Series y películas que ya no deberían existir

La nostalgia, mezclada con una falta de apoyo a nuevos argumentos, es el giro vigente en las pantallas chica y grande. Nuestras opciones, por lo menos en el mainstream, no van mucho más allá de precuelas, secuelas, reboots, remakes, spin-offs y “universos cinematográficos”. Todo sea por exprimir un poco más, por sacarle más oro a la gallina.

Sin embargo, hay desgastes narrativos que son evidentes. Historias tan erosionadas que ya no tienen sentido ni son atractivas. En el caso de series por capítulos no relacionados, varias han perdido la esencia que las volvió referentes en la programación, pero se mantienen por ser productos establecidos en sus respectivas cadenas y/o dentro del panorama sociocultural.

Aquí algunas franquicias/sagas o series que ya deberían decir adiós:

  • Los Simpson (tiempo al aire: casi 30 años/31 temporadas)

Es probablemente la serie animada más famosa que existe y existirá. Ha sido referenciada en numerosas ocasiones y la competencia le debe mucho -aunque no lo quieran admitir-. La Mejor Serie Televisiva de los noventa (nombrada por la revista TIME) fue la transmisión más influyente de la televisión en tal década y con rating considerablemente alto. Aunque es difícil imaginar la pantalla chica moderna sin los monos amarillos, por la gloria que alcanzaron es momento de que se vayan.

En ella se ha hecho mención y/o parodiado a gran cantidad de celebridades, lo cual se volvió una base estilística que siguieron producciones como South Park y la mala copia, Padre de FamiliaMiren que Los Simpson son tan influyentes que propiciaron la creación del término “flanderización”, que refiere a la sobreexplotación de una característica particular de un personaje hasta absorberlo por completo, volviéndolo una caricatura de sí mismo. Toda la serie está flanderizada, relegando por completo la comedia astuta que la hizo graciosa e interesante.

  • Shrek (cuatro películas, una próxima en salir por alguna razón)

Se ha convertido en un extraño -aún mayormente gracioso- meme de internet y ha conseguido un segundo aire de popularidad en tiempos recientes. Esto ciertamente obedece a la cultura de la nostalgia que permea el consumo de entretenimiento.

Las dos primeras son películas de calidad, y de hecho, recordemos que la entrega inicial del ogro obtuvo el Oscar a Mejor película animada, derrotando a Monsters Inc. y Jimmy Neutrón: El niño genio. El asunto es que la tercera y cuarta parte fueron… decentes, pero quedaron de más. La historia ya se percibía gastada y la acidez original de la comedia del argumento se sustituyó con bromas simplonas. Además, la mejor conclusión posible era aquella escena de baile con todos los personajes al final de Shrek 2, película en la que muchos niños conocieron el heroísmo.

Seguramente la nueva entrega, quinta y de posible trama rebuscada, tenga el suficiente poder mediático -y de memes- como para llenar salas; pero ¿qué tanto daña el legado de la primera franquicia que derrotó a Disney en una categoría que ahora es casi suya por mandato? ¿Qué tanto pesa la añoranza para convencer a alguien que debe ver una entrega más de algo que ya todos aceptábamos como caduco?

  • Star Wars (ocho películas de la saga principal, dos de historias paralelas, una película animada, series, libros, cómics… ¿Ya ven el punto?)

Empezó como un proyecto al que no le tenía fe ni la distribuidora, tanto así que le regresaron los derechos al director por una cantidad ínfima. La película resultó ser la obra de ciencia ficción más influyente de la segunda mitad del siglo, un hito de los efectos especiales para la época y una franquicia billonaria de la cual se desprendieron todo tipo de productos.

Si bien la franquicia original fue decayendo en solidez de trama, se mantuvo con el suficiente nivel para que la fanaticada la hiciera perdurar por décadas, terminando originalmente en 2005 con el Episodio III: La venganza de los Sith -infravalorado, a mi parecer-. Y tenía que llegar Disney.

