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Vivir para contar historias | Entrevista con Denise Roldán, directora de ‘Camille’

Vivir para contar historias | Entrevista con Denise Roldán, directora de Camille

Por: Tonatiuh Aguilar

En México la producción de cine de animación es muy limitada, pero aún más lo es su exhibición. De acuerdo con el Anuario Estadístico de Cine Mexicano del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), de los 259 largometrajes y 842 cortometrajes producidos en 2021, el cine animado representa el 2% y 8% respectivamente. Asimismo, de las 70 producciones mexicanas estrenadas en salas de cine el mismo año, sólo una es animadan. Por otro lado, en el mismo documento se contabilizaron 58 apoyos para financiar la producción y exhibición de cine nacional el año pasado, pero únicamente el 7% se destinó a distribución y exhibición, es decir alrededor de 4 o 5.

Por todo lo anterior es que las producciones independientes necesitan encontrar otras formas de financiamiento para poder terminarse y llegar al público. Tal es el caso de Camille, un cortometraje animado (en etapa de postproducción) que se empezó a gestar desde hace más de cinco años en la mente de Denise Roldán, locutora, crítica de cine y colaboradora recurrente de los canales de Youtube Zoom F7 y Cine Para Todos.

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La historia del corto surgió cuando la hermana de Denise le pidió que escribiera un cuento infantil para un proyecto en el que estaba. Desde entonces, la idea que se quedó dando vueltas en la cabeza de la ahora directora, y fue por ello que la trasladó a un formato de guion cinematográfico. Luego de unos años logró obtener un apoyo de IMCINE para producir el cortometraje que explora el conflicto emocional de una niña que se siente sola.

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Sin embargo, el fondo conseguido fue limitado, así que para darle los toques finales y tener los recursos para enviarlo a diferentes festivales una vez terminado, el equipo de Camille junto con Zoom F7 pusieron manos a la obra para hacer una campaña de recaudación de fondos. El objetivo: juntar 190,000 pesos en sólo 48 días. Así que poco a poco la campaña se dio a conocer, y llegó a muchas personas que vieron en Camille una historia que merecía ser contada y vista como su creadora la imaginó. Finalmente, un par de días antes de que terminara el plazo para aceptar donaciones, se llegó a la meta. 

Pero ¿quién es Denise Roldán?, ¿de dónde viene su deseo de contar historias? y ¿por qué debemos estar atentos a la finalización de su cortometraje? Esto y más —como su visión en el futuro cercano y la experiencia haciendo Camille— nos cuenta en entrevista. 

¿Cómo te sientes ahora que terminó la campaña de crowdfunding y cuál es el siguiente paso con Camille?

Me siento agotada, drenada de energía, pero al mismo tiempo muy aliviada, muy contenta. Es muy pesado tener una campaña en activo mientras también está la producción, mientras también estoy trabajando, porque mi trabajo como locutora nunca lo he dejado durante este tiempo. Eran tres cosas con las que tenía que lidiar. Tener a cuatro bloques gigantescos de mí que me estaban jalando para su lado fue agotador. Por ese lado me siento aliviada de que haya terminado, y contenta porque salió a flote. Y al mismo tiempo me siento comprometida con la personas que han confiado en nosotros y en nosotras para entregarles algo que sea digno de su confianza. Le decía a nuestra colaboradora Dorelai, con quien he llevado hombro con hombro esta campaña: “Ok, terminamos esta parte de estar súper al pendiente de las redes y así, pero viene la otra, que es contactar a todas estas personas, escribirles, ver cuál es su recompensa…”. Una logística que tiene que ver con la segunda etapa de la campaña. Terminó la etapa más visible, porque te diría que como cualquier otra cosa, tiene su pre, organizar todo; su pro, una producción mientras se estaba haciendo; y ahora tenemos una post de concretar todas las recompensas y demás.

Y en torno a Camille, lo que queda es trabajar, dejar todo en la cancha para que sea un gran producto y que esté listo cuando tiene que ser, que es a finales de este año. 

Si pudieras hablar con la Denise hace dos o cinco años, cuando empezaste con todo esto, ¿qué le dirías para que fuera más ameno el camino que has recorrido? ¿Qué consejo le darías o qué te hubiera gustado saber antes?

