Run: el debut de Vicky Jones en la pantalla chica

Los planos iniciales de Run muestran el inmenso estacionamiento de un centro comercial al aire libre, en el cual se encuentra la protagonista Ruby. El silencio predomina en el interior de su automóvil; tiene la mirada perdida y el rostro desencantado. Mientras la cámara muestra su soledad, a lo lejos aparecen nombres de tiendas y los otros coches que rodean a la desdichada esposa. De manera simple y rápida, la guionista Vicky Jones junto a Kate Dennis en la dirección, muestran en pantalla la premisa central que marca el ritmo de la serie: el deseo de escapar de todo sin consecuencias ni miramientos. 

Con siete capítulos de media hora cada uno, Vicky Jones, colaboradora de la admirable Phoebe Waller-Bridge en varios proyectos multipremiados como Fleabag (2016), y Killing Eve (2018), debuta con esta serie mezcolanza entre comedia romántica al estilo de Richard Linklater (Antes del amanecer, 1995) –referencia citada por la propia creadora–y el género thriller, cuya atmósfera en ocasiones recuerda a la adaptación cinematográfica de Alfred Hitchcock, Extraños en un tren (1951). 

El primer gran proyecto de Jones en la pantalla chica es sencillo en su desarrollo dramático; de manera lineal se cuenta la historia de dos exnovios de la universidad, quienes tras 15 años sin verse y un mensaje de texto que sólo dice “Run”, deciden abordar un tren, huir lejos de sus problemas para vivir como siempre quisieron sin que los molesten. Y aunque las situaciones son predecibles debido a la poca dimensionalidad de sus personajes Ruby (Merritt Wever) y Billy (Domhnall Gleeson), la historia es entretenida a ratos debido a los pocos temas que aborda. 

El redescubrimiento erótico de la figura femenina es una influencia directa de los trabajos que la directora de teatro trabajó con su amiga Waller-Bridge; ambas tienen inquietud por escribir sobre la reconexión que una mujer tiene con su sexualidad, luego de pasar años en una rutina marital que las hace olvidar su rol femenino para convertirse sólo en madres o esposas. Existen pinceladas de la personalidad de Eve –por lo menos en su primera temporada– o de Fleabag, en la confundida esposa que interpreta Wever.   

Billy, por otro lado, es el personaje que agrega misterio a la trama, es el encargado de provocar la mayoría de los conflictos hitchcockianos –un hombre que es perseguido por su pasado–. Aunque su crecimiento narrativo es más superficial a comparación que el de su compañera, Jones, aprovecha el pasado del protagonista y su asistente Fiona, interpretada por Archie Panjabi, para desarrollar una segunda premisa que va sobre la idea de felicidad y éxito que se busca en charlas o libros motivacionales y cuyo único propósito es aprovecharse de ellas para ganar cantidades bárbaras de dinero. 

Y si bien estos rasgos de personalidad en los protagonistas le dan cierto punto de interés a los primeros capítulos, la trama (luego de un par de conflictos) se vuelve monótona. Ni siquiera el trabajo de Kate Dennis (Glow 2017-18) junto a Matthew Clark (Notas perfectas 3, 2017) en la fotografía, una producción organizada, pero sin aportar mucho a la narrativa visual, logran hacerla más interesante. La mayoría del tiempo la cámara está presente sólo para describir el espacio o para saber quiénes están hablando. 

Hacia su desenlace, la serie se desinfla, principalmente por la débil relación amorosa entre los protagonistas; el lazo que los mantiene unidos durante la temporada, aún después de bastantes años sin verse, no resulta verdaderamente justificado. La química que se supondría electrizante entre dos ex amantes tras un recuento no se siente genuina y eso provoca que una vez conocemos lo básico de sus motivaciones, el resto de la trama sea monótona. 

Run no es la serie del año, e inclusive podría asegurar que fueron pocos los interesados en aventurarse a verla; su trama, aunque se lee interesante en pocas líneas en la práctica, resulta menos compleja. El nombre de Phoebe Waller-Bridge como productora es bastante llamativo para querer darle una oportunidad –su trabajo como guionista ha sido impecable– aunque al final, el prestigio de su amiga no fue más que una estrategia de HBO para vender mejor la historia de Jones. Bueno, por lo menos el intento se hizo.

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