A family tour: la reconstrucción de lazos dañados por un régimen político

La cineasta Yang Shu viaja a Taiwán a presentar la película que le valió el exilio de China. Desde hace cinco años vive en Hong Kong; el viaje es una oportunidad para reunirse con su madre y la historia que dejó atrás. En el exilio siempre hay una intención de regresar, vacacionando, se está en un lugar de tregua.

Es demasiado franco el título de la producción dirigida por Ying Liang. Precisamente es eso, un tour en familia, con todo lo que esto implica: trámites, viajes en taxi, lidiar con el organizador… por ello su mayor virtud es la sutileza con la que desarrolla sus temas en esas ordinarias acciones.

En la superficie miramos unas vacaciones familiares; adentrándonos más, es el viaje de una directora promocionando su película y preproduciendo otra, filmes incómodos para el gobierno chino. Pasos aún más adentro, A family tour (2018) es la reconstrucción de los lazos familiares dañados, generación tras generación, por ese régimen político. Hay que tener calma para llegar hasta el centro del recorrido y vivir ese reencuentro junto con ellos.

En primer plano vemos a Yang Shu sanar el vínculo con su madre. ¿Cómo reconectarte con las personas y los sucesos que tuviste que dejar hace tanto tiempo? Es una pregunta que subyace en el largometraje. De oídas nos enteramos cómo fue la infancia de la madre de Yang Shu, con sus padres cautivos en las granjas de trabajo de 1957 en China. En segundo plano vemos cómo se construye otra relación paternal, entre su esposo y su pequeño hijo. Incluso, el director aprovecha el fondo para seguir explorando los afectos y las responsabilidades familiares, queda claro cuál es su tema principal.

A la par de lo anterior, Liang voltea a ver a los cineastas con voz propia, quizá hasta contestataria con el régimen en el que viven. A family tour también es acerca del cineasta y su obra que parte de sí mismo. Yang Shu rodó una historia relacionada con su pasado que a ojos del gobierno distorsiona la verdad. Ni ella ni su filme pueden volver a casa. Ying Liang agrega una escena dentro de una sala de cine para enlazar ambos viajes que realiza Yang Shu, el profesional y el emotivo. El primero muestra, con pequeñas dosis, incluso utilizando los créditos, todo el círculo de preparación y vida de una filmación. De nuevo, el cine mirándose a sí mismo para autoexaminarse.

Todo el largometraje está desarrollado con el mismo ritmo que requiere la vida diaria. Con una cámara quieta, una fotografía nítida, sin ningún artilugio extra los vamos conociendo. No hay necesidad de que nadie nos explique su mundo; los personajes poco a poco se desenvuelven entre ellos, descubren fragmentos de su historia, al mismo tiempo que se presentan ante nosotros. No se requieren flashbacks para ver su pasado. Importa más cómo lo ocurrido con la familia de Yang Shu afecta a los personajes en el ahora. Liang recurre al sonido, a una vieja grabación de un interrogatorio que le hizo la policía a la madre de la protagonista, para tener en un mismo plano el pasado y el presente. Poco se utiliza la música, pero tiene una labor especial: construir el circulo emotivo entre las generaciones a partir de una cancioncilla infantil, presentada casi sin querer en el inicio del viaje y retomada al final de manera consciente a la hora de la despedida.

A family tour se estrena en MUBI el 22 de enero. Si son pacientes al verla pueden encontrar algo más que un viaje familiar.

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