En términos de conocimientos duros o conocimientos útiles le diría que se clavara mucho más en referencias visuales. La Denise de ese entonces (y aún de ahora) tiene un back muy importante en la narrativa y tenía muy en claro sus referencias en cuestión de estructura narrativa, pero no tan claras sus referencias visuales. Muy probablemente si las hubiera tenido más claras desde el inicio, hubiera sido, no diría que menos difícil, pero tal vez un poco más conciso, más enfocado.

Creo que todo el proceso de realizar Camille ha sido una prueba, un estar probando de esto y de aquello, y tiene que ver mucho con mi personalidad; hay veces que yo no estoy tan segura de ciertas cosas hasta que no las veo, hasta que ya estoy ahí, y eso me da la certeza de decir “sí, esto es lo que quiero”, como cuando vas a la heladería y dices “me da una probadita de este y de aquél”, y así es como termino de tomar una decisión. Pero creo que ningún consejo más allá de la parte técnica de referencias o de clavarme más en el tratamiento de la imagen y con el uso de lentes, con el uso de algunos programas en específico sobre animación. Por ejemplo, me hubiera gustado mucho saber Maya, creo que eso me hubiera ayudado a setear la cámara de una forma más personal y más orgánica. En cuestión técnica es lo que le diría, pero no habría ningún consejo general que pudiera transformar para mejorar esta travesía, porque muy probablemente como sucede en esas películas de viajes en el tiempo, si no ves algo, otra cosa va a surgir. Entonces no habría manera de evitarle a la Denise de estos años todos los tropiezos, las dudas, las incertidumbres… No habría manera. En una de esas la ayudo un poco con estos dos elementos y diciéndole que tenga más seguridad en sí misma, que tenga más paciencia y que siga rodeándose de las personas que creen en lo mismo que ella

Volviendo a Camille, ¿ya tienes claro a qué festivales lo vas a mandar?

Clarísimo no, pero desde que empecé esto tenía muy en claro que yo quería estar en Annecy (Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy) y en Sitges. En Annecy porque está en el top de festivales dedicados enteramente a la animación. En su momento llegué a aplicar con Camille para una división que se llama Animation Du Monde, que es cuando le dan oportunidad a animaciones de países que no tienen un fuerte en animación, básicamente los que no sean Japón, Estados Unidos… No quedamos, pero eso sería un logro desbloqueado. Y en Sitges porque es un festival de género. Imagínate, ahí ha estado Cronenberg, han estado cineastas de esa talla. Obviamente no aspiro al premio grande ni nada por el estilo, pero que algo que tú has trabajado por tanto tiempo esté en esos espacios donde has visto a esas personas a las que tanto admiras, y que de repente digas “está [mi corto] en el mismo espacio”, por supuesto que da mucho orgullo, principalmente porque es un festival de género donde a veces no se les da tanta visibilidad a las creaciones que no entran en un espacio más consolidado o más respetado, ahí donde están las (con un mal utilizado término) ‘películas de drama’

¿Qué anhelas que pase con Camille? ¿Qué resultados buscas obtener?

Primero, algo que tiene que ver directamente conmigo, más allá de la producción, algo que quiero lograr es haber concretado el corto. Es un logro personal en el sentido de toda esta travesía y este trayecto de autoformación que he tenido. No he ido a una escuela de cine, no he ido a una escuela de animación. Es una forma de concretar todo lo que yo he aprendido, lo que me ha movido para crear esto. Es como decir “por fin salió de mí, por fin ya tiene autonomía y no vive a través de que yo lo cuente, no vive a través de que yo atraiga a las personas para trabajar en esto”. Al final de cuentas es la primera cosa que me permitiría decir “Ok, esto está terminado, está completamente desprendido de mí”.

