Paris, Texas: amor de un forajido

Por: Miguel Sandoval


Escribir sobre la historia de Travis y Jane no es fácil, uno observa el papel de Harry Dean Stanton y ve en él un misterio más allá de su mutismo. ¿Qué pensar realmente de un hombre que atraviesa el desierto texano a pie y en completa soledad?, ¿qué pensar de ese mismo hombre aparentemente sin recuerdos? Paris, Texas (Wim Wenders, 1984) arranca con pocas pistas de su protagonista, en lugar de eso abarca la pantalla con tierra, luces neón y restaurantes a mitad de la nada donde el viaje para el espectador comienza.

Así es, se trata de una road movie en la que su personaje principal lleva el peso de un forajido y cuyo andar sin descanso es la penitencia por sus errores. En una gasolinera se desmaya, más tarde aparece en el consultorio de un doctor alemán y luego es rescatado por su hermano menor, Walter, quien nos informa que Travis desapareció cuatro años atrás sin dejar rastro, lo mismo que Jane. Otro dato inquietante: tiene un hijo llamado Hunter.

El camino a Los Ángeles resulta más o menos revelador, se agota el silencio y Travis habla acerca de un lote en París, Texas, al que se dirigía, donde cree que su vida empezó, cuando sus padres hicieron el amor por primera vez. Walter lo mira confundido, hace preguntas acerca de su antiguo paradero, de Jane y le anticipa el encuentro con su pequeño hijo al que ha criado con su esposa desde la partida de ambos. Apenas unos minutos en casa, padre e hijo se reencuentran. 

A partir de esta escena, el protagonista de Stanton pausa su viaje para incorporarse a la ciudad, la memoria le falla, pero los recuerdos vuelven y son más nítidos al ver una película en super-8 filmada durante unas vacaciones. La guitarra de Ry Cooder, que acompaña el sendero del forajido desde el principio, suena con notas nostálgicas de mariachi: Travis mira a su hijo, se cubre ansioso la cara; no es casualidad que esto se escuche, como si la música proviniera del propio corazón de Travis, pues más adelante sabremos que estuvo en México en su exilio.

Minutos después de agotado el metraje, Hunter va a dormir, no sin antes despedirse de Travis llamándolo papá, momento decisivo en que su relación renace. No obstante, la nostalgia abunda y se instala para cambiar el destino de la travesía: ya no hay que llegar a París, Texas, sino a Jane. Aquellas imágenes de felicidad, tan doloras como dulces, representan el punto de quiebre para el forajido, quien ahora debe avanzar hacia el rostro más importante de su pasado para enfrentarse a él.

Wim Wenders nació en Düsseldorf, Alemania, en 1945, cuenta que ante su ciudad destruida por la guerra, los westerns fueron su refugio: esas cintas con paisajes gigantes y horizontes donde advertía libertad. Relata también que de niño eso parecía imposible (la aventura y la tierra vasta), sin embargo, cuando empezó a hacer películas, consideró a sus road movies como extrapolaciones del western: no habían caballos ni tiroteos, pero sí la certeza de que los forajidos y sus personajes tenían algo en común. 

Bajo esta noción, montado en una camioneta que suplanta al caballo, el protagonista de Paris, Texas busca a Jane para reunirla con su hijo, instante en que deja de ser un hombre reservado para convertirse en uno ávido de redención. Sí, al igual que los bandidos del viejo oeste, Travis lleva a cuestas un pecado que únicamente puede expiar al impartir justicia por sus medios, incluso si la justicia recae sobre él. Incluso si rompe su esperanza de vivir en París, Texas, con su familia, tal como planeaba antes de perderse.

De vuelta a la historia, padre e hijo se dirigen al encuentro de Jane, a quien el protagonista descubrió en un peep show de Houston; sin embargo, Travis deja una grabación a Hunter, le explica las circunstancias por las que lo abandona para siempre, le habla de sus miedos y llega solo a la cabina en que estará ella. Se enciende una luz, Jane entra sonriente y el forajido voltea su silla temeroso de contemplar a su amada durante su confesión.

Travis aclara la voz, la cámara se acerca lento a él mientras habla; en distintos contraplanos parece que ella observa, como si pudiera atravesar con sus ojos azules el vidrio oscuro. Sus rostros se ponen firmes, las miradas de ambos se cristalizan con especial detalle en el rostro de Jane, quien solloza. Así, finalmente ocurre, el forajido se enfrenta a ella y a él mismo cuando evoca su historia, cuando deja de andar y se detiene en su pasado y su violencia. Los dos visten de negro, pues no es una reconciliación, sino la muerte de lo suyo.

De pronto, Jane reconoce la voz de Travis, se aproxima al espejo y en un instante sus caras se emparejan imperfectamente al igual que su amor: existe cariño, pero no hay alternativa. Él le confía que Hunter la espera en el centro de la ciudad, escucha las últimas palabras que ella ha de dirigirle y sale de la cabina para nunca volver a sus vidas. Es la última escena, Jane carga a Hunter y da vueltas sin parar como en la filmación del super-8, Travis los observa a lo lejos desde el ocaso: es un hombre redimido que pronto se aleja hacia la noche.

Paris, Texas, disponible en MUBI, ganó la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes y un Premio BAFTA al Mejor Director, entre otras distinciones. 

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