Lo mejor y peor del Festival Macabro 2020

El 2020 ha sido un año difícil para cualquier evento multitudinario y, obviamente, la décimo novena edición del Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México ‘Macabro’ no sería la excepción.

Gran parte del encanto del festival de terror más importante en la Ciudad de México (y probablemente en todo el país) recae en “la experiencia” más que en sus propuestas cinematográficas. Es decir, los voluntarios vestidos como zombis que andan por las sedes, las fiestas en bares y antros, las proyecciones temáticas especiales… Es más el ambiente, el marco del evento, que lo que hay en él, honestamente.

Para esta ocasión, en la cual se suspendió casi toda actividad por ya saben qué, Macabro se realizó de forma remota en diversas plataformas digitales, algo que es de reconocer y laudar. Sin embargo, viene el tema de la selección, que es, irónicamente, su eslabón más débil. No adjudico toda la responsabilidad al equipo de programación, pues aunque este género cuenta con recurrentes producciones, presenta complicaciones para hallar un número de propuestas lo suficientemente competentes para armar una selección íntegra, esto sin contemplar las complicaciones para la exhibición de películas internacionales. 

Parece que el evento se realizó sin mayores desperfectos, pues las plataformas digitales y televisivas elegidas funcionaron adecuadamente. Lo único que quedaría por saber es el número de reproducciones que hubo. 

Fue un año complicado tanto para la organización como para su pantalla, pues la mayoría de las películas fueron más macabras por sus deficiencias que por sus argumentos. Pero no podemos decir que todo fueron espantos… Aquí enlisto lo que considero lo mejor y peor de Macabro XIX:

Lo mejor

Las funciones especiales: De esto no cabe duda. Esta edición celebró el expresionismo alemán, movimiento estético fundamental para la historia del arte, por lo que en las proyecciones especiales se contempló a El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920, restaurada) y Nosferatu (F.W. Murnau, 1922, restaurada). Del lado del México Macabro, la homenajeada fue El esqueleto de la Señora Morales (Rogelio A. González, 1960, restaurada), cinta imprescindible en la historia del cine mexicano por explorar con gran virtud el subgénero de la comedia negra, no muy recurrente en nuestra cinematografía. Además, muestra una de las mejores actuaciones de Arturo de Córdova antes de caer en mal estado por su enfermedad.

Independientemente del estado de las copias (en el caso de los filmes europeos), revisar estos clásicos cinematográficos es siempre una experiencia interesante para cualquiera. Un acercamiento al pasado para comprender las referencias del presente.

The Vice Guide to Bigfoot: Resulta un tanto irónico que —a mi parecer— la mejor película del festival no esté estrictamente inserta en los confines temáticos del evento. Esta película, dirigida por Zach Lamplugh, es un falso documental que sigue a Brian Emond (haciendo de él mismo), reportero esperanzado en salir de los hechos no noticiosos para convertirse en corresponsal de guerra o algo relevante dentro del periodismo. En su búsqueda, que lentamente se inclinaba al fracaso, es enviado a cubrir una convención de cazadores de Pie Grande —una de esas asignaciones irrelevantes—, encargo que termina siendo su gran viaje de autodescubrimiento.

Sin ser nada extraordinaria en términos formales, la entrega sigue todas las convenciones de su categoría de falso documental al mantenerse fiel a la cámara en mano y la interacción de ésta con su protagonista. Además, interviene su relato con otras formas peculiares de edición como gráficos característicos de los medios que parodia: VICE y similares. Entretenida, congruente y de realización por demás competente. Debió ganar Mejor Largometraje Internacional.

The Berlin Bride: Indaga alrededor de la relación entre un hombre desgraciado y su recién adquirida relación con un maniquí que termina teniendo gran influencia sobre él. Las vías oníricas de esta película aumentan de forma considerable la potencia del relato, pues lo van aclarando, dotando de sentido y haciendo lujo de su ingenio. La fotografía y el montaje hacen muchos favores a una producción que luce de bajo presupuesto, ya que construyen una atmósfera auténticamente tormentosa para este hombre que forma una amalgama con su pareja. Gran banda sonora, por cierto.

Lo peor:

Zombies en el cañaveral: Este falso documental elabora alrededor de una película inexistente, supuestamente pionera en el género de zombies llamada Zombies en el cañaveral, la cual se habría filmado algunos años antes que La noche de los muertos vivientes de George A. Romero. Con una línea muy difusa entre el “mockumentary” y el documental real, el encanto de la farsa e ingenio que pudieron haber implementado para un relato interesante, se perdió totalmente. Además, las recreaciones insertas parecían de principiante.

El cerro de los dioses: Otro falso documental. Éste comienza con la investigación policiaca a un involucrado en la desaparición de un miembro de la producción de El cerro de los dioses, cinta que investigaría un lugar extraño donde las celebridades en decadencia consiguen revivir su carrera. No sólo el relato es absolutamente desordenado y difuso, también ignora principios básicos en la construcción narrativa de un “mockumentrary” como es el posicionamiento de la cámara y la congruencia temporal. Es decir, si supuestamente hay una persona grabando y no se muestra que cambie su posición, no es posible que cambie el plano si no ha cambiado el tiempo. ¡No hay dos cámaras! De amateur…

Estación central: Existen propuestas que deliberadamente buscan alejarse del cine narrativo, y consiguen hacer sentido en los confines expresivos que elijan. Estación central no es el caso. Son sólo supuestos fragmentos de una perspectiva onírica —más bien, irónica—que, como muchas otras viciadas, está adornada con luces neón y música electrónica. Ni el surrealismo tiene tan poco sentido como esto.

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