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La civil: tan cerca del espectáculo | Crítica

La civil critica

La tragedia pareciera atravesar aparatosamente la identidad del cine mexicano. Reflejo de una realidad hostil, numerosos títulos abordan directamente el tema de las desapariciones; desde documentales como Las tres muertes de Marisela Escobedo o ficciones como Sin señas particulares. Más allá de la denuncia, el cine funciona como vehículo de empatía: nos acerca a una realidad que muchas veces deseamos negar, nos recuerda la importancia de los casos y nos dice que más allá de cifras, se trata de vidas humanas con familias de por medio.

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Hace unos días se estrenó La Civil, incursión de la cineasta rumana Teodora Mihai al largometraje de «ficción» (entre comillas ya que Mihai no es partidaria de encasillar en géneros). Es bien conocido que el filme debutó en el Festival de Cine de Cannes 2021, donde su buena acogida se escuchó con alrededor de 8 minutos de aplausos. Previo a su estreno en salas mexicanas, varios medios la anunciaban como la película de Míriam Rodríguez, la mujer que enfrentó al crimen organizado al capturar a 10 sujetos involucrados en el secuestro y asesinato de su hija Karen Salinas. No obstante, la propia directora ha aclarado que el caso de Rodríguez fue su inspiración principal, más no única y —por tanto— no se trata de una adaptación sobre las hazañas de la activista. En cambio, plantea algunos cuestionamientos sobre el involucramiento de distintos sectores en la violencia.

Arcelia Ramírez encarna a Cielo, una madre soltera que vive con su hija adolescente a quien secuestran poco después de salir de su casa. Tras ser ignorada por las autoridades se ve forzada a jugar el papel de detective. Es así que paulatinamente irá conociendo el amplio y retorcido panorama de los grupos delincuenciales mientras expone su propia integridad. El escenario en el que se desarrolla la historia es un pueblo pequeño del que iremos conociendo a la par que Cielo, quien (pese ser de ahí) ignoraba bastante cómo estaba realmente organizado. 

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Resulta interesante que Mihai y el guionista Habacuc Antonio de Rosario se decantaron por explorar los enmarañados senderos de la violencia del crimen organizado, valiéndose de ciertas convenciones del thriller para destapar progresivamente a inesperados elementos del crimen cuyo involucramiento no es fortuito. De forma clara y muy directa La Civil pone sobre la mesa un hecho incómodo: numerosas personas se ven obligadas a sumergirse en las turbias aguas de la delincuencia organizada. Decisión arriesgada que puede llevar a seguir ahondando en un problema del que no podemos dejar de atender.

La civil: tan cerca del espectáculo | Crítica

Sin embargo, La Civil se desvía bastante por el seductor camino del espectáculo. Si bien no se trata de un blockbuster de Hollywood con un héroe trágico que se antepone a un villano malévolo, sí se acerca un poco al abordar su historia desde el exceso. No puede decirse (o no me atreveré a hacerlo) que el filme exagera con las situaciones que se presentan, pues la realidad tiene casos sencillamente increíbles (ahí está la historia de la misma Míriam Rodríguez), pero la forma en que se desarrollan caen en lo inverosímil. Empezando por el ritmo, el filme es una sucesión desesperada de mostrar eventos crudos que se concatenan al giro de tuerca. 

Esto afecta principalmente al desarrollo de Cielo, pilar principal del filme, a quien conocemos como una madre aturdida por la tragedia que inmediatamente pasa al riesgo de la osadía sin que se le dé tiempo a ahondar en los matices por los que transiciona. Si bien su motivación es clara y concisa, poca información tenemos de ella más allá de la tragedia, por lo que sólo conocemos su faceta vulnerable ante la sorpresa ingrata y su lado más explosivo de la furia incontenible. Esto ocurre con la mayoría de los personajes, apenas conocemos dos de sus facetas, y para ello se le carga la mano a los diálogos.

Y justamente son los diálogos los que más denotan la inverosimilitud de La Civil; caen en una exposición inorgánica que en algunos interpretes suenan hasta acartonados. A momentos pareciera que se tratan de respuestas de entrevista de la investigación para el proyecto, que sencillamente se decidieron colocar en las conversaciones de los personajes, a veces chocando incluso con el tono de las secuencias. Resultado también de abordar múltiples temas relacionados sin aterrizar ninguno de forma satisfactoria. 

En cuanto al tratamiento de la violencia, este es desbalanceado. En algunos momentos su ferocidad no aparece a cuadro pero está presente en el montaje sonoro, consiguiendo así un peso significativo a la constante sensación de peligro en la que evidentemente se encuentra Cielo. Pero después, la necesidad de espectacularizar la violencia se hace presente, con explosiones ensalzando la atmósfera y balazos bañando la situación sin que tengan consecuencias significativas en la historia, para después exhibir cuerpos destazados y cabezas cercenadas. Si bien estos elementos cargan con un componente de denuncia, también exotiza una situación de por sí difícil. 

Por último, La Civil se desborda en su forma descuidando las sutilezas que inspiran su contenido. Sus diálogos expositivos pueden funcionar para acercar a los desentendidos del tema al contexto en el que México está sometido, pero pierde similitud y llega a confundirse en su propósito de configurarse como un lazo de empatía.  

Tráiler de La civil 

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Miguel Portal Ver todo

Soy de los que meten salchipulpos al cine. No me arrepiento.

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