Defending Jacob: la ilusión ambigua del victimario

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

El asistente del fiscal Andy Barber (Chris Evans) investiga la muerte de un adolescente; no obstante, las primeras evidencias apuntan a su hijo Jacob (Jaeden Martell) como el principal sospechoso del homicidio. Después de ser apartado del caso, Andy comienza a indagar las pruebas que involucran a otro presunto asesino descartado. En tanto, su esposa Laurie (Michelle Dockery) sufre una crisis emocional ocasionada por las dudas sobre la culpabilidad del joven.

Todos los dramas legales parten del mismo punto y es durante el desarrollo cuando demuestran su verdadero alcance. La nueva serie de Apple TV+ arranca con una premisa convencional, mas resultan atractivos su formato y atmósfera, resultado de la colaboración entre el showrunner Mark Bomback y el director Morten Tyldum. Desde el piloto la serie comenzó a tener una respuesta positiva de la audiencia, en parte, gracias a la aproximación de Tyldum y Jonathan Freeman (director de fotografía del último episodio de Juego de Tronos) a la estética fría y pesimista (sin solemnidad) de las series europeas más representativas del género, como las belgas Beau Séjour y Enemigo Público.

El ritmo no es la mayor virtud del programa, ya que el suspenso no es prioridad; sin embargo, tales agujeros emotivos son rellenados con otros temas sugerentes, como el acoso mediático contra el victimario y el “gen del guerrero” (MAOA) en el ADN de los Barber. En las narrativas contemporáneas se ha normalizado el uso de términos médicos para racionalizar la violencia juvenil, una conversación iniciada en el mainstream por Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011). Similar al filme de Ramsay, la relación madre/hijo es el gancho para profundizar en los antecedentes de la posible mente criminal del protagonista. Lo intenso del drama no se encuentra en el doble proceso legal que hila la trama, sino en la reconstrucción de los hechos a partir del paranoico personaje de Michelle Dockery, pues solo ella es consciente del verdadero rostro de Jacob.

Las dudas de Laurie conforman un retorcido drama acerca de las nuevas maternidades, sin los clichés de amor ciego e incondicional. Como sucedía en la temprana El ángel malvado (Joseph Ruben, 1993) —aunque más ambigua en su desarrollo—, la madre se enfrenta al dilema de convertirse en verdugo del “monstruo” que podría ser su hijo. Para aligerar el tono trágico de la novela (con un desenlace concreto a la segunda acusación contra el chico), Bomback desplaza el juicio en la corte a un segundo plano y centra su atención en la batalla interna de Laurie, con el objetivo de entregar al espectador un magnífico final abierto a las interpretaciones. Tal ejercicio de suspenso anticlimático es muy parecido al de John Patrick Shanley en su obra La duda, donde la incertidumbre de los personajes sobre cierto evento constituye un incómodo vacío narrativo para el espectador.

La serie también toca terreno fangoso al elegir una mirada empática hacia el presunto culpable. El año pasado, La víctima (producción de la BBC) contenía una crítica similar sobre el acoso social contra el victimario, un fenómeno magnificado por el ruido del social media. Al final de Defending Jacob nos preguntamos: incluso siendo el asesino ¿es justificado el asedio del criminal por parte de la opinión pública? ¿Cuál es nuestra facultad moral para juzgar y sentenciarlo? Leonard Patz (Daniel Henshall), un ofensor sexual sospechoso del homicidio, es importante para entender la gravedad del problema. Mientras la familia Barber es hostigada por la fiscalía y los vecinos, el propio Andy acosa a Leonard para librar a Jacob del juicio, motivado por el prejuicio de los antecedentes penales de Patz.

Dicho lo anterior, Defending Jacob tiene una perspectiva pesimista sobre la hipócrita sociedad “americana”: nadie es amigo de nadie. El asesinato del chico, el pasado familiar de Andy y los gustos extremos de Jacob son pretextos para mostrar cómo una familia privilegiada es vulnerada por la exhibición (sin clemencia) de todos sus secretos. No obstante, en ese punto la serie se queda corta, pues (en pro de aminorar la antipatía de los protagonistas) Bomback se muestra tibio con la representación de Andy como una ciudadano con principios éticos (estereotipo reafirmado por el innecesario prólogo del episodio 9). El desequilibrio de complejidad argumental entre el personaje de Evans y el de Dockery resta oscuridad al drama, cayendo en el clásico thriller sin cuestionamientos al sistema judicial estadounidense (donde no existen corruptos, solo burócratas frente a dilemas complicados).

Dentro del género, la serie cierra creativamente al conflicto legal. Los dos últimos episodios tienen un perfecto desarrollo de la trama jurídica, que ayuda a engrandecer el conflicto de Laurie (repito, el punto medular del programa). De acuerdo con el showrunner, el centro de la serie está en la pregunta: “¿soy tan buena persona como pensé que era?” Como respuesta, Defending Jacob es una historia inquietante sobre la inexistencia de justicia y otra victoria para Apple TV+ en la guerra del streaming.

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