Aguas Oscuras: Todd Haynes al servicio de Mark Ruffalo

  Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Cincinnati, 1990. Robert Bilott (Mark Ruffalo), nuevo  socio de la firma legal Taft, es solicitado por Wilbur Tennant (Bill Camp) para llevar su demanda contra el emporio químico DuPont (ahora Chemours) en West Virginia. El granjero denuncia que debido a las descargas de químicos todo su ganado ha fallecido. Al principio reticente, Bilott termina descubriendo el encubrimiento de las propiedades tóxicas del teflón (causantes de cáncer en trabajadores, habitantes de la zona y consumidores de productos) e inicia una demanda contra la empresa (proceso que hasta la fecha no ha concluido).

A partir del ataque de San Bernardino en 2015 y la negativa de Apple a desbloquear el iPhone del atacante, Scott Galloway denuncia en su libro Four la defensa irracional de las empresas por parte de los consumidores; respaldo que brinda a los corporativos un status por encima del Estado. Aguas Oscuras (Todd Haynes, 2019) pone especial énfasis en los riesgos de esta facultad social y económica que convierte al gobierno en rehén de las marcas líderes (DuPont sólo es un ejemplo de tantos). 

El filme da prioridad a los riesgos de anteponer intereses comerciales frente a una crisis ambiental y sanitaria. Con precisión de revista científica, entre diálogos se explican (con demasiados datos duros) la composición del C8 (PFOA), los daños a la salud y el proceso legal; pero, pese a tanta perorata informativa, la propuesta no se vuelve acartonada ni panfletaria. Imitando el suspenso ligero de Todos los hombres del presidente (Alan J. Pakula, 1976) o Silkwood (Mike Nichols, 1983), Todd Haynes (fiel al estilo vintage) estructura una paranoica crónica de David contra Goliat, sin el reconfortante mensaje final de “los buenos siempre ganan”.  

Parecido a Safe (1995), pero más pesimista, la película expone las consecuencias del consumismo feroz y remarca el peligro latente por la denuncia pública a una organización. Según Robert Bilott (quien colaboró como asesor de guion), el principal problema es el sistema de justicia, tan viciado y corrupto que ninguna evidencia es suficiente para imponer sanciones a los grandes corporativos. En este sentido, Aguas Oscuras se diferencia de otros dramas legales (el más citado es Erin Brockovich), debido a su tono derrotista: las indemnizaciones no son resueltas en pantalla (sólo aclaradas en rótulos) y la trama finaliza en el momento más frustrante y desalentador, con DuPont apelando la investigación para agotar a los demandantes.

Un punto interesante de la película es la idea general del mundo jurídico. En la escena más intensa del largometraje, el personaje de Tim Robbins afirma que “los estadounidenses odian a los abogados” gracias a la fama de mercenarios al mejor postor. Esta autocrítica da mayor verosimilitud a la historia, ya que plantea un contexto de crisis generalizada, donde los defensores son también parte del problema. La ceguera provocada por la insensibilidad ante el dolor ajeno es  un mal asimilado por los abogados. A lo largo de las dos horas de metraje, Bilott va tomando conciencia de los problemas en su entorno; cuando conoce a Bucky (el hijo de una extrabajadora de DuPont) se produce un golpe de conciencia por el tiempo perdido, parecido al de La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993) con la chica del abrigo rojo.

En contraste con títulos similares, el relato no va más allá del tema legal y carece de una dimensión empática hacia el protagonista (el matrimonio y la vida fuera de los juzgados son apenas dibujados). Resultado de esto, algunos espectadores pueden sentir al filme plano y poco emotivo; no obstante, se agradece que la producción (al tratarse de un tema tan serio) no tenga elementos melodramáticos que nublen el verdadero objetivo de esta obra: la denuncia de las malas prácticas corporativas.

