Seis películas fundamentales de Sam Peckinpah

Por: Manuel Arriaga

Se involucró en el teatro siendo joven, pero necesitaba un empleo estable, así que empezó a trabajar como tramoyista en estudios televisivos. Una vez inmerso en la industria, escribió guiones para la pantalla chica, los cuales llamaban cada vez más la atención, hasta que productores decidieron llevar su talento a las salas cinematográficas. Paulatinamente se ganó la reputación entre la prensa y el público como El Maestro de la violencia, y en la industria tomó el apodo de Bloody Sam. 

Un completo salvaje con talento, al igual que Ernest Hemingway o Hunter S. Thompson, Sam Peckinpah fue aficionado a las armas y la cacería; su alcoholismo y adicciones lo llevaron a la tumba. Acusado de misoginia y violencia doméstica, tanto su vida como su filmografía estuvo llena de altibajos, desastres financieros, pésimas películas y excelentes filmes clásicos. La mayor parte de su trabajo la dedicó al western, con el cual marcó enorme diferencia entre otros cineastas. Como en muchos filmes noir, el director tiene como personajes a hombres sin atributos que pueden conseguir la sensación de gloria a través de sus agallas. El uso del slow motion, múltiples cámaras para una misma escena, y por supuesto el uso de sangre (acorde a la censura de su época), hacen que sus películas exalten ese morbo primitivo por contemplar a toda costa la disputa, el combate, la acción, la eliminación del enemigo y la supervivencia. 

En las películas de Sam Peckinpah siempre se encuentra una suerte de ruleta rusa cuyo tambor está cargado de cuatro concepciones fundamentales en su obra: hombre – mujer – bestia – héroe. Algunas de estas cintas se han convertido en películas de culto y cineastas como Brian de Palma, Takeshi Kitano, Robert Rodriguez, Andrew Dominik y Quentin Tarantino han reconocido su admiración e influencia. Es difícil haber visto algunas de sus mejores obras y no recordar la velocidad de sus cortes, la edición tan original y un particular uso del montaje paralelo que fue un valiosísimo recurso utilizado en la década de los 70 y pareciera extinto en nuestra época. 

The Getaway (1972)

Producida para ser un éxito en taquilla, sale un poco de la línea creativa del director, pero aun así es una experiencia emocionante. Protagonizada por Steve McQueen, harto de cumplir su condena en prisión realiza un plan con su esposa (Ali MacGraw); ambos piden apoyo a un corrupto hombre poderoso. Típica cinta de acción: llena de persecución, choques, disparos, stunts, y situaciones de riesgo extremo en la huida de la pareja. La película recaudó enormes sumas de dinero y puso a Bloody Sam en el mapa de los directores más redituables de Hollywood.

Pat Garrett and Billy the kid (1973)

Narra una historia distinta del famosísimo Billy the Kid, quien se reencuentra con un viejo amigo bandido que ahora ha cambiado de bando: es sheriff y su principal interés es proteger la ley. Pat Garret sigue las pistas que consigan atrapar a Billy the Kid entre sus múltiples escapes y delitos cometidos en el camino.

El western cuenta con las actuaciones de James Coburn, Kris Kristofferson, Katy Jurado, Harry Dean Stanton, Emilio Fernández, Bob Dylan, entre otros. A este último el director le pidió que llevara una guitarra a Durango, México, lugar de la filmación; resultado de esto, Bob Dylan compuso Knocking on heavens door, una de las canciones más reconocidas de quien décadas después recibiría el premio nobel de literatura. El western nos conmueve sobre temas como la amistad, la redención y la osadía. El soundtrack, también compuesto por Bob Dylan, recibió nominaciones de los Grammy y los premios BAFTA.

Cross of Iron (1977)

Después de rechazar dirigir los blockbusters King Kong y Superman, Sam Peckinpah decidió realizar un proyecto personal de bajo presupuesto que él mismo cofinanció, basado en una novela sobre un pelotón alemán que busca combatir un frente ruso en la segunda guerra mundial. El núcleo de la trama es precisamente la cruz de hierro: la mayor condecoración de “honor” en este ejército para quienes sufren diferentes historias en batalla. De nuevo la construcción de la “hombría” y el honor son cuestionados por el director.

