Robert Mapplethorpe: el fotógrafo que incomodó a una generación

Por: Citlalli Juárez (@citlallijuarez)

Varios son los artistas que han pasado a la historia como genios incomprendidos y adelantados a su época, pero tal vez Robert Mapplethorpe (1946-1988) es uno de los fotógrafos más controversiales, enigmáticos y talentosos del siglo XX. Marcó un parteaguas en la escena artística fotográfica y ganó exitosamente el repudio de unos cuantos conservadores y críticos de arte por sus obras “vulgares y de mal gusto”.

Mapplethorpe es conocido principalmente por sus fotografías sexuales explícitas. En su época, para algunos rayaban en lo corriente y para otros eran demasiado eróticas y hermosas para ser consideradas pornografía. 

Nacido en Floral Park, Rob (como era llamado de pequeño) fue el tercer hijo de un feliz matrimonio entre un ingeniero eléctrico y una ama de casa de la América suburbana. Fue criado en el seno de una numerosa familia católica de devotos creyentes que asistían cada fin de semana a misa; el prototipo ideal de una buena familia americana. 

Desde pequeño, Robert mostró un increíble talento para el dibujo y en 1963 abandonó su perfecto ambiente familiar para mudarse a la jungla de junglas, la ciudad de ciudades, Nueva York. Al llegar a la “Gran Manzana” se inscribió en el Instituto Pratt, donde estudió dibujo, pintura y escultura. 

Durante su tiempo en Pratt, el joven Mapplethorpe aprendió de grandes artistas como Marcell Duchamp y Joseph Cornell, quienes influenciaron de gran manera sus primeras intervenciones artísticas; recortes de revistas porno gay en donde mezclaba la fotografía con la pintura y el diseño para darle vida a collages que expresaban su amor por el cuerpo masculino y el sexo, un trabajo rudimentario en comparación con sus futuros proyectos. 

En 1966 conoció a quien se convertiría en su musa y primer amor: la poetisa y madrina del punk, Patti Smith. Tres años después se mudaron al Hotel Chelsea, hogar de grandes artistas e intelectuales de la década de los 60 y 70, donde conocieron a la cineasta y artista Sandy Daley. Entre música, libros, cigarrillos y arte, la tríada cultivó una fuerte relación amistosa; fue la misma Daley quien le obsequió a Mapplethorpe una cámara Polaroid, con la que realizó sus primeros autorretratos de desnudo. Durante esta época también tomó retratos de Patti y Sandy, además de experimentar con fotografías: las sumergía en un baño de emulsión y después las estiraba, alterando su forma para crear una nueva. 

Después de un efímero amorío con el modelo David Croland, que marcó el fin de su relación amorosa con Patti (pero no sería el fin de su amistad), Robert conoció al curador de arte y coleccionista Sam Wagstaff. Ambos se enamoraron e iniciaron una relación pasional y de negocios. Sam se convirtió en el benefactor de Robert; fue él quien impulsó la carrera de Mapplethorpe y logró que críticos de arte, galeristas y coleccionistas accedieran a ver el trabajo del promiscuo y vulgar artista, quien “sólo fotografiaba penes y escenas impúdicas y homosexuales”. Unas semanas después de iniciado su romance, Wagstaff le compró un estudio en Bond Street y le obsequió una cámara Hasselblad, todo un lujo considerando que Mapplethorpe no contaba con estudios en fotografía. 

En este periodo, Robert comenzó a aprender fotografía de manera autodidacta. Salía a los bazares y compraba paquetes de fotografías de grandes artistas como Edward Weston y Edward Steichen (quienes influenciaron su técnica de iluminación y composición), las analizaba y las estudiaba; fue así que en poco tiempo logró mejorar su técnica y desarrollar un estilo propio. 

En 1977, con la ayuda de Sam, logró que por primera vez una galería accediera a exponerlo. Fue Holly Sollomon quien le dio la oportunidad, sin embargo, le advirtió que no expondría sus obras de S&M, por lo que llevaron a cabo dos presentaciones simultáneas: en la Galería Holly Sollomon se montó una exposición de flores y en un sitio llamado The Kitchen se expusó la colección de imágenes sadomasoquitas. Siendo Mapplethorpe un joven enigmático, teatral y completamente narcisista, decidió enviar dos invitaciones que representaran lo que los asistentes verían en las exposiciones: una anunciaba depravación y sexo, y otra era más refinada, dirigida a la clase alta de la ciudad.

Pictures / Self Portrait (1977) [The Robert Mapplethorpe Foundation]

Pictures / Self Portrait (1977) [The Robert Mapplethorpe Foundation]
A pesar de que Mapplethorpe no vendió ninguna fotografía durante la exhibición, logró centrar la atención de los medios y críticos en el ‘Portafolio X’, una obra dedicada al sadomasoquismo y el cuerpo masculino.  

En esta colección elevó su amor por el sexo y lo hizo de una manera nunca antes vista. Retrató algunas de las más ‘grotescas’ prácticas sexuales que escandalizaron a la sociedad estadounidense de aquellos años. Un hombre con una máscara de látex orinando en la boca de otro, la fotografía de un dedo meñique insertado en la punta del pene de un hombre y el famoso autorretrato de Mapplethorpe sodomizado por el mango de un látigo mientras mira retador a la cámara, fueron algunas de las fotografías que le valieron el menosprecio de la crítica, por proponer algo tan ‘vulgar’ como arte. 

