El “sexenio de la exhibición del cine mexicano”: lejos de la realidad

Por: Leticia Arredondo (@leetyAV)

“Generar curiosidad por un cine diferente y hacer algo que faltaba en nuestras comunidades” fue lo que impulsó a Anahí Estudillo y a Hibrahin Bañuelos a crear Nayar Lab Cinema, una sala de cine alternativa en Tepic, Nayarit, el estado donde llega menos cine mexicano: pasó de 36 títulos exhibidos en 2018 a 29 en 2019, lo que representa una baja del 19.44%. Nayarit cuenta con ocho complejos cinematográficos, de acuerdo al Anuario Estadístico del Cine Mexicano del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE); pero la asistencia que registra Nayar Lab Cinema, el cual ante el contexto de la pandemia por COVID-19 se encuentra vulnerable a desaparecer, no figura en dicho documento. En la misma situación están otros tres cines: Cine Too en Oaxaca, El Cine Club en Playa del Carmen y Cine La Mina en Guanajuato, lugares que en conjunto han lanzado una campaña para cubrir gastos fijos y apoyar a sus colaboradores.

Según el anuario, en México existen 615 espacios de esta naturaleza independiente. Estos lugares alternativos surgen para “rastrear películas que se esconden de repente o que son escondidas por todo este monstruo de las salas comerciales”, como lo expresa Leslie Borsani en el caso de Cine La Mina, del cual es fundadora. Igualmente, suelen nacer como sitios únicos de exhibición cinematográfica en regiones donde el desplazamiento para visitar una sala de cine es considerable en comparación al de la capital del país. En Nayarit, el promedio de distancia por habitante para llegar a un complejo cinematográfico es de 28.87 km, cuando en la Ciudad de México es de 1.71 km.

Guelatao es otra de las zonas en México donde más kilómetros se deben recorrer para llegar a una sala de cine comercial: 60, cifra que supera el promedio en Oaxaca, que es de 50.59 km. Ahí, en la región reconocida por ser la cuna de Benito Juárez, se encuentra Cine Too, que cuenta con una sala para 75 personas y opera desde 2016. Para Luna Marán, una de las encargadas de programación, falta que el IMCINE visibilice el trabajo que hacen las salas independientes.

Tal necesidad de vinculación no sólo se pretende como un reflejo en las estadísticas, sino en la articulación para un mejor funcionamiento. Anahí considera que estos espacios “son esa pequeña luz para el cine mexicano que realmente está encendida” y que finalmente “no podemos solos, aunque estamos solos”.

A más producción, menos exhibición

En el mismo documento del IMCINE, que se realiza desde hace 10 años, se indica una alza en cifras relacionadas con el consumo de cine en México en el último año: el ingreso en taquilla y la producción. Aumentos de 26% y 16% respectivamente. En contraste, los números relacionados con la exhibición de tal producción, así como su llegada a todo el territorio nacional, se registró a la baja en el mismo periodo: a excepción de Querétaro, a cada estado del país (incluida la Ciudad de México) llegaron menos títulos mexicanos. Por ejemplo, en Michoacán, de 59 películas exhibidas en 2018 se pasó a 45 en 2019; en el Estado de México sólo se vieron 64 en 2019, y en 2018 la cantidad fue de 72.

Lo anterior indica un crecimiento de la brecha entre el cine producido y el cine estrenado, aun con la preocupación que ante el tema ha compartido María Novaro, directora general del IMCINE. En una entrevista realizada por La Pantalla V en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), la cineasta expresó que “es sumamente triste que los mexicanos en su mayoría no pueden ver el cine mexicano que se produce incluso con fondos públicos”. Sin embargo, de acuerdo a los dos informes presentados desde el inicio de su administración, la exhibición va a la baja. En 2018 se estrenó el 61.83% de las películas mexicanas producidas y en 2019 el 46.76%, incluso con el aumento de pantallas en el país: de 7 mil 24 en 2018 se pasó a 7 mil 493 en 2019; entonces, ¿qué cine está ocupando estas pantallas? El producido por Disney, empresa que en el último año registró uno de sus mayores crecimientos históricos en México: los 3 mil 523 millones de pesos recaudados en taquilla en 2018 se convirtieron en 7 mil 37 en 2019. En contraste, hay un dato que destaca por su abrupta diferencia de crecimiento. Del 2017 al 2018 se registraron 115 nuevos espacios alternativos más. Así, para el 2019 se consideraban 614; y para el corte de este año, el IMCINE contabiliza 615.

El Tratado de Libre Comercio: un antes y un después en la exhibición nacional

En el libro El consumo cultural en América Latina, Ana Rosas Mantecón, doctora en Ciencias Antropológicas, refiere a los años 80 como el inicio de la creciente participación del sector privado en el ámbito cinematográfico; en el capítulo ‘Las batallas por la diversidad: exhibición y públicos de cine en México’, escribe que: “Hasta los años 80, el Estado había desarrollado una gestión industrial integrada del sector (producción, distribución, exhibición, preservación, capacitación) la cual le había permitido tener un papel destacado dentro de la industria cinematográfica”.

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Ya en los años 90, el panorama se modificó debido al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN); y uno de los elementos anteriormente integrados en el desarrollo de la industria se vio afectado: la exhibición del cine hecho en México. En 1994, de un 50% que en 1952 se marcó como obligatorio en la exhibición de cine nacional, se pasó a un 30%. Actualmente, en la Ley de Cinematografía cuya última reforma es de 2015 se indica que “Los exhibidores reservarán el diez por ciento del tiempo total de exhibición, para la proyección de películas nacionales en sus respectivas salas cinematográficas, salvo lo dispuesto en los tratados internacionales en los cuales México no haya hecho reservas de tiempo de pantalla”.

