El último baile: no existe el “yo” en un equipo | Capítulos 3 y 4

Netflix ha liberado los capítulos tres y cuatro de El último baile, serie que aborda la última corrida de campeonato de la dinastía de los Chicago Bulls. Contrario a lo que sucedió en los primeros dos capítulos, las dos recientes entregas se enfocan en dos miembros fundamentales del equipo: Dennis Rodman y Phil Jackson.

El capítulo tres comienza con algunas imágenes de Rodman, el miembro controversial del equipo y la segunda “persona” más grande después de Jordan. Primero se hace hincapié en su habilidad defensiva, única en la NBA e indispensable para el éxito de su conjunto; después, siguen con sus humildes orígenes y terminan con la explosión del monstruo mediático en el que se convirtió por su personalidad salvaje y descarada.

Si bien ya se conocía el lado oscuro del amigo de Kim Jong-un por sus múltiples escándalos, es valioso para este relato el agregar conversaciones más íntimas con el exjugador, quien sufrió por la pobreza y halló un desahogo en el baloncesto.

Intercalado con el relato de Rodman, se elabora alrededor de la rivalidad de los Toros con los Detroit Pistons su némesis desde la segunda mitad de la década de los 80 y el primer año de los 90. Con el barullo en torno al magnífico equipo de Chicago, el aficionado regular probablemente los encumbra como invencibles, pero hubo un periodo en el que tuvieron a un bravucón sobre ellos, una escuadra de una ciudad menor y con un estilo de juego muy físico, en el que una parte imprescindible fue Dennis Rodman, quien inició su carrera en Detroit. Esta “revelación” es importante para la articulación de la trama -al menos de este episodio-, pues se consigue un contraste interesante entre los ganadores indestructibles del ahora y los adorables perdedores del pasado.

Así se enlazan ambas partes del capítulo: mientras se trata el tema del sujeto adicto a los reflectores con una forma poco ortodoxa de desenvolverse en la esfera social y quien llegó a salir con Madonna, se rememora la época del Jordan y los jordinaries falibles. Cuando su Aérea Majestad no podía solo. Por él mismo, nunca pudo -y eso es medular para el argumento general-.

La mitad sobre las riñas Pistons-Bulls tiene un final feliz -pueden anticipar cuál es-, pero el cuento del excéntrico jugador tiene un desenlace abierto con Rodman pidiendo permiso especial a la gerencia para ir a Las Vegas a festejar… algo, la vida. Sí, al más puro estilo de una serie sobre desenfreno juvenil. Lo irónico es que funciona.

Este cliffhanger -descarado, y ya no temen en hacerlos así- enlaza con mucha virtud al capítulo cuatro, el mejor hasta ahora.

El coach es la cabeza de un equipo no sólo en el aspecto táctico, también debe contribuir al manejo emocional del mismo, especialmente en el ámbito profesional donde hay más distracciones y sentimientos volátiles en los jugadores. Phil Jackson es uno de los mejores entrenadores en la historia del deporte y una de sus principales cualidades fue la administración de sus elementos en la dimensión personal.

Con el material de archivo se introduce a un moderadamente exitoso Jackson como jugador y como entrenador de escuadras chicas hasta que Jerry Krause, gerente general y franco antagonista de la crónica, lo trajo como asistente del director técnico de entonces. Posteriormente, asciende a mandamás y el resto es historia. Esta cuarta entrega es la más provechosa porque, aún si no se omite por completo a Jordan -digo, eso es imposible desde cualquier punto de vista-, sí le quitan el balón narrativamente y, de hecho, también sucedió en la realidad, pues ese fue uno de los puntos capitales de la filosofía de este mánager: repartir el juego con los demás. Asimismo, buscó crear un crecimiento espiritual en sus muchachos al introducirlos a la sabiduría de los nativos americanos mientras elevaba sus condiciones atléticas y mentales. Todo para desembocar en el primer título histórico para los Toros ante los Lakers de Magic Johnson. Ahí nomás.

Aunque existen ciertos bajones de ritmo por la cantidad de declaraciones -situación más notoria en el tercero-, considero que El último baile sigue con un desarrollo muy completo, con picos dramáticos sorprendentes para, insisto, algo contado ya en múltiples ocasiones. Los enlaces que hicieron con el primer campeonato denotan que éste no es necesariamente un recuerdo del último baile en solitario, sino del baile entero. Los pasos para articular una coreografía.

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