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«Hay que preguntar con empatía a la gente el porqué y los cuándos»: Daniel Ojeda

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Por: Miguel Sandoval 

Daniel Ojeda es un fotoperiodista que creció en la colonia Guerrero, Ciudad de México, espacio donde se percató de que había historias no suficientemente retratadas; esto constituyó una de sus motivaciones para ejercer la fotografía, disciplina que ha llevado consigo desde pequeño, luego, durante sus estudios en la Universidad Latina y actualmente en el campo profesional.

En entrevista con Zoom F7, el fotógrafo de El Heraldo de México cuenta que su madre, primero fotógrafa de la Compañía de Danza de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y después fotodocumentalista, fue quien lo cautivó con esta profesión cuando tenía entre 9 y 10 años.

“Inicié por la curiosidad de ver a mi mamá con su cámara, ahí surgió todo. (…) Aprendí todo lo que tenía que ver con el revelado, cuartos negros, etcétera”.

Años más tarde, tras su formación en Comunicación y Periodismo, Daniel obtuvo la beca PRENDE (Programa prensa y democracia) de la Universidad Iberoamericana, incentivo con el cual perfeccionó sus conocimientos en fotoperiodismo y periodismo de investigación. Acerca de los tópicos que le apasionan comparte que el tema político siempre llamó su atención porque su padre estudió Ciencias Políticas, a lo que añade que «el ambiente fuera de casa [con sus matices violentos]» contribuyó a su trabajo documental.

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Cita como gran influencia al sinaloense Fernando Brito, premio Descubrimientos PHotoEspaña 2011, de quien admira su cobertura del narcotráfico en el país; asimismo, menciona a Federico Gama, Premio Nacional Rostros de la Discriminación 2009 en la categoría de Reportaje para Televisión, cuyas imágenes documentales y estilo resuenan a modo de influencia en su obra. Este último, quien además es colaborador cercano del fotoperiodista, le enseñó que “la foto no debe estar peleada con el arte”, o, en otras palabras, con sus distintas ramificaciones estéticas.

El trabajo actual de Daniel en El Heraldo de México le permite un amplio uso de iluminación, posar a sus personajes o modelos, así como jugar con las diferentes secciones del periódico —deportes, economía y espectáculos, por mencionar algunas—, no obstante, contrasta con su labor en VICE de 2016 a 2019.

VICE significó representaciones más precisas de la realidad debido a su crudeza temática, hecho que a Daniel le recuerda la visita a un hotel en Santa María Sur, Guerrero, donde frente una comunidad desplazada por el crimen organizado activó su cámara rápidamente. El riesgo era inminente para él y para los ahí refugiados, pues las fuerzas delictivas asediaban la zona después de desalojar a los ciudadanos de sus hogares. Permaneció ahí pocos minutos, iba mentalizado de las escenas que tenía que retratar o hacer, nos cuenta. El resultado fueron imágenes de una población con recursos limitados, la cual comparte una cocina acondicionada por dos mesas, pocos asientos y algunos trastes; del mismo modo, un cuarto de lavado pertenece al grupo, distinguido por el azul de una hamaca entre exiguos electrodomésticos y paredes grises.

Una situación similar ocurrió durante su viaje a La Ladrillera en Sinaloa, paraje abandonado y zona de retención de migrantes latinos. “Fue un reportaje muy complicado” destacó el fotógrafo, ya que “todo el tiempo nos preguntaban los policías municipales qué íbamos a hacer, que por qué nos metíamos ahí”, a lo que se sumaron voces de colegas, quienes intentaron desalentarle por tratarse de una zona de alto peligro; Los Zetas y el Cartel de Sinaloa se disputaban el control del territorio, suceso a raíz del cual Daniel capturó imágenes dolorosas de vidas fragmentadas: ropa de bebé, colchones sucios y marcas de bala en las casas de ladrillo son varios elementos visibles. Por otra parte, aquel momento de adrenalina con protocolos básicos de seguridad, le remite a una tercera vivencia:

“Recuerdo que cuando estábamos en Monclova, Coahuila, haciendo un tema de desaparición forzada y recorriendo casas de seguridad de Los Zetas con policías municipales, vimos una camioneta que se acercaba; el conductor sacó su mano en guante negro y pensamos lo peor, hasta que nos cuestionó si teníamos permiso para estar ahí. Para mí fueron los 5 segundos más estresantes, pero afortunadamente llegó una confirmación por radio. En ese instante, con tanta adrenalina pedí al hombre y a su acompañante tomarles una foto, lo cual fue muy intenso”.

