Dos veces tú: surrealista mundo whitexican

Irving Javier Martínez (@IrvingJavierMtz)

Las primas Daniela (Melissa Barrera) y Tania (Anahi Davila) asisten a una boda. Aburridas por la monotonía, planean intercambiar esposos para darle diversión a la noche. Cuando los “swingers” regresan a casa, las chicas deciden jugar “carreritas” y ocurre un accidente. A partir de entonces, la película se divide en dos historias paralelas, donde una sobrevivió y la otra falleció. En realidades separadas, Tania comienza a flirtear con el viudo de su prima y Daniela lidia con el fantasma de la amiga muerta.

Hay dos cosas que dañan al cine mexicano: el EFICINE y el amiguismo entre críticos y realizadores (para no perder el trato con las distribuidoras).

Similar a las exageradas valoraciones de Cindy La Regia (Catalina Aguilar Mastretta y Santiago Limón, 2020), Erick Estrada (en el podcast de Cinegarage) calificó a Dos veces tú como “inteligente” y “atrevida”; de hecho, es difícil encontrar reseñas negativas sobre la película. Aunque el trailer anticipa el disparate final, tanto elogio sobre la prodigiosa edición (10 meses en la sala de montaje, según el director) puede despertar la curiosidad del espectador. ¿Será la Mulholland Drive mexicana? ¿Es un título imprescindible? ¿Salomón Askenazi es la joven promesa del cine “fantástico” nacional?  Pues no, nada de eso, sólo es otra obra mediocre apoyada por estímulos gubernamentales.

Desde el inicio hay problemas: tras el accidente, los sobrevivientes no sienten culpa por participar en arrancones –y poner en riesgo a otras personas–, el remordimiento se debe al intercambio de parejas. Al parecer, el mundo swinger (sin sexo, todo muy ñoño) es más escandaloso en el México blanco y privilegiado de Askenazi que conducir a más de 100 km/h. Después de esa introducción, arranca una versión morbosa de Last Night (Massy Tadjedin, 2010), en la cual las mujeres tienen extraños juegos de rol con los viudos.

La película (filmada en 2016) es sexista por centrar las crisis de “Tania” y ”Daniela” alrededor de los hombres y no de la relación entre primas. Algunos títulos indies contemporáneos –como Queen of Earth (Alex Ross Perry, 2015), The Sleepwalker (Mona Fastvold, 2014) y Always Shine (Sophia Takal, 2016) – tienen temática similar sobre amigas/espejo y cambios de personalidad, sólo que ninguna de ellas echa mano del mal gusto masculino para montar postales eróticas dignas de videoclip duranguense (incluyendo una gratuita escena lésbica y “picantes” momentos de Davila y Barrera en lencería). La falta de sensibilidad y delicadeza en la psique femenina de las protagonistas es lo más grave del largometraje.

A todo esto, el realizador agregó una improvisada estructura sobrenatural (Askenazi la llama “corte cuántico”, como si se tratara de Coherence o Upstream Color). Hubiera bastado con un paralelismo místico a lo Kieślowski (La doble vida de Verónica, 1991), pero no, el artista se “arriesga” e incluye un terror barato al nivel de Lo que la gente cuenta. Para eso traslada su historia de Polanco a Tlalnepantla, donde parece que existe un mundo clandestino de magia negra y clarividencia. Las escenas de la médium y el Mago Figot ofenden en todos los sentidos: por lo ridículo del momento y el prejuicio clasista de la periferia citadina.

Jugar con la fantasía no es difícil, pero requiere de ingenio y cautela. Como punto de comparación, Tiempo compartido (Sebastián Hoffman, 2018) logró incomodar al espectador a partir de un suspenso razonado, basado en la sobrexplotación laboral y el consumo (trabajado en el argumento/guion). En Dos veces tú, esa provocación a la audiencia sólo se sostiene por formas sin contenido. Apela al surrealismo libre, pero no existe un conector temático entre los episodios disruptivos. La escena de baile en blanco y negro, el camuflaje “Gotye” o “el truco de la foto” son clips aislados en un drama bastante convencional; antes o después de esos eventos, no existe un trabajo de atmósfera y tono. Se podría justificar por el bajo presupuesto, pero directores como Rodrigo Sorogoyen o Carlos Vermut te arman Stockholm (2013) y Diamond Flash (2011) con pocas locaciones y narrativa lineal.

Según el autor, será críptica para ciertas audiencias; no obstante, es más absurda que compleja. El cuarteto de actores protagonistas ahoga cualquier oportunidad de verosimilitud, ya que sus registros se basan en la exagerada interpretación de telenovela. Dos veces tú es un licuado de cine indie estadounidense adaptado a la cultura whitexican de la CDMX, un paso en falso sin aportes (por más flores que los críticos le arrojen). 

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