Con activismo bien dirigido, Mark Ruffalo es el principal responsable del proyecto; el ojo de Haynes sólo está para dar tono y forma al contenido. Sin nominaciones en la pasada temporada de premios, probablemente la película sólo será recordada en la memoria local estadounidense. Además, llega en un tiempo sin mucho mercado para los dramas serios y densos, en la línea de El Informante (Michael Mann, 1999) o Quiz Show (Robert Redford, 1994). Sin embargo, Aguas Oscuras merece una oportunidad de revisión, ya sea por simple interés informativo o deleite con el lucimiento actoral de Ruffalo.

Unidos: destellos de la magia de Pixar

Por: Cuauhtémoc Juárez Pillado (@cuaupillado) 

Es innegable la influencia del estudio californiano en la historia de la animación y su peso en la cultura popular: sus películas relativamente tienen garantizado el éxito comercial y la recepción positiva del público y la crítica. Sin embargo, sus más recientes proyectos han carecido de esa chispa que tanto asombra a los cinéfilos.

Si descartamos a Coco (Lee Ulkrick & Adrián Molina, 2017), los últimos lanzamientos de Pixar generaron bastantes dudas. Aunque la calidad técnica y narrativa no estaba sujeta a discusión, la falta de proyectos originales y el desarrollo de varias secuelas (cuatro entre 2016 a 2019) mantiene al público en la espera de ver una idea auténtica con la frescura de sus primeros éxitos.

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Unidos busca romper con esa percepción. Dirigida por Dan Scanlon (quien también es el responsable de Monsters University), esta película nos cuenta la historia de Ian (Tom Holland) y Barley (Chris Pratt), dos hermanos elfos que perdieron a su padre cuando eran muy pequeños. El día que Ian cumple 16 años, ambos reciben un regalo guardado por su padre: un báculo mágico y un hechizo para traerlo de vuelta por un único día. Emocionados por la oportunidad, éstos intentan revivirlo, pero algo sale mal, por lo que deben emprender una carrera a contrarreloj para completar el conjuro y poder ver a su padre por un momento.

Lo anterior sería la sinopsis de una aventura medieval al estilo de El señor de los anillos de no ser por el universo que propone, el cual se nos explica en un llamativo prólogo: en un mundo donde sólo existen seres fantásticos y mitológicos como elfos, centauros, hadas, cíclopes o sirenas, la magia era un elemento de uso común que brindaba bienestar para todas las criaturas, pero no cualquiera podía dominarla. Gracias al desarrollo de la ciencia y tecnología, un conocimiento más “accesible” para todos, estas criaturas fantásticas viven en un presente similar al mundo humano y con sus mismas comodidades (automóviles, teléfonos celulares y cheetos sabor queso). En cambio, la magia quedó relegada a un mito antiguo o un cuento para justificar juegos de mesa o menús de restaurantes.

Una vez que su universo queda claramente establecido, Unidos (Onward en su título original) centra sus esfuerzos en sorprendernos con todo tipo de referencias a situaciones cotidianas y elementos de la cultura pop, un movimiento no tan original ya que por esas mismas razones Shrek (Andrew Adamson & Vicky Jenson, 2001) se volvió el fenómeno que es en la actualidad. Quitando lo anterior, la película se reduce a una historia de lo más ordinaria: a estas alturas hablar de “El viaje del héroe” en un texto sobre cine ya es de por sí un recurso bastante quemado para presentar al lector; pero es que Unidos aplica esta estructura de manera tan literal que podríamos dedicarnos a observar cuándo aparecen en pantalla alguna de las etapas o personajes arquetípicos como el mentor.

Es justo la figura del mentor uno de los elementos más importantes de Unidos. Este concepto sirve para desarrollar el clásico mensaje familiar de las películas de Pixar y es representado de una forma bastante emotiva al final. En su aparente sencillez la trama juega de manera honesta con el desarrollo personal de los dos hermanos y su posición en el núcleo familiar, sin grandes giros de tuerca ni perseguidos por villanos maquiavélicos. Ambos se ven obligados a madurar y en el proceso tener dudas sobre sus debilidades y sus probables fortalezas.

La historia nos regala una pausa para que pensemos no sólo en nuestras habilidades personales, también en lo que le hace falta (o no) a nuestras vidas. Aunque el final se siente predecible, su emotividad lo hace efectivo o hasta cierto punto memorable debido al desarrollo de los dos hermanos protagonistas y el premio que obtienen al final de su complicado viaje.

