The Assistant: el silencio antes del #MeToo

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Jane (Julia Garner) trabaja para un poderoso y prepotente productor de Hollywood; además, es ninguneada por los compañeros de oficina y su rutina laboral es desgastante. Un día recibe la orden de trasladar a “la nueva asistente” a una habitación de hotel, donde se encuentra el jefe. Motivada por la incómoda situación, Jane decide denunciar las malas conductas del directivo. The Assistant se desarrolla antes del #MeToo y la caída de Harvey Weinstein, a quien se hace una ambigua referencia en la película.

Aunque el estreno digital sucedió hace un mes, los críticos han mantenido a este título vigente con la intención de asegurar sus oportunidades de nominación para los Oscars 2021. Y no es para menos, pues el tema de The Assistant toca el polo pesimista que Bombshell (Jay Roach, 2019) no abordó, aquel donde no existe justicia y la víctima es coaccionada a callar bajo amenaza de despido. Lo que al inicio parece un depurado ejercicio de estilo contemplativo –inspirado en Jeanne Dielman, 23 quai du commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975)– se transforma en un grito ahogado pidiendo ayuda; la impotencia de conocer un crimen y no tener las pruebas válidas para denunciarlo.

Si bien la referencia a The Weinstein Company es evidente, la directora Kitty Green desdibujó todas las alusiones al lujo hollywoodense, para convertir a la austera oficina en una impersonal empresa opresiva y claustrofóbica; de esas que compiten por liderar los rankings Great Place to Work, pero tienen serios problemas internos. En el filme, la responsabilidad no solo es del depredador, sino de todo el sistema organizacional que lo protegió durante décadas. La dinámica en el piso muestra una desventaja de Jane frente a los otros “asistentes” varones, porque ella es la única con tareas “domésticas”, bajo excusa de ser “la nueva”. Después de investigar en Australia, Gran Bretaña y Estados Unidos, la realizadora armó un patrón recurrente que permitiera a la audiencia identificarse, objetivo logrado a la perfección, pues The Assistant es un escenario reconocible en los ambientes laborales de cualquier sector.

Sin embargo, Jane no es la única víctima, también sus similares masculinos reciben agresiones verbales y físicas del productor, solo que ellos lo asumen como un mal inevitable en la meritocrática escalada organizacional. La condescendencia es la peor práctica de esos entornos corporativos, pues convierte al acoso de los jefes en un “reto profesional” para alcanzar el éxito. Miles de vacantes incluyen dentro de los perfiles la “tolerancia a la frustración” y la “proactividad”, términos que suponen un filtro entre candidatos aguantadores y “débiles”. En el cine, entregas como El diablo viste a la moda (David Frankel, 2006) o Un amanecer glorioso (Roger Michell, 2010) romantizan dicho consentimiento a la explotación del empleado, bajo la falsa promesa de un beneficio mayor.

El filme ahonda en las recurrentes “microagresiones” del sector y cómo determinan la deserción de mujeres en la industria del cine, lo que a la larga se ha manifestado en desproporcionadas cuotas de género. Parte del impacto de The Assistant en la audiencia estadounidense se debe a la cruda puesta en escena, la cual simula en hora y media la sensación de ralentizada jornada laboral. Comúnmente, el montaje sintético es empleado para mostrar vidas por debajo de la media económica –como sucede en La Camarista (Lila Avilés, 2018)–, donde la privilegiada y voyerista audiencia está distante del conflicto y se siente conmovida por los personajes en precarias condiciones laborales. Sin embargo, en el largometraje de Green, tales espectadores están viéndose reflejados y reconocen su propia miseria (sean empleadores o empleados), generando un acercamiento inmediato al conflicto… bastante incómodo de asimilar.

Las agresiones sexuales y psicológicas contra las mujeres es un asunto normalizado desde las universidades y prácticas profesionales, donde no se prepara a los egresados para denunciar dichas conductas. El lento formato del filme permite centrar la atención en los pequeños rastros de la violencia generalizada, que va desde una taza abandonada hasta humillantes llamadas telefónicas. El cine de Kitty Green cataliza ideas a la espera del espectador inconsciente sobre su propia responsabilidad. The Assistant es un golpe a nuestra supuesta rectitud moral, evidenciándonos como victimarios pasivos de un sistema corrupto liderado por depredadores.

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