Buñuel en el laberinto de las tortugas: un surrealista haciendo documental

En las Hurdes no hay nada gratuito.

Es tal vez la película menos “gratuita” que he hecho.

Luis Buñuel

Ramón Acín, un anarquista que enseñaba dibujo a los obreros, le promete a su amigo Luis que si se gana la lotería le financia su siguiente película. Ramón cumple su promesa y así comienza la producción de Las Hurdes, tierra sin pan (1933) el único documental hecho por Buñuel.

Salvador Simó, teniendo en cuenta el comic homónimo de Fermín Solis, recupera esta particular anécdota entre Acín y Buñuel para el argumento de su primer largometraje, Buñuel en el laberinto de las tortugas. Parece que veremos la ficcionalización de un detrás de cámaras, sin embargo, al interior de esa filmación se desarrolla el tema principal: la amistad entre Luis y Ramón que transita por varios estados a raíz de esa experiencia y detona en el joven director un momento de reflexión.

La animación dirigida por Simó se cuela en la mente del Buñuel de 32 años, entre La edad de oro, película que fuera éxito y obstáculo a la vez, y Las Hurdes, filme que lo llevaría a estar fichado por el régimen franquista por haber hecho una película difamatoria para España.

El recorrido por esas montañas pobres de Extremadura se convierte en un viaje de maduración para Buñuel a nivel personal y profesional, tanto por su vínculo con Ramón, como por su percepción del contexto social y lo que le provoca, punto que jamás se desvincula de su enfoque como cineasta. De ahí viene el tratamiento que le da a sus personajes: los pone a dialogar con su entorno o los afecta a partir de éste, y es por ello que, muchas veces, genera una reacción brusca en el espectador por ser un contexto difícil de aceptar.

Optar por la animación resulta un acierto, da la oportunidad de reconstruir o replantear otros tiempos que quizá se convierten en otros mundos, que no por nacer del dibujo se caricaturizan o infantilizan, por el contrario, responden desde su diseño a los temas tan crueles de los que son testigos los integrantes del equipo, como la muerte, la miseria o el hambre. No se trata de una animación de mucho movimiento, recurre a la contención en todo sentido, en diseño de fondos, fluidez de los personajes, caracterización, textura… todo con la finalidad de priorizar la interiorización en Luis para convertirlo en Buñuel. Pero acertadamente, Simó retoma el metraje original de Las Hurdes cuando nos enseña lo que ve la cámara operada por el dibujado Elie Lotar; no había necesidad de animar lo que ya había sido filmado con tal acierto.

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Si temáticamente Buñuel en el laberinto de las tortugas se va por el camino de la amistad, discursivamente plantea la función del arte y la desarrolla desde la práctica del aragonés. Las Hurdes animadas explora principalmente a la persona y no al cineasta, aunque la línea que los divide desaparezca constantemente, pues de uno se deriva el otro. Para redondear al personaje hay varios guiños a su vida, pero no por eso se podría tomar como una película biográfica.  El trayecto da varias vueltas que nos llevan a los recuerdos/sueños de Buñuel. Regresando a su niñez, lo vemos impactar a sus primeros públicos. Nos presentan en él un interés por interpelar a sus espectadores, y sería con ese documental que los incitaría no a partir de un sueño o ficción, sino de un estudio sobre una zona muy precaria de España, a la que tendría que intervenir con intención de exponerla.

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Mucho se ha dicho que Las Hurdes es un documental amañado, pero en cierto sentido ¿cuál no lo es? ¿Qué documental es verdaderamente la realidad? No existe tal cosa, la objetividad, ni siquiera sin una cámara. Buñuel afirmó que era un documental tendencioso porque sólo había filmado Las Hurdes altas donde hay más miseria, a diferencia de Las Hurdes bajas; en la selección hay una tendencia. La idea de la realidad imparcial no existe, siempre está de por medio la visión del director, en dónde se posiciona y con qué objetivos observa y presenta esa realidad. Dentro de la curva del personaje de Buñuel, moldeado por Simó, hay un crecimiento en cuanto a perfilar esa visión, al decidir qué poner a cuadro, desde dónde mirarlo, y cómo conseguir lo que se enfoca. Lo presenta como un cineasta que ve una conexión entre el arte y la crítica social, no como una correspondencia, pero sí como un megáfono, y por ser estruendoso, es partidario de un cine que escandaliza para generar emociones y pensamientos en quien lo vea.

Buñuel en el laberinto de las tortugas es una travesía emocional a lo largo de la producción de una película, y las repercusiones de ésta se verán a ambos lados de la cámara. Ni Las Hurdes ni Luis volvieron a ser los mismos después de ese pequeño, pero significativo rodaje.

La película forma parte de la 68 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional. CONSULTA FECHAS Y HORARIOS AQUÍ. 

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