Unidos es ese proyecto original que los fans esperaban después de varias secuelas, el cual nos prepara para los trabajos futuros de Pixar. Aunque es una película sencilla, manifiesta la habilidad de la compañía de seguir produciendo historias familiares entrañables; demuestra que todavía hay destellos de magia escondidos entre las instalaciones del estudio californiano.

Sociedad de consumo: ilegalidad y corrupción en los productos de tu día a día 

Por: Citllalli Juárez (@citlallijuaarez

“Consumismo desmedido” son descripciones recurrentes en los discursos de ambientalistas y activistas, o probablemente te remitan a tus conocidos antisistema cuando dan cátedra sobre el capitalismo y sus consecuencias. Pero, más allá de lo que se comenta en las platicas comunes, ¿cuál es la magnitud del consumismo desmedido? Y sobre todo, ¿qué sucede cuando nuestros productos de consumo diario encubren una serie de problemas como corrupción, delincuencia, ilegalidad y falta de ética en su forma de producción? 

A través de cuatro episodios independientes de aproximadamente 55 minutos cada uno, Broken (o Sociedad de consumo en español) trata de responder a estas preguntas mediante un formato documental, acompañado de una investigación de inmersión que dejaría perplejo hasta al más escéptico. 

Y es que una de las características especiales de esta serie es la forma en que se abordan las temáticas principales de cada episodio: se presenta un problema mediante el cual se desenmascaran prácticas ilegales y poco éticas por parte de grandes compañías, además de evidenciar un notorio problema sistémico en cada uno de ellos. 

La serie desvela a empresas de varios países. En el caso de Estados Unidos exhibe la producción de maquillaje falso y sus riesgos para la salud, además del involucramiento de células delictivas en la venta de estos productos. También se aborda el reconocimiento del problema de salud pública que representa el uso de cigarrillos electrónicos por parte de estudiantes de secundaria, así como la poco ética unión entre una de las principales tabacaleras del mundo y uno de los más importantes fabricantes de cigarros electrónicos.

Del continente Europeo nos traslada a Suecia, donde conocemos la lucha de un pequeño grupo de padres contra los productores de muebles de conveniencia y baja calidad, ¿la causa? Sus hijos pequeños murieron después de que un mueble mal fabricado se les cayó encima. Tales muebles son fabricados con los mínimos requerimientos de seguridad y con material que se obtiene de manera ilegal, lo cual pone en riesgo cientos de ecosistemas alrededor del mundo.

El cierre de esta primera temporada es con un capítulo destinado a visibilizar la magnitud del problema que representa la producción de plásticos, la contaminación y los daños a la salud que causa una industria que no puede reciclar ni siquiera un cuarto de lo que produce.  A su vez, expobe el control que tienen las empresas poderosas, como las que pertenecen a la industria petroquímica, en la política de Estados Unidos. Son estos detalles los que toman desprevenido al televidente y lo atrapan en una historia llena de factores inimaginables que le permiten comenzar una reflexión personal. 

Sociedad de consumo aborda el problema desde la perspectiva de los afectados y la contrapone con la de los “causantes”, dándoles una oportunidad de réplica. Sin embargo, siempre manifiesta una postura evidente sobre ellos; desde comerciantes de maquillaje falso y abogados defensores de la industria petroquímica en Estados Unidos, hasta representantes de grandes trasnacionales como IKEA o la misma Comisión de Seguridad de Productos para el Consumidor de los Estados Unidos.

De esta manera logra exitosamente transmitir un mensaje importante: como consumidores debemos ser mucho más críticos con nuestras compras, ya que, además de acercarnos a un panorama de corrupción e ilegalidad en el cual se involucran grandes compañías e incluso los mismos gobiernos, la serie ofrece un proceso de reflexión y autocuestionamiento sobre las prácticas individuales perpetúan un sistema desentendido por el medio ambiente, el consumidor y por las cientas de comunidades a las que afecta.

