Max von Sydow: adiós al ilustre actor sueco

Por: Sebastián López (@sebs_lopez)

El recuento de la vida de una obrera agrícola, una vida llena de penas, un ambiente naturalista en el que el misterio crece. Entra un personaje a cámara, Nils, desconocido por la audiencia; el efecto que logra es similar al de las pinturas de Alfred Kubin: un misterio que asusta y conmueve. El espectador presta atención a aquello que desconoce, Nils se distingue entre los personajes de la historia, ¿por qué? Hay una palabra que lo engloba: ilustre. Como su misma definición lo indica, destaca por hacer algo importante o sobresalir en algún trabajo, en este caso el de la actuación. Así Max von Sydow comenzaba a demostrar el potencial actoral de los suecos con su debut en Solo una madre (Alf Sjöberg, 1949).

Aquella interpretación hizo pensar a la audiencia y con el paso de los años los periodistas cinematográficos se encargaron de poner su nombre en alto. Pero ¿qué lo hace tan merecedor de dicha altura? Es cuestión de dar un repaso por las palabras de uno de los directores y críticos de cine más emblemáticos de Francia, Jean-Claude Biette, quien decía que lo sencillo y simplista atrae y se vuelve inigualable. 

Max von Sydow en Solo una madre

El manantial de la doncella, El séptimo sello, Hora del Lobo, El Mago, La pasión de Anna, La vergüenza, Hasta el fin del mundo, Tres almas desnudas… ¿Se recuerdan, verdad? Grandes películas de las últimas siete décadas; más allá de la notable narrativa de los directores encargados de dichos proyectos, Max les daba un toque fresco, en parte, por cómo trasladaba al cine su pasión por los elementos teatrales. 

Trabajó muchos años con Ingmar Bergman (guionista, director de cine y teatro sueco), lo cual fue punto clave para su reconocimiento en la cinematografía contemporánea. Bergman tenía otras inquietudes cuando estaba digiriendo obras de teatro, pensaba: “Quiero algo más… quiero transmitir este placer de visualizar mi contexto con otro tipo de audiencia, una audiencia que tenga miedo de ver su realidad, su simpleza, su superioridad artificial”, por lo que dio un salto al séptimo arte; consecuente a eso, Bergman se llevó a Max y comenzaron a figurar como un dúo novedoso e inteligente para la filmografía de la época. 

Se llevaban diez años de diferencia y estaban en diferentes proyectos de vida; Max estudiaba en la Real Escuela de Arte Dramático sueca y Bergman estaba dirigiendo. En ese tiempo, la idea de dedicarse al cine a Max le venía de vez en cuando, lo veía como algo lejano, pero no imposible. Los suecos tenían una costumbre peculiar con los Ayuntamientos: contrataban directores para programar toda una temporada en verano, por lo que todos los equipos teatrales se pasaron al mundo del cine. Durante seis años Max fue parte de esos equipos y en una ocasión llegó Bergman y para Max se había convertido en un milagro o bendición. Posteriormente Bergman se mudó a Estocolmo, Suecia, y Max lo siguió como su gran colega.

Después de su colaboración en teatro, vendrían las películas que dieron a conocer a ambos hombres como alter egos del cine y con ello la controversia sobre su supuesta enemistad laboral en el set; se decía que no tenían las mismas ideas, pero al final sólo terminaron siendo rumores.

Max von Sydow en El séptimo sello

Max von Sydow nació el 10 de abril de 1929 en Lund, Suecia. Su madre era profesora y su padre etnólogo, disciplina de la que, desde la actuación, el sueco no estuvo del todo alejado. Como ciencia social, la etnología estudia los diferentes pueblos y culturas de un mundo (actuales y antiguos). Recordemos Minority Report (Steven Spielberg, 2002), obra de ciencia ficción ubicada en 2054, donde un policía (Tom Cruise) cuenta con 36 horas para probar su inocencia en un crimen que altos mandos han predicho que cometerá en un futuro. En medio de la trama aparece Max como Lamar Burgess, el director de PreCrimen; en un papel de “líder” cambia realidades y compara situaciones en un ejercicio que bien se podría mirar desde tal disciplina respecto a la conformación de lo social. 

De principios de la década pasada rememoramos “La cosa no quiere que le atoren las manos”, frase recordada por los amantes del género del terror y el cine en general. El Exorcista le dio a Max quizá el papel más representativo debido a los gustos de la audiencia de las dos pasadas generaciones. Cuando William Friedkin le propuso ser sacerdote a Max, lo recibió como un triunfo, para él no era fácil escuchar anécdotas de fieles católicos a estos temas. Un sacerdote de 24 años había llevado a cabo un exorcismo que inspiró al actor a hacer gestos e improvisar diálogos que abonaron a que la película sea considerada como una de las más espeluznantes e incómodas en la historia del séptimo arte, aun con el conservadurismo que se opuso a desde publicidad del filme.

Una madre sube por la escalera acompañada de el padre Merrin (Max Von Sydow) a atender a una adolescente que ha sido poseída y consumida por el poder un demonio de lo más profundo del infierno. La adolescente gruñía como un animal en medio de una poderosa rabia, el padre le dice a la madre que ya no es humana, dejó de serla.

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Max von Sydow también fue un artista atormentado en Hannah y sus hermanas (Woody Allen, 1986), narrador de Europa (Lars von Trier, 1991) y un mudo en Tan fuerte, tan cerca (Stephen Daldry, 2012). No se podría decir qué personaje fue el mejor; esta competencia no trasciende y la carrera del sueco se distingue por un cúmulo de interpretaciones que lograron un efecto, llamase nostálgico, melancólico o impresionante. 

Dirigió sólo una vez, en 1988, pero en entrevistas decía que no era director, sólo actor, punto. Katinka se hizo porque le impresionó la novela danesa en la que se basa su guion. La dirigió porque no encontró quién más lo hiciera, se lo pidió a Bergman, quien lo empujó al productor Sven Nykvist; un director de fotografía cuyo talento expresaba realidades fronterizas por su complejidad. 

Más que un veterano actor de Juego de tronos y Star Wars, construyó una carrera de numerosas producciones, una filmografía que fue reconocida con varios premios. Trabajó con otros grandes como Martin Scorsese, John Huston y Sydney Pollack, demostrando el talento sueco en la cinematografía; sin duda un intérprete que fue más allá de lo ilustre.  

“Con el corazón roto y con una tristeza infinita, anunciamos con dolor la partida de Max von Sydow el 8 de marzo de 2020”, informó a la revista Paris Match la productora de cine y esposa del cineasta, Cathrine Brelet. 

 

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