Y más allá de la satisfacción personal y el crecimiento profesional, soy de la idea que la animación en México, especialmente los cortometrajes, tienen una propuesta mucho más precisa, mucho más audaz que la que tienen los largometrajes. Porque es un proyecto muy individual en el que no traes atrás un presupuesto que muy probablemente tengas que regresar con el dinero que genere. Entonces, por eso creo que la animación en pequeños formatos es más audaz en ese sentido, tiene más libertades; y la animación mexicana en ese aspecto creo que ha demostrado tener mucho con qué trabajar. Parte de mi logro es incrustarme en esa propuesta que conozco, que es muy valiosa. Por supuesto me llenaría de orgullo saber que el equipo consiguió ser parte de esas mismas propuestas creativas, y que fundan un gran precedente del gran talento que hay en México en la animación.

La propuesta —que fue algo que se pensó desde que yo escribí el corto— es alejarnos un poco de la idea de que la animación tiene que ser infantil, la animación tiene que ser para niños, la animación tiene que ser casi didáctica. Hay algo que no le permite despegarse de todos estos sobre entendidos, y quiero pensar que Camille, al ser una propuesta que se vende como algo muy tierno, pero que empieza a tener una curva hacia otras temáticas, hacia otros ambientes, está abonando a la línea de que la animación no debe ir hacia esos lugares comunes como nos han dicho.

Estaba pensando justamente en la serie de HBO Max, Frankelda, que son historias muy cortas, muy bien contadas, que aunque tienen algo como para niños, al mismo tiempo no. Creo que tienes razón en el sentido de que algo más chiquito puede ser más significativo.

Más arriesgado, diría yo, porque ahorita que mencionas lo de Frankelda, que es como un producto para público joven y que tiene como algunos tintes de terror, yo crecí con programas como ¿Le temes a la oscuridad?, Cuentos desde la cripta, que eran para adolescentes y niños, y sin embargo no le tenían miedo a generarles miedo a los niños. Creo que ahora es muy difícil encontrar un producto de ese calibre porque posiblemente lo verían como algo agresivo, como algo que no es propio para las infancias o las juventudes, pero estaba menos penado cuando yo era niña. Creo que por eso quisiera explorar todo lo que te permite el mundo de la animación, la exploración visual, con este tipo de temáticas; ese sería también un objetivo, y pienso que Camille es un buen punto de partida.

Durante el proceso que has tenido haciendo Camille, ¿en algún momento tomaste clases o cursos sobre algo que hayas necesitado aprender o fue todo sobre la marcha?

Todo este tiempo estuve tomando cursos. Tomé un curso sobre análisis narrativo de animaciones mezclado con algo así como historia de animación del mundo, que a mí me ayudó muchísimo justo por esta apertura visual que a veces no tienes si no te pones a buscar en la red. En el curso, el profesor hizo un recuento de animaciones canadienses, mexicanas, británicas, rusas, estadounidenses… un poquito de todos lados, y eso me abrió un espectro gigantesco. La mayoría de los que crecimos en los 90 y en los 2000 somos hijos del TLCAN porque eso fue lo que más nos llegó y configuró nuestros cerebros, esa cultura pop audiovisual de Estados Unidos. Entonces, cuando empiezas tú solo o sola a acercarte a otros espacios, ese espectro se hace mucho más amplio y eso me sucedió con ese curso.

También tomé uno sobre recaudación de fondos para proyectos creativos, que muchas veces uno deja eso de lado porque se te olvida que para que logres la parte bonita y creativa, necesitas esto otro, necesitas las monedas. Tomé un curso de producción, también estaba lo que yo iba leyendo, el curso que tomé con Gerardo Herrera de dirección, posterior a la escritura de Camille con el [curso] de guion. Todo era lo que me había estado llamando la atención, herramientas a las que yo podía acceder para ir nutriendo lo que yo soy, pero no precisamente sabiendo que las iba a necesitar con Camille. Ya cuando llegó el momento dije: “pues bueno, lo voy a tener que poner a prueba. Vamos a ver si funciona”. Y pues hasta el momento va funcionando.

Ahora que mencionas lo del curso con Gerardo, sé que primero empezaste Camille por un encargo para un proyecto de tu hermana. ¿Cambió mucho tu primer tratamiento del guion a lo que tuviste al final?

