‘El gran cuento de los osos’ o el genuino placer de contar historias

Por: Eduardo Carrasco Díaz (@drfarabeuf)

Gedeón y su hija Almerina caminan por un majestuoso bosque nevado, sin embargo, la noche se acerca; ellos deben resguardarse de los peligros que habitan en el terreno. Pronto, su peregrinaje los lleva a encontrar refugio en una cueva. Ya en el interior de la galería de piedra, nuestros personajes encienden una fogata, lo cual despierta a un oso que inverna dentro de la caverna. El imponente animal se muestra ante la niña y su progenitor, quienes aterrados le piden clemencia. Para calmar a tan monumental mamífero, los dos humanos deciden narrarle la historia de cuando el rey Leoncio invadió tierras sicilianas para rescatar a su hijo Tonio, el cual fue secuestrado por los humanos para convertirlo en atracción de circo.

Te puede interesar: #Oscar 2021 Una revisión a los cortos animados de la shortlist

Así comienza El gran cuento de los osos, película animada que nos sumerge en una Sicilia imaginaria, llena de elementos surrealistas para contarnos la épica aventura que vivieron los osos durante su asedio y convivencia con los humanos. Dirigida por Lorenzo Mattotti, esta película celebra aquello que nos vuelve empáticos y nos hace humanos: escuchar y narrar historias. También es un filme que aborda, de manera magistral, temas relacionados con la identidad, el sentido de pertenecía, el poder y el egoísmo.

El largometraje se basó en la novela ilustrada La famosa invasión de Sicilia por los osos del escritor Dino Buzzati, la cual se respetó mucho a la hora de ser adaptada. Esto porque el propio Lorenzo Mattotti ha tenido a Buzzati como una inspiración para su trabajo. Se podría decir que el director de El gran cuento de los osos potenció con las imágenes animadas todo el mundo onírico que había en el texto del autor italiano.

Te puede interesar: Wolfwalkers, el folklore de Cartoon Saloon vuelve a conquistar nuestras pupilas

Con un guion sencillo, pero eficaz, la película se divide en dos partes. La primera cuando Gedeón y Almerina narran la invasión de los osos para salvar al pequeño Tonio. La segunda, donde el oso de la caverna le regresa la cortesía a sus huéspedes y refiere lo que sucedió después del rescate del pequeño príncipe osezno.

En ambas tramas, el espectador ve desfilar en la pantalla magos, tiranos, fantasmas y animales gigantes, elementos fantásticos que resultan un gozo para la imaginación. Esto se logra, en gran parte, gracias a la animación 2-D. Las imágenes hechas a partir de esta técnica cuentan con una plasticidad que crea dibujos ligados a lo poético y a representar alegóricamente los tiempos pasados, donde Sicilia era el territorio que permitía la armoniosa convivencia de osos y humanos. En una entrevista para Cineuropa, Mattotti reconoció que había elegido realizar su obra en dos dimensiones como una postura estética que ayudara a su largometraje a diferenciarse de los grandes estudios.

Te puede interesar: Seis películas animadas que retratan infancias adversas

Asimismo, en cada escena se recurre a colores vivos que visualmente agudizan los momentos épicos-dramáticos de la historia. En ese sentido, la paleta de colores que este director despliega a lo largo de la película es la clara demostración que la animación es una herramienta versátil que puede ayudar a crear mundos llenos de belleza.

No cabe duda que quien se acerque a El gran cuento de los osos encontrará un filme singular que nos recuerda que las historias simples son el verdadero alimento de la imaginación.

La película forma parte de la 69 Muestra de la Cineteca Nacional.

Consulta fechas y horarios aquí.

Deja un comentario