El dilema de las redes sociales: cerca del reportaje dramatizado, lejos del documental

Entonces, ¿cuál es el dilema de las redes sociales? La tercera producción de Jeff Orlowski se encarga de exponerlo tratando de pasar por los diferentes ámbitos que afecta, desde lo individual hasta lo político. En lo trasparente de su título y su inicio se encuentra el aporte del documental; conversar sobre un tema socialmente relevante, sin embargo, en su desarrollo cinematográfico está su mayor debilidad.

Orlowski, antropólogo de profesión, incursionó en el cine con varios cortometrajes y dos documentales previos a El dilema de las redes sociales. Su participación en el documentalismo se debe a su interés por conocer sobre esos temas que amenazan la existencia humana, como el cambio climático. En este caso deja a un lado el daño constantemente a la naturaleza y se centra en la tecnología que, conforme avanza y crece, va cambiando nuestra perspectiva sobre ella, de herramienta amigable a marketing demandante.

Esa búsqueda de conocimiento nuevo lo llevó a exponer el tema en pantalla, validando el discurso a partir de los entrevistados (ex trabajadores de esas enormes compañías cibernéticas) pero no a problematizarlo añadiendo diferentes posturas o contrargumentos. La exposición se percibe como un ensayo de progresión lineal y no dramática porque no hay nada a desenlazar, sólo enterarnos de lo que ellos, curándose en salud, quieren decirnos sobre sus creaciones.

El largometraje cumple su principal objetivo, poner en evidencia el lado no tan sonriente de las redes, pero no construye una unidad fílmica que aborde el tema audiovisualmente. Su intento por alejarse de la realización más obvia, gente hablando frente a la cámara, aunque la mitad del documental resultó así, terminó acercándolo al reportaje dramatizado. Al querer involucrar a más personas en la conversación amplía su audiencia incrustando la historia de un adolescente usuario de redes sociales y una simplificación antropomorfizada, a la manera de Inside out, del funcionamiento del algoritmo para atraer la atención de dicho adolescente.

Las dos líneas de aproximación al tema, la narrativa y las entrevistas, nunca se integran del todo y la película resulta hecha de bloques, unos de grandes sentencias pronunciadas por los entrevistados, y los otros, las ejemplificaciones de esos comentarios a través de los actores. Parecería que hay dos películas para dos públicos distintos en un mismo espacio.

Tras mirar el documental, me quedo con las siguientes reflexiones, con las que probablemente muchos de los espectadores repararon, pues al final de cuentas nos interpelan directamente por ser usuarios y productos de toda esa maquinaria digital. A las redes sociales no podemos considerarlas una herramienta porque no aguardan a que las utilicemos, demandan atención de nuestra parte (irónico que lo mencione al compartir este texto por una de ellas); es nuestra atención, nuestro tiempo y nuestra opinión los que están a la venta; y finalmente, lo que en su momento había sido un montón de ceros y unos ahora incide en nuestras realidades.

El dilema de las redes sociales está disponible en Netflix.

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