Cambió mucho de lo del encargo de mi hermana, pero ya tomó forma con el taller de guion. Trabajé dos versiones. En la primera nunca cambió como tal la serie de acciones. Donde sí cambió fue en el salto del guion al storyboard, porque hay ciertas cosas que en papel funcionan, y eso es una de las cosas que también me he dado cuenta al ser la guionista, la directora, y la productora: que diferentes etapas te permiten ver diferentes cosas. En la etapa de escritura a veces no se necesita ser tan metódico ni tan explícito porque la misma palabra te lo permite. Por ejemplo: ‘el personaje está enojado’, entonces la palabra ‘enojado’ te da luz de algo, pero visualmente cuando ya lo tratas en el storyboard, quizá piensas “¿de qué forma voy a mostrar que está enojado?” Y entonces hay algo que no alcanzaste a ver a la hora de la escritura, pero pasas a la etapa de producción y te das cuenta de que eso mismo que tú habías planteado en dibujo posiblemente no lo vas a lograr porque no tienes ni el tiempo, ni los recursos, ni a la gente adecuada para hacerlo. Son tres cosas que te permiten ver qué tanto puedes lograr lo que habías planteado en ese momento en una hoja. Y te diría que el gran cambio sucedió del guion al storyboard, porque también si trabajas el storyboard con otra persona, muy probablemente —y si te interesa que esa otra persona aporte— va a haber otros cambios, habrá oportunidad de que esa persona te diga “siento que esta acción está trillada” o “siento que esta acción no es clara para esto, yo te propongo esto otro”. Y ahí diría que ya es una reescritura, a diferencia de los otros procesos, porque sí hay una reformulación de las acciones —y de acuerdo a lo que sabemos sobre el guion, que es la estructura de acciones que me permiten ver cómo se va desenvolviendo la trama—. Es una suerte de reescritura de tu guión.

Mencionaste que actúas como directora, productora y demás. Por lo general, en diferentes contextos y con distintas personas actuamos de forma diferente. ¿Descubriste una nueva Denise en este proceso?¿Es Denise la directora diferente de otras Denise?

Creo que descubrí a alguien que puede gestionar un equipo con una carga de responsabilidad. Antes lo había llevado a cabo con cosas más personales, pero no con algo de esta magnitud que implicara apoyos gubernamentales, campaña de crowdfunding… Creo que descubrí a una Denise un poco más enfocada, que podía lidiar con muchas cosas al mismo tiempo. Descubrí que puedo ser alguien que también tiene esta idea de “quiero no ser una villana”, porque eso no me gusta; quiero ser una líder, que me respeten porque he creado un ambiente de colaboración y no porque me tienen miedo, no porque “¡ay, qué va a decir la directora!” Eso no me gusta. Descubrí que puedo gestionar un equipo desde la camaradería, desde la empatía, desde la horizontalidad. Sí, soy la directora, soy la que lleva las decisiones finales, pero no estoy construyendo Camille yo sola, lo estoy haciendo con una suma de talentos, así que me parecería antiDenise ser dictadora y decirles: “¡Pues vas a hacer esto porque lo tienes que hacer!”.

Nunca he sido esa persona. Entonces, en el momento en el que tengo esta posición, he descubierto que puedo liderar sin caer en agredir, sin obligar a la gente a hacer algo que no quiere, siempre con un grado de respeto. Muchas veces creo que en el medio hay esta idea de superioridad de la figura de dirección, y a lo mejor de ahí viene que yo quisiera trabajarlo diferente con el rol model que es para mí Agnes Varda, quien decía: “A mí me gusta más hacer documentales porque no está esta idea de ‘Sí, señora directora. No, señora directora’”; como esta pleitesía, algo muy jerárquico en el set. Y yo dije “tiene mucha razón, estoy de acuerdo con ella, yo veo que eso es más humano”. Eso es lo que he tratado de hacer, y es lo que descubrí de mí: que puedo hacerlo, que hay límites, que hay formas de guiar a un equipo siendo correcta, humana y hasta amiga

Estudiaste Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras. ¿Tienes preferencia por contar historias de manera audiovisual? Y si sí ¿por qué?