Las fotos capturadas en La Ladrillera fueron seleccionadas para una exposición sobre migración del Museo de Memoria y Tolerancia en 2017, año en que también ocurrió el sismo de magnitud 7.1 con epicentro en Puebla, el cual afectó sobre todo a esta entidad y a la Ciudad de México. Acerca de las labores de rescate del 19 de septiembre, Daniel reconoce que la acción de levantar escombros y apoyar a los damnificados es una necesidad ética antes que fotografiar a los implicados. “Lo primero era empatizar con las brigadas”, recuerda el fotodocumentalista.

Tal enseñanza provino de Günter Wallraff, periodista de origen alemán a quien nuestro entrevistado conoció durante el ARCA MASHUP de Periodismo en 2015 —que convoca a jóvenes cronistas mexicanos— y de quien aprendió a vincularse con comunidades de su interés; a propósito de lo anterior y del proyecto que desarrolló para el evento, el fotógrafo comentó: “Yo me quedé con las personas en situación de calle para entender cuáles eran sus necesidades y qué estaba sucediendo; al final nos hicimos amigos y seguimos siéndolo”.

¿Cuál ha sido el trabajo más difícil para Daniel Ojeda? 

Al preguntarle sobre su fotorreportaje más difícil, Daniel remite a uno realizado con motivo de los 10 años de lucha contra el narcotráfico para VICE, durante el cual atestiguó la historia de una mujer cuyo esposo e hijo fueron secuestrados por el crimen organizado; “tomé un mínimo de fotos y muy especiales con su permiso” evoca el fotoperiodista, ya que buscó respetar la memoria de la madre. En este sentido, retrató sus manos, la computadora con que escribía largas cartas a su hijo e imágenes de álbumes familiares.

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‘Cartas’ en Facebook para no olvidar a un hijo desaparecido | Daniel Ojeda

El impacto de lo relatado por doña Karen fue tal, que posteriormente se reabrió el caso de sus seres queridos, lo cual culminó con la detención de uno de los involucrados. Este hecho conmovió profundamente al fotógrafo, quien lamenta el fallecimiento de la mujer a causa de COVID-19 en 2020, hecho que recuerda con tristeza: “Yo me quedé pensando ‘esto es muy fuerte’, porque ella muchísimos años se la pasó buscando a su hijo y a su esposo, y al final ya no pudo hacerlo porque la enfermedad se la llevó”.

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Una vez mencionado el coronavirus en nuestra charla, Daniel confiesa que se distanció de su familia el año pasado, ya que, como profesional que hace coberturas diarias en la Ciudad de México, temía ser portador de la enfermedad. Por otra parte, al recordar las calles cercanas al Zócalo vacías expresa que “ver toda la evolución de la pandemia hasta ahorita ha sido increíble”. Bajo este contexto inesperado, también cuenta que “documentar la enormidad” del acontecimiento causó una gran impresión en él, cuando, por ejemplo, había sólo un transeúnte a la vista.

Daniel Ojeda
Daniel Ojeda

“Todos los días acostumbrabas ver a miles o cientos de personas y cientos de coches, por lo que era completamente extraño”, evoca al reconocer que aquella era una escena recurrente. Asimismo, enfatiza el apoyo de su equipo en El Heraldo de México, colegas y profesionales, quienes, ante la crisis sanitaria, demostraron que el trabajo en conjunto es vital para el ejercicio periodístico durante la pandemia. “Seguimos cuidándonos, seguimos apoyándonos y eso es lo importante”.

En cuanto a su preparación para llevar a cabo distintos tipos de reportajes, el fotoperiodista resalta lo imprescindible de aprender a escribir, pues en la materia de análisis de la imagen, impartida en la Universidad Iberoamericana por Sergio Blanco, el catedrático le aconsejó no quedarse solamente con documentaciones visuales, sino también narrar las historias detrás. “Si tenemos una imagen hay que acercarnos y preguntarle con empatía a la gente el porqué y los cuándos”, detalló.

En el tema de la educación fotográfica desde casa, Daniel recomienda encarecidamente “leer sobre arte, ver libros de arte y ver mucha foto”, así como practicar y permitir equivocarse hasta obtener el resultado deseado; del mismo modo, sugiere experimentar, acercarse a las experiencias del confinamiento desde lo sentimental e íntimo. Por otro lado, al preguntarle sobre los fotógrafos que admira, menciona a Nayeli Cruz de El País y a sus colegas en El Heraldo de México, además de declararse fanático de todos los fotógrafos que a lo largo de su trayectoria ha conocido.

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