A los ojos de Michel Franco

 

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

-Cesare Pavese

 Lucía Films goza de una gran reputación. Encabezada por Michel Franco, la productora ha generado una buena cantidad de filmes con un sello característico, A los ojos no es la excepción, sin embargo, propone una estética diferente derivada de la colaboración del director con su hermana Victoria, quien imprime la crudeza del documental a una cinta que logra con creces mezclar ambas técnicas.

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La película narra el periplo de Mónica, madre soltera y trabajadora social con un hijo que padece una enfermedad degenerativa, cuya consecuencia es la pérdida de la vista. El conflicto se enfoca en la cura del infante a través de cualquier medio. El argumento escrito por Michel goza de un dilema cuya resolución propone más cuestionamientos que respuestas, a nivel ético los cineastas se preguntan por una balanza amoral en la que bien cabe preguntar ¿cómo se valora la vida del ser humano?

El guión es sólido gracias a una paradoja simple e inteligente; de lo predecible desemboca lo impredecible. La obra en su totalidad aprovecha la dupla de los hermanos para no sólo contrastar sino también complementar el relato. Es así como el espectador logra anticiparse a las acciones pero se sorprende ante el resultado de las mismas.

El binomio en la dirección es audaz. Victoria deslumbra a la hora de documentar a los jóvenes en situación de calle: el principal acierto se encuentra en las escenas descarnadas que nos muestran su día a día. La naturalidad que obtuvo en la improvisación es digna del aplauso, tanto como la ficción lograda por Michel, un dúo cuyo funcionamiento se podría comparar con el de los Hermanos Coen.

La puesta en cámara emplea la barrera física (puertas, ventanas, escaleras, etc.) para enfatizar la frustración del personaje principal, incapaz de solucionar el malestar del niño. Además, el filme cuenta con el ya clásico sello de Franco que consiste en dejar la mayoría de la acción fuera del plano, o en determinadas ocasiones fuera de la película misma. Los realizadores otorgan las claves para que el espectador participe del argumento.

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Las actuaciones son un deleite. A los ojos cuenta con una actriz de profesión: Mónica del Carmen. El resto del elenco está conformado por personas que viven realmente en situación de calle. Dicha decisión, aunque arriesgada, resulta ser una de las mayores virtudes de la cinta.

Benjamín Espinoza demuestra que no se necesitan tablas para lograr improvisaciones cuyo poder dramático superan a las de varios actores de renombre, es de hecho la interpretación de Mónica la más floja; sin embargo la intérprete logra una buena participación al mezclarse orgánicamente con el entorno y los seres que le rodean.

El único reproche se encuentra en el montaje. La costumbre de estirar el plano es más un cliché que una propuesta visual, bajo la premisa de entrar temprano al conflicto y salir tarde está editada la película. Tal prolongación de la imagen provoca un ritmo semilento, funcional a partir del segundo acto, fútil en el primero.

A los ojos es una obra redonda que demuestra la importancia de un gran argumento. Su doble dirección es el principal aporte, la mezcla entre documental y ficción propician un filme atípico que logra combinar a la perfección ambos estilos.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7

 

Kung Fu panda 3, el maestro del Chi

“¿Quién soy?” así se resume la premisa de la tercera entrega del panda más ambivalente que nos han dado las películas de animación. La trilogía ha estado permeada por la búsqueda de respuestas a diversas preguntas. La franquicia funciona porque la audiencia encuentra la identificación en la historia, ¿quién no se ha cuestionado? “¿A dónde voy?” (Kung fu panda), “¿De dónde vengo?” (Kung fu panda 2) Y “¿Quién soy?” (Kung fu panda 3).

Es esta última, una vez más el panda Po se halla en un dilema que pone en juego sus aptitudes, sus habilidades y la fe (como en las dos anteriores). La historia es entretenida y divertida, pero no sorprende. Al parecer, Jonathan Aibel y Glenn Berger tan sólo desempolvaron los guiones anteriores para algunos detalles de los antagonistas. En el primer filme, Tai Long es el enemigo atemorizante y poderoso que pretende acabar con todo lo que esté a su paso; en esta ocasión, el personaje con las mismas características se llama Kai.

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Cabe recordar el desenlace de la segunda película, el cual reveló que el padre sigue vivo. Esto funciona eficientemente como un gancho para querer descubrir el reencuentro, sin embargo, no se logra explotar emocionalmente la ocasión y se queda en lo superficial. También hay giros de tuerca que parecen sacados bajo la manga.