Sí, tengo preferencia por la narrativa audiovisual porque yo me considero en este orden: espectadora, lectora, escritora, directora. Espectadora porque crecí viendo la televisión. La televisión fue mi nana, mi arrullo en las noches, mi gran amiga; todo el tiempo yo veía la televisión. Si mi mamá no me dejaba salir a jugar con los niños de la cuadra, yo me la pasaba viendo la tele. Configuré mi educación audiovisual a partir de la televisión. Después me di cuenta que muchas historias también podían estar en papel. Mi papá es un gran lector; él ama leer, y siempre encontraba una oportunidad para decirme “oye, Denise, ¿no quieres un libro?”. Me acuerdo que nos regalaron a mi hermana y a mí, cuando éramos niñitas, dos libros que marcaron mucho mi gusto por las historias. Un libro de mitos universales del mundo, grecolatinos, orientales, mexicanos… era un librito muy mono, de pasta dura, con ilustraciones y demás. Nos encantaba leer ese.

De repente mira hacia arriba y ve el libro del que me estaba hablando. Se alza, lo toma y me lo muestra. En la portada se lee «Cuentos maravillosos del mundo entero» ilustrado con un niño, una anciana y una casa de otra época.

Aquí lo tengo. Este librito nos lo regaló una de mis tías. No te voy a mentir, este era mi cuento favorito.

Abre el libro en el cuento y me lo muestra. Se ve un dibujo de una muerte con una hoz, mirando de frente.

Me daba un miedo tremendo, porque la ilustración está pesada para una chavita, pero a mí me encantaba; y lo que hacíamos mi hermana y yo era ponerle una servilleta aquí…

Pone la mano sobre la cara del dibujo de la muerte.

…para poderlo leer sin que nos diera miedo. El caso es que así se fue configurando el gusto de “las historias también están ahí, las historias también pueden estar en los libros, pero tú tienes que desenterrarlas”. Yo llegaba a esa conclusión. La televisión para mí era como “Me siento y la tele las desentierra por mí. Cuando lees eres tú el que las va a desenterrando” o por lo menos esa era la noción que yo tenía como niña. Y luego voy creciendo y me pregunto “¿en qué tendré alguna habilidad?” para cuando debes elegir carrera. Yo no me sentía hábil para algo en particular. No sé si a ti te pasaba que tenías compañeros que decían: “yo siempre me vi como doctor”, “yo siempre me vi veterinaria”, “yo siempre me vi…”, y lo tienen muy claro. A mí eso no me pasó, yo veía que lo único que tenía en claro era que me gustaban las historias y sanseacabó. Yo dije “¿apoco alguien me va a dar trabajo por eso? No creo”.

Primero estudié Comunicación dos años, y fui muy infeliz porque no era lo que yo necesitaba. Ingenuamente lo que me llevó a meterme a esa carrera es que tenía que ver con el cine, con la escritura creativa, con el periodismo, y todo tenía que ver con la escritura. Para cuando me di cuenta que el cine se escribía y que puede tener su génesis en un guion, dije “eso es lo que yo quiero hacer. Eso es en donde yo quiero estar”. Cuando me di cuenta, dije “yo quiero escribir historias. Yo quiero contar cosas, pero qué voy a contar si no sé más cosas, si no tengo un bagaje cultural más amplio”.  Entonces apareció en el mapa Letras. No entré por querer ser escritora, entré porque pensé “aquí voy a aprender cómo han contado otros y otras. Aquí voy a entender la mecánica de construir un relato”. Y eso fue lo que aprendí. Aprendí siendo lectora, y en la carrera siempre te lo dicen, que no llegas ahí para aprender a ser escritor ni escritora. Y es muy cierto, no vienes a ser escritor. Yo creo que la carrera de Letras Hispánicas te vuelve una mejor lectora, porque aprendes a diseccionar, a analizar esos textos desde la entraña y desde lo que tiene que ver hacia el exterior. Entonces pensé que “esta es la mecánica, así se construyen los relatos, o por lo menos así lo han hecho estas personas. ¿Cómo lo aplico ahora a este lado [en las películas]?”. Entonces me empecé a meter con temas de guion para encontrar los mecanismos que tiene lo audiovisual para construir sus propias historias, pero el entramado narrativo ya lo había entendido de este lado. 

¿Qué piensas que te permite el cine animado que no lo hace el live action?