El corporativo roedor prometió hacer más películas del hilo central, la llamada Saga Skywalker -que desafortunadamente cumplió- y otras sobre historias paralelas que han sido, irónicamente, las menos desastrosas. El acabose vino con el Episodio VIII, a todas luces un desastre: demostró una tuerca más que barrida. Desde el séptimo se podía oler, pero el ocho fue una tremenda confirmación de que tal bodrio no debió ver la luz. La historia debió quedarse en el festejo alegre con los ositos, pero este dinosaurio es el que tiene menos posibilidades de extinguirse. Todo por el maldito dinero.

  • Rápido y Furioso (ocho películas principales y un spin-off)

Es el único título de la lista que nunca destacó por su calidad original, sino que simplemente era entretenido. Concebida inicialmente como una franquicia de carreras callejeras, Rápido y Furioso se hizo famosa por los autos lujosos, los convenientes planos hacia las figuras femeninas que encantaron al público masculino y las secuencias de arrancones con cambios de velocidad sin sentido.

Uno de esos productos hollywoodenses llenos de vigor y adrenalina con todo el espíritu estadounidense, pero la barrera se rompió cuando Vin Diesel, uno de los actores protagónicos, asumió mayor control en las decisiones creativas. Si bien, en todas las entregas había escenas descabelladas por las piruetas que mostraban, desde la cuarta entrega se desbordó la locura que ha llegado a un punto totalmente inverosímil.

Actualmente, la franquicia es solamente una muestra de un descontrol de testosterona llevado a la pantalla con acrobacias tan increíbles que son ridículas. En ese universo un hombre puede desviar un torpedo con su pie. Vin Diesel y Dwayne Johnson “La Roca” son los únicos que se siguen tomando esto con seriedad.

  • Dragon Ball (primera emisión en 1989-revivida múltiples veces con un Goku de diferentes colores)

Uno de los animes más populares. Seguramente recuerdan toparse con él en la televisión -la oferta siempre ha sido muy limitada- o bien, ahora con sus resucitaciones.

Ya han sido mangas, varias ramas de la serie animada y películas. En todas es esencialmente lo mismo e incluso los propios fans infernales han criticado a las nuevas temporadas por una baja de calidad en la animación y por simplemente aderezar las tramas con un nuevo color de pelo para Goku, el protagonista.

No sé si es para explotar el mercado de la nostalgia o para que Akira Toriyama tenga algo que hacer, pero ya son demasiadas escenas de los personajes platicando entre peleas, mirándose fijamente hasta por capítulos enteros y de figuras secundarias con los ojos muy abiertos y emitiendo ruidos de desconcierto.

  • Terminator (seis películas)

Nunca me ha convencido su valor dentro de la cultura popular más que por “Hasta la vista, baby”. No considero que sea un título importante ni siquiera dentro de su género, existiendo otros como RoboCop, por ejemplo. Y por lanzar al estrellato y a una posterior carrera política a Arnold Schwarzenegger, lo que no es precisamente algo que destacar. No obstante, las películas siempre lograron causar cierto barullo.

Con muchos años de diferencia entre cada una, Terminator es un caso particular porque en varias ocasiones la franquicia parecía tener una muerte digna, pero era el propio Arnold quien se negaba a abandonar su rol más icónico. Ahora ya le han dado tantas vueltas y roto su propia diégesis que, como los demás, ha caído en el absurdo.

Aunque no se ha confirmado, el final puede ser pronto. Terminator: Destino oculto (2019), la más reciente entrega, está proyectada a generar pérdidas, algo francamente extraño para una producción tan grande y que forma parte de los superblockbusters hollywoodenses. Esto quiere decir que el público sí tiene injerencia en el futuro de lo que se muestra en pantalla (todavía podemos hacernos escuchar). 

Recordemos que estos productos fueron exitosos por las condiciones de su época, mismas que probablemente no se repitan. Parte natural de la vida la muerte es, tal como diría el Maestro Yoda, quien, al igual que su franquicia madre y las demás de este listado, debería quedar en su tiempo y en la memoria. No hay que temer a dejar atrás.

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