Emma.: el bonito anticlasismo de Autumn de Wilde

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Emma Woodhouse (Anya Taylor-Joy) es una adinerada y frívola chica inglesa. Para no perder a su amiga Harriet (Mia Goth), Emma la persuade de rechazar la propuesta matrimonial de Robert Martin –un granjero de menor status social– y aspirar al conveniente compromiso con el vicario Mr. Elton (Josh O’Connor). Previendo los posibles problemas, Mr. Knightley (Johnny Flynn) intenta convencer a su amiga de no entrometerse en las relaciones ajenas, pero ella insiste en manipular a los integrantes de su círculo social como piezas de ajedrez.

La ópera prima de Autumn de Wilde (fotógrafa de renombre en la escena musical) recuerda al debut de Tom Ford en el cine: un empalagoso festín de gustos personales. No llega al vacío naif de Sofia Coppola (con quien comparte fotógrafo), pero el atiborre de “colores pasteles” puede desconcertar a la audiencia clasicista. En otras palabras, Emma. simpatiza más con Clueless (Amy Heckerling, 1995) que con Emma (Douglas McGrath, 1996)… y se agradece.

A diferencia de la versión de Gwyneth Paltrow (blanda lectura de la novela), la Emma de Anya Taylor-Joy es mundana y arrogante. El guion de Eleanor Catton (autora de la excepcional Las Luminarias) explora y remarca los aspectos clasistas de la protagonista (casi antiheroína), llevando la comedia al terreno maquiavélico de Choderlos de Laclos (algo muy compatible con la estética new wave del filme). De hecho, el desprecio de Emma por Miss Bates (debido a la inferioridad de clase) y la irracional envidia hacia Jane Fairfax son emociones más intensas que en adaptaciones previas.

Al considerarse outsider, el mayor interés de la directora es redondear el elitismo de la joven, quien segrega a otros y se burla de la supuesta estupidez de sus conocidos. Aunque el romance ocupa una parte significativa del metraje, el foco del drama se encuentra en la destrucción del compromiso de Harriet. Por poner un ejemplo, la clásica propuesta de Mr. Knightley a la sombra de un árbol es arruinada de tajo por un sangrado de nariz, dando protagonismo a la redención de Emma tras asumir sus errores y enmendar el daño. Estos detalles argumentales convierten a la película en un complejo drama moral, muy en la línea de Amor y amistad (2016) de Whit Stillman, tremenda comedia vigente sobre la hipocresía en la alta sociedad.

El trasfondo sexual es la coqueta aportación de Autumn de Wilde al universo cinematográfico de los clásicos literarios. Si quitamos la nada erótica escena de Colin Firth saliendo del lago, la sensualidad había sido vedada en las adaptaciones de Jane Austen. Los semidesnudos de Flynn y Taylor-Joy dan una dimensión madura y soez al romance (parecida a los grabados de Fanny Hill); tensión sexual apenas sugerida en Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005), con los planos cerrados a las manos de Elizabeth y Fitzwilliam.

De acuerdo con una entrevista para Screen Rant, la directora tuvo especial detalle en la construcción de Mr. Knightley, mostrándolo como un hombre vulnerable y frágil; imagen contradictoria con el estereotipo austeniano de Mr. Darcy (hombre benefactor e inquebrantable). El personaje de Johnny Flynn se encuentra en crisis emocional con arranques de frenética desesperación (un detalle romántico y encantador), parecido al sedado Pete Doherty de Confession of a Child of the Century (Sylvie Verheyde, 2012). En general, la trama fue actualizada a una humorística perspectiva millennial, alejada del acartonamiento formal de la BBC.

El vestuario de Alexandra Byrne (responsable de los impecables atuendos de la Elizabeth de Shekhar Kapur) da mayor profundidad psicológica; define las personalidades y estados de ánimo de los protagonistas mediante colores y texturas. También, la música brinda bastante información al espectador. La compositora Isobel Waller-Bridge (hermana de ya saben quién) se inspiró en los Looney Tunes para dar melodías específicas a cada rol. Conforme más te adentras en la obra de de Wilde, descubres un sinnúmero de atractivos detalles. De momento, Emma. ya ha logrado hacer moderado ruido entre los críticos, lo que significa un éxito para cualquier título de época (separándose de las producciones genéricas). Sólo el tiempo confirmará si es imprescindible o un rico aperitivo con bonitos decorados. 