Respecto al protagonista, su falta de confianza; el deber de proteger a los habitantes de la aldea, y el sacrificio del héroe por el bien de los demás, son elementos ya resaltados en las cintas previas: en Kung Fu Panda 1 se descubre al guerrero dragón y su imposibilidad de aceptarse, posteriormente en Kung Fu Panda 2, Lord Shen, con el descubrimiento de la pólvora a su favor, quiere destruir a Po y a todo a su alrededor para evitar que se cumpla la profecía en la que perecerá.

Se combina una vez más la magnífica animación 3D y 2D, en esta ocasión evidentemente superada. Las pantallas divididas funcionan en la narrativa al conjugar varias acciones. Atrae, fija la atención en una acción general conjugando el fondo y la forma, en flashbacks utilizan el recuso del 2D para darle matiz, con pinturas como acuarelas y tintas chinas Po vuelve con nuevas aventuras.

Plagada de batallas épicas, gags involuntarios, aprendizajes que involucran a la familia, el valor, el amor, la fortaleza y la confianza, son elementos que se disfrutan desde el primer minuto. Los nuevos personajes mantienen la historia en un camino ascendente, por lo que tendrás una hora y media de acción y risa.

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En Kung Fu Panda 3, la película más taquillera en su primer fin de semana en la cartelera nacional, se han olvidado un poco a los cinco furiosos y la trama se centra en fortalecer la confianza de Po, además de las riñas entre los dos padres: el biológico y el que lo crió. Ahora el elenco contó con la participación del respetado actor Bryan Cranston como Li Shan, papá biológico de Po, y con J.K. Simmons como el malvado Kai.

Con la maravillosa música de Hans Zimmer, que nos transporta hasta China con las alegres melodías en las que se conjuga acción y ternura, Kung fu panda 3 es un cálido filme para disfrutar con amigos, familia o tu pareja; pero la expectativa era que superar las cintas anteriores, sin embargo se queda en el mismo nivel. Sólo esperamos que las realizaciones que están por venir no desgasten al personaje.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Amy: Botana trágica del morbo

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Por: Rodrigo Garay Ysita

Algunos de nosotros, cinevidentes incautos, todavía vemos documentales con la inocente noción de observar un cine de corte educativo. Se espera, se demanda o se asume objetividad absoluta de parte del documentalista, que, siguiendo esta lógica de National Geographic, es una especie de híbrido entre cineasta, reportero y profesor. Si una película está utilizando material de archivo, no puede estar más lejos de la verdad que las chick flicks de Rachel McAdams o los dramones del “cine de arte” de Susanne Bier. ¿Cómo podría engañar una cámara que no está filmando actores?

El que no duda de la veracidad de un testimonio videograbado, quizás debería de hacerlo del fino arte de la edición. Películas como Amy (2015), la recién laureada producción de Asif Kapadia, deberían servir como ejemplos —por su uso notorio de elementos cinematográficos apelativos a suspiros indignados y nudos en la garganta— de que no hay tal cosa como un documental objetivo y entonces hay que husmear sus intenciones.

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El director del también aclamado largometraje ilustrativo Senna (2010) reunió en Amy una serie de declaraciones en audio de las personas que conocieron de cerca a Amy Winehouse, numerosas entrevistas y presentaciones en vivo de la cantante, grabaciones caseras y otros registros inéditos de la producción de sus dos materiales discográficos: Frank (2003) y Back to Black (2006), para contar la caída que empezó con una chica londinense conociendo a su primer productor y terminó con un cadáver ahogado en alcohol, rodeado de un mundo de periodistas vociferantes y fanáticos lacrimógenos.

La subjetividad en el cine documental, por ser esencial y absolutamente inevitable, no puede ser algo negativo per se. Es precisamente la narración romántica y espectacular la que convierte a Man on Wire (James Marsh, 2008), también ganadora del Oscar, en un heist film encantador; o la rabia impotente del autor de Dear Zachary: A Letter to a Son About His Father (Kurt Kuenne, 2008) lo que autentifica una historia de terror marital. La trascendencia del mensaje impulsada por una visión personal sustentada en archivo.

