El Lago del Ganso Salvaje: cine negro en su mejor forma

 Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz) 

Durante una reunión de ladrones de motos, para repartirse las calles del barrio, las cosas se salen de control: uno de los hombres de Zenong (Hu Ge) dispara en la pierna a otro del clan rival. Como consecuencia de la venganza, Zenong termina siendo prófugo de la justicia. Liu (Gwei Lun-Mei), una sexoservidora enviada por los suyos, encuentra al fugitivo para ayudarlo. El plan es que su esposa lo entregue y la familia pueda cobrar la recompensa; no obstante, enemigos y policías le pisan los talones e impiden realizar la transacción.

Con Tan negro como el carbón (2014), Diao Yinan reconfiguró las bases del cine negro contemporáneo, embelleciendo el paisaje criminal de China con brillantes luces neón. En El Lago del Ganso Salvaje (2019) realiza algunas modificaciones, pero en esencia se percibe la misma decadencia y degradación social de su obra maestra previa. No obstante, la nueva propuesta carece de los guiños de poesía urbana norteña, como los fuegos artificiales o las pistas de hielo. El suburbio de Zenong es más hostil y corrupto, donde la miseria humana ha convertido a los actos de buena voluntad en una excentricidad. Yinan coquetea con la melancolía de Takeshi Kitano o el tardío cine de yakuzas, donde los protagonistas ya están muertos desde el minuto cero y la película sólo es una prolongación de la agonía.

En la guerra de pandillas, el personaje de Gwei Lun-Mei (quien repite rol de femme fatale) es el eje central de la trama. ¿Es una traidora o en verdad ayudará al criminal y a su esposa? Desarrollar el drama alrededor de la “espía” es lo que aporta ese encanto al filme. A diferencia de Tan negro como el carbón –donde la protagonista era apenas un fantasma amoral moviendo los hilos de la tragedia–, Liu demuestra poseer dignidad “impropia” a su condición marginal (un resplandor de bondad entre callejones  sucios); dice el director: “nobleza que está más allá de la moralidad dominante”.

Entre la fauna criminal del filme, destacan las “bellezas playeras”: red de prostitución a la que pertenece Liu. Ese detalle homenajea al noir clásico de Samuel Fuller, con mujeres “disolutas” demostrando altos valores: la virtud inmaculada dentro del fango. El director menciona a Film Comment que imaginó la trama como una historia de cacería en la China medieval, donde Zenong es un caballero taciturno y Liu la cortesana piadosa. Las escenas del fugaz romance tienen un erotismo decadente que exalta la belleza exótica del húmedo sur chino, recreada mediante planos de detalle; zapatos sucios, fideos hirviendo, una sombrilla transparente… todos los elementos son importantes para la puesta en escena. 

La recreación del tradicional “género” policiaco es primordial en la producción. Durante la segunda mitad del metraje, las sombras y espacios a media luz protagonizan las mejores composiciones fotográficas de Jingsong Dong, uno de los responsables de la cinematografía nocturna de Largo viaje hacia la noche (Gan Bi, 2018). Lamentablemente, la acción se cuece a fuego (demasiado) lento, restando ritmo e interés a las persecuciones callejeras. Debido al suspenso ligero (sin tanta complejidad narrativa), la masacre entre delincuentes pierde brío por tanta seriedad y densidad dramática; a la larga, todo el contenido violento termina convirtiéndose en un mero ejercicio estilístico (muy bien ejecutado, pero sin la garra de otros cineastas compatriotas).

El uso de violencia no es tan elegante como en Tan negro como el carbón, porque el enfoque del filme es un tanto “realista”. En 2012, se realizó un “Congreso de Ladrones” en Wuhan, hecho que sirvió de inspiración para el guion. Diao Yinan intentó crear una atmósfera verosímil que se asemejara a la verdadera lucha de clanes chinos. Para lograrlo incluyó puntuales escenas de acotación, mostrando la investigación policiaca y la estrategia de captura, siguiendo las convenciones del Hollywood más elemental. Esos intermedios en la trama de Zenong quitan intensidad a las traiciones y venganzas dentro de la organización criminal.

La nueva apuesta de Diao Yinan es muy atractiva, pero no se diferencia de otras películas asiáticas contemporáneas. El hampa de este filme es plano, sin matices ni conflictos que den profundidad al thriller. Existen algunos aspectos éticos complejos, mas son demasiado difusos para interesarse por ellos; sin embargo, el final de la relación entre Zenong y Liu es de lo mejor en la filmografía del director. El lago del ganso salvaje no es un título imprescindible para entender los logros de la sexta generación de cine chino, pero sí para estimular la fascinación por la cautivante esencia artística de su autor. 

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