Al final bailamos: contra la homofobia

Por: Miguel Sandoval

Mareb practica sin descanso, suda, escuchamos sus pies caer en la madera como si no existiese sonido más importante: debe ganarse el rol principal del Ballet Nacional Georgiano. A lo largo de la historia se enamora de un joven con el que compite por el papel estelar, enfrentándose a su vez a las tradiciones de la danza y el amor de su país, uno de los más peligrosos en la región euroasiática para ser homosexual.

El día a día del protagonista es rutinario: va de la escuela a su empleo en un restaurante y del restaurante a su casa, donde ayuda con las carencias económicas de la familia; el baile —única actividad que disfruta— es un espacio de extrema disciplina y masculinidad en donde es marginado por su profesor debido a sus movimientos poco masculinos, considerados ofensa porque “la danza es el espíritu de la nación”.

Esto cambia cuando Irakli llega. La pesadez y esfuerzo de sus movimientos dan paso a una liviandad cómplice que sólo dos amantes podrían tener. Entonces comienza el coqueteo, entre tragos con amigos y la tradición religiosa georgiana, el cual llega a un episodio cumbre cuando, escondidos tras una gran vasija, se masturban mutuamente desesperados. Al fondo las voces de los representantes de la homofobia, ante nosotros un acto que tememos se descubra.

De este modo la felicidad de Mareb crece. Nos muestra a través de su cuerpo a un protagonista con más seguridad, impresión frustrada por la desaparición repentina de Irakli. Al llegar a este punto del relato parece que las calamidades se desbordan, primero con su despido del restaurante y después gracias a una fractura que le impide seguir en la competencia. La noche anterior, por otro lado, somos testigos de la vida oculta de su país; se abre la oportunidad a Mareb de observar lo que toda su cultura rechaza, entregándonos un punto de quiebre inicial del personaje.

La verdadera ruptura con su mundo ocurre, sin embargo, cuando Irakli reaparece y le confiesa que volverá a su pueblo natal, donde le esperan una novia y su padre. Esta vez el protagonista camina solo por un estacionamiento, al fondo el tumulto de los invitados a una boda quienes celebran la tradición, secuencia que nos percata de que los instantes más significativos suceden —para bien y para mal— lejos de los seres queridos de Mareb, lejos de una nación a la que una vez llamó su hogar.

La propuesta del realizador sueco Levan Akin desafía los prejuicios de un país homofóbico, aun con las regulaciones en esta materia que Georgia promueve desde el año 2000. Su trabajo, no sin algunos lugares comunes del boy meets boy, nos introduce a una historia del despertar sexual en la cual la danza ocupa un sitio preponderante; “I got you honey, babe” dice una canción, mientras el joven baila bajo una luz color miel a su enamorado, imagen que contrasta con los uniformes oscuros del ballet. 

La presión que ejerce en Mareb la tradición georgiana es innegable, situación que permite a Akin burlarse del macho bailarín mediante ademanes femeninos, ya no solamente frente a su profesor, sino también a los ojos del director de la escuela: con la fractura vendada en el pie, el protagonista reta a sus superiores, alcanza una catarsis a través de la que se despide de su amante, su pasión y su casa, ya que pese a esa victoria debe escapar para no ser degradado por la opinión pública.

El año pasado se suscitó en Georgia una polémica encabezada por un miembro de la iglesia ortodoxa, quien reclutó voluntarios para la formación de una “patrulla antigais” en la ciudad de Tiflis. También fueron registrados 20 crímenes de odio contra la comunidad LGBT; el 94% de los adultos jóvenes rechazaron el matrimonio entre personas del mismo sexo. Levan Akin, por su parte, afirmó que su película está inspirada en los eventos del 17 de mayo del 2013, día en que altos funcionarios de la iglesia disolvieron una manifestación contra la homofobia con uso de violencia.

La película forma parte de la 68 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. CONSULTA FECHAS Y HORARIOS AQUÍ.

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