Las peores películas mexicanas del 2019

Se acerca el final de otro año y es momento de cortar caja con el cine mexicano. Al parecer, la Cuarta Transformación -o Transformación de Cuarta, según su ala ideológica– no afectó la producción cinematográfica, pero ya será cosa de esperar al anuario estadístico. 

Después de un 2018 con Roma y Museo, este fue un año -a mi parecer- muy malo para el cine mexicano. Hubo reducidas luces y bastantes títulos desabridos que ni consideración merecen, pero este conteo va para aquellos largometrajes nacionales que destacaron por sus fallas y carencias; de nuevo, predominan los géneros favoritos del segmento con pretensiones industriales: la comedia y comedia romántica.

Menciones deshonrosas: Nuestro tiempo (Carlos Reygadas), Sonora (Alejandro Springall), No manches Frida 2 (Nacho G. Velilla) y Mirreyes vs Godínez (Chava Cartas).

El diablo entre las piernas (Arturo Ripstein)

Arturo Ripstein es uno de los cineastas mexicanos más importantes, eso es incuestionable, pero desde hace varios años -podríamos decir que desde el inicio del siglo y siendo generosos-, su cine ha ido en franca decadencia y El diablo entre las piernas es la confirmación del desgaste de Ripstein como cineasta. En su momento, su estilística se distinguió por el manejo de tabúes como la homosexualidad, el incesto, la religión, etc., pero la historia de un sujeto (Alejandro Suárez, quien resulta lo ‘rescatable’ la película) llamándole “puta” por dos horas a su esposa, no es disrupción alguna. Gracias por los recuerdos, Arturo, pero ya es momento.

Mamá se fue de viaje (Fernando Sariñana)

Andrea Legarreta es una de las pocas figuras televisivas reconocibles que quedan en Televisa y su influencia permanece gracias a su programa matutino. Ella hace de la ama de casa perfecta en Hoy y en Mamá se fue de viaje, dirigida por la maravilla de una sola vez (one-hit wonder para los exquisitos) Fernando Sariñana, quien aprovecha su influencia para meter a su hija en el soundtrack, así como hace Legarreta e incluye a su hija en el elenco.

Esta historia, sobre una casa de cabeza tras la partida de la madre a un merecido descanso, es absolutamente aburrida. A la fecha de estreno, Martín Altomaro parecía ir en el camino de los papeles que dejan buena ganancia, pero casi todos encaminados a la estructura de su reconocidísimo Nico (Soy tu fan).

La apariencia de los sets, del armado cinematográfico y de los diálogos es sumamente televisivo, confirma a esta película como una extensión en gran formato de un raro crossover entre Hoy y Soy tu fan, pero con un libreto todavía más torpe.

#LadyRancho (Rafael Montero)

Cuando vi el póster de la primera película mexicana que maneja un hashtag en su título -esperemos más lucidez en los intentos que vengan-, me encontraba en Monterrey y pensé que era una broma local o algo que iría directo a su afamada e infame cadena televisiva principal. Me equivoqué.

#LadyRancho, al intentar emular la fórmula alazrakiana del pudiente quien descubre el trabajo digno y la vida humilde más uno que otro giro, resulta interesante por expresar la aspiración inherente a la mentalidad mexicana y, por supuesto, impregnada en su entretenimiento. Fílmicamente es terrible, por supuesto. Gris por donde se le vea, salvo alguna risa que arranca el espontáneo chiste afortunado, que demuestra las enormes dificultades de los guionistas pertenecientes al sector “comercial” del cine nacional para escribir una historia cercana a la actualidad, incluida su terminología y vocabulario común.

Como novio de pueblo (Joe Rendón)

Martín Altomaro, ¿de nuevo por aquí?

Después de que uno de ellos fuera plantado en el altar, un grupo de chavorrucos decide viajar para revivir los viejos tiempos. De nuevo, planos de televisión que cumplen una función publicitaria de Puerto Vallarta encima de un objetivo narrativo. En el sitio encuentran a Regina Blandón, quien decide no esforzarse en expresar emoción alguna y completar el grupo de no-intérpretes en una cinta sin argumento y con líneas sumamente extrañas que la asemejan a una comedia cringe, pero que obviamente no lo es (eso sería demasiado avanzado para un relato y producción así).


En las buenas y en las malas (Gabriel Barragán Sentíes)

Otras menciones de esta lista son remakes, una tendencia actual en la producción nacional, pero de este título al menos había una idea que perseguir. Inspirada -por decir lo menos- en la chilena Qué pena tu boda, la película cuenta, desde una perspectiva masculina, las relaciones amorosas, especialmente los matices de la presión y la interacción con la pareja. Buena idea, pero horriblemente ejecutada. 

