pero al igual que sus otros trabajos Anticristo y Melancolía, este  podría resultar didáctico para aquellos que sueñan con ser directores del séptimo arte. Basta con disfrutar su primera secuencia que desde la tranquilidad de la lluvia, romperá la calma con música de Rammstein para transportar al espectador a la inestabilidad, la cual progresará hasta el final de la historia.

La cinta fue estrenada en Europa el 25 de diciembre del año pasado y dura cerca de cinco horas, por lo que para su estreno comercial se dividió en dos volúmenes. En México, ya fue proyectada en el festival de cine Riviera Maya Film Festival y La Cineteca Nacional nos trajo la primera parte del filme en la 56 Muestra Internacional de Cine. En las salas comerciales, el Volumen I del filme se estrenó el 15 de mayo y aún esperamos fecha de estreno para la segunda parte.

Nymphomaniac es una película cruda e introspectiva que mostrará al espectador las consecuencias de entregarse a los instintos básicos del ser humano, con los daños colaterales respectivos.

Como dice el slogan del filme, “olvídate del amor”, nosotros debemos de olvidar prejuicios y ver más allá de las escenas de sexo explícitas y leer entre líneas los diálogos del filme, para que el espectador desnude el mensaje de la película.

Sin duda, pocos como Lars Von Trier pueden hacer una obra de arte desde la vulgaridad de la pornografía. Aún esperamos la fecha de estreno para el Volumen II en las salas del país.

TRAILER DE NYMPHOMANIAC