“El sexo es para mí, probablemente, la cosa más importante de la vida. Es la única cosa que ofrece un poco de magia, un poco de algo que no sabemos”.

Robert Mapplethorpe

Si bien el morbo en las fotografías del ‘Portafolio X’ fue el principal factor que aseguró la atención mediática que recibió Mapplethorpe, lo cierto es que fue una obra completamente transgresora. Resulta difícil pensar que en la ciudad de la primera protesta por los derechos homosexuales y durante las décadas de la liberación sexual, se continuaran satanizando las prácticas sexuales no heteronormadas. En palabras de Carol Saviers, “la fotografía artística estaba controlada por gente muy civilizada de Nueva York y, en esencia, él [Mapplethorpe] estaba dando glamour al pene, que es una cosa muy poco civilizada de hacer”. 

Después de esta muestra, su carrera despegó y comenzó una temporada próspera para el artista. Convirtió su hogar en su estudio fotográfico, contrató a dos secretarias y un experto en revelado de fotografías. En 1980 conoció a la primer mujer campeona de fisicoculturismo, Lisa Lyon, con quien trabajó para realizar el libro y película Lady, Lisa Lyon. En esta serie de fotografías, Mapplethorpe y Lyon exploraron el significado de lo que significa ser mujer en la sociedad contemporánea de los ochenta; retrataron a la mujer atleta, la virgen, la fashionista, la hambrienta sexual, la estatua y muchas otras más. Sin embargo, una vez más la crítica fue ruda con Robert y lo que pareció algo vulgar y corriente cuando lo realizó con un hombre, en esta serie de fotos dio la impresión de ser “retrógrada”. 

Tiempo después, Mapplethorpe reconoció su amor estético y pasional por los hombres afroamericanos y se dedicó a fotografiarlos. Su gusto por los genitales masculinos seguía presente, sin embargo, durante este periodo la forma del sujeto se convirtió en algo mucho más importante para Mapplethorpe. Las figuras fornidas e imponentes se convirtieron en una nueva obsesión. Sus modelos eran convertidos en estatuas humanas mientras iluminaba sus músculos con maestría y experimentaba con la forma en sus composiciones. 

Durante este tiempo también conoció a Milton Moore, quien describió como el ‘perfecto pene negro’ y de quien se enamoró profundamente. Milton se convirtió en su nueva ‘musa’, a quien fotografío durante mucho tiempo. Eventualmente la relación llegó a su fin, pero Moore pasó a la historia como el modelo de una de las fotografías más icónicas de la carrera del fotógrafo: Hombre con traje de poliéster. 

La crisis de SIDA en Estados Unidos alcanzó niveles críticos en los 80 y en la cima de su carrera, la vida de Robert dio un giro dramático; en 1986 fue diagnosticado con tal enfermedad. Cuando en mundo se enteró que Mapplethorpe estaba muriendo, sus trabajos triplicaron su costo y todos querían que los fotografiara; su popularidad estalló. 

A pesar de lo frustrado que estaba por su inminente muerte, Mapplethorpe disfrutaba de la atención, como siempre. Aceptó cualquier trabajo que llegara a su buzón, fotografió a cuantos pidieron su retrato y comenzó una racha de producción en masa; entre más fotografías pudiera tomar, sería mejor para él y su reputación. Experimentó una vez más con cuerpos afroamericanos y sobre todo con still lifes de flores, creando una de las series más exquisitas de todo su repertorio, por la maestría en el uso de la luz y composición; imágenes tan delicadas y elegantes que hasta el día de hoy muchos contrastan con sus trabajos anteriores. 

Double Jack in the Pulpit (1988)-The Robert Mapplethorpe Foundation
Tulips (1987)-The Robert Mapplethorpe Foundation

Aun en el ocaso de su vida, Mapplethorpe nunca perdió el amor propio que lo motivó a llegar tan lejos en su carrera. En 1988 le encomendó a su hermano menor, Edward, que tomara su retrato. Él ideó una pose en la que Robert estuviera cómodo, ya que había perdido prácticamente todas las fuerzas en sus piernas, arregló una silla y posó con un bastón con empuñadura de calavera. Fue así que nació el último autorretrato del fotógrafo, en donde se percibe a un hombre moribundo que continúa manteniendo el porte de un genio hasta el final.

Self Portrait (1988)-The Robert Mapplethorpe Foundation

A los 41 años del nacimiento de Robert, el Whitney Museum celebró un homenaje a la carrera del artista, algo inusual para un fotógrafo y artista vivo. Tiempo después planeó su última exhibición titulada The Perfect Moment, en la cual se recopilaron las obras de sus portafolios X (colección de sexo y S&M), Y (colección de flores) y Z (cuerpos afroamericanos). Mapplethorpe falleció en 1989 sin la oportunidad de visitar su exhibición. 

La importancia de la obra artística de Mapplethorpe permea hasta el día de hoy. Fue un artista transgresor que gustaba de retar al público, un obsesionado por la fama, un fotógrafo incómodo que molestó a la crítica en diversas ocasiones y un genio adelantado a su época.

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