Uzi: la historia de un sicario retirado

La vejez es entendida como esa etapa impasible, cuando el ser por fin descansa tras una vida de -demasiado- trabajo y emociones, aunque actualmente trate de extenderse la “vida útil” tanto como se pueda, pero ese es otro tema. En un pasar por el mundo tan extenso, ¿qué tantas historias encierran esas arrugas y esos pasos ralentizados por el tiempo? ¿Quién es, en realidad, ese amable viejecito de la colonia?

El quinto proyecto largo del salvadoreño Pepe Valle gira en torno al anciano Uzi, quien comparte apodo con un arma rápida, pero también es diminutivo de Uziel. Este tranquilo señor que administra unos baños públicos en estado decadente, era un sicario mayor durante su juventud. Ahora, contemplando la quietud de su edad, le llega una oferta que podría incrementar su nivel de vida, lo que inicia un debate moral interno.

¿Un antiguo matón que siente remordimiento por el daño causado, enmarcado en la época más violenta en la historia del país? Eso da para contar. La película aprovecha su contexto al insertarlo en elementos como el ruido alrededor del protagonista (el sonido de la televisión o el radio, por ejemplo) y lo contrasta con su evidente desinterés. Oye, pero no escucha. Esto es notorio en la configuración de la escena, donde las figuras enfocan su atención en otra cosa; planeación que denota astucia del director.

En el primer medio del filme, el relato se concentra en el flemático deambular del anciano por la vida. Simplemente existe, pero no hay mayor motivo para que permanezca. A partir de que esta oferta de “último trabajo” le llega, la historia vira hacia un tono más reflexivo que permite insertar consideraciones alrededor del tiempo y su extraña duración.

Desde un suceso en el que participa, el cual involucra directamente a la vida (hilo inserto con calzador), comienza a lamentarse con más fuerza y a meditar sobre la valía de estar presente, de vivir. Esta segunda parte del largometraje es la más completa en cuanto a crecimiento argumental y subtextual, a pesar de sus detonantes apresurados y un tanto -muy- convenientes.

Otros elementos a valorar son el guion y las actuaciones. La ubicación espacial de los sucesos, una colonia popular en los suburbios mexicanos y todas las interacciones -en papel- son verosímiles en su vocabulario, expresiones y locaciones, sin embargo, el manejo del elenco no consigue empatar las virtudes de su libreto. Hay momentos de falta de rango dramático y otros de sobreactuación, en especial aquellos instantes cuando interviene la pareja joven del inicio, quienes son importantes para el meollo de todo el asunto. Un caso de histrionismo bipolar.

Con formas poco usuales en la narrativa nacional, las cuales optan por la semicontemplación de las situaciones con cámara fija en momentos que se sienten largos, el desarrollo de esta película puede percibirse lento, pero no considero que sea inadecuado para el discurso pretendido. Es decir, una historia sobre la vejez, las apariencias, el tiempo y la existencia en general no podía ser tan acelerada si quería ser congruente con su trama. Si bien, el ritmo decae considerablemente por momentos, los matices que logra concretar (sin una profundidad enorme), sí dan posibilidades para entablar diálogos reales con el espectador.

Uzi es una película interesante por su pertinencia y las conversaciones socioculturales extrafílmicas que puede sostener. Muestra soltura en las capacidades de un director de breve carrera y eso siempre es valioso. Rompe ritmos y ciertas generalidades en este retrato de un personaje que, lamentablemente, irá siendo cada vez más común en la población mexicana: los viejos sicarios. Arrepentidos o no, existirán y a montones.

