La tercera esposa: la opresión de las tradiciones ancestrales

 

A través de una experiencia sensorial, Ash Mayfair nos transporta a Vietnam a finales del siglo XIX para advertir, junto a Mây (Nguyen Phuong Tra My) de apenas 14 años, la tradición antigua de los matrimonios arreglados.

Mây se convierte en la tercera esposa de Hung (Long Le Vu), un acomodado terrateniente quien a un lado de su padre, disfrutan de la vida idílica en un entorno paradisiaco en apariencia. En este nuevo mundo, Mây experimentará su sensualidad, descubrirá su sexualidad y despertará su consciencia en torno a la opresión que las tradiciones ancestrales ejercen con su género.

​En su estreno comercial en cines vietnamitas, la indignación del público provocó la interrupción de sus proyecciones y el posterior recorte de algunas de sus escenas. La razón, Nguyen Phuong Tra M tenía 13 años cuando participó en esta película, la cual contiene escenas de índole erótica. La productora Tran Thi Bich Ngoc explicó a los medios de comunicación vietnamitas que en las controversiales escenas se usaron prótesis para evitar el contacto sexual, así como angulaciones sugerentes con planos cerrados para otorgar la sensación de intimidad sin llegar a la innecesaria exhibición; algo que corroboró la madre de la actriz, quien estuvo presente en el rodaje.

​Y efectivamente, el primer largometraje de Mayfair no necesita mostrar más de la cuenta para evocar sensaciones poderosas, pues acuna con elegante gracia las oníricas imágenes de Chananun Chotrungroj con las envolventes melodías de An Ton That. Su balanceado estilo es un excelente terreno para un tema tan delicado como el matrimonio infantil arreglado. Abordado desde la lúcida mirada de la protagonista, el asunto no es satanizado: se le vive como algo común y propio de este lugar y época. Pero tampoco lo glorifica; aunque al principio Mây parece contenta por casarse con un hombre rico, poco a poco entiende que está sometida a la subordinación en su condición de mujer.

​Desde su introspección, Mây invita a meditar acerca del consentimiento y cuestionar el amor, o al menos, a mirar los moldes en que se limitan las manifestaciones amorosas. Desde su posición se observan los dolores ahogados de las otras dos esposas, quienes parecen haber heredado el silencio de sus progenitoras, así como -sin saberlo- ellas lo harán con sus hijas. Incluso, el filme llega a mostrar la otra cara de la opresión, con las fatales consecuencias de la exigencia a la figura masculina, condenada a encerrarse en ira y ahogarse en el alcohol ante su frustración, ignorante de empatía que arrastra a su mujer a un destino aún peor.

Pese a centrarse en un periodo y lugar en concreto, la cinta de Mayfair manifiesta aquellos malestares que, sin importar el idioma, son imposibles de nombrar. Además, por incómodo que resulte el tema, los matrimonios infantiles aún se practican (15 millones de casos anuales, según la ONG Plan Internacional), es entonces que el discurso crítico de La tercera esposa resuena con peculiar fuerza, aun cuando yace en un sereno montaje cuya esencia poética es cercana al haikú.

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