Creo que en particular en esta historia me permitía jugar con las formas para darle aún más peso a ese giro de tuerca que lleva la historia, porque si toda la estética era tan infantil, lo que te permite la animación es esa deformación —si ese es tu interés— de las figuras, hacerlas más estilizadas. Las estilizas en función de algo. Yo en este sentido quería estilizarlas para hacer un ambiente infantil y cálido, y de repente irlo trastocando, llevarlo hacia otra cosa. Siempre lo imaginé en dibujos, nunca lo imaginé con personas; creo que me ayudaba a que se sintiera más cercano a lo fantástico, a algo que aunque viene de la realidad, se puede estirar más esa liga de la realidad a partir de algo que parece real pero no lo es. Y digo fantástico no entendiéndolo como faunos, bosques y esas cosas, sino como un elemento que irrumpe en la realidad, que que se incrusta y que la tambalea, porque es una ruptura de lo cotidiano. Ahí entra mucho de lo que tiene Camille: algo que se plantea como cotidiano y que luego algo lo rompe. Pensaba, y aún lo pienso, que la animación me lo permitía por crear estos mundos desde cero, por estilizar las figuras humanas y lo que entendemos por cotidiano. Me era más fácil visualizarlo animado que con personas. Muchas personas me dijeron: “¿por qué no lo haces con personas?, ¿por qué no lo haces incluso con adultos?”. Me daban alternativas para hacerlo desde hace muchos años en live action, pero yo decía “no, va a perder esta intención de tomarte por sorpresa de cómo algo tan tierno termina así”.

Entonces en el futuro bien podrías contar otras historias en live action con personas reales.

Sí, sí.

No estás exclusivamente con cine animado.

No, la verdad es que sí se me antoja también trabajar con personas, porque en una de esas charlas que he tenido sobre Camille les decía que me hizo falta la vivencia de set, esa vivencia de estar con las actrices, los actores, de ir dirigiéndolos. Estar en esa comunicación con los intérpretes. Sí sentí que me hizo falta. La tengo [la comunicación] con las y los animadores de Camille, pero es diferente, ya que cada quien está en su casa y todo el equipo está regado por la república; no es como tener una sala para estar platicando entre todos cómo se mueven los cuerpos y cómo se mueve todo. Hay que adaptarse a lo que tenemos de trabajar vía remota con la pandemia, etc. Pero definitivamente sí me gustaría explorar algunas narrativas en live action. Tengo en la mente que quizás hasta me aventaría a escribir un largometraje, pero primero me aventaré a escribir otros dos en animación. No sé si yo los dirigiría, pero me aventaría a escribir otros dos para animación y algo que fuera un libro.

¿Tienes algún objetivo personal como cineasta?

Creo que de unos meses para acá es que me estoy considerando cineasta. En ese sentido me cuesta trabajo ponerle un objetivo en particular a la Denise cineasta. Creo que de todas estas versiones que te di —de espectadora, lectora, escritora y ahora directora—, lo que las une es contar historias. Creo que el objetivo de todas ellas ha sido contar historias. No importa cómo, no importa en qué momento. Incluso contar historias para mí misma, como esos relatos que escribo para mí. Entonces el objetivo como cineasta —que cuando termina esta palabra dije ‘Ah, caray. No lo había concebido directamente para mí’— me cuesta todavía asimilarlo, pero te diría que el objetivo primario ya está: contar historias desde esa inquietud del cine. Y el día en que yo vea proyectado Camille en la pantalla, creo que el objetivo de la Denise de hace seis años se habrá cumplido. El que siga se la dejaré a la Denise del futuro, porque conforme vas sumando escalones te vuelves más ambiciosa de hasta dónde quieres llegar, hasta qué tan arriba quieras llegar. Es algo que quisiera pensar que seguirá en lo mismo: en contar algo. Ya sobre un objetivo particular más preciso, como de ganar dinero…

Tal vez trabajar con alguien o en algún lugar.

Pues el día que yo conozca a Park Chan-wook me va a dar algo [se ríe]. Algo me va a romper. Pero me encantaría, como un objetivo como cineasta, me encantaría que Dudamel (compositor y director Venezolano) estuviera involucrado en la música de algo que yo dirigiera. Sería un sueño hecho realidad.

Texto realizado en el Taller de periodismo cinematográfico de Zoom F7

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