El último baile: lo único inevitable es el final | Capítulos 9 y 10

 

La parte 9 de El último baile trata sobre el quinto campeonato ante el Jazz de Utah tras una temporada histórica por el gran récord de victorias. Si bien sigue la estructura de los demás (entrevistas y una que otra adulación a Michael Jordan), la narración mejora mucho, especialmente en la articulación del material de los partidos para construir emoción en torno a los cinco anillos.

Ahora, el mejor episodio de toda la serie es, sin duda, el final. No sólo porque aborda con gran virtud la serie de partidos definitivos ante, de nueva cuenta, el Utah Jazz, sino que se revelan varios aspectos interesantes y desconocidos sobre lo que pasó después de recibir el trofeo.

Aunque se habían mostrado pequeños fragmentos donde Michael Jordan no era todopoderoso como se le eleva después, en estos encuentros particularmente se le percibe cansado, incluso con sus deseos incansables para tener una victoria definitiva para su legado. En general, el agotamiento es visible en los desgastados Bulls, quienes ya han estado en muchas situaciones similares. Hay una extraña aura por que todo acabe, a pesar de saber que era la última vez juntos.

El montaje de estos partidos definitivos es especialmente provechoso, pues no solamente se usa el pietaje de las cámaras televisivas, también se añaden los demás ángulos del crew especial para ese año, particularmente notorio en esa ocasión para hacer una excelente variación de ángulos y así conformar perspectivas sorprendentes de la acción en la duela. Las imágenes complementadas por las pistas elegidas crean una mancuerna efectiva para la progresión dramática de un microrelato que, insisto, conocemos de antemano. En esta recreación del Juego 6 de las finales de 1998 se aprecia todo el potencial de este archivo inédito, un valor agregado enorme para las narrativas del documental deportivo en general.

Los aciertos continúan en las reflexiones finales sobre, por fin, el último baile. Entre pensamientos sobre la dinastía que creó ese equipo y sus logros casi imposibles de igualar en la actualidad por las condiciones de la liga y demás, hay revelaciones sobre lo que pudo ser un futuro y… ¿una pieza más?

Como mencionaron en el episodio 1, el antagonista y gerente general, Jerry Krause, estaba en total disposición de reconstruir al conjunto sin el entrenador Phil Jackson: “no importa si tienes 82-0, este es tu último año”, le dijo en privado al coach. Sin embargo, el dueño Jerry Reinsdorf le ofreció al estratega volver por una temporada más para conseguir el séptimo título. Además, dice que no pensó ofertar nada a los elementos nucleares de la escuadra porque “tras seis títulos, su valor de mercado sería demasiado alto”. Estas declaraciones no eran del conocimiento de Michael Jordan, quien dice que habría aceptado jugar bajo un contrato de un año sólo para tener el campeonato siete y, probablemente, sus compañeros habrían aceptado igualmente.

El único que no aceptaría –palabras suyas– (y fue lo que sucedió), es Phil Jackson, quien se negó a la propuesta del propietario. Como se vio anteriormente, este mánager tiene una filosofía muy definida. Creía firmemente en los ciclos y, posterior a la victoria sobre el Jazz, orquestó una ceremonia de clausura emocional donde participaron todos sus pupilos. Dejaron ir al quemar en una fogata sus sentimientos escritos.

Las reflexiones que inserta este fragmento, donde Jackson cierra toda posibilidad de una nueva entrada a la organización, son sumamente interesantes. Es decir, es común que se medite en los “hubiera” -y más en la esfera deportiva-, pero ¿por qué debería ser así? Estas consideraciones sobre el final como elemento ineludible de las trayectorias, donde se aprecia el pasado a veces glorioso y después se abandona para seguir adelante, son las piezas más sustanciosas del subtexto de esta producción, pues vienen directamente de quien organizó un proyecto ganador durante una década. “Para mí, todo había terminado. Terminamos”, expresa tajante el exdirector técnico.

Posterior a esto, se coloca un montaje con imágenes que encumbran a todos los miembros del equipo, pero se contrastan con planos al presente. Mientras se habla de la gloria, se estrella con la calma del hoy. Esta secuencia termina con unos acercamientos a la vejez de Jordan vista en sus manos y con un plano medio a su persona de espaldas. El final es lo único inevitable y ni Michael Jordan puede huir de él.

Esta es una gran conclusión para El último baile -que bien pudo titularse La coreografía o algo así-, serie documental que quedará como uno de los grandes exponentes de su género. No sólo fue la gran articulación entre declaraciones, material conocido e inédito, también fue la forma de contar mediante matices desconocidos o incómodos, incluso si estos eran tenues. El único defecto mayor, como ya dije en ocasiones anteriores, es el excesivo encumbramiento a la figura de Jordan. Pero, como vemos, ni él puede escapar de quedarse en la historia. Sí, en lugar privilegiado, pero finalmente… eso fue ayer.

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