El asunto es que en el TLCAN, México sólo hizo reservas para la televisión. Para Luna Marán, productora de Los años azules (2017) y directora del documental Tío Yim (2019), tal tratado es una de las más fuertes causas para el actual estado de la exhibición del cine mexicano. “Es un error de origen que tiene varias estructuras, el error trágico del cine mexicano es sistémico: el TLCAN generó una política en la que no ha habido un trato equitativo en las salas comerciales para el cine mexicano”.

El segundo que refiere Luna es una falta de formación institucional: “En las escuelas de cine y en el nuevo boom de escuelas de cine no está incluida la formación en la exhibición. Entonces, aprendes a editar, a fotografiar, a sacar un máster y según esto ahí terminó tu trabajo; creo que el error es que los cineastas tampoco aprenden que eso es haber llegado sólo al kilómetro 30 de 60”. Ante el tema, Leslie coincide al expresar que “hacer cine es hasta que llega al público, incluso hasta que haya un retorno de la inversión”.

Los apoyos del IMCINE: insuficientes y desiguales 

Otra parte en la cual la exhibición se ve relegada es en los presupuestos y apoyos federales. El estímulo con el que dispone el IMCINE para la exhibición es mediante el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine), constituido en 2001 y que también está destinado a la producción, postproducción y distribución. Se trata de un crédito para el equipamiento, remodelación y/o equipamiento y remodelación, el cual, la propia representante del IMCINE considera que “ha funcionado bastante mal”.

El dinero de este fondo destinado a la exhibición en el último año fue del 0.49% con respecto al total de circuitos alternativos. En 2019 se aprobó el Fidecine para tres proyectos de exhibición: Cine La Mina, Cinepic Zacatlán y Cineteca Alameda, apoyos que en total suman 4 millones 108 mil 573 pesos. Tres proyectos apoyados, seis menos que en 2018 aun con que el gasto del Fidecine aumentó en 2019 en un 3.43% de acuerdo a la Cuenta Pública de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Sin embargo, tal fondo no ha representado una opción viable, incluso para los beneficiados. Leslie Borsani comenta que después de juntar los requisitos para la obtención del Fidecine y de evaluar la situación financiera de Cine La Mina, decidieron no tomar el apoyo: “ya viendo el cálculo que nos habían hecho de pagos al mes, nos dimos cuenta que era un riesgo muy grande aventarnos y sabiendo que probablemente no íbamos a poder llegar a cubrir esas mensualidades”.

Víctor Morillas considera a la exhibición un eslabón fundamental de la cadena de lo que es el cine, porque “según lo que hemos visto en estos años el cine se concluye cuando está frente a un público”. Sin embargo, el impulso del IMCINE para la exhibición ha sido devuelto por 18 de los 23 espacios que lo han obtenido, según información dada por María Novaro. De tal apoyo se espera su modificación ante la reciente noticia de su fusión con el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine).

“El crédito es bastante desigual respecto a la producción; ésta tiene tanto empuje para que finalmente quede en una propuesta cinematográfica digna para verse o exhibirse y que permanezca enlatada o que le den un espacio mínimo, o casi inexistente, en salas comerciales” agrega Leslie.

La distribución: otro reto a considerar  

Incluso con que en el artículo 17 de la Ley Federal de la Cinematografía se señala que: “Los distribuidores no podrán condicionar o restringir el suministro de películas a los exhibidores y comercializadores, sin causa justificada”, salas como Cine La Mina han enfrentado barreras para la exhibición de títulos. “Nos hemos encontrado con la dificultad que ya con distribuidoras más grandes o medianas, se favorece el circuito de exhibición comercial” y agrega: “aquí en Guanajuato tenemos otra sala de cine comercial, un Cinemex y la programación deja fuera muchisimas peliculas. Yo no entiendo por qué distribuidoras aun así, aunque no están exhibidos en esta zona, no nos sueltan la película hasta después de pasada cierta corrida comercial”.

Con actividades como conferencias impartidas por realizadores, ciclos itinerantes, funciones gratuitas en escuelas e incluso muestras de cine local, los lugares alternativos de exhibición cinematográfica sobreviven para contrarrestar el papel de la sala comercial, lo que Mantecón definió en 1999 como “espacios no inclusivos, diferenciados, que contribuyen a la fragmentación y a la exclusión social”.

Victor Morillas, quien inició el proyecto de El Cine Club con Grisel Alcántara con la intención de replicar la oferta de la Cineteca Nacional, destaca que el tiempo que permanezcan en Playa del Carmen buscarán seguir como ese lugar de recreación para los habitantes, quienes “después de haber trabajado durante no sé cuantas horas para un turista extranjero o un turista nacional no tienen opciones de esparcimiento aquí en la ciudad”.

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“Tenemos seis años para ordenar, para acomodar, para limpiar, para que la casa quede bien armada y lo estamos haciendo con todo el corazón, muy rápido” declaró María Novaro en 2019. Sin embargo, hay partes de la casa que aún no han sido visitadas. Víctor Morillas sostiene que “sigue quedando pendiente este apoyo que se ha prometido en varias ocasiones. Yo recuerdo que cuando empezó esta administración se habló mucho, varias veces, de que iba a ser el sexenio de la exhibición, pero nosotros seguimos esperando cuáles van a ser esas nuevas consideraciones”.

 

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