Ahí te encargo: la disparidad entre intención y ejecución

Supongo que tiene que ver con la pandemia, el encierro y el aumento en las interacciones digitales, pero a últimas fechas se ha desatado una discusión más férrea en torno a los discursos que un audiovisual puede contener, tanto en el vox populi como en la crítica profesional.

Aunque esas discusiones lleguen al mismo lugar del inicio, el intercambio de opiniones —en el mejor de los casos— puede ayudar a alguien a formar un criterio sobre equis o ye producto o tema. Pasó recientemente con Guapis (Maïmouna Doucouré, 2020) película que despertó polémica, en primera instancia, por su póster y tráiler. Después, por la elaboración de su trama y la supuesta crítica que tenía la intención de dar. Las opiniones fueron varias, pero en ese barullo aparecieron de forma constante dos conceptos fundamentales que siempre han existido para crear una apreciación crítica: intención y ejecución.

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Estas nociones son importantes para hablar de Ahí te encargo (Salvador Espinoza, 2020), melodrama cómico que cuenta sobre Alex (tocayo Mauricio Ochmann) y Ceci (Esmeralda Pimentel), matrimonio con buena vida —ya saben, cine mexicano “comercial”— y cuyos individuos persiguen sueños diferentes. Alex desea fervientemente convertirse en padre, pero su esposa tiene un futuro profesional brillante y nula intención de ser mamá, aun con la insistencia del marido. Un mal día, una amiga le encarga su bebé a Alex por una “emergencia personal” y de ahí se elabora el hilo de la paternidad forzada, así como la pugna entre la pareja de convertirse o no en cuidadores del pequeño Alan.

La disparidad entre propósito y práctica se nota desde los primeros momentos del desarrollo, pues rápidamente podemos observar que una idea pretendida es mostrar al hombre como alguien preocupado y dispuesto a ser un padre responsable y atento. En contraparte, Ceci es la fría calculadora y un tanto desinteresada de los “deseos” de su compañero. Si bien es una estructura un tanto inusual en el cine mexicano porque normalmente es el hombre quien ve la paternidad como consecuencia más que como anhelo, la película recalca que “el bueno” es Alex por el altruismo de cuidar a un bebé ajeno, aunque deba ignorar por completo a su pareja en la conversación. De igual forma, la chica es “la mala” obsesionada con su trabajo e incapaz de sentir el más “humano” y “femenino” deseo de criar a otro ser.

Es aquí donde comienzan a chocar la intención y la ejecución. La idea de que “las mujeres traen un chip natural para ser mamás” se repite constantemente, quizás a manera de mofa para un enunciado que, actualmente, no suena coherente por decir lo menos… y en pantalla vemos algo muy diferente. Podemos pensar que el objetivo es mostrar a los hombres como sujetos que pueden ser padres atentos, pero ello se desvanece si lo hacen a costa de los deseos de la pareja, quien, de ninguna manera, debe ser madre si no quiere serlo.

La fabricación de este matiz se sigue entorpeciendo hasta el punto que escuchamos a Alex decirle a su esposa “deberías darme un hijo”. “Entonces, ¿mi valor como mujer depende de si te doy un hijo?”, responde ella entre lágrimas para terminar saliendo de la habitación. Este es el punto climático que, de acuerdo a cualquier esquema narrativo simple, detonaría un cambio en el protagonista para darse cuenta de un error y posiblemente enmendarlo. Pero no, tal curva no llega. De hecho, la resolución es tan deus y tan extrañamente absurda que, prácticamente, remata con el juicio de que un destino moral para las mujeres debe ser criar. Insisto, la intención no siempre iguala a la ejecución. Este es otro de esos casos.

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Aunado a esto, Ahí te encargo contiene otros puntos extrañamente contradictorios en sus personajes secundarios como son las amigas de la estelarista. Está la chica de carácter fuerte que motiva a su amiga a dejar al novio por insensible y, acompañando, la amiga embarazada que funciona como contraposición a las otras dos. Ella, contrario a su amiga con un trabajo relevante en una gran compañía, es quien está anclada a ser madre y, aparte, una madre débil porque ella no ve como algo “malo” dedicarse a su embarazo.

No es algo sintomático del presente —pero parece que lo fuera— que las películas (al menos, la mayoría) de cierto sector de la producción deban incluir determinadas reflexiones para motivar al público a consumir, pero es de especial incompetencia que ni siquiera puedan ajustarse a dichos modelos. Ninguna de las figuras elige realmente, sino que opera un simplón mecanismo del destino divino y “natural” que es absolutamente opuesto a la idea “pro-elección” que se pretende plantear.

Ahí te encargo es otro exponente fallido de, como dirían nuestros antepasados, las películas “con mensaje”. Ni mensaje woke ni mensaje alguno. Es una ingenua configuración narrativa, sí, con algunos chispazos decentes de comedia, pero con un núcleo vacío para las metas iniciales. El bebé actor es muy lindo.

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