Los diálogos -de verdad se les complica-, los gráficos de telenovela y la cinematografía plana como las actuaciones no ayudaron al caso de En las buenas y en las malas, otra descendiente infame de la maldita televisión que ha hecho un daño incalculable en el pensamiento fílmico de los realizadores.

Como si fuera la primera vez (Mauricio T. Valle)

Proveniente del nuevo clásico homónimo protagonizado por Adam Sandler y Drew Barrymore, esta adaptación se vale de Vadhir Derbez -con todo el poder contenido en su apellido- y Ximena Romo en su lastimoso primer gran protagónico para estropearla. Digo, todo viene de la terrible dirección de Mauricio Valle, caso de comentócrata no transformado en cineasta con virtud alguna. Un extraño uso del desenfoque -que en realidad luce como un fuera de foco como tal- y, de nuevo, diálogos absolutamente ridículos, más una fome “actuación” de Derbez, es la sentencia de esta película, perdida desde el inicio. ¿Por qué digo que todo viene desde la dirección? Porque Ximena Romo también aparece en la mucho más decente Esto no es Berlín demuestra que posee cierta soltura histriónica. El problema eran las hojas y quien coordina.

Loco fin de semana (Kristoff Raczynski)

Espero que nadie llegue a decirme que este bodrio tiene una justificación -o sí vengan, total- porque así lo dijo su director en el video equis de la fecha yé. Da lo mismo.

Como dijimos antes, ni siquiera tenía que entregar la nueva Amores perros, sino algo medianamente decente, con lo cual se llevaría el reconocimiento de alguien más aparte de su público. Un largometraje enlazado con resistol, actuaciones terribles y una de las escenas de fiesta más lastimosas que he visto.

Día de muertos (Carlos Gutiérrez Medrano)

El extraño caso de una producción mexicana con la opinión pública a favor antes de estrenarse, algo parcialmente imposible de lograr en esta época. Después de armar tanto alboroto contra Disney por salir antes, por querer registrar “Día de muertos” y demás… para esto, un producto final que se percibe como una decepción.

Una historia que combina portales, hechizos, calacas gringas en el inframundo y sin sentido o justificación alguna, no puede salir bien y mucho menos con una animación tan desastrosa que busca imitar modelos estadounidenses. No hay ni un ápice de imaginación fílmica. Reconocimiento aparte a la infamia de uno de los peores trabajos de doblaje que he escuchado, a cargo de Fernanda Castillo, Alan por el mundo y Memo Aponte, quienes demuestran la importancia y valía de los actores de doblaje profesionales y competentes. ¡E inauguró un festival!

La boda de la abuela (Javier Colinas)

Las secuelas en el cine mexicano contemporáneo son extrañas. Si algo hay que reconocerle -supongo- a esta historia de …la abuela es que logró sacar la segunda parte en una industria que no propicia eso. La continuación de El cumple de la abuela, relato anecdótico que va alrededor de los secretos y disputas de una familia que se reúne por el cumpleaños de la abuela, es exactamente lo mismo, pero alrededor la boda de la señora, quien desposa a su jardinero.

Como una comedia mexicana común y bastante corriente, el clasismo, el humor de pastelazo (slapstick para los exquisitos), mezclado con doble sentido y/o chistes situacionales, son la base no sólo de lo cómico, sino de toda la película: una gran broma sin detonar. Además, luce como si fuera editada por un amateur o bien, un osado genio que gusta de experimentar (más lo primero que lo segundo, honestamente). Y viene la tercera que ya hasta está filmada; ¿La muerte de la abuela? ¿La herencia de la abuela? ¿La elevación de la abuela?

Locos por la herencia (Juan Carlos de Llaca)

Desde hace algunos años he notado que la deshonrosa merecedora del primer lugar siempre tiene una característica: incomodidad visible del elenco en pantalla. Paulette Hernández intenta esconderlo con sobreactuaciones, pero es Alberto Guerra quien se delata constantemente. Y cómo no estarlo en una historia que durante en sus tres cuartos maneja el incesto como un punto importante de la trama, supuestamente sobre unos (medios) hermanos que pelean por las acciones de una gran compañía.

El montaje da ñañaras, la mezcla de sonido da ñañaras, las actuaciones y la dirección las dan. Es un trabajo sumamente raro, incómodo y cinematográficamente descompuesto. De lo más bizarro -en el sentido anglosajón de la palabra, como se diría por ahí- que he visto en el cine nacional. Un bodrio digno de cine para televisión.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s