Dentro de ese espantoso propósito de guerra se observan situaciones de infanticidio, homosexualidad, religión, violaciones de mujeres, reconocimiento social, diferencia de clases, ideologías, jerarquías y todo aquello sobre lo que la idea de un hombre debe ser o representar en medio de estallidos y disparos. La película inicia y termina con material documental del nazismo y un peculiar contenido sonoro con el cual recurre al montaje de atracciones que implementó Sergei Eisenstein.

Una obra clásica sobre la guerra, de un director que defendía el combate de hombre a hombre, pero que declaraba con total convicción que la guerra es sólo una gran mierda. Orson Welles la consideró la mejor película antibélica de la historia, y aunque tuvo una gran admiración por la crítica europea, en Estados Unidos su aceptación se vio eclipsada por un penoso producto infantiloide fabricado en serie llamado Star Wars. 

The Wild Bunch (1969)

Estoicamente cínico, con plena desfachatez de exhibir el salvajismo, la vileza, el machismo, la depredación y la brutalidad. En la primera escena, el director muestra niños que observan divertidos a cientos de hormigas rojas atacar a un debilitado alacrán altamente venenoso. Disfrutan inocentemente de la crueldad; así llega a su madurez Peckinpah con plena naturalidad. La trama es sobre nueve forajidos que realizan un atraco a un tren sin sospechar que se trata de una trampa de algunos cazarrecompensas. El grupo de forajidos emprende la huida hacia México donde hay una guerra entre el ejército federal (liderados por Emilio Fernández y Alfonso Arau) y los revolucionarios comandados por Pancho Villa. 

El director ostenta su creatividad más infame y cruel; señalado de mostrar a las mujeres como objetos y responsable de explotar el sadismo, pese a esto la película ha alcanzado la inmortalidad en el western. Martin Scorsese afirmó que The Wild Bunch fue para la generación de cineastas de los 70 lo que Citizen Kane (Orson Welles, 1941) significó en su momento: una película que redefiniría el tipo de historias que se podrían contar. La cinta tuvo varias nominaciones, incluyendo los premios Oscar. El final de The Wild Bunch no tiene paralelo ni precedentes, el espectáculo sonoro y de edición inevitablemente se recordará siempre con un abrumador y glorioso olor a pólvora. 

Bring me the head of Alfredo García (1974)

Filmada casi en su totalidad en México, Peckinpah comparte su afecto por el folclor de los pueblos y la música popular del país. Pero confirma que se encuentra en territorio indomable, paraíso de corrupción, violencia, miseria, rapiña y hombres armados. Un poderoso gangster mexicano  se entera que su hija ha sido embarazada por un tal Alfredo García. Este poderoso gangster ordena a todos sus agentes entregarle la cabeza de Alfredo García a cambio de una enorme suma de dinero; unos de estos agentes recurren al protagonista de la película, un pianista americano que vive en la Ciudad de México con su novia prostituta.

Un sorpresivo desenlace define el porqué es esta película una obra de culto. Aunque el filme no es para nada autobiográfico, el final fácilmente demuestra de que está constituido Sam Peckinpah como autor y como persona. 

Straw Dogs (1971)

El título de este thriller psicológico proviene del filósofo Lao Tse quien escribió: “El cielo y la tierra no son humanos, considera a la gente como perros de paja”. La historia se centra en la vida de una pareja que se muda a un pequeño pueblo inglés. El protagonista, interpretado genialmente por Dustin Hoffman, es un investigador erudito de las matemáticas, quien debe arreglárselas para poner límites y educadamente marcar su territorio ante la tentación sexual que despierta su hermosa mujer entre los hombres vecinos.

Si posteriormente al darwinismo el siguiente gran hallazgo lo diera Sigmund Freud al acentuar la animalidad en la sexualidad humana, Sam Peckinpah tiene en la mira exponer en el desarrollo del protagonista esa incómoda latencia animal. El papel de Dustin Hoffman es llevado a un límite y transformación insospechable.

El director fue acusado nuevamente de sádico; la película se intentó prohibir al ser acusada de sexista y de contar con escenas de violación, una de ellas tiene un insólito manejo del montaje que, a falta de precisión, se calificaría como algo completamente insano. Straw dogs sin duda es un título imperdible, la mejor película de Sam Peckinpah y una de las mejores actuadas por Dustin Hoffman.

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