Inesperado: la criminalización del aborto

A partir de un guion que escupe diálogos efectistas, clasistas y basados en estereotipos, Inesperado (2019) transmite diversos mensajes que derivan en un objetivo: criminalizar el aborto. Para esto crea un argumento que se justifica en lo religioso, en lo que es mejor para Dios. Sataniza a todos los participantes del proceso: la encargada de la clínica, los médicos, las enfermeras, las pacientes, y principalmente a Abby Johnson (Ashley Bratcher). Sin sutilezas, el relato es maniqueísta y divide al bien del mal a partir de dos facetas en la vida de la protagonista.

En la primera vemos a una mujer que tiene relaciones sin compromiso, se dedica a “fiestear”, no desea ser madre, está interesada en la planificación familiar y se rehusa a tener hijos que la unirían para siempre a un hombre a quien no quiere. LOS directores y guionistas (Chuck Konzelman y Cari Solomon) se encargan de desprestigiar cada una de estas prácticas a partir de un uso vulgar de los elementos cinematográficos. Música que enfatiza y señala la gravedad de ciertos asuntos, no porque representen un peligro en la construcción de la trama, sino porque según ellos son peligrosos per se: el acudir a una clínica y hasta el mismo acto de tener sexo. El uso de los colores también refuerza el mensaje, el bien está representado por tonalidades claras, y el mal, que en este caso encarna la dueña de la clínica de aborto, se viste de negro; curiosamente (o no) ella también es el personaje menos blanco. 

Después de un par de abortos, a los cuales Abby se somete en un estado de completa inseguridad emocional y vulnerabilidad anímica, se inscribe como voluntaria en la famosa clínica Planned Parenthood, la cual funciona como un lugar que provee lo necesario para un fin industrial; su objetivo es que aborte la mayor cantidad posible de mujeres, ese es el negocio, uno igual al de las hamburguesas de una cadena de comida rápida (sí, se empata la producción de abortos con la producción de hamburguesas). En Planned Parenthood la protagonista es “engañada” y en vez de dar información sobre planificación familiar, la usan para asesorar a mujeres, quienes después de un complicado, doloroso, tardado y (sobre todo) sangriento proceso, se convertirán en “asesinas”. En contraste con lo sucio que es el aborto, tenemos escenas en donde el parto es un momento casi de ensueño, no hay sangre ni gran dolor; por mucho que sea un proceso de más de 20 horas, las mujeres lucen tranquilas y se pueden dar el lujo de platicar con su esposo. 

La culpa permea dicha faceta, en la cual vemos a Abby literalmente detrás de las rejas. Permanece encerrada y aun así nunca intenta abandonar su trabajo, ¿por qué?, la única razón es que pertenece a una especie de secta en la que es víctima del lavado de cerebro, y que es mala por sus actos anteriores a su nuevo matrimonio, por apoyar el aborto y porque previamente tuvo una vida loca; claro, hasta que un día inesperadamente sus acciones se alinean con la palabra de Dios y recapacita sobre la actividad a la que se ha entregado durante ocho años. 

A partir de aquí ya tenemos a una mujer que se distingue por la bondad; la película se vuelca (todavía más) a un discurso que defiende a la familia tradicional (curiosamente sataniza el sexo pero apoya la reproducción…¿por obra del espíritu santo? Eso parece). 

Para reforzar su argumento, Inesperado se alimenta de premisas machistas, como el hecho de que la mujer, por mucho que haya abandonado el modelo de familia que no le permite trabajar, pertenece a la cocina, sólo ella es capaz de proveer a la familia de un desayuno perfecto. Asimismo responde a un universo cerrado, totalmente alejado de las características sociales, psicológicas y de salud pública que representa el aborto. Vemos sólo a mujeres de clase alta, blancas, que acuden a abortar casi casi como un pasatiempo, que llegan en autos de lujo y que sin problema alguno se hacen de una tarjeta de crédito para pagar la cuenta de la clínica. 

El asunto más grave con la película es la forma en la que intenta dar su mensaje: a partir de información falsa, como un feto de 13 semanas que parece de ocho meses, o cómo presenta cualquier práctica de aborto (no importa las semanas de embarazo) siempre en el límite de la vida y la muerte.  

Después de este cúmulo de lecciones provida, católicas, clasistas y machistas, quizá lo que menos llama la atención es que el lema de la historia “Lo que vio cambió todo” es lo menos inesperado e impactante; Abby lleva años viviendo escenas más significativas sobre lo brutal que es el aborto (para los creadores), lo cual demuestra que la intención solamente fue tener más tiempo para reforzar el sentimiento de que todo lo que gira en torno al aborto se trata de pecado. 

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