Sin embargo, la presentación de los sucesos en Amy guarda una distancia engañosa; a excepción de las secuencias caseras, que sí provocan un acercamiento a la perspectiva de la artista y sus amigos/enemigos próximos, el narrador es invisible y, entonces, parece que vemos la vida de Winehouse con un ojo historiográfico. Un ojo que juzga y manipula, que a través de barridos lentos se pasea por el cuerpo semidesnudo de la mujer despeinada y ojerosa que deambula por la calle con la mirada perdida, que incita a la compasión y a la pena ajena mediante acentos en el score de Antônio Pinto y una serie de fotografías crecientemente embarazosas.

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Invisibles también son los entrevistados, cuya identidad sólo es indicada con texto, disociados de las imágenes a cuadro en la mayoría de los casos. Matt Curtis, responsable de las gráficas y los títulos que señalan a los locutores, optó por representar las letras de las canciones de Winehouse con tipografía propia de un karaoke en un intento de emular el puño y letra de la compositora.

La falta de una postura directoral evidente, en lugar de “objetivizar” su relación biográfica, refuerza el sentido amarillista de Amy y, gracias a estos elementos (el propósito escondido, por comodino, y la discordancia audiovisual, por ayudar a la confusión) el filme termina siendo un ejercicio más cercano al periodismo televisivo de espectáculos que al cine documental de autor. Uno podría acusar a Herzog y a Wenders de sensacionalismo y manipulación emotiva del material de archivo, pero sus voces, y consecuentemente sus intenciones, son siempre transparentes en sus respectivas filmografías de no-ficción.

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El objetivo que se husmea aquí, logrado, eso sí, por el crescendo de la presión en torno a la cantante, es inspirar lástima. El parasitismo de Mitch Winehouse, la tortura emocional impuesta por Blake Fielder-Civil como amante envidioso del intento de superación de su mujer (en la humillante secuencia de “¿Podemos tener la nueva versión actualizada de Rehab, por favor?”) e incluso el egoísmo inadvertido de sus amigas (“Yo sólo quería agarrarla, traerla de vuelta conmigo, encerrarla en mi casa y no dejarla salir”) son puestos en evidencia, sin tapujos, en las grabaciones de primera mano que obtuvo la producción.

Amy es por tanto la historia de alguien que, buscando afecto, obtuvo veneración desmedida. Buscando desahogo, obtuvo la sobreexposición traicionera de la fama. Y así como el acoso de los paparazzi y el abuso psicológico de sus dos figuras masculinas más fuertes arrinconaron a la muchacha al caos, el documental de Kapadia confina la biografía de Amy Winehouse a una tragedia que alimenta post-mortem el morbo público.

 

Trailer

 

Ficha técnica

Dirección: Asif Kapadia.

Producción: James Gay-Reese, George Pank, Paul Bell, Adam Barker y David Joseph.

Edición: Chris King.

Reparto: Amy Winehouse, Lauren Gilbert, Juliette Ashby, Nick Shymansky, Mitch Winehouse, Blake Fielder-Civil.

Música: Antônio Pinto.

Dirección de fotografía: Ernesto Herrmann.

País: Reino Unido.

Año: 2015.

Ante la irremediable ausencia, seguir viviendo

Por: David Ornelas (@DAVIDORNELASM) 

Seguir viviendo es una película de carretera, un viaje que inicia en una de las latitudes donde el México contemporáneo tiene una de las más grandes deudas de justicia: Ciudad Juárez. Con algunos elementos dolorosamente reales y con cierto sabor autobiográfico, Alejandra Sánchez realizó en 2014 su primera película de ficción después de dos largometrajes documentales, algunos cortometrajes y programas para televisión.

Dos trabajos previos de la directora, el cortometraje Ni una más (2001) y el largo Bajo Juárez: la ciudad devorando a sus hijas (2006), ambos documentales, se han convertido, por fortuna no en los únicos, pero sí en importantes referentes del acercamiento cinematográfico a una de las emergencias humanitarias sin solución en la que han muerto y desaparecido cientos de mujeres por razones de género, en manos de una macabra relación entre el estado, la iniciativa privada y el crimen organizado. Los feminicidios y la violencia generalizada en la norteña ciudad fronteriza, estratégica para el intercambio legal e ilegal de mercancías y personas, ha provocado el desplazamiento de un importante número de habitantes.

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Aquí empieza Seguir viviendo: Jade y Kaleb, estudiantes de secundaria originarios de Ciudad Juárez, se ven obligados a buscar refugio en la Ciudad de México tras un atentado sufrido por su abuela, Norma Alejandra, activista desde el asesinato de su hija Liliana Alejandra, madre de los menores. A petición del abogado, Kaleb y Jade viajarán por carretera con Martha, una periodista que ha perdido a su hijo en un accidente automovilístico y decide también abandonar la ciudad. El viaje inicia con la densidad e incertidumbre propias de tres almas desgarradas y temerosas. Pero al transcurrir de los días, kilómetro a kilómetro, con mimos y guiños, las almas parecen sobreponerse y la relación se suaviza hasta volverse entrañable.