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El pájaro pintado: una atmósfera sofocante y sublime

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

El pequeño Joska (Petr Kotlár) pasa los días en la granja de una anciana. Cuando la mujer fallece, el chico comienza a deambular por las aldeas de Europa del Este, devastadas por la Segunda Guerra Mundial. Debido a su ascendencia judía, Joska sufrirá humillaciones y maltratos durante la odisea que destruirá su infancia. 

¿Alguna vez tus abuelos o padres te dijeron “esto no pasaba en mis tiempos”? Pues El pájaro pintado es una historia que cuestiona la visión idealizada del pasado, cuando los Derechos Humanos no eran el pilar central en la convivencia social. Los nueve episodios de la película dirigida por Václav Marhoul muestran el siniestro lado B de Europa: aquel que incluye fanatismo religioso, superstición, xenofobia, misoginia, pederastia y otros crímenes comunes en el “civilizado” mundo occidental.

No obstante, a pesar de las críticas de la audiencia escandalizada en Venecia y Toronto, la obra está muy lejos del voyeurismo de tortura infantil que podría esperarse de una adaptación del libro homónimo de Jerzy Kosiński. A diferencia de otras películas sobre la maldad provinciana (el referente más famoso es La cinta blanca de Haneke), el coro se integra por una heterogénea cantidad de personajes perversos y bondadosos. Marhoul no se obsesiona con la violencia explícita y da prioridad a la compleja transformación del protagonista.

Joska no es una “bola de sebo” cualquiera, el héroe tiene claroscuros que toman fuerza mientras avanza el filme (en tono más picaresco). Durante los últimos episodios, el chico es aleccionado sobre un valor específico: la justicia. El “ojo por ojo” y los actos de venganza se transforman en resistencia contra la hostilidad del mundo. Casi en el desenlace, el joven Joska comete un “crimen” tremendo, pero el buen manejo de la trama nos hace entender el hecho como consecuencia razonable de la impunidad acumulada (la historia entera está estructurada para llegar a ese punto); una experiencia cercana a la revancha final de Dogville (Lars von Trier, 2003), pero sin el moralismo ni la indulgencia del danés.

Marhoul rescata de la novela la perspectiva imparcial de Kosiński sobre la Segunda Guerra Mundial, ya que no existen juicios contra ningún  bando. Los personajes de Stellan Skarsgård y Barry Pepper (uno nazi y el otro soviético) protagonizan dos bellísimos giros de tuerca en el infernal viaje de Joska, representando los últimos restos de filantropía en plena masacre. En contrapunto, los momentos de áspero sadismo tienen guiños a la tradición del cine europeo de los 60 y 70 (y no sólo son la gratuita filmación de violencia gráfica). Como lo hacían en el pasado Andréi Tarkovski y František Vláčil (de quien homenajea varios planos de la extraordinaria Marketa Lazarovà), el director crea una rústica atmósfera sofocante y sublime al mismo tiempo, gracias a que las escenas poseen un orgánico significado metafórico, nada impostado (como sí sucede en algunas producciones del mal nombrado “elevated horror”). El capítulo Lekh y Ludmila es el mejor ejemplo de esa riqueza poética.  

La lucidez narrativa del largometraje se debe al oportuno trabajo de adaptación. De acuerdo con entrevistas, Marhoul realizó una depuración de la novela, eliminando toda la paja redundante y partiendo sólo de la experiencia general de la lectura. Aunque la historia es casi costumbrista, el relato coquetea más con la fantasía y la ciencia ficción. En la dirección de Qué difícil es ser un dios (Aleksei German, 2013) y November (Rainer Sarnet, 2017), los departamentos técnicos produjeron una singular ambientación entre el medievo y la Segunda Guerra Mundial, un universo alterno donde la magia negra y lo sobrenatural son posibles (pero no visibles). Tal ambigüedad da mayor oscuridad a El pájaro pintado y un aire de siniestro Apocalipsis atemporal.

En el montaje está el resto de logros. Las escenas con poca acción están conformadas por varias tomas, lo que produce un aparente letargo bergmaniano con ritmo de cine comercial. La soltura en la edición hace prescindibles a los diálogos; una mirada o un silencio son suficientes para vislumbrar las emociones de los personajes. El lenguaje cinematográfico usado tiene personalidad propia y mantiene su alta calidad durante las tres horas de metraje. Probablemente, El pájaro pintado será más recordada por su contenido explícito que por la brillantez autoral de Marhoul; una osadía artística que se agradece.

