Bacurau: el despertar de una sociedad olvidada y abusada

Por: Rubí Sánchez (@rubynyu)

La mezcla de géneros es un elemento clave en el cine actual de Brasil; ejercicios como As Boas Manerias (Juliana Rojas, Marco Dutra, 2017) son ejemplo de la multiplicidad de capas que los directores brasileños pueden discurrir en sus cintas. Bacurau es una obra que se compone del western, el terror cercano al gore y elementos de la ficción especulativa, conjugados en la historia de un pueblo del Brasil profundo.

La película corrió a cargo de dos directores Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles. El primero uno de los cineastas más consolidados de Brasil, tanto en ficciones como documentales. Sus títulos más reconocidos son Aquarius (2016 ) y O Som ao Redor (2012); en ambas, Juliano trabajó en el diseño de producción y de arte, y Bacurau es su primer largometraje como director, luego de dirigir dos cortometrajes.

Ganadora al Premio del Jurado en el Festival de Cannes 2019, la película recorrió los festivales con un buen recibimiento, entre ellos el Festival de Cine de Toronto y el  Festival de Cine de Sitges. Su estreno programado para el 2020 se vio interrumpido por la pandemia, sin embargo, esto no limitó su acceso a varias listas de lo mejor del año.

Su nombre refiere a un ave nocturna y su capacidad de supervivencia, característica que se equipara con la de la gente que habita Bacurau. La primera hora de la película se encarga de construir esa personalidad social, la de un pueblo remoto en el estado de Pernambuco.

El lugar es utópico, donde el apoyo y la organización social son la clave para la convivencia y desarrollo en todos los ámbitos. Con un reparto equitativo del trabajo, el cuidado como eje y la educación como pilar, los habitantes sobrellevan el abandono del gobierno. Lo vemos con la mirada de Teresa (Barbara Colen), quien lo observa de modo familiar al regresar del extranjero.

El pueblo se compone bajo la guía de la familia de la recién fallecida Carmelitas, matriarca que se disputaba el control con Domingas (Sonia Braga) la doctora del lugar. Bacurau no es perfecto, ni busca serlo; vemos un prostíbulo móvil, la protección de sicarios necesarios y el uso de una droga psicotrópica que es la puerta a la comunidad.

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La aparición del agente externo da pie a la catástrofe que deberá sobrellevar el pueblo. Con advertencias extrañas, como la perdida de señal telefónica, disparos perdidos y el paso de dos desconocidos, el pueblo se pone sobre aviso y se preparan para luchar por su sobrevivencia. Los habitantes de Bacurau se ven asediados por un grupo de extranjeros que buscan ejercer la caza humana como si de una práctica común se tratará. Los vemos planear estrategias, pensar sus movimientos y, sobre todo,anhelar el baño de sangre que viene. Lideraros por Michael (Udo Kier), el grupo variopinto de estadounidenses muestra poca humanidad y un carácter racista sin filtros.

Punto clave es el abandono en el que vive el pueblo, el cual cala a distintos niveles; desde el impedimento al acceso de agua, abusos políticos, el desamparo ante la violencia acusada grupos violento, hasta llegar a la máxima infamia de vender el pueblo al mejor postor. Tal abandono les ha permitido organizarse y darse fuerza para sobrevivir juntos. Su necesidad de protección es llenada por ellos mismos.

El manejo de la puesta en escena por parte de los directores la acerca al cine de terror donde los personajes son encubiertos en su propio hogar. Con planos robados de los westerns más clásicos, así como la música que anticipa el enfrentamiento, el gran momento es rebelado como un asedio a escondidas, donde los cazadores se ven rebasados y vencidos.

La composición visual del lugar y sus habitantes no es nada alejada de situaciones que pueden verse reflejadas en la sociedad mexicana. Un personaje como Tony Junior, el alcalde del estado y un sujeto detestable que sólo se preocupa por el pueblo ante la llegada de las votaciones, es tan reconocible para la vida en Brasil como en México.

Bacurau es una apuesta a la crítica social que, con la ayuda de la sátira, el uso de mecanismos de terror, gore sin temor a represalia, aborda problemáticas de denuncia hacia un estado que ha olvidado a su gente. Todo sin dejar de narrar una historia emocionante con un estilo atrayente.

 

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