La Gomera: noir rumano para gustos exigentes

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

El traficante Zsolt y su cómplice Gilda (Catrinel Marlon) planean escapar con 30 millones, pero el primero es capturado por la policía rumana. Con el objetivo de secuestrar a Zsolt y recuperar el dinero, la mafia española soborna al oficial Cristi (Vlad Ivanov), quien deberá viajar a las Islas Canarias para aprender un método de comunicación basado en silbidos. Tal misión pondrá en riesgo la operación de Magda (Rodica Lazar), la intransigente y suspicaz jefa del agente.

Las películas de Corneliu Porumboiu son edificantes fábulas satíricas sobre la corrupción. El tesoro (2015) mostró una transición en ese sello, optando por narrativas refinadas en la ficción y menos rigurosas en el contexto político-social; es decir, reflexiones amplias sobre la justicia poética, sin críticas a problemas específicos. El tema de aquella obra es el heroísmo paternal, con un padre que antepone la infantil fantasía de su hijo sobre sus propias ambiciones. En el “salvaje oeste” de La Gomera (2019) hay algo de esa integridad moral desbordada; ambos son relatos ambientados en utópicas realidades al margen de la ley y el crimen organizado, donde las promesas se cumplen y los buenos siempre ganan.

La producción es un híbrido de géneros clásicos, entre los que destacan el western y el cine negro, (principalmente) por la perspectiva desencantada de la sociedad. Según el director, podría considerarse una secuela de Policía, Adjetivo (2009) –10 años después–, con aquel oficial recto corrompido por el sistema y los viciados procesos, cuestionando si en realidad se aplica justicia o es un espejismo para ocultar la impunidad. El personaje de Vlad Ivanov observó el fondo de la coladera y descubrió que unirse al crimen no distaba demasiado de su labor policiaca, fabricando testimonios y plantando evidencia. Con John Ford y Sergiu Nicolaescu de fondo (literal), Porumboiu construye a un moderno antihéroe noir perdido entre la doble alianza con “justicieros” y criminales.

A diferencia de sus colegas de la Nueva Ola Rumana, no se toma en serio la corrupción nacional y juguetea con un personal humor a cuentagotas. La violencia pasional de la mafia española (asesinando arbitrariamente a un director de cine) o la risible presencia de la iglesia ortodoxa son algunos elementos que dan seriedad al mundo español y aligeran la solemnidad rumana: dos idiosincrasias abismalmente opuestas. Los destellos de comedia negra refrescan la trama con el propósito de poner a ambas culturas en el mismo nivel de irrealidad verosímil (sin llegar a la caricatura).

Se menciona en Magical Girl (Carlos Vermut, 2014): los españoles son una particularidad en la región, por su pugna interna entre razón y emoción. El uso de un prelenguaje local –como principal atractivo argumental– da a La Gomera ese primitivismo e intensidad ibérica, sin incluir estereotipos rocambolescos. Resulta interesante este “lost in translation”, puesto que se logra un locurón gansteril coqueto y elegante, diferente a la austeridad recurrente del cine rumano. Como Asghar Farhadi, el autor esquivó la mirada turista, para establecer un nexo (no obvio) entre ambas culturas; lo opuesto a las extravagantes miradas intelectuales de Woody Allen (Vicky Cristina Barcelona) o Whit Stillman (Barcelona), basadas en prejuicios estridentes y humor snob.

Respecto a los homenajes hollywoodenses, Porumboiu toma las formas, pero las modifica en beneficio del relato. El referente a Rita Hayworth, la femme fatale de Catrinel Marlon, no es sólo el atractivo erótico de la película, ya que su rol en la trama convierte al filme en un western moderno, en el cual ella es el bandido tapado y Magda (Lazar) el vengativo sheriff. Por otro lado, La Gomera también es una entrega amorfa y sin rumbo fijo debido a narrativa enmarañada (a veces ilegible) compuesta por repentinos flashbacks, con el fin de tener al “lenguaje silbante” durante toda la película. Si La Gomera hubiera sido lineal, los “chiflidos” habrían aparecido a la mitad del largometraje, restándole importancia como atractivo central.

 [INICIA SPOILER]

Dicho desconcierto en la audiencia era un objetivo intencional de la producción, pues, para enriquecer la intriga, Porumboiu no quería hacer explícitos algunos nexos. Confirmado por él en entrevistas, Cristi y Gilda estuvieron enamorados antes del primer contacto, lo que explicaría las extrañas miradas en el encuentro de Singapur y la ambigua relación entre Zsolt y el dueño del hotel. Si bien tanta información entre líneas dificulta la comprensión de la trama, una segunda o tercera revisión ayudan a disfrutar la atmósfera de incertidumbre y caos creada por el realizador.

[TERMINA SPOILER]

Pese a su ligera sobriedad, posee un grado de irreverencia inusual en la cinematografía nacional exportada.  Porumboiu redirige su estilo hacia escenarios luminosos y un thriller más convencional, adaptándose al contenido de la obra, (de entrada) atractivo desde su premisa. Cada nueva película del realizador dialoga con las nuevas audiencias, alejándose de la década de oro del cine rumano contemplativo, ahora considerado una moneda de cambio devaluada. ¡La Gomera es un aperitivo visual que no te puedes perder!

 

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