Mano de obra: conversaciones con el entorno

El cine mexicano está en un momento singular. En un extremo tenemos que, como desde hace mucho no se veía, las entradas a películas nacionales están registrando un nivel alto. Afortunada o desafortunadamente -dependiendo de su óptica-, estos productos vienen casi exclusivamente de la comedia/comedia romántica. En contraparte, está el gran momento expresivo -en palabras del propio Jorge Ayala Blanco- que vive nuestra (no) industria cinematográfica. Cada vez es más común que los cineastas mexicanos hagan ruido en festivales internacionales con propuestas muy completas y hasta frescas.

Mano de obra, ópera prima de David Zonana, comienza fuerte. El hermano de Francisco (Luis Alberti), el protagonista, cae del techo de una casa que están construyendo en compañía de otros albañiles. Desde ahí, se elabora alrededor de la injusticia que combate el trabajador por la falta de compensación a la viuda y en torno a la técnica okupación de la casa en la que trabajaban tras la muerte del dueño.

En palabras del propio director, este es un relato sobre la dignidad y su importancia. Tal como refleja la trama, sus salarios no son buenos, suelen ser ignorados por los patrones e incluso por los propios compañeros sindicales; prácticamente, edifican una vida ajena… viviendo en ella.

Esta existencia itinerante queda expuesta con gran virtud en la delimitación de los personajes, lo que denota un trabajo de investigación considerable. Usualmente estas personas tienen un segundo trabajo para mantenerse, sus hogares no son tan bellos como los que crean y tienen una idiosincrasia peculiar, producto de su común falta de educación formal y experiencias vivenciales. Se ríen de cosas específicas que rodean a su labor, su vocabulario es florido -por decirlo de alguna manera-  y tienen un sentido de unión fraternal muy fuerte. La pertenencia también es producida y no obedece a espacios físicos, pues ellos regularmente habitan diferentes sitios. Este perfil psicológico queda bien representado debido, en parte, a que albañiles reales fueron parte del elenco.

Las conversaciones de la pantalla con su exterior son otro punto provechoso. Es decir, si bien cada vez proliferan más producciones nacionales de gran entereza técnica y narrativa, no me parecen abundantes las que se involucran con su entorno, con el contexto de donde emergieron; en este caso, el carácter de un barrio bajo que se inserta en una propiedad rica y se apodera de ella. Dada la verosímil imagen que plasmó el largometraje de seres mundanos en un monstruo pomposo de concreto y adaptado a su estilo de vida; de sus colonias populares; de sus carencias, pensamientos y aspiraciones. Con tal fidelidad, considero a estos diálogos el matiz fílmico y extrafílmico más virtuoso de la película.

En cuanto a realización, no se perciben aspectos onerosos, sino precisos. Suficiencia técnica, particularmente en el departamento de fotografía que opta por una cámara fija y maniobrar con el encuadre para capturar generales o los detalles necesarios. El primer plano es especial y potente. Las acciones se ubican en diagonal y sólo vemos al sujeto caer. El ojo permanece estático. Este tipo de trazos abundan y, aún sobrios, son adecuados para la acción y las sensaciones pretendidas.

Leí muchos comentarios que hacían comparaciones muy osadas entre Parásitos, obra maestra contemporánea de Bong Joon-Ho, y este filme. Me parece un símil desorbitado. Aunque ambas giran alrededor de la desigualdad y maneras de “contrarrestarla”, pero los contextos y meollos son sumamente diferentes. Y eso tampoco es algo negativo. Mano de obra es un debut que, sí, posee flaquezas narrativas especialmente en el ritmo y la concatenación de escenas, es por demás competente y demuestra oficio en la dirección. Será pertinente continuar revisando la obra de Zonana. Insisto en el mérito de establecer contacto con sus marcos, una cualidad que no muchas películas mexicanas actuales tienen.