Cuando Alejandra Sánchez rodaba Bajo Juárez…, que aborda la historia del asesinato de Liliana Alejandra, conoció a sus hijos, Kaleb y Jade, quienes, por cierto, se interpretan a sí mismos en la cinta. Cuando Norma Alejandra, la abuela, sufrió el atentado, la realizadora se reencontró con ellos y los recibió durante poco más de un mes en su casa de la Ciudad de México. Durante este tiempo debió gestarse la idea central de la cinta: después del miedo, el terror y las irreparables pérdidas, cómo se puede seguir viviendo.

Entrevistas a cuadro, recreaciones e imágenes de archivo, son algunos de los elementos documentales que utiliza Alejandra Sánchez para contrapuntear la historia de ficción, contrastándola, anclándola y estimulándola. Por otro lado, el relato de ficción sufre, si no de imprecisiones, sí de cierta fragilidad, y en algunos detalles de la realización se cuelan los indicios de lo quizá sea falta de pericia de la realizadora en el cine de ficción.

Más allá de esto, la cinta alcanza momentos de belleza y emoción auténtica. De un frío hospital en Juárez a la calidez de un cabaret en una playa, de la incertidumbre al camino compartido y del dolor a la esperanza de alivio, la cinta recorre parte del territorio mexicano, ambientada por una banda sonora destacable a cargo de Tareke Ortiz.

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Con una importante participación en el cabaret, Nora Huerta, quien interpreta a la periodista, debutó en el cine con su participación en esta cinta, lo cual le valió el Ariel por Revelación Femenina. Junto a Tito Vasconcelos, también reconocido cabaretero, soportan el momento climático y quizá el mejor de la cinta: el punto exacto en el que la vida decide que no hay vuelta atrás y se abre paso con besos y abrazos, gritos y llanto y algunas otras de sus mejores expresiones.

David Ornelas Trabaja en el departamento de difusión de la Cineteca Nacional y ha escrito sobre cine en algunas publicaciones digitales.

El abrazo de la serpiente: salvajismo, misticismo y sabiduría

La búsqueda de un turista alemán que viene del museo nacional de Stuttgart se alterna con la historia del turista estadounidense llegado de Chicago. Basada en bitácoras que realizaron dos exploradores (un etnólogo y un botánico) El Abrazo de la Serpiente está llena de salvajismo, misticismo y sabiduría. Karamakate, un hombre nativo de las viejas aldeas de la selva amazónica, ayuda a ambos personajes en diferentes momentos de su vida, a buscar la flor de Yakruna, una planta considerada sagrada para la extintas tribus de las amazonas. El tercer largometraje del cineasta colombiano es sutil y bestial; plantea el dilema de desaparecer en el tiempo o quedarse como un recuerdo, sólo para comprender nuevos encuentros y redimir errores.

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La primera historia transcurre hipotéticamente en 1909, cuando Theodor Koch Grünberg (Jan Bijovet) viaja a la selvática colombiana y conoce a un Karamakate joven (Nilbio Torres), sobreviviente de la expansión cristiana fomentada por el gobierno colombiano a principios del siglo XX. Karamakate mantiene a Theodor lejos de su verdadero objetivo y lo sitúa bajo una rigurosa observación por la falta de escrúpulos del hombre blanco con relación al ambiente y el lugar. El hombre salvaje se mantiene sobre celoso por todo lo que rodea al hombre blanco y sus intenciones.

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En un tiempo posterior, pero en montaje simultaneo, vemos a Richard Evans Schutles (Brionne Davis) que se encuentra con un Karamakate viejo (Antonio Bolivar) quien a través de un mapa que dibuja por inspiración de un sueño, le muestra lo que está buscando. Karamakate, ahora anciano, admite haber olvidado gran parte de sus costumbres, y aunque lo acompaña, le pide a Richard que se convierta en su propio guía a través de la selva. La disyuntiva se halla en cómo éste se aparta de sus pertenencias a regañadientes, a diferencia de Theodor, quien no quiere deshacerse de sus maletas.

El montaje paralelo de ambas líneas temporales sirve como una especie de flashback que alterna los recuerdos, pero también el presente y el futuro, con la angustia y rigidez de otra época. Temas como la reencarnación, el destino, la oportunidad que deviene del abandono, se hacen presentes durante 125 minutos.

La fotografía en blanco y negro de David Gallego resuelve en planos bien expuestos. A pesar de las condiciones del ambiente, vemos una imagen muy pulcra que funciona con la narrativa. Esto convierte a la cinta en una verdadera odisea de la mente, del espíritu. Aun con el tema un tanto complicado, no hay tedio alguno. Cada plano dura lo que tiene que durar, de principio a fin.

El guión, escrito por Ciro Guerra en colaboración con Jacques Toulemonde, tiene desde momentos jocosos sencillos, a cambios dramáticos de un personaje complejo para entender su destino, en el que las transformaciones del ambiente son inevitables.

A pesar de la aparente buena relación entre sí, tanto los hombres blancos como los indígenas fracasan en su intento por consolidar lazos y comunicación. He aquí la singularidad del filme; Dos diarios unidos por los años del viaje en la selva, donde el Karamakate no puede salvar su cuerpo, pero quizá sí su esencia espiritual, la cual mantiene viva su propia cultura, debido a que la ciencia del hombre blanco sólo pretende generar más destrucción.

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El trabajo es brillante y a diferencia de otras cintas (sobre todo hollywoodenses) de supervivencia y del enfrentamiento con la naturaleza, se logra mucho mejor la esencia de tales procesos y transformaciones. De momento cabe destacar la realización colombiana; es el momento de voltear a ver nuevas producciones.

Después de superar épocas fallidas, como la llamadas décadas de la pornomiseria colombiana, la ganadora al Art Cinema Award en el Festival de Cannes 2015, redime también parte de esta industria como un exponente latinoamericano más, el cual regresa a las competencias mundiales pisando con fuerza y levantando la voz en lo alto. Estar atentos de los alcances de esta reveladora cinta, que inclusive ahora tiene una nominación como mejor película de habla no inglesa en los Premios de la Academia. Este suceso coloca al realizador Ciro Guerra como uno de los cineastas sensación del nuevo cine colombiano.

Luis Zenil Castro 

Productor audiovisual y dibujante.

 

Carol, la insoportable levedad de la homosexualidad

La melosa historia de amor “prohibido” entre una mujer consolidada, esposa de la alta alcurnia y una chica de Nueva York aspirante a fotógrafa que trabaja en una tienda de muñecas, parece inquietante y llamativa, pero conforme avanza la película las expectativas se desinflan.

Como resultado de un flechazo mandado desde el arco de cupido, Therese (Rooney Mara) se siente íntima y velozmente capturada por Carol (Kate Blanchett). Es hasta el minuto cuarenta y cinco cuando, después de insinuaciones, gestos de afecto e indicios de un previo comportamiento homosexual por parte de Carol, ambas aceptan que sí se gustan, lo cual ya había quedado claro desde la primera mirada que cruzan.

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Uno de los primeras impresiones es la postergación del conflicto, lo que convierte al primer acto en un tanto tedioso; en el segundo, el conflicto toma fuerza sólo para irse por la tangente y la resolución se da de las formas más simples; la misión de Carol es liberarse un poco de la presión social, y lo logra, siempre lo logra. Al deslizar todo en un terreno plano y remarcar lo evidente, Todd Haynes no provoca, ni enciende en ningún momento la trama.

Lo rescatable: El cast. La versátil y brillante Rooney Mara, quien de ser la chica ruda tatuada pasa a figurar como la clásica mujer joven neoyorquina, sin embargo esta vez no refleja algo más que simpleza: su personaje siempre acepta, sus aspiraciones no parecen tener la menor prioridad e incluso parece sumisa. Aun así, destaca su facilidad para interpretar papeles tan polares. ¡Sí¡ Rooney rescata al personaje con su interpretación, la cual le valió el premio a mejor actriz de reparto en Cannes.

Kate Blanchett no se queda atrás. Es una mujer que no tiene más preocupación que su apariencia, ¿su hija? ¡Bah! ella está segundo término. Condenada por su esposo debido a sus preferencias sexuales (que por cierto ella niega), es una mujer fuerte y libre. Una mirada, un gesto bastará para saber qué es lo que quiere de quien se le ponga enfrente.

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Las películas de época siempre son atractivas, en el caso de Carol, el diseño de producción está minuciosamente cuidado y logra recrear los años 50. No hay que discutir los detalles, definitivamente transporta en el tiempo, los vestuarios dotan a cada personaje con una peculiar singularidad y elegancia, los cálidos en la fotografía encantan y armonizan. En el montaje los primeros travelings adentran a la historia para dejarnos en la escena final con la que paradójicamente inicia, como un eterno flashback.

A Carol le faltó fuerza para sorprender, para mostrar la emoción, pasión y entrega de dos personas enamoradas, para hacer sentir a la audiencia, para transformar los tabúes, para detonar la homosexualidad.

Fan Valdés

Pedagoga de formación pero cineasta por convicción, artista plástica en el tiempo libre.

Deadpool: P#*o el que lo lea

Una deslumbrante campaña de publicidad preparó la venida del antihéroe más afamado del mundo Marvel, empleando el vulgar carisma del rojo para capturar al espectador. Se usaron frases comunes y modismos de cada región del orbe, el efecto atrajo una taquilla romperécords para Fox, distribuidora del proyecto. ¿Es Deadpool la gran obra superheróica que todo el mundo esperaba? No. Es el chick flick más engañoso que tendrán la oportunidad de ver.

El filme tiene un acierto fundamental que pocos han aprovechado: extrae al personaje tal cual se presenta en el cómic-rompimiento de la cuarta pared incluido-, Wade Wilson es un ser que transgrede la moral típica del estadounidense promedio y pone en tela de juicio los medios y fines del héroe tradicional. Hasta aquí la innovación, que para ser estrictos, tampoco resulta sorprendente teniendo en cuenta adaptaciones como Watchmen (Snyder, 2009).

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Pasemos a la estructura, alabada por un sinfín de críticos por mostrarse de manera fragmentada. En realidad, la cinta contiene la trama clásica del chick flick posmoderno; pensemos en la odiada e imitada Summer de 500 días con ella (Webb, 2009) pero en el caso que nos atañe habría que añadir violencia, sangre, disparos, un par de mutantes y el humor de Scary movie (Wayans, 2000). ¡Listo! tenemos la “impresionante” narrativa. Que revoluciona el género, pero no precisamente el de super héroes.

Una vez que mis queridos lectores machos pelo en pecho-lomo plateado-huevos cromados han descubierto que aplaudieron Diario de una pasión (Cassavetes, 2004) disfrazada con spándex rojo pasemos a los efectos especiales. Destaca la secuencia inicial, poderoso arranque plagiado del lenguaje visual heredado del videojuego, con crítica en los créditos incluida. A partir de ahí, una secuencia de acción memorable en un puente que servirá de “McGuffin” para potenciar el segundo acto. Sin embargo, no todo es perfección, a veces se nota a leguas el uso de pantalla verde lo cual aleja ligeramente de los acontecimientos.

Las interpretaciones cumplen, los mejores instantes de Ryan Reynolds los ofrece enmascarado, ya que el histrión posee un nulo registro, su rostro es simple y sencillamente incapaz de matizar entre la tristeza y la felicidad, digamos que el actor padece del síndrome de Cage (falla actoral nacida a partir de las actuaciones de Nicolas Cage). Además, los productores siguen apelando a la amnesia del público, me refiero en concreto a Colossus, personaje cuyo diseño cambiaron y a quien le otorgan una personalidad bidimensional con un acento cliché ruso. ¡Gracias! Un mutante más arruinado.

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El rescate de la dama bidimensional en peligro es el motor aristotélico de la película, pero para llegar ahí, se debe mencionar la ágil edición durante las trepidantes secuencias de batalla, pero en lo demás lamentablemente tampoco se distingue del resto de filmes de Marvel, los actos parten del ya conocido origen del héroe, el suplicio que implica la transformación y el inevitable triunfo. Quizá pudieron tomar la oportunidad para saltar aquella paja, pero decidieron darse el gusto… una vez más.

El diseño de producción es impecable al igual que la fotografía, la cual se desprende completamente del look habitual en producciones como X-Men o Avengers. El maquillaje del antihéroe ha mejorado con respecto a su primera aparición en celuloide.

En conclusión, Deadpool es una entretenida mescolanza que se licúa tomando como punto de partida el humor físico, las comedias de enredo y un poco de poder mutante, digno de un fin de semana palomero pero que dista de refrescar algo o como algunos comentan, volverse en un ícono, quizá para el millenial lo sea, pero recordemos que éste… olvida pronto.

Gerardo Herrera

Guionista